¡A las muy buenas a todos! Espero no pillaros al sol a ninguno de vosotros (y si lo estáis, que sea en la playa o en una piscina, no pasando calor) porque ahí os va un capítulo nuevo.
Como siempre, recordaros que existe un DISCLAIMER en cada capítulo que recuerda que Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a sus respectivas dueñas, que raf-lily y yo somos dos lunáticas más que se dedican a escribir historias random con algún que otro personaje original y que cualquier parecido con la obra de otra persona, es bienvenida a presentarse y a tomar un batido de helado bien fresquito con nosotras para hablar sobre la coincidencia.
También os recuerdo que, si bien no están habiendo problemas de ningún tipo, antes de cualquier capítulo tenéis el AVISO del día. En el de hoy, por si a alguien le da por ser espontáneo del critiqueo ahora que me he puesto a decir que nadie ha dicho nada ofensivo, que sepa que el contraataque viene en forma de cóctel de pastor alemán, Einstein, un angelito, un osito de peluche, un cocodrilo, varios kilos de C4, un canguro y un velocirraptor. Si aún no sabes de qué estamos hablando, te lo resumo en tres palabras: pastor belga MALINOIS. Para todo aquel que aun con eso siga sin entender de qué va la cosa, mejor ve a Google. Avisado quedas, contreras.
Y ahora sí, os dejo con el capítulo de la semana (acabo de sonar como el que anuncia las series y pelis en Televisión Española). ¡A disfrutar del verano!
Capítulo 46: Misión principal
BurninGreymon avanzaba por delante de todos, empujando cuanto se le cruzaba por delante sin importar si eran digimons o decoración y obligando a quienes le seguían, más alerta que él, a rematar a los enemigos.
—Si seguimos así, cuando demos con Leire, estaremos tan cansados que nos atraparán con facilidad —dijo Coredramon.
—Se lo está tomando muy en serio, ¿no? —preguntó Tailmon, junto a William en uno de los hombros del dragón.
—Tanto que aún no se ha dado cuenta de tu presencia —rió BlackGatomon, a lomos de Bijugamon.
—No llaméis al mal tiempo —regañó Mikemon, sentada al otro hombro de Coredramon junto a Emily.
—Pero Coredramon tiene razón —habló Mercurimon, sobre su tabla ante la imposibilidad de seguir el ritmo de la bestia de fuego —. BurninGreymon va demasiado rápido.
—¿Por qué? —preguntó Neila, sentada tras Yumi en Kyubimon —. ¿No se supone que el otro grupo está llamando la atención y dándonos vía libre?
—Es bastante molesto —aceptó Ulrich, sujetándose con fuerza en su digimon.
—Es un idiota —murmuró JetSilphymon. A su lado, Beowolfmon aceleró en un abrir y cerrar de ojos su velocidad.
—Cálmate o te clavo la espada ahora mismo —ordenó el híbrido de la luz a la bestia de fuego —. Estás dejando atrás a todo el grupo y poniendo en peligro el plan.
Con la respiración agitada, BurninGreymon se detuvo y esperó la llegada de los otros. A Beowolfmon no le pasó por alto el gesto de culpa en la bestia roja cuando los demás también se detuvieron, los tres digimons que cargaban con todos cogiendo aire con evidente cansancio. Sobre ellos, los demás miraron alrededor, atentos a cualquier enemigo que pudiese salir al ataque.
—Lo siento, chicos —se disculpó el de fuego.
—¿Nos vas a decir qué pasa por esa cabeza tuya tan loca que nos pretendes hacer ir más rápidos que el mismísimo Beowolfmon? —preguntó JetSiphymon, apoyada en su molinillo.
—Es que… Hemos tardado demasiado en llegar aquí… Y le dije cosas horribles a Leire… Por discutir con ella, no vi al Phantomon y… ¡Y ese no-sé-qué que me está volviendo loco! —exclamó.
—No, loco estás siempre, independientemente de lo demás —dijo Beowolfmon —. Si sigues así, para cuando lleguemos quizás solo Jet y yo seremos capaces de hacer algo. ¿No ves que agotas a los demás y te agotas a ti mismo?
—Lo siento… No volveré a pasarme… Pero debemos seguir, ¿no?
—Qué remedio, ya estás otra vez batiendo las alas —suspiró Ulrich, dándole un par de palmadas a su compañero digital.
