¡Muy buen y caluroso fin de semana a todos! Como dije la semana pasada, hasta nuevo aviso los capítulos os llegarán en sábado o domingo, dependiendo de si tengo más o menos faena atrasada por el trabajo.

Tanto Lily como yo queremos agradeceros a todos por seguir leyéndonos (aunque la cantidad de información nueva por capítulo aún es mínima) y nos alegra que los dos trastomons enanos de Timy y Ace son queridos (a demás de que se les esperaba con ganas). Esperamos que los apoyéis para que crezcan como digimons sanos y fuertes.

Y una semana más, allá va el DISCLAIMER y el AVISO que, aunque no use esas palabras, siempre sale antes de dar paso al inicio del capítulo. Primeramente, Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, como al resto de mortales que no pertenecen a las compañías de ambas series. Cualquier parecido con la obra de otra persona (que no sea raf-lily, que hay mucho despistado por ahí suelto) es una coincidencia y antes de los tomatazos preferimos llamar al timbre con una cesta cargada de regalitos en plan "seamos buenos vecinos". Y por encima de todo, si bien no se le veta la entrada a nadie a esta historia, sí que se espera respeto por las escritoras, la trama, los personajes y los lectores. Los tomatazos entre vecinos serán ridículos en comparación con la guerra que puede ocasionar un comentario soez leído por alguien con poca paciencia o aguante para la estupidez innata del ser humano.

Ahora sí, os dejo para que vayáis eligiendo el modelito para la fiesta que se avecina. ¡Un abrazo grandote para todos!


Capítulo 53: Invitaciones al baile

La histeria de Xana-Lucemon iba en aumento. Por más que lo intentaba, no era capaz de entender cómo aquellos niños habían llegado al Digimundo, rescatado a la prisionera y desaparecido sin que absolutamente nadie les viese marchar. Había mandado patrullas enteras a buscar en todo el Digimundo, se había interrogado a digimons de todas partes e incluso se habían destruido algunas aldeas con el fin de hacer salir a aquellos críos.

—Mi señor… —Myotismon entró con precaución a los calabozos, donde se encontraba el ángel caído intentando descubrir el truco de los Guardianes —. Las patrullas de Bakemons y Phantomons han recorrido todo el Digimundo de nuevo y no hay ni rastro de los niños humanos y sus digimons.

—Es imposible —dijo en susurros. El vampiro digital permaneció en silencio —. Es imposible que esos niñatos viniesen de la Tierra aquí y luego desapareciesen sin que nadie los viese.

—Duskmon dijo que el grupo desapareció ante ellos de repente —dijo.

—Sé perfectamente el informe de Duskmon. No necesito que me lo recuerdes, Myotismon —alzó la voz el ángel caído —. Del mismo modo que recuerdo el tuyo: acabaste escapando con el rabo entre las patas de tres críos que te vencieron patéticamente.

Myotismon no se atrevió a decir absolutamente nada. Le resultaba vergonzoso haberse presentado ante Xana-Lucemon rendido, derrotado. Por más que hubiese querido explicarse, acusar la presencia del digimon de luz en el combate, sabía que le sonaría a excusa barata al soberano de la Rosa de las Estrellas.

—¿Habéis ordenado llamarme, amo? —preguntó una siniestra voz tras él.

—Sí, Duskmon. Esos niños están siendo muy molestos. No sólo se dedican a desactivar mis torres, sino que logran digievolucionar… Myotismon, quiero que prepares a un grupo para un próximo ataque. Y esta vez, asegúrate de que causa problemas graves a esos niños.

—Está bien, mi señor —asintió.

—Y tú, Duskmon, acompáñame. Hay algo importante que debo tratar contigo.

—Sí, amo.

El vampiro observó a los dos alejarse sin moverse del lugar. El rostro de Xana-Lucemon no daba pista alguna al vampiro de lo que pretendía hacer al guerrero corrupto de la oscuridad. Myotismon esperaba en silencio que aquel clon recibiese al fin un severo castigo por sus errores. Dentro de sus argumentos, Duskmon debería haber evitado que la guerrera del agua y, especialmente, el auténtico guerrero de la oscuridad consiguiesen mayor poder.

En el silencio característico de los clones, Duskmon siguió a Xana-Lucemon por los pasillos del castillo hasta la primera sala que vio nada más abrir los ojos. Ante él, el ángel caído señaló el escáner y se hizo a un lado para que entrase en él.

