¡Buen finde a todos! Aquí estamos una semana más aprovechando el descanso laboral del fin de semana para actualizar la historia con un capítulo nuevo con el que aligerar algo la bochornosa tarde de verano que estamos pasando.
Como todo el mundo ya sabe, Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, ni tan siquiera sus personajes (el número de originales se cuentan con las manos y cualquier parecido con la obra de otro es una casualidad que nos gustaría hablar con la otra mente que piensa similar a nosotras). De igual manera, espero que el número de mensajes ofensivos recibidos en el transcurso de esta historia siga siendo de 0. ¡Mil gracias a todos por permitirnos lograr esta hazaña en un mundo donde los trolls salen como setas cuando menos te lo esperas! ¡Sois los mejores lectores del mundo!
Y ahora, dicho todo lo necesario para evitar problemas con el Team Rocket de los fanfics, os dejo con otro trocito de historia para que rellenéis ese huequito de tiempo libre que disponéis entre remojón y remojón.
¡Hasta la semana que viene!
Capítulo 54: Los problemas crecen
MarineDevimon se vio rápidamente superado por MagnaAngemon, por lo que empezó a utilizar el edificio de Kadic para protegerse de él. Cansado de tener que recular cada vez que se disponía a lanzar un ataque, el ángel se elevó muy por encima.
—Da igual lo que intentes, MarineDevimon, vas a acabar muy mal. ¡Puerta del Destino!
—¡No lograrás arrastrarme allí! ¡Antes caerán tus compañeros! —rió el demonio marino.
—¿Eso crees? —preguntó, alzando su brazo derecho y mostrando su espada púrpura Excalibur brillando. Se lanzó en picado contra él, aprovechando que la succión de la puerta que había abierto le obligaría a seguir sujetándose al edificio con el que se ocultaba —. ¡Se acabó tu tiempo!
Algo apartado, Ulrich observó la facilidad con la que MagnaAngemon obligó a su rival a soltarse del edificio y flotaba a la puerta abierta.
—¡Samurai, céntrate! —chilló de pronto Aldamon, dándole un coletazo al clon del chico.
—¡Lo siento! Oye, ¿crees que ese ataque de MagnaAngemon serviría para quitarnos de encima a los clones?
—Se puede intentar, pero somos demasiados y existen muchos curiosos en la zona —respondió el híbrido.
—Maldita sea…
La Puerta del Destino de MagnaAngemon tampoco pasó por alto a Duskmon. El clon oscuro se había movido más lejos, atrayendo consigo a los cuatro híbridos que le enfrentaban, y observó el fin de MarineDevimon.
—¡Anclaje de Blitz!
—¡Cuchilla de viento!
—Empiezo a cansarme de vosotros, malditos niños elegidos… ¡Mirada mortal! —el ataque hizo retroceder a las dos digimons, cruzándose en la línea de tiro de los otros dos y permitiéndole ganar un tiempo valioso —. ¡Duskmon, cambio de digievolución!
Reichmon se quedó horrorizado en el lugar mientras la siniestra ave oscura de tres ojos se elevaba por el cielo. Junto a él, Beowolfmon maldijo el hecho de que aquel monstruo tuviese la capacidad de tomar la forma animal del guerrero corrupto de la oscuridad. Incluso Sephirotmon, relativamente tranquilo en un costado sin molestar a nadie, se intentó alejar. Velgemon batió las alas una vez más, produciendo un ruido estridente a modo de graznido.
—¿Qué está pasando? —chilló Sissi, tapándose los oídos.
—¡Cuidado! —gritó Togemon, pero tampoco pudo hacer gran cosa por ayudar a su compañera.
Ante la mirada de todos, los clones parecían no inmutarse del graznido de Velgemon, por lo que alzaron sus armas contra sus versiones originales. Algunos lograron apartarse, algo dificultosamente, escapando de los clones. Sissi, sin embargo, se encontró atrapada por el látigo de su clon.
—¡Déjala en paz! —gritó Togemon, lanzándose contra la clon con los puños por delante a la vez que todo su cuerpo brillaba —. ¡Togemon superdigievoluciona en… Lilamon! —el hada floral hizo aparecer una daga en su mano y, volando a ras del suelo, se lanzó directa a cortar los látigos que retenían a su compañera —. ¡Sissi! ¿Estás bien?
—Sí… Creo…
—¿Va todo bien aquí? —preguntó Odd.
—Me he despistado con… lo que sea que ha chillado —admitió.
—Vete a descansar, Sissi —dijo Lilamon, irguiéndose entre la chica y el clon —. Yo me encargaré de ella.
—Te ayudo…
—Es mejor que la dejes a ella —dijo Odd, ayudándola a mantenerse recta —. No estás en condiciones.
—Cubriré tu ausencia, Odd —anunció Dobermon.
