¡Buenas a todos! Esta semana he tenido un finde un poco movidito y se me ha pasado actualizar, pero aquí llega el lunes con un capítulo y la promesa de otro este finde (de verdad de la buena).

Como siempre, mil gracias a quienes nos siguen, que aguantan la espera de capítulos nuevos (y de material realmente nuevo, también hay que decirlo). Esperamos que incluso quienes no dejan comentario estén satisfechos con el trabajo, que les esté gustando la historia y que tengan ganas de más (porque nosotras sí las tenemos).

Para no variar, recordaros que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily o a mí, que los personajes originales están con cuentagotas, que cualquier parecido con la obra de otra persona es una casualidad en la que invitamos a la otra mente pensante a ponerse en contacto con nosotras para intercambiar opiniones... Y por último, pero no menos importante, que se agradecen las críticas constructivas, no destructivas; invitamos a todos los trolls que se hayan dejado caer por aquí que den media vuelta y no busquen problemas (tenemos una armada liderada por XANA en la recámara).

Y ya no me enrollo más. Os dejo con el capítulo de la semana pasada. ¡A ser felices!


Capítulo 58: Identidad a salvo

El cielo oscurecía cuando Kouji regresó a la casa de los Ishiyama. No tenía mucha prisa, sabía que Koichi se habría inventado una excusa por su retraso.

—Ya estoy en casa —anunció cuando entró al hogar.

—¡Kouji! —llamó Hiroki, corriendo para atraparle —. Kouji, necesito ayuda.

—¿Qué materia se te ha atascado esta vez? —preguntó el mayor.

—¿Materia? No, no, lo que quiero es que me ayudes con una cosita sobre Yumi…

—¿Tu hermana? Lo siento, Hiroki, pero en eso no te puedo ayudar ahora.

—No sabes ni lo que es —negó el menor.

—Seguro que algo que puede esperar a que pase los exámenes —dijo revolviéndole el pelo y pasando hacia el piso superior.

Dejando atrás a un Hiroki enfurruñado, Kouji entró en su dormitorio, tiró sus cosas encima de la cama desde la puerta y volvió sus pasos a la habitación de su prima. Sonrió al oír su voz, algo ahogada, protestando y se preparó para lanzarle un comentario.

—Y luego está tu hermano —las palabras le detuvieron con la mano en el pomo —. Él se escaquea de lo lindo… No tengo nada en contra de Zoe, pero maldita sea este Kouji, que parece acordarse de la novia sólo cuando se trata de pasar tiempo cerca de Hiroki…

—Para su información, señorita —dijo abriendo la puerta —, me acuerdo siempre de ella aunque no lo parezca. Y para continuar, usted perdone que tenga novia. Pero sabes cuál es la solución, ¿no? —preguntó aún sin entrar —. Declárate a Ulrich y así tú también tendrás una excusa para regresar tarde a casa.

—¿PERO DE QUÉ DEMONIOS ME VAS? ¿QUE ME DECLARE A ULRICH? ¿QUÉ PARTE DE "SOLO SOMOS AMIGOS" NO TE ENTRA EN LA CABEZA? —rugió empezando a tirarle cosas. Más rápido que ella, Kouji cerró la puerta mientras Koichi, al lado de la chica, se moría de la risa.

—Tranquila, animalillo —rió el de cabello largo tras la puerta, esperando dejar de oír cosas impactando.

—En serio, ¿por qué no, de primeras, llamas a la puerta y, después, saludas como una persona normal para variar? —preguntó cruzándose de brazos —. Que me declare a Ulrich va y dice…

—Oh, venga, era del tema pareja del que te quejabas —dijo Koichi mientras la puerta se abría.

—Omitamos que me has tirado hasta el sujetador —dijo Kouji, la vista en el suelo. De un salto, Yumi se levantó y recogió la ropa interior arrojada —. Oye, que ha sido el primero que se me ha ocurrido mencionar…

—Ya, claro, el primero…

—Yumi, estás roja —señaló Koichi. Al instante, un cojín lo lanzó de espaldas sobre la cama —. ¿Sabes, Kouji? Ha puesto a parir ya a casi todos los Guardianes…

—Bueno, me quedo más tranquilo que no sólo te molesta que yo tenga novia —declaró el de cabello largo tomando asiento también en la cama tras cerrar la puerta —. ¿También ha mencionado a Ul…?