—Esos niños no van a volver a jugar contigo, Duskmon. Da igual cuántos se reúnan y logren digievolucionar —dijo mientras veía al clon oscuro entrando en el tubo —. Esta vez, gano yo —sentenció poniendo en marcha la máquina.


Kadic tardó todo el fin de semana en recuperar la calma después del accidente del suelo encerado. Para desgracia de muchos, llegó el lunes y nada pudo impedir que se realizaran las clases. Aunque ello se debía a cierta rubia que se aseguró de que dos digimons mantuviesen las manos quietecitas hasta que ella diese permiso.

—Ya te vale, Zoe —protestó Odd, después de una larga mañana de estudio —. Eres más mala que Xana-Lucemon.

—No me apetece perder ninguna clase si se pueden evitar —dijo mientras Kouji intentaba gesticularle al rubio para que dejase de provocarla.

—¡Pero si nos mandan la faena igualmente aunque no estemos en clase! —exclamó. Más de uno se golpeó la frente ante la insistencia del chico.

—Al contrario que tú, algunos estamos aquí porque es necesario para tratar de salvar el Digimundo y la Tierra. Y dentro de ese grupo, algunos a demás estamos sometidos a sacar buenas notas o da igual lo reales que sean los papeles falsificados por Jeremy, nos sacarán de aquí.

—Pero pudiendo tener alguna hora libre…

—Odd, ¿qué tal si dejas de insistir?

—Hey, ¿qué pasa ahí? —preguntó Aelita, señalando hacia donde se habían acumulado varios alumnos.

—Por favor, que no sea algo producto de los Crossedmons —pidió Sissi —. Bastante ha sufrido papi con sus trastadas…

Abriéndose paso con algo de dificultad, algunos alcanzaron la pared con el tablón de anuncios y buscaron el causante del alboroto.

—Centenario de Kadic… —leyó Teppei.

—¡Fiesta! —exclamó Odd —. ¿Para cuándo?

—Dos semanas —siguió leyendo el otro.

—¡Fiesta! —repitió el rubio.

—¿Pone algo sobre lo que se va a hacer? —pidió saber Emily.

—Al parecer, los profes van a organizar una especie de baile… No pone ningún grupo contratado.

—¿Qué clase de celebración de centenario es la que no tiene artistas invitados? —preguntó Takuya.

—Será porque con el tema de los "monstruos", Kadic no parece un lugar en el que montar escenarios —suspiró Ulrich.

—Por favor, no llames al mal tiempo —pidió Sissi.

—Perdón, pero es la verdad…

—Pues vayamos a pedirle al director que nos deje hacerlo a nosotros —propuso Aelita.

—¿Nosotros? —preguntó sonriente Koichi —. Kouji se ha traído su guitarra, así que…

—No estarás pensando en ponerme toda la fiesta sobre un escenario, tocando absolutamente todo, ¿no?

—Alguna sí, por fa… Zoe, ayúdame a convencerlo, va —tiró de ella Koichi.

—Sí, venga, no digas que no tienes ganas de tener una excusa para tocar —se apuntó la rubia.

—Ya os vale a los dos —remugó desviando la mirada de las caritas de corderito de ambos.

—Podemos probar a hablar con mi padre —dijo Sissi —. La verdad, seguro que la fiesta será aburrida si la dejamos en manos del profesorado… Vamos, Aelita, con nosotras dos ya nos vale.

El grupo esperó en un banco el regreso de las dos chicas, comentando qué se necesitaría para llevar a cabo la fiesta. Cerca de media hora más tarde, Aelita y Sissi volvieron a unirse al grupo, guardando la respuesta hasta que estuvieron delante. Alegres por el permiso, decidieron ponerse manos a la obra tan pronto acabasen las clases.


Gatomon dormitaba en el tejado de Kadic con Lopmon y Patamon junto a ella. El trío se entretenía hablando de los intentos de Bokomon de entender la escritura humana, así como de leer los diferentes libros que había encontrado entre las pertenencias de los niños, algunos en japonés.

—Qué raro que los chicos no hayan vuelto ya —comentó Lopmon.

—He oído que les han dado permiso para montar una fiesta —respondió Gatomon.

—Con la que tenemos encima y ellos, de fiesta —dijo Patamon.

—No es como si pudiesen evitarlo. Al parecer, es el aniversario del centro y, después de lo ocurrido, nadie parece querer amenizar la fiesta… Están trabajando mucho, se merecen un pequeño respiro —explicó la gata.

