¡Buenos y calurosos días a todos! Espero que a nadie le haya dado un patatús por haberse pasado más tiempo de la cuenta bajo el sol, porque aquí os llega un nuevo capítulo para despistar la mente del bochorno del verano.

Como siempre, recordad que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, que nosotras sólo hemos sacado de la chistera la locura y a cuatro o cinco personajes nada más. También deciros que si alguien quiere hacerle alguna pregunta a Lily, es libre de hacerla, pero os aviso que trabaja y por ello quizás os tarda una eternidad en responder (pero lo hará).

Y por último, agradecer a todos los muditos que aparecéis espontáneamente en algún capítulo, seguimos diciendo que no mordemos ni matamos a nadie por comentar, simplemente advertimos que la educación está por encima de todo y que las cosas se pueden hablar de forma civilizada. Recordad: las palabras son armas de doble filo.

Dicho todo lo que se tenia que decir, me vuelvo al frescor de mi cueva hasta nuevo aviso. ¡Haced caso a los socorristas en playas y piscinas y todos seremos felices!


Capítulo 48: Vuelta al mundo humano

Aelita dio una voltereta en el aire, esquivando a su clon. La actuación de los enemigos le había dejado clara a la chica que aquella torre debía ser muy importante para Xana-Lucemon como para hacer que fuesen tan insistentes hasta el punto de retenerla con una ráfaga de campos de energía que le impedían darle la espalda para volar hacia la torre.

Cansada de volar, se lanzó en picado hacia el suelo, esperando que su versión oscura la siguiese y acabase estrellándose cuando ella cambiara su posición y continuase volando a ras del suelo varios segundos. El cansancio creció en ella al ver la lucha de los demás, llenas de fallos en los movimientos por el cansancio que también cargaban. Sólo la pelea contra Duskmon parecía no disminuir.

Una explosión procedente del castillo atrajo las miradas de todos, tanto Guardianes como clones. Antes de que nadie pudiese evitarlo, Aelita echó a correr hacia la torre, atravesando su pared sin recibir ningún ataque.

—Demonios —gruñó Duskmon al percatarse de la acción de la pelirrosa. Empezó a alzar la mano para dar la orden de retirada, pero un golpe le obligó a cambiar su posición.

—¿A dónde miras? ¡Fuego negro! —atacó el guerrero de la oscuridad.

Tras él, la del agua se preparó para lanzar su ancla, pero un enorme cuerpo arrolló al clon oscuro.

—¿Aún estáis así? —preguntó William, saltando del hombro de Coredramon.

—Creía que la diversión habría acabado, pero al parecer no ha sido así… Vamos, Kyubimon, aquella bruja de allí nos debe una todavía —dijo Yumi señalando a su clon.

—¿Quiénes sois vosotros? —preguntó Mercurimon a los nuevos híbridos.

—¿Y ésa? —señaló la del agua a D'Arcmon, cargando con BlackGatomon.

—¡Resulta que Leire también tiene un dispositivo y que Tailmon es su compañera! —dijo Neila.

—¿Y dónde está Leire? —preguntó Sissi.

—No puede ser… —susurró la chica, palideciendo visiblemente.

Vigilando no ser atacados, más de uno volteó la cabeza intentando dar con la figura de la chica. Pocos minutos después, Neila suspiró aliviada al ver a los tres híbridos saliendo del castillo, Leire sobre el de fuego.

—¿Aún así? —preguntó con algo de molestia Aldamon, asegurándose el agarre de Leire a su espalda. Por detrás, Beowolfmon y JetSilphymon murmuraban a cierta distancia.

—Aunque queramos, no podemos librarnos de ellos —declaró Jeremy, señalando hacia la torre desactivada —. Seguro que han perdido energía y están en problemas, ¡pero siguen aquí!

—Entonces eliminémoslos —dijo —. No te sueltes, Leire.

—Entendido.

...

Gatomon se mordía las garras con preocupación. La torre llevaba rato desactivada, pero la batalla seguía en movimiento y a cada minuto, la resistencia de los chicos y los digimons menguaba.

—Algo no va bien —dijo.

—No te preocupes, seguro que pronto lograrán escapar —dijo Lopmon.

—Los clones nunca se cansan —empezó a decir BlackAllymon —. O, al menos por experiencia propia, puedo decir que la energía se mantiene al mismo nivel todo el tiempo.

—Pero con una torre desactivada… —dijo Patamon.

—Influye bien poco —negó BlackTamekimon —. Su desconexión tiene más efecto sobre los digimons poseídos.

—Así pues, Xana-Lucemon pretende agotarlos a todos… Hay que ayudarles.

—También podemos huir —dijo el digimon encapuchado.

—¿Cómo? ¡Están agotados y sus rivales a duras penas han sudado!

—Dejadlo en mis garras —dijo arremangándose un poco la tela y mostrando ambas garras plateadas —. Vosotros regresad de vuelta al mundo humano —dijo abriendo un nuevo vórtice a su lado.

—¿Crees que me vas a engañar?