Por suerte para todos, BurninGreymon aflojó el ritmo, haciendo que todos se mantuviesen medianamente unidos aunque la bestia de fuego encabezaba el grupo con un cuerpo de distancia entre él y los demás. Casi al final del recorrido hacia los calabozos empezaron a aparecer enemigos que intentaron impedirle el paso. Para alegría de Yumi, que temía por el estado de los tres digimons portadores, se trataban de simples Bakemons, muchos de los cuales huyeron ante la visión de la rabiosa bestia de fuego.
—¡No huyáis, panda de cobardes! —retó BurninGreymon.
—Mejor déjales marchar —llamó Yumi —. Dentro también habrá fiesta, seguro.
—¿Dentro? ¿Quieres decir donde tienen retenida a mi hermana? —preguntó Neila.
—Es el lugar idóneo para ello, ¿no crees? Al menos, así debería ser —respondió Emily.
En el interior, Leire se levantó de un salto en su celda al ver volar, literalmente, la puerta de aquella estancia donde la tenían retenida. Los monstruos que la vigilaban empezaron a moverse hacia las nuevas figuras recién entradas. No tardó en iluminársele el rostro al identificar al dragón azulado y la mujer del molinillo que habían aparecido en Kadic, siempre luchando contra aquellas criaturas sacadas de pesadillas.
—¡Hora de aplastar mosquitas muertas! ¡Disparo corona! —atacó la bestia rojiza —. ¡Dejad de huir y luchad debidamente, gallinas!
—¿Quieres dejar de hacer el idiota, BurninGreymon? —regañó la del molinillo —. ¡Cortadora X!
—Tú también te estás pasando —comentó Mikemon —. Quizás deberíais haberos ahorrado la doble digievolución.
—Buscad a Leire en vez de perder el tiempo y salgamos de aquí. Los demás nos están esperando y seguro que bastante ocupados.
A la mención de su nombre, la encarcelada se acercó aún más a los barrotes. No podía creerse que aquel grupo de monstruos hubiese llegado hasta ese castillo lleno de seres tenebrosos para rescatarla. Sacudió la cabeza para despejar su mente de dudas y volvió a centrar la vista en la sala.
—¡Aquí! ¡Estoy aquí! —empezó a chillar —. ¡Ayudadme, por favor!
—Rápido, Mercurimon —rugió el de fuego.
Medio minuto más tarde, el zorro rojo de nueve colas apareció ante la celda, frenándose y encarándose a ella justo cuando otra criatura, un humanoide verdoso cubierto de espejos, llegó hasta ellos.
—Apártate de los barrotes —indicó el verdoso.
—¡Kodengeki! —el rayo del zorro dio de lleno en la base de los barrotes. Entre los dos, acabaron de tirarlos y dejaron un espacio por el que sacar a la chica.
—Vamos, Leire. Te sacaremos de aquí, no te preocupes —aseguró el de metal.
Tras un instante de vacile, Mercurimon logró mover a la chica, acercándola a su cuerpo y cubriéndola con los escudos en sus brazos. Aunque podría haber desaparecido y reaparecido en otro lugar, la presencia de enemigos también fuera de los calabozos le hacían preferir dar un rodeo, aunque fuese más costoso, pasando por la espalda de todos sus compañeros hacia la puerta, donde estaba seguro que esperaban una inexperta Neila con Emily y el trío gatuno.
...
Xana-Lucemon no podía retirar a sus clones de la pelea en el exterior. La desactivación de aquella torre, en comunicación con las siguientes torres por todo el Digimundo, provocaría una interrupción total en la comunicación y en la recaptación de energía. Con todo cuanto se estaba acumulando en la Rosa de las Estrellas, aunque fuese por un instante, la sensación sería la de la pérdida de varias torres al mismo tiempo, dificultando todo cuanto había logrado acumular hasta ese momento.
—Mi señor… Los elegidos han irrumpido en los calabozos —informó Myotismon.
—Malditos niñatos del demonio… ¿Cómo han podido acceder al Digimundo sin mi consentimiento? —gritó golpeando con sus puños los reposabrazos de su asiento.
—Mi señor, los Bakemons y Phantomons del lugar están siendo derrotados. ¿Qué ordena que hagamos? —preguntó el vampiro, temeroso de una respuesta violenta por parte de su superior.
—¿Quiénes son los desgraciados que se han atrevido a entrar en mi castillo? —preguntó.
—Son pocos, mi señor, pero entre ellos están los tres híbridos —respondió.
—Con que han metido a los más fuertes, ¿eh? Tienes permiso para divertirte con ellos. Elimínalos a todos. No quiero que quede ninguno vivo.