—Pero van a trabajar en montar la fiesta —ladeó la cabeza Lopmon.

—Dejémosles. Son jóvenes —dijo acomodándose para seguir dormitando.

Un vórtice a escasos metros de ellos hizo que sus cabezas se voltearan para ver aparecer a Ace bastante alterado.

—Alguien ha llegado a este mundo —dijo.

—¿Sabes dónde? —preguntó Patamon.

—Ya deberíamos poder verles —dijo pasando la mirada a los árboles.


El ruido de gritos y golpes fue lo que alertó al grupo, acomodado en el gimnasio. Con prisas, tiraron los cuadernos y todo cuanto habían estado usando para correr hacia la puerta.

—Vaya, vaya… Adivinad quién parece querer una invitación a nuestro baile —dijo Katsuharu.

—¿Duskmon? —preguntó más de uno.

—El mismo —asintió —. Y para que veáis las ganas, ha traído pareja de baile.

—Pero si tanto Kim como Yla están con nosotros… ¿A quién ha traído? —preguntó Chiaki.

—Ni idea, pero es un pibón —respondieron Teppei y Odd. Enseguida recibieron una colleja por parte de la guerrera del agua.

—¡Chicos! —chilló Patamon, entrando disparado por la puerta abierta.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Kouji, atrapándolo al aire y bajándolo.

—Duskmon y los clones…

—Lo hemos visto —asintió Takuya —. No deberíamos perder más tiempo aquí.

—Esperad —pidió el digimon —. No están solos… Hay monstruos y… digimons conocidos…

—Como la última vez —dijo Koichi.

—Son cuatro —dijo Patamon —. Es fácil identificarles, los demás son todos digimons malignos los mires por donde los mires.

—¿Es que XANA no se cansa de atacarnos con amigos poseídos? —preguntó JP.

—Parece ser que no. Menos charla y más movimiento. Hay que patearles el trasero a esos clones —señaló Takuya.

—¿Qué hacemos nosotras? —preguntó Leire justo cuando un vórtice se abría en el gimnasio sobresaltándoles.

—Somos nosotros, tranquilos —dijo Lopmon. Tras él, las dos clones y los mellizos aparecieron.

—Quedaos las tres aquí —indicó Takuya —. A las malas, ellos pueden ayudaros.

—No tenemos suficiente poder para atacar —negó Timy.

—Y tampoco deberíamos atacar aunque lo tuviésemos —dijo Ace —. XANA no debe enterarse de nuestra existencia.

—No pasa nada —dijo rápidamente Zoe —. Si, como ha dicho Patamon, hay cuatro digimons que son aliados, necesitarán atención y ayuda cuando logremos liberarles. Vosotros podréis hacerlo. Todos vosotros —dijo mirando tanto a los dos digimons como a las tres chicas.

—Estaremos aquí para cualquier cosa —aseguró Arya.

Asegurándose de que nadie se fijaba en ellos, el grupo empezó a salir del gimnasio digievolucionados. Los digimons, algo más complicados de hacerlos aparecer de la nada, tuvieron que cruzar la primera línea de árboles antes de digievolucionar y salir al combate. Angemon y Turuiemon se les unieron sin dudarlo.

—¿Qué pasa con Gatomon? —preguntó Yumi.

—Ella está al mismo nivel que nosotros dos ahora mismo —respondió el conejo —. Siendo como es la mascota, no puede saltar y atacar como digimon sin ser descubierta.

—¡Eh! —chilló Aldamon, ocupado conteniendo a su clon —. Encargaos de ese par de digimons molestos —indicó señalando con la cabeza a dos figuras que estaban listos para atacar Kadic, ignorando al grupo de los Guardianes.

—Lo que nos faltaba —murmuró Turuiemon.

Ambas figuras estaban a punto de atacar cuando los dos miembros masculinos de la tríada angelical se plantaron delante de ellos listos para proteger el edificio y a todos los humanos en él.

—Vaya, vaya, vaya, mira qué tenemos aquí —rió MarineDevimon.

—Acaba de alegrárseme el día —sonrió LadyDevimon —. Déjeme a mí al angelito. Nunca he soportado a los de su especie.

—Ten cuidado, Turuiemon. No son precisamente débiles —advirtió Angemon.

—Lo mismo te digo.