Con la rendición de Sissi, Odd empezó a alejarse de la batalla. Sobre sus cabezas, un extraño digimon oscuro que helaba la sangre volaba en círculos ante la mirada de los cuatro híbridos. Ninguno de ellos había vuelto a lanzar un ataque desde su aparición y eso estaba atacando los nervios, por lo que el rubio podía ver, a absolutamente todos los que no tenían ni idea de a qué se enfrentaban.
—¡Cuidado abajo! —gritó de pronto Sephirotmon —. ¡Onda de la oscuridad!
—¡Buena puntería! —exclamaron Grumblemon y Arbormon. Entre ambos, el clon de Mercurimon se levantaba tras haber recibido el ataque de LadyDevimon.
—¡Todos, tened cuidado! —advirtió Aldamon.
—¿Por lo de Sephirotmon? —preguntó Emily.
—A demás de él —dijo antes de señalar al cielo —. Ése es Velgemon.
—¿Velgemon?
—El espíritu animal corrupto de la oscuridad —respondió antes de volverse a su combate contra el Agunimon oscuro.
Conocer la identidad de esa bestia siniestra preocupó sobremanera a todos. Odd decidió acelerar el paso, cargando sobre la espalda a Sissi, sin mirar al cielo.
—¿Qué ocurre ahí? ¿Quién es ese monstruo? —preguntó Neila. BlackGatomon y Tailmon se adelantaron al instante para cubrir la puerta de posibles perseguidores del chico.
—A Duskmon le han salido alas —respondió dejando a Sissi en el suelo.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó Leire, agachándose junto a ella.
—Necesita descansar, nada más —respondió.
—¡Mira, Ace! —exclamó Timy sacudiendo el hombro de su hermano —. ¡Pronto le saldrán las espinas!
—¿Qué quieres decir? —preguntó Arya.
—Su látigo es diferente a cuando marchó —señaló el gato plateado —. Antes eran látigos normales, pero ahora son múltiples.
—Y láser —indicó feliz la elfita.
—¿Es posible que sea porque Togemon ha digievolucionado? —preguntó Odd.
—¡Toma ya! ¡Las chicas al poder! —saltó la dorada.
—Eh, no, déjate de apuestas —pidió el plateado.
—Me voy. Cuidad a Sissi —indicó Odd.
—Código digital Lyoko, ¡digievolución! —exclamó Leire.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Neila mientras, tras ambas, Arya exclamaba sorprendida por el cambio en su prima.
—Ayudar a Sissi —respondió extendiendo ambas manos —. ¡Dragón sanador!
...
Milly saltaba feliz ante la idea de conseguir nueva información para su periódico. A su lado, Tamiya no estaba del todo segura.
—Oh, vamos, ¡hay que atraparles y entrevistarles! —exclamó.
—Pero…
—Es muy arriesgado —negó un chico junto a ellas.
—Si nos quedamos a cubierto, no habrá problema. ¿O es que ahora tienes miedo, Ishiyama?
—¡No, no!
—Pues vamos —exclamó echando a correr.
Sin poder evitarlo, los otros dos la siguieron, intentando hacerla entrar en razón y retroceder a zonas más seguras. Al final, los dos reporteros "sensatos" se encontraron a escasos metros del combate.
—Cámaras… ¡Dentro! —exclamó. Ambos encendieron sus cámaras —. ¡Hola a todos! Aquí Milly acompañada de Tamiya y el nuevo miembro del equipo, Hiroki. ¡Atentos a esto! Nos hemos acercado hasta el lugar de los hechos para presenciar de cerca el combate entre los monstruos y los Domadores de monstruos. Tamiya, tú enfoca esa mitad. Hiroki, tú la otra.
—Ese monstruo enorme no cabe tal cual y también lanza ataques —dijo Hiroki intentando captar el extraño ser que permanecía quieto a un costado.
—Barrido rápido y a la acción. Procura pillar el ataque cuando lo oigas —indicó la pelirroja.
—¿No crees que ese pájaro esquelético está muy cerca? —preguntó Tamiya con miedo.
—Graba. Necesitamos descripción para poder nombrarle —dijo.
—Pero está pasando demasiado cerca —indicó Tamiya. Una de las alas del ave siniestra golpeó la pared sobre ellos y empezaron a caer escombros en el preciso momento en que un nuevo graznido terrorífico les hizo llevar las manos a los oídos.
—¡Salgamos de aquí o nos aplastará! —chilló Hiroki.
A escasa distancia, Yumi volteó la vista al oír la voz de su hermano. Con el corazón acelerado, apartó a su clon y buscó a Kyubimon en el combate.
—¡Kyubimon, sácalos de aquí! —chilló.
—¡Voy! —exclamó.
—Ella sola no podrá con todo —negó Bijugamon.
—Pues corre a ayudarla —ordenó Ulrich.
Lanzando varios ataques a los bloques más grandes, los dos zorros corrieron hasta el grupo de reporteros. Aun así, ninguno de los dos estaba seguro de llegar a tiempo hasta que una capa de hielo empezó a trepar por la pared, formando un techo sobre los tres reporteros.