—¡QUE TE CALLES! —chilló la chica, golpeándolo a él también y haciendo reír a los dos.

—¿Crees que él tendría defectos? —preguntó Koichi, recibiendo de nuevo.

—¡BASTA YA, GEMELOS DEL INFIERNO!

—Ninguno —rió Kouji, luchando por evitar la cremallera del cojín asesino de Yumi.

—¡SOIS PEORES QUE XANA-LUCEMON! —gritó la chica.

—¿Estás loca o qué? —exclamaron ambos. Al instante, Kouji se escurrió y corrió a la puerta para comprobar, aliviado, que Hiroki no estaba allí.

—Es que me sacáis de mis casillas.

—Vale, pues te daré una buena noticia —dijo Kouji, cerrando de nuevo la puerta y apoyándose en ella —. El proyecto es todo un éxito.

—¿De verdad? —preguntó con una sonrisa cada vez más amplia —. ¿Podéis creer que tengo ganas de que XANA ataque?

—Sí, lo creemos —asintió Koichi.

...

Xana-Lucemon no podía imaginar ni en mil siglos que una simple misión de investigación podría acabar tan mal. Ya no era un "no tenemos resultados", sino que cada vez que cierto Phantomon abría la boca, lo que decía no era ni tan siquiera información.

—Menudo gilipuertas está hecho ese digimon…

—Mi señor… —la voz de Myotismon le hizo regresar a la realidad —. ¿Qué desea que hagamos?

—No es normal que aún le duren los efectos de lo que sea que le diesen esos niñatos de las narices… Dejadle. Centrad los efectivos en ese grupo —dijo agitando una mano.

—Mi señor… Informan que es imposible dar con uno de ellos…

—Que sigan buscando debajo de cada roca si es necesario. Los quiero a todos… Esta vez, quien reirá seré yo —murmuró el ángel caído —. Se os acabaron los aliados, los truquitos y la vida, mocosos elegidos…

...

Yumi era una bomba de relojería andante entre los dos gemelos, quienes intentaban no reír de camino a Kadic.

—Calma, Yumi, calma —dijo Koichi —. Todo saldrá bien…

—Estamos aquí para ayudarte. ¿No lo hicimos anoche? —preguntó Kouji.

—Eso no quita que sea peor que un grano en el culo… El haraquiri será suave comparado con lo que le puede pasar a Hiroki si sigue así.

—¡Abran paso a Yumi, la destripadora sanguinaria! —exclamó Koichi, no pudiendo aguantar ya las risas ni él ni su hermano.

—¿Queréis recibir vosotros dos también o qué? —preguntó rabiosa.

—Piensa en lo positivo del día de hoy —indicó Kouji.

—Lo intento, pero cada vez que lo hago, veo por el rabillo del ojo a mi hermano y, ahora, a su amigo —suspiró caminando más rápida e incluso pasando al grupo que les esperaban.

—¿A dónde vas? —preguntó Takuya.

—Lejos de los niñatos —respondió la morena sin mirar a nadie.

—¡Yumi, espera! —pidió Aelita, corriendo tras ella antes de guiñarles un ojo a los demás.

—No estará refiriéndose a nosotros, ¿no? Porque no recuerdo haberle hecho nada —se señaló Odd.

—Hablará de sus primos —se encogió de hombros Takuya.

—¿Cuánto hace que os habéis despertado vosotros dos? —preguntó Kouji volteándose de pronto y atrapando del hombro a un bulto que todos reconocieron enseguida —. Hiroki, ¿tienes un momentito?

—Eh, pues…

—Koichi, pídeselo a él, va —señaló.

—¡Cierto! Tú eres amigo de Milly Solovieff, ¿verdad? —ante el asentimiento dubitativo de Hiroki, sonrió aún más —. Necesito un favor.

—¡A cambio, nosotros queremos algo! —exclamó el menor viendo el cielo abrirse ante él.

—Lo que sea, acepto —asintió sin dudarlo —. Mira, Kouji me ha rallado el especial de monstruos y resulta que ni él ni Yumi tienen uno… ¿Crees que Milly podría darme otro?

—Supongo que no habrá problema —dijo el chico, pensando en el "pago" que le daría a la reportera por esa petición.

—¡Gracias, Hiroki, eres el mejor! —exclamó Koichi abrazándolo.

—Te diré algo a la hora de la comida —prometió el menor antes de tirar de su amigo y echar a correr en otra dirección que no era la que había tomado Yumi.