Una nueva pelea dio inicio en Kadic. Nuevamente, los dos bandos se enfrentaban en el territorio de los estudiantes y obligaban a todos a escapar para no sufrir heridas. En lo alto de uno de los tejados, Gatomon evaluaba el avance de la pelea. Todo aquél con clon se las veía y deseaba con dichos seres, incluso Aldamon. Tener una evolución más poderosa no parecía serle un beneficio al híbrido de fuego, ni tan siquiera con la ayuda de BlackKazemon y BlackRanamon, ambas dispuestas a permitirle ir en busca de Duskmon. El clon de la oscuridad también suponía una dificultad para los otros cuatro híbridos, que luchaban pendientes de sus alrededores. A todo eso, debía sumársele que quienes se veían libres de clones y los compañeros digitales de los originales de Lyoko luchaban para apartar al resto de monstruos y digimons, procurando no dañar a cuatro en concreto que, sin embargo, se entregaban totalmente a la pelea contra ellos.

Pero lo que más rabia le provocaba a Gatomon era la lucha que mantenían Angemon y Turuiemon contra los dos digimons demonios. Ver a LadyDevimon manejando el combate a su antojo, acorralando a Angemon y obligándolo a decidir entre sufrir el ataque o permitir que se dañase Kadic, estaba hirviéndole la sangre.

—Esa maldita bruja no va a seguir así… Me aseguraré personalmente que no vuelva a aparecer nunca más —afirmó poniéndose en pie en el tejado y cerrando los ojos.

No le costó encontrar la energía suficiente para lo que quería. Al instante, un brillo rosado la envolvió formando una columna de luz que llamó la atención de Yumi, cuyo D-Tector también brilló de igual manera.

—¿Qué ocurre? —preguntó alterada —. ¡Kyubimon! —llamó.

—¡Aquí estoy! —se le acercó la digimon, golpeando a la clon de la geisha y cubriéndola.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Odd mientras su D-Tector desprendía un brillo morado.

—¿Qué es esto? —se unió Ulrich, su dispositivo brillando en azulado.

—¡Gatomon superdigievoluciona en… Angewomon!

—¡Angemon superdigievoluciona en… MagnaAngemon!

—Turuiemon superdigievoluciona en… Antylamon!

—Otra digievolución… —observó sorprendida la geisha.

—¡MagnaAngemon! —gritó con rabia Angewomon. Al otro ángel no le hizo falta mirarla para entender que debía agacharse —. ¡Flecha celestial!

—¡No creas que eso me va a hacer algo! ¡Melodía mortal! —atacó LadyDevimon.

—Ay, no… ¿En serio se van a poner así ahora? —preguntó Antylamon —. MagnaAngemon, me voy a ayudar con aquellos cuatro.

—Bien. Yo me ocuparé de éste y te ayudaré —aseguró mientras veía al conejo marchar en busca de los digimons capturados.

Un grito extraño resonó en el aire, despistando a la gran mayoría de los combatientes que no pudieron evitar alzar la vista para ver la pelea de dos digimons femeninas. El estilo barriobajero, lanzándose contra el suelo, las paredes del edificio, dándose tirones de pelo, bofetones y mil insultos, algunos más originales que otros, provocaban risas tontas en algunos y mil preguntas en otros.

—A este ritmo, Kadic será destruida por esas dos —protestó Jeremy.

—¡Coredramon! —llamó William —. ¡Intenta cogerlas y lánzalas lejos, hacia el bosque!

—Tengo una idea mejor —dijo Grumblemon, corriendo hasta Mercurimon y su clon y golpeando con su martillo al segundo —. Cambia la digievolución y absórbelas.

—¿Seguro? Sephirotmon es enorme…

—Puedes moverte y alejarte de aquí, cosa que ellas no parecen estar por la labor —señaló.

—Está bien… ¡Mercurimon, cambio de digievolución! ¡Sephirotmon! —ante la aparición del gran cuerpo de la bestia del metal, más de uno se apartó bruscamente. Sin embargo, ni Angewomon ni LadyDevimon dieron muestras de haberse dado cuenta de lo que ocurría —. Muy bien, señoritas, pasen al interior —dijo mientras un remolino las atrapaba a ambas y hacía desaparecer —. Gracias por su colaboración.

—Una molestia menos —sonrió Grumblemon —. Dejamos a esas dos a tu cargo.

—Ten cuidado si lanzas ataques —pidió Emily.