—No aguantará mucho tiempo —indicó Kumamon, deslizándose con los esquís por un raíl de hielo —. Vámonos de aquí, ¡rápido!
De un tirón, subió a Tamiya a la parte trasera de sus esquís y esperó hasta que los dos zorros cargaron con los otros dos reporteros, todos paralizados por el miedo. No habían recorrido ni diez metros cuando la cúpula de hielo se derrumbó con un estruendo que sobresaltó a los tres menores, que voltearon la vista temblorosos.
—¿Acaso no veis que esto es peligroso? —regañó Kyubimon cuando los dejaron en el suelo.
—Yo… nosotros… —intentó hablar Milly.
—Adentro, ahora mismo —rugió Bijugamon, indicando con la cabeza el edificio junto al que se habían detenido. Los tres obedecieron sin dudarlo ni un segundo.
—Volvamos con los demás —indicó Kumamon —. Y recemos para que no vuelvan a salir.
—Dudo que lo vayan a hacer —suspiró Kyubimon, mirando al cielo —. No después de lo que ése es capaz de hacer…
...
Dentro de Sephirotmon, Angewomon empezaba a estar cansada de su batalla con LadyDevimon. Ambas se habían pasado todo el combate esquivándose la una a la otra salvo cuando lograban atraparse del pelo, momento que aprovechaban para abofetearse, arañarse, intentar ahogarse…
—¿Por qué no desapareces de una puñetera vez? —protestó el ángel.
—Eso mismo pregunto yo, angelita estúpida…
—Asquerosa paliducha…
—Vas a morir, muñeca —LadyDevimon logró atraparla del brazo y lanzarla contra el suelo —. ¡Pareces una mosca aplastada!
—Maldita rata de cloaca…
—Prepárate para acabar con tu vida, angelita apestosa… ¡Lanza de la oscuridad!
—Sí, claro, que te crees que me voy a comer tu ataque, guapita —esquivó Angewomon.
—¿Es que no te puedes quedar quieta? ¡Estás más guapa aplastada y a punto de morir!
—¿Sabes? ¡Ni yo me habría expresado mejor! —respondió lanzándose con la mano bien abierta. El guantazo resonó en todo el lugar.
—¿Cómo te atreves? —exclamó ofendida la diabla.
...
En el exterior, cuatro híbridos veían con impotencia el esquelético ser que surcaba, con cierta dificultad, el terreno de Kadic.
—¿Se puede saber qué hacéis ahí parados? He dejado a los otros a cargo de mi clon porque aquí nadie le corta las alas al pajarraco —protestó Aldamon.
—¿Qué crees que podemos hacer contra ése aquí? —acusó Mermaimon.
—¡Cuidado abajo! —chilló Sephirotmon lanzando uno de los ataques de Angewomon.
—Pero cómo hemos sido tan despistados… ¡Sephirotmon! ¡Llévate a Velgemon a tu interior antes que cause más destrozos! —llamó Reichmon.
—¡Enseguida! —aceptó la bestia del metal, arrastrando en un vórtice al digimon oscuro.
—Y ahora, nosotros cinco —señaló el híbrido de la oscuridad —. Ahora sí podremos darle una paliza sin preocuparnos por los edificios.
—Está bien…
Sin edificios ni absolutamente nada obstaculizándolos, los cinco guerreros pudieron lanzar sus ataques sin problema alguno. Aun así, Velgemon seguía esquivándolos aprovechándose de su habilidad voladora.
—¡Así no hay quien atine! —protestó la sirena.
—¡Cuerpo a tierra! —alertó Aldamon.
—Y encima, tenemos que tirarnos al suelo para evitar vuelos gratis… ¡Ancla al cuello cual collar! ¡Eso pienso hacer! —siguió protestando Mermaimon.
—Tranquila. Si te desesperas, serás una presa fácil —intentó calmarla Reichmon palmeándole el hombro.
—¡Bombardero del norte! —atacó la sirena, lanzando el ancla directa al cuello y fallando por poco.
—Necesitas relajarte —negó JetSilphymon.
—Basta de charlas, que vuelve —señaló Beowolfmon.
Velgemon se lanzó en picado contra ellos, dispuesto a llevarse por delante a alguno de los cinco, pero al último momento cambió de dirección, pillando a todos por sorpresa.
—¿Qué hace ahora? —preguntó Aldamon.
—¡Hay que salir de aquí inmediatamente! —gritó Reichmon, corriendo con su hermano pisándole los talones.
—¿Qué pasa? —preguntó JetSilphymon, siguiéndolos preocupada.
—En cuanto acabe de dibujar el círculo con la punta de su ala, seremos eliminados si nos quedamos dentro —señaló Beowolfmon.
—¡Maldito pajarraco! —protestó Mermaimon.
Sin atreverse a mirar a ningún lado, echaron a correr en busca de la salida de aquel círculo del que empezaban a alzarse unas extrañas paredes negras que amenazaban con encerrarlos.