—Que quede claro que tú también te has dedicado a dibujar perillas y cuernos a todos, no sólo yo —señaló Kouji antes de sacar el ejemplar de la mochila de su hermano y pasárselo a los demás. Las risas y comentarios no tardaron en alzarse.

Una sacudida alertó a todo Kadic. Absolutamente todos sabían qué significaba, aunque sólo un grupo fue consciente del repentino cambio en el ambiente.

—Ace ya está en posición, chicos —dijo Timy, caminando tranquilamente al estar el tiempo congelado.

—¿Qué llevas puesto? —preguntó Katsuharu.

—¡La ropa de mami! —sonrió dando una vuelta sobre sí misma —. ¿A que me queda bien?

—Se la he acabado prestando —suspiró la rubia —. ¿Vamos a patearles?

—Yo prefiero no perderme la cara de la Geisha —comentó Kouji.

—Seguro que estará deseando morrear a XANA hasta dejarlo sin aire —rió Koichi, dejando a los demás confundidos.

Pocos segundos después, los cinco híbridos, Bijugamon, Coredramon, Gaogamon, Persiamon y cuatro "domadores" se preparaban para salir al combate en cuanto el tiempo volviese a ponerse en marcha.

—¡Ah! —exclamó de pronto la elfita —. Tío Slay, quiero decirte algo antes de que te vayas.

—Te escucho —respondió William.

...

En un baño del segundo piso, Aelita estaba comentándole lo más camufladamente que podía los resultados de Jeremy cuando el suelo tembló y todo brilló en un tono dorado que trajo consigo el silencio.

—Un ataque —dijo Aelita. Junto a ella, Yumi empezó a saltar.

—¡XANA, eres genial!

—¿Qué?

—Nada, nada… Que estoy feliz porque puedo librarme de esos mocosos. ¡Oh, XANA, cuando quieres eres muy oportuno! —dijo volviendo a saltar.

—Ya… Bueno, no creo que Timy mantenga el tiempo así eternamente, así que…

—Vamos, Renamon —dijo alzando su D-Tector y haciendo surgir a la digimon. —¡Código digital Lyoko, digievolución!

—Eh, Yumi, más lenta —pidió Aelita, tecleando en el portátil mientras la Geisha y su digimon caminaban hacia la ventana.

—Venga, venga…

—¡Listo! —exclamó la pelirrosa cuando el clon de Yumi acabó de materializarse.

—Bien, pues estoy en tus manos —dijo la morena abriendo la ventana. Renamon saltó con facilidad antes de digievolucionar —. ¡Cuídame bien!

—En serio, Yumi está demasiado feliz… —suspiró la pelirrosa viéndola saltar al lomo de Kyubimon y echando a correr claramente hacia el combate —. Vale, Yumi, nos vamos —le dijo a la clon —. No te alejes de mí.

—Está bien —respondió con naturalidad.

Satisfecha, abrió la puerta y dejó que la falsa Yumi saliese justo cuando dos pequeñas figuras detectivescas se acercaban con enormes sonrisas en sus rostros.

—¡Yumi! ¡Los monstruos! —chilló Johnny.

—Ya decía yo que esa sacudida no era un terremoto… —dejó ir el clon.

—Ya sabes qué hacer —sonrió Hiroki.

—Sí, poneros a salvo —asintió con calma la clon, posando una mano sobre las cabezas de los críos y guiándolos.

—¿Qué haces? —preguntó el menor de los Ishiyama.

—Poneros a salvo, claro está. En caso de ataque, hay que evacuar.

—Oh, venga, Geisha, tienes trabajo más importante que ese —protestó.

—¡Genial, mis preferidos! —exclamó Aelita cuando el grupo pasó junto a una ventana —. Mirad, mirad, la Sirena pirata, la Arquera, los dos Zorros, el Samurai, la Geisha, la…

—¡¿GEISHA?! —preguntaron ambos, librándose de los empujes de la falsa Yumi y pegándose al cristal.

—¡Ishiyama! Mira que eres difícil de encontrar —se les acercó Milly —. ¿Cuál es la gran noticia que tenías?

—Pues… ¿las vistas desde aquí? —preguntó.

—No están mal, pero podríamos ir más cerca.

—Ni hablar —interrumpió la falsa Yumi —. Os tengo el ojo echado, así que ni se os ocurra salir de aquí.