—A sus órdenes —Myotismon hizo una leve reverencia y marchó en una nube de murciélagos veloz hacia los calabozos —. Por fin le demostraré que las cosas es mejor dejarlas en manos de un digimon de verdad y no en absurdas copias —sonrió.
...
Para cuando Mercurimon, cubierto por Kyubimon en ese instante, tuvo la entrada del calabozo a la vista, el caos se volvió más violento. Una gran cantidad de murciélagos y una tenebrosa risa llenaron el lugar, molestando a absolutamente todos y obligando al guerrero del metal a pegarse en una esquina y cubrir a la chica pegándola más a su cuerpo.
—Ese vampiro de nuevo —reconoció Leire, observando por un resquicio en su protección.
—La puerta está ahí mismo —susurró Mercurimon —. En cuanto ataque, corre todo cuanto puedas. ¿Entendido?
Mercurimon la soltó y situó a su espalda, preparando ambos escudos antes de lanzarse a la batalla. Myotismon empezó a tomar forma entre una pequeña nube de murciélagos, sonriendo ante la situación de los elegidos.
—Se acabó vuestro tiempo, niños elegidos. ¡Pesdilla nocturna!
—¡Ahora, Leire! —ordenó el del metal, reflejando de sus escudos ataques que había logrado capturar mientras se movía por el lugar.
—¡Intentad lo que queráis, pero no lograréis nada! —rió Myotismon, preparándose para atacar a Mercurimon.
—¡Eh, tú! —gritó BurninGreymon interponiéndose entre el vampiro y el del metal —. Nadie ataca a mis amigos y se sale con la suya.
—¿Crees que podrás hacerme algo? —preguntó burlonamente el malvado.
—Chúpate esta… ¡Tormenta de fuego!
—Menudo ataque más débil —rió el vampiro —. Deberías ser más decidido. ¡Corriente sangrienta!
—¡AAAAAAAAH!
—¡BurninGreymon! —gritó Ulrich al ver caer a la bestia de fuego envuelta en datos —. Bijugamon, ¡sácale de aquí, rápido! —ordenó antes de correr, entre murciélagos, dispuesto a atacar al vampiro.
Ya en la puerta, Leire se permitió mirar hacia atrás un instante al oír el grito. Misteriosamente, la bestia roja de fuego había desaparecido y, a lomos del zorro rojo que la había sacado de su celda, se encontraba Takuya. Sobresaltada, volvió la vista hacia los otros humanos, reconociendo a Ulrich listo para clavar sus espadas en el vampiro. En la mismísima puerta, Emily intentaba quitarse de encima otra bandada de murciélagos apoyada por una gata atigrada. Tampoco le pasó por alto la presencia de Yumi y William, también del mismo grupo que sus compañeros de clase.
—¿Qué haces aquí quieta? —habló una gata blanca de grandes garras y dos colas, a su lado, tirando de su mano —. ¡Es peligroso, Leire! ¡Has de salir de aquí!
—Hablas…
—¡Claro que hablo! ¡Todos hablamos! —asintió sin cesar en su empeño de tirar de ella —. Vamos, hay que salir de aquí.
—Pero, Kanbara está…
—¡Leire, muévete! —gritó otra voz familiar.
—¿Neila?
—De aquí no escapará nadie —rió un Phantomon, preparando su guadaña. Un bulto negro lo tumbó al suelo.
—¡Atácale! —gritó BlackGatomon a Neila.
A regañadientes, la chica volvió a su intento de golpear con el mangual de su guadaña a la criatura mientras Tailmon seguía tirando de Leire. Al final, apoyada por un empujón de Emily para salvarlas de otro Phantomon, la gata logró apartar a la liberada de la sala de calabozos.
—Menos mal, aquí no hay pelea —suspiró Tailmon.
—Gatita, ¿qué pasa con los demás? —preguntó Leire, asomándose con cuidado para ver la batalla.
—Mi nombre es Tailmon —dijo —. Y sobre los demás… Son fuertes, lograrán salir.
—Pero…
—Míralo tú misma —señaló.
Bijugamon corría hacia la salida con Takuya a su lomo, apoyado por Kyubimon y Yumi.
—Hay que sacar a Leire y a Takuya de aquí —dijo Ulrich, adelantando a los dos zorros —. ¿Crees que podrás, Tailmon?
—Sí —asintió la gata.
—¡Espera! ¿Y mi hermana? —preguntó Leire preocupada.
—Enseguida nos seguirá —aseguró Yumi tomándola de la mano —. Ven, sube en Kyubimon.
