¡Aloha a todos un finde más! Hoy no es que tenga prisa, pero tampoco tengo muchas ganas de hacer nada (modo pereza máxima on), así que iré rapidita.

Como siempre, Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily y a mí, los personajes originales son unos cuantos y si se parecen a la obra de otra persona es una coincidencia/casualidad que estaremos encantadas de debatir con dicha persona... Y como siempre, agradecemos reviews escritos con lógica, sentido y/o cariño. Para trollear ya están los Crossedmons, no necesitamos más ruido.


Capítulo 60: Como en los viejos tiempos

La mañana del lunes en el mundo digital amaneció soleada. En la Aldea de los zorros, el trabajo fluía como cualquier día aunque más de uno allí se preguntaba por el estado del mundo fuera de su bosque.

—¡Anciana Renamon! —exclamó uno de los Kitsumons —. ¡Se acerca un grupo de digimons desconocidos!

—¿Enemigos? —preguntó la digimon, poniéndose en pie con algo de esfuerzo.

—Posiblemente, señora… Impmon está entre ellos —respondió.

—No es bueno dar por sentadas las cosas sólo por las apariencias —regañó —. ¿Quiénes le acompañan?

—¡Anciana Renamon! —otro Kitsumon entró a la caseta —. ¡El grupo de desconocidos quiere encontrarse con usted!

—Está bien —aceptó.

—Pero señora…

—Tranquilos, estaré bien —dijo echando a andar hacia el exterior.

Un par de minutos más tarde, un grupo muy variopinto de digimons llegó ante ella acompañado del murmullo de los habitantes de la aldea.

—¡Renamon! ¡Guilmon ha venido a verte! —exclamó el dinosaurio rojo.

—Ya te veo, ya —rió —. Bienvenidos a la Aldea, chicos. Hacía tiempo que no os veía. ¿Cómo habéis estado?

—Hartos de no saber de ti —dijo Impomon, cruzado de brazos pero con una sonrisa asomando tras sus palabras —. ¿Tan mal te caemos que te escondes hasta de nosotros?

—No es así —negó haciendo un gesto para que le siguiesen —. Nuestro tiempo pasó, decidí dedicarme a cuidar de todos estos digimons.

—¿Tú? La gran Renamon, la que quería ser la más poderosa de los digimons, ¿de niñera? —rió Terriermon —. ¿Dónde quedó esa Renamon que pisaba la Tierra con orgullo?

—¿La Tierra? —preguntó una Renamon verdosa —. ¿El planeta de los niños elegidos?

—No será… ¿Este grupo de digimons son los de las historias de la anciana? —preguntó un Kitsumon grisáceo.

—¿No sabíais eso? —rió Monodramon.

—Es tiempo que otra generación cuide del Digimundo —dijo tranquilamente Renamon —. Les conté las historias a mis pequeños zorros para que no olvidasen jamás por qué han de luchar.

—¿Y no te apetece volver a la acción? —preguntó Dobermon —. Volver a las peleas.

—Ha pasado muchísimo tiempo —negó Renamon.

—Oh, venga, ¡como en los viejos tiempos! —dijo Leomon mientras Guardromon y MarineAngemon asentían tras él.

—¡Guilmon quiere pelear contra el invasor! —exclamó el rojo.

—Para eso está la nueva generación.

—Pero está claro que nosotros somos más eficaces —dijo Impmon —. Venga, Renamon, pongámonos en marcha para eliminarlos para siempre…

—El mundo digital es de los digimons —dijo Leomon —. Ningún niño humano debería poner jamás los pies aquí.

—Sería lo ideal, pero ellos son necesarios…

—Son invasores —interrumpió Terriermon con rabia.

—El amo Xana-Lucemon nos brindará el poder para proteger el Digimundo de esos intrusos humanos —declaró Monodramon.

—Anciana Renamon, ¿quiere que hagamos algo? —preguntó un Kitsumon azul.

—Tranquilos —dijo extendiendo una mano para detenerle —. Escuchadme bien vosotros. ¡Jamás me uniría a un ser como Xana-Lucemon, que busca destruir nuestro hogar!

—Si así lo quieres… —declaró Impmon chasqueando los dedos.

Un temblor sacudió la tierra, tirando a más de uno de los zorros pillados por sorpresa. Ante ellos, una gran figura que parecía hecha de piedra emergió de entre los árboles, golpeando a un lado y a otro importándole bien poco qué estuviese destruyendo.

...

El lunes en el mundo humano fue mortal para el grupo entero. Después de pasarse el domingo limpiando el enorme cuartel, de haber probado las salas de entrenamiento y de haber luchado contra el tiempo para hacer los deberes retrasados (con el apoyo de Timy, para tranquilidad de más de uno), el cansancio los tenía a todos apagados. Ni tan siquiera Leire era capaz de seguir el ritmo de la clase, y no por Takuya y sus quejas con la boca pegada al brazo.

El fin de las clases fue la señal que absolutamente todos tomaron para salir corriendo en dirección a la fábrica, donde las dos clones aliadas entrenaban mientras Bokomon leía, Neemon dormía, los tres ángeles hablaban y los dos pequeños del grupo correteaban.

—¿Ya estáis aquí, chicos? —preguntó Lopmon.

—¿Pasa algo? —preguntó Gatomon —. ¿Es que se han dado cuenta que no estoy por allí?

—Nada de eso —negó Jeremy.

—¡Es que no podemos aguantar más aquí teniendo lo que tenemos en el Digimundo! —estalló Takuya.

—Ace, bonito, ¿qué tal si nos dejas ir a casa? ¡Te daré lo que quieras! —pidió Odd.

—No soy una mascota —dijo seriamente —. Pídelo bien y os llevaré.

—Ace, por favor —intervino Kouji antes que los otros dos protestasen —. No quiero oírles quejarse más.

—¡Hecho! —sonrió antes de abrir un portal por el que no tardaron en cruzar.

—Espera un momento, Kouji —le atrapó Yumi —. Necesito tu ayuda —añadió mentalmente.

¿Me arrepentiré de aceptarlo? —cuestionó.

Te prometo que no —respondió con una sonrisa la chica.

...

Xana-Lucemon intentaba que la única buena noticia del día no fuera eclipsada por el mayor fracaso de su reinado. Le fastidiaba haber perdido un clon y llevar tiempo sin ser capaz de crear otro, pero sabía que, con su nuevo plan, lograría hacerse con todos los datos necesarios.

—¡Aserejé, ja, de je, de jebe tu de jebere seibiunouva, majavi an de bugui an de güididipí! —canturreó el causante de sus frustraciones.

—¿En serio aún sigue ese idiotamon con sus paparruchas? —preguntó.

—Lo sentimos, amo, hacemos todo cuanto podemos… —se disculpó otro Phantomon.

—¡Que viva la fiesta! ¡Y que rule la botella! —chilló el borracho encarcelado.

—Que alguien me recuerde por qué no lo hemos eliminado ya —pidió el ángel caído.

—Porque puede conocer rincones interesantes desde los que atacar, a demás de información sobre aliados —respondió un Bakemon.

—Cierto… ¡Que alguien llame a Duskmon! —exclamó —. Él logrará sonsacar información…

...

Con las salas de entrenamiento abarrotadas, Kouji decidió pasear por el exterior tranquilamente. No tardó en sentir pasos tras él.

—¿Qué queréis? —preguntó.

—Oh, vamos, no me digas que no me dejas ir contigo —dijo Zoe cruzándose de brazos.

—¿Seguida de mi prima? —cuestionó.

—Vale, pillada —rió la morena —. Quería explicarte bien la idea que te comenté antes.

—Ah, sí, lo de mi hermano —asintió volviendo a andar como si nada —. ¿Eh?

—¿Qué pasa? —preguntó Zoe.

—Kim e Yla —señaló hacia las dos clones, pegadas a una ventana.

—¡Eh! ¿Qué hacéis? —preguntó Yumi, sobresaltando a ambas criaturas.

—Chiaki nos ha pedido que le dejemos la Piscina para ella y Koichi solos —respondió la clon del agua. Las sonrisas en las dos chicas preocupó a Kouji, que no tardó en buscar una vía de escape.

—¿Sabéis qué hacen ahí dentro? —preguntó Yumi.

—No. No se ve nada por tanta oscuridad… —respondió la del viento —. Jo, esto no mola…

—¡Kouji! —llamó Zoe —. ¿Crees que tú podrías ver ahí dentro?

—Oye, ¿soy tu novio o una herramienta multiusos? —preguntó.

—Las dos cosas —respondió rápidamente Yumi —. Anda, digievoluciona e ilumínanos un poco la situación —ordenó.

—Qué divertido… Pero que sepas que apuesto lo que quieras que Renamon también podría ver ahí dentro —señaló el chico.

—¿Es eso cierto? —preguntó sorprendida mirando a su digimon. La amarilla intentó escapar, pero los gestos de Kouji, dispositivo en mano, la hicieron rendirse antes de intentar nada.

—Sí, Yumi, mi visión es buena en la oscuridad…

—¡Vamos, vamos! ¡Nos lo estamos perdiendo todo! —exclamó Zoe.

Durante un minuto entero, Lobomon y Renamon permanecieron de pie ante una de las ventanas de la sala. Poco después, algunas compañeras más se unieron al cotilleo, provocando que el guerrero de la luz y la digimon zorro maldijeran su suerte.

...

Ranamon quería aprovechar al máximo las ventajas de la Piscina. La oscuridad creada por Reichmon, sus ataques y los ocasionales obstáculos que tenía la sala de entrenamiento (todos explicados con lujo de detalles por los Crossedmons, más de uno se preguntó si no habrían usado dichas instalaciones para gastarles bromas) pretendían ser un buen entrenamiento. Sin embargo, no imaginó que su ayudante, Reichmon, fuese tan certero en los ataques.

—¿Estás bien? —preguntó el de la oscuridad tras verla caer por un ataque. No les estaba poniendo fuerza, pero sabía que a la digimon acuática le costaba adivinar por dónde le llegaban.

—Sí, sí, podemos continuar.

—¿Seguro?

—Sí.

No muy convencido, Reichmon volvió a moverse de un lado a otro, lanzando ataques ocasionalmente para que la otra los esquivase, aunque cada vez parecía costarle más y, por ello, recibía todos los golpes.

—¡Ranamon! —exclamó viéndola caer.

—Estoy bien, estoy bien —dijo rápidamente.

—¡Venga ya! —exclamó arrodillándose junto a ella y ayudándola —. Deberíamos descansar…

—Qué rápido eres…—susurró con la respiración algo agitada.

—Bueno, puedo verte perfectamente en estas condiciones —dijo Reichmon.

—¡Oh, sí, cierto! Eres el guerrero de la oscuridad…

—¿Quieres que la quite? La oscuridad, digo.

—¡No, no! —respondió rápidamente —. Quiero decir… Después de tanto rato a oscuras, la luz resultará molesta…

—Está bien —asintió.

Asegurándose que la otra se mantenía sentada, se apartó lo suficiente para sentarse a la espalda de la digimon, permitiéndole usarle de respaldo.

—Deberías moverte más —dijo de pronto. No le pasó por alto el sobresalto de la digimon, aunque lo tomó como un susto por no esperarse que hablase —. Si lo haces, le será más difícil a tu rival acertar los ataques.

—Oh, cierto… Gracias por el consejo… Podemos probarlo ahora después, ¿no? Porque aún queda tiempo… ¿Verdad? —preguntó Ranamon, volteándose un poco —. ¿Reichmon? Oye, ¿estás bien? ¡Reichmon!

...

Con la sala casi a oscuras y medio inundada, era difícil para cualquiera moverse allí dentro, pero para él no suponía problema alguno. En un extremo, Mermaimon resoplaba cansada, pero mantenía con fuerza su ancla, testaruda como siempre.

¿En serio quieres seguir?

No he dicho mi última palabra respondió la sirena.

No digas que no te ofrecí parar le dijo antes de volver a moverse por el lugar con gran sigilo aun el agua que le podía delatar.

No me vas a pillar por ahí… ¡Bombardero del Norte!

Sabía de sobras que la digimon atacaría de esa forma, por eso le fue sencillo esquivar y dejar que el ancla reventase los maniquís. Sin dudarlo, se alzó sobre las patas traseras y empezó a recolectar energía oscura en su boca.

¡Necro eclipse!

Sonrió satisfecho al verla esquivar aprovechando el agua. Más rápido que ella, se lanzó en la misma dirección y la derribó de un coletazo, tirándola de cara al agua.

Sé que no te puedes ahogar bocabajo, así que ahórrame el intentar traducirte rió.

¡Eso ha sido a traición, Sphinx! protestó la sirena.

Allá vamos otra vez…

¿Es que quieres acabar conmigo o qué?

¿De un coletazo? Ni tú puedes hacerlo comentó andando hasta la puerta . Ríndete y déjame salir ya, por favor.

¡Has de ganarme válidamente! declaró apretando el ancla con rabia . ¡Sin trampas!

Oye, que no hago trampas… En fin, lo que tú digas…

Lentamente, Ancient Sphinxmon volvió a acercarse a la sirena, dispuesto a volver a tirarla de un coletazo si era necesario. Sabía que a la digimon le quedaba poco para rendirse, pero su testarudez no le permitía finalizar todo tan rápido. El digicódigo envolviéndola supo a victoria para el digimon de oscuridad.

He… ¡Lo he logrado! exclamó con felicidad Ancient Mermaimon, dando vueltas sobre sí misma antes de nadar hasta la pared con los botones para vaciar la sala.

¡Aleluya! ¡Al fin saldré de aquí!

Sí, tu deseo se hace realidad respondió la digimon con algo de fastidio —. ¿Te importa permitirle a la luz brillar? No veo nada.

Va, va rió.

Grey va a flipar… ¡Más le vale a Persia ponerse las pilas o digievolucionará pasada por agua!

¿En serio sólo piensas en la apuesta?

Poco a poco, la habitación fue llenándose de la luz suave del atardecer, colándose por las ventanas. El suelo se inclinó bajo los pies de la bestia oscura, que no tardó en acercarse a la puerta de salida.

¿Aún no? preguntó, quedándose mudo ante la imagen que veía al otro lado de la sala.

Algo en el ambiente había cambiado. No estaba seguro si había surgido del entrenamiento, era un efecto visual por culpa de la luz que entraba a la sala o aquello que en su tiempo le había sonado a broma de su hermano, algo sobre el "encanto de las sirenas". Pero de lo que sí estaba seguro era de que aquella no sería la única vez que se quedaría mirando quizás demasiado fijamente a la digimon acuática.

¿Me estás escuchando, Sphinx? Sphinx, haz el favor… Sphinx…

...

—Reichmon, esto no me gusta nada —le sacudió Ranamon.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—¡Eso tú! —le protestó la digimon, arrodillada ante él y con un ligero temblor. Enfocando más la vista, Reichmon vio lágrimas traviesas —. Te has quedado de pronto ido… ¿Va todo bien?

—¡Sí, sí! —exclamó levantándose nervioso —. Sólo era un recuerdo…

—¡Oh! ¿Y de qué?

—Bueno… Creo que el entrenamiento que me has pedido no resulta tan raro como parecía al principio —respondió —. Al parecer, antes ya entrenábamos así.

—¿Nosotros dos? —preguntó desviando la mirada.

—Eso parece —asintió —. Así fue como lograste digievolucionar a Ancient Mermaimon. Ése ha sido mi recuerdo.

—¿En qué nivel estabas tú?

—Ya era Ancient —respondió.

—Vaya… Parece que siempre vas un paso por delante —suspiró —. Creo que será mejor dejar aquí el entrenamiento. Te dejo descansar. Ya has descubierto cómo es recordar algo —rió nerviosa.

...

En el exterior, dos digimons tuvieron que subirse a un árbol para evitar las sacudidas de todo un grupo de chicas emocionadas por todo lo que habían estado diciendo. Dos gatas digitales no tardaron en trepar a la misma rama, respirando