...

Era tan normal que apareciesen clones y digimons molestos que el grupo, aunque fuese reducido, sabía perfectamente cómo repartirse para no estorbarse entre ellos. Aun así, las dificultades para vencer a los rivales seguían complicándoles la vida. William era de los que peor lo llevaban. Que tuviese más dominado el superhumo no le estaba dando una ventaja sobre su clon.

—Maldita sea… Timy, si de verdad me vas a ayudar, hazlo ya —murmuró, mirando alrededor rápidamente en busca de alguna señal de la digimon dorada.

La digimon había sonado muy convencida cuando le había dicho, muy rápidamente, que le iba a echar un cable librándose de su clon. No había dado detalles, por lo que cuando el chico la vio corriendo en busca de un escondite, las dudas y la preocupación no hicieron más que crecer.

—¡Detrás de ti! —oyó chillar a Coredramon, ocupado aplastando avispones.

Por los pelos, esquivó la espada de su clon y se separó varios metros, esquivando al mismo tiempo decenas de ataques tanto de compañeros como de enemigos. Posicionándose nuevamente a la defensiva, esperó el nuevo embiste de su versión oscura cuando un destello dorado llamó su atención. Unas extrañas cadenas empezaron a trepar por el cuerpo del clon como si se tratase de dos serpientes atrapando a la presa, que luchaba por librarse con movimientos cada vez más lentos.

—Es la mía —sonrió, acomodando la espada y lanzándose contra el clon, primero para desarmarlo y después para atravesarlo —. Se acabó molestarme.

Las extrañas interferencias del clon llamaron la atención de los más cercanos a ellos. William recuperó su espada y buscó alrededor dispuesto a echar una mano a quien fuera cuando el derrotado clon se convirtió en un cúmulo de datos atrapados en las cadenas doradas.

—¡Escanéalo! —chilló Aldamon —. ¡Hazlo desaparecer para siempre!

—¡Rápido antes de que lo hagan ellos! —gritó Ulrich.

—¿Escanear? —preguntó mientras veía cómo sus compañeros luchaban por retener a sus respectivos clones —. Está bien —asintió alzando el D-Tector —. Espíritu digital de oscuridad, la energía del caballero dragón te iluminará. ¡Digicódigo, captura!

En cuanto el último de los datos fue absorbido por el dispositivo, Duskmon cubrió todo en la más absoluta oscuridad. Cuando el grupo pudo ver de nuevo, no había ni rastro de los enemigos.

—Ya no están —informó Reichmon.

—Buen golpe, Will —felicitó Ulrich.

—Hay que felicitar más bien a Timy. Sin ella, no habría logrado tener una oportunidad —dijo.

—¿Dónde están? Deberían haber parado el tiempo o teletransportado a otro lugar —dijo JetSilphymon.

—Sus cadenas salieron de por ahí —señaló William.

—Seguid sin mí, yo debería volver con Aelita —dijo Yumi, montando en Kyubimon y adelantándolos a todos para dar un rodeo hasta el cuarto de baño.

A la carrera, el grupo buscó a los pequeños digimons, preocupados por lo que pudiese haberles ocurrido. Guiándose por las risas infantiles, lograron alcanzar el punto exacto en el que ambos digimons se encontraban. JetSilphymon, que había volado al frente, gritó con horror ante lo que sus ojos veían.

—¿Qué demonios pasa aquí? —preguntó Beowolfmon.

—¡Papi, mira! ¡Es un columpio! —exclamó la elfita, balanceándose entre los tentáculos de una Scyphozoa atrapada entre los árboles.

—¡Eso no es un columpio! ¡Es peligroso! —gritó Jeremy.

—¡Qué va! No puede moverse —sonrió con malicia Ace.

—¡Venid a columpiaros vosotros también! —exclamó Timy, corriendo en busca de Emily. Reichmon fue más rápido, alzando a la humana antes que la digimon lograse llevársela —. ¡Eh!

—¿Seguro que no os han poseído? —preguntó.

—Somos pequeños y no tenemos nuestro poder completo, pero sabemos defendernos muy bien —dijo inflando el pecho el gato plateado.

—Ésta no puede quedarse aquí —sentenció Aldamon.

Sin dar tiempo a nada, empezó a atacar, seguido por Beowolfmon y Reichmon. Los dos pequeños digimons no pudieron hacer otra cosa que apartarse y lloriquear.