—Puedo hacer aparecer un vórtice a tus pies o mover el que cree a donde quiera, Gatomon. Es decisión tuya cómo vas a caer, si de pie o de cabeza, aunque acabes posando los pies como buena gata —rió.

A regañadientes, Gatomon aceptó las palabras del digimon y caminó hacia el vórtice. Bokomon y Neemon la siguieron lentamente.

—Una cosa —pidió cuando Patamon estaba entrando —. Subid a la planta superior y comprobad que no haya nadie.

—¿Por qué? —preguntó Lopmon.

—No hay tiempo para que haga regresar a humanos y pequeños digimons. Así que van a aparecer tal y como están ahora —explicó —. Os doy tres minutos.

—¿Y si hay gente? —preguntó BlackTamekimon.

—Decídselo a mi hermana. Ella se ocupará de todo.

—Más te vale traer a todos a la Tierra o te buscaré y te eliminaré —señaló BlackAllymon.

—No hará falta que me ataques —rió.

...

Duskmon no podía dar la retirada de ninguna forma. Pelear contra cuatro híbridos estaba empezando a hacer mella en su resistencia. Y el hecho de que hubiese un nuevo digimon luchando contra el clon del fuego le hacía temer que venciesen a aquel ser y, por ello, el auténtico heredero del fuego se uniese a sus compañeros en esa pelea.

—¡Anclaje de Blitz!

—¡Cuchilla de viento!

—¡Fuego negro!

—¡Misiles de luz!

—Malditos elegidos… ¡Mirada mortal!

Con algo de dificultad, los cuatro saltaron a tiempo para esquivar el ataque, que alzó una gran nube de polvo. Con ambas espadas cruzadas ante él, Duskmon esperó el golpe del primero de los cuatro, seguro de que aprovecharían la poca visibilidad para lanzarse al combate cuerpo a cuerpo con sus armas. Sin embargo, los segundos pasaron, bajando el polvo y haciendo ver al ser corrupto que, a demás de no acercarse nadie, todo ruido había desaparecido.

Ante él, todos los clones buscaban alrededor, ligeramente confundidos. No había ni rastro de humanos o digimons. Ni siquiera un signo de huida: aunque hubiesen dedigievolucionado para no llamar tanto la atención, como podría haber sido el caso de Coredramon, tampoco había ninguna señal que indicase por dónde estaban marchando.

—Vámonos —se rindió Duskmon, dando media vuelta y caminando de vuelta al castillo.

...

Aldamon permaneció quieto en posición de golpear con los puños varios segundos más. Ante él no se encontraba su clon, sino Sissi, con ambos látigos listos para chascarlos contra él con confusión en el rostro también.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Ulrich.

—¡Will! —chilló Coredramon —. ¡No aguanto más!

—¡Perdón! —exclamó apartándose y permitiendo a Coredramon bajar la pata en lo que pretendía ser un pisotón.

—¿Dónde está Duskmon? —preguntó Beowolfmon.

—Ni idea, pero esto es la fábrica —dijo Odd.

—¿Y cómo hemos llegado aquí? —preguntó la sirena.

—¿Cuándo ha habido un cambio de sexo aquí? —preguntó Aldamon, caminando hasta los cuatro híbridos.

—¿Cambio de sexo? —preguntó extrañada.

—Qué raros son los espíritus de la oscuridad…

—Y qué ciegos los del fuego —declaró la voz del híbrido oscuro.

—¡Venga ya! ¿Dos guerreros oscuros?

—¡Soy la guerrera del agua! —protestó la del ancla, lanzándosela a los pies.

—¡AAAAAAAAAAAAAAH! —el grito de Bokomon hizo que todo aquel con arma la alzase y mirase alrededor —. ¡REICHMON Y MERMAIMON! —exclamó, tirando al suelo a más de uno.

—Menudo terremoto —rió Patamon al ver vibrar el suelo por la caída de los más grandes.

—Oye, Bokomon, no nos des esos sustos —pidió Jeremy.

—Cierto, aún se caerá este lugar tan destartalado —rió el encapuchado, sobre una viga alta.

—Oye, ¿se puede saber qué ha pasado? —le pidió saber Yumi.

—Os he traído de vuelta —respondió con calma.

—¡Imposible! ¡No he visto ningún vórtice! —exclamó MetalKabuterimon.

—Hasta los más pequeños pueden tener un gran poder oculto —respondió saltando al suelo y caminando hasta Gatomon —. Como puedes ver, he cumplido con mi palabra de traerles.

—Sí, puedo verlo —asintió.

—Bokomon, por favor, cálmate —pidió JetSilphymon al cerdito blanco, que no paraba de dar vueltas alrededor de los dos nuevos híbridos.

—¡Ay, qué felicidad! —exclamó.

—¿Me estás diciendo entonces que Koichi no se ha convertido en chica? —señaló Aldamon. Leire escapó de su espalda milésimas de segundo antes que el ancla de la sirena golpease la cabeza del de fuego —. ¡AY!

—¿Desde cuándo una sirena es un ser oscuro? —preguntó Mermaimon.

—Pero es que eres negra… ¿Quién no se confunde con eso? —intentó defenderse.

—¿Acaso tú o mi hermano os habéis vuelto tías al hacer una doble digievolución? —preguntó Reichmon —. O Jet, ¿se ha vuelto tío?

—La verdad, sus golpes no son caricias femeninas… Es todo un machote en… —el molinillo también impactó sobre él —. ¡EH!

—Venga, no las provoques —alzó ambas manos Beowolfmon —. Sabes que, como se unan, te vencen sin pestañear.

—¡Chicos! —una voz cantarina llamó la atención y heló la sangre de todos segundos antes de descubrir a la segunda encapuchada a la salida de la fábrica —. Si seguís más tiempo así, con esas pintas, sospecharán, ¿sabéis?

—Es verdad, deberíamos volver a Kadic —dijo Neila.

—Vamos —asintió Gigasmon.

Con suspiros agotados, el grupo dedigievolucionó, los digimons regresaron a los D-Tectors, salvo Tailmon y BlackGatomon, y arrastraron los pies hacia la salida. Aun con el cansancio, las conversaciones no tardaron en surgir en intentos de animar al grupo y hacer más llevadero el regreso a Kadic. La presencia de dos agentes de policía en el puente hacia la fábrica, directos hacia ellos, hizo saltar las alarmas a Jeremy, que dio media vuelta y empezó a empujar al grupo.

—¡A esconderse! —exclamó.

—Ju, ju… Esto será divertido —rió la encapuchada sin dejar de caminar hacia la salida.

—¡Ven aquí o nos pillarán! —la llamó Teppei.

—¡Que no puedes enfrentarte a dos policías! —añadió Katsuharu.

—¿Eh? ¿Quién me ha de pillar? —preguntó al inicio del puente hablando casi a gritos.

—Ya la hemos liado —negó William.

—Se acabó, van a venir corriendo y nos van a echar una bronca monumental… ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Emily.

—¿Pero por qué os entretenéis tanto? —volvió a preguntar la digimon, caminando como si nada por el exterior y aún con su voz demasiado alta para el gusto de todo.

—¿En serio se le ha ido la cabeza? —preguntó Odd.

—Madre mía —murmuró el de garras plateadas, pasando junto a ellos y siguiendo a la otra.

Con temor, Jeremy volvió a asomarse para ver a la extraña pareja de encapuchados caminando como si nada por el puente, la primera dando vueltas sobre sí misma como si estuviese danzando. Los guardias, por su parte, permanecieron inmóviles.

—Oye, eso no es posible —señaló Sissi.

—Es verdad, ese tío lleva con el brazo ahí arriba demasiado tiempo —dijo Odd —. ¿Acaso son estatuas realistas?

—¡Eo! ¿Queréis venir ya? Van a acabar con dolor muscular si os entretenéis tanto —gesticuló excesivamente la digimon.

—Está loca… —susurró Tommy.

—Si nos pillan, no volveremos a ver la luz del sol —dramatizó JP.

—No seas burro, sólo nos regañarán y nos vigilarán el lugar —le dijo Koichi.

—Pero bueno, ¿cuánto vais a hacerme esperar? ¡Que el tiempo pasa! —volvió a chillar la encapuchada —. ¡O venís o estos señores vuelven a caminar!

Poco a poco, aún con cierto temor, el grupo empezó a moverse hacia el puente. Ninguno de los dos policías pareció inmutarse ante la presencia de estudiantes en aquel lugar inadecuado. Algo más decididos, corrieron hasta la tapa de alcantarilla, entreteniéndose algunos para pasar una mano ante los rostros petrificados de aquellos dos agentes.

—¿Qué les ha pasado? —preguntó Aelita.

—¿Será cosa de XANA? —preguntó Yumi.

—¡Eh! No le otorguéis ningún mérito a ese tipo —protestó con enojo la digimon, cruzándose de brazos y revelando una garra dorada bajo la tela.

—Pues si XANA no ha sido, ¿quién? —quiso saber Kouji.

—Servidora, por supuesto.

—¿Tú? —preguntaron todos.

—Deberíais agradecérselo —señaló el de los vórtices espaciales.

—¡Oh! —exclamó de pronto, sobresaltando a todos —. Será mejor que los digimons no se queden aquí. He oído a estos señores decir algo sobre un robo o algo así y por eso están controlando este lugar.

—Habréis de ir a la Ermita —declaró Jeremy.

—Y vosotros a ese centro en el que vivís —señaló el otro.

—Cada minuto cuenta —añadió la digimon.

Consultando el reloj, el grupo se agachó junto a la trampilla y empezaron a bajar. La última en hacerlo fue aquella digimon que, en cuanto cerró la trampilla, hizo un gesto para que todos se alejasen en silencio, aunque era evidente que algún curioso se quedaría atrás. Un pequeño brillo perduró ante ella unos segundos, los justos para volver a escuchar la conversación de los dos policías por encima de sus cabezas. Con cuidado, bajó los peldaños y se unió a los que miraban confundidos.

—Venga, venga, que aunque ellos ya han mirado aquí, aún pueden volver a hacerlo —rió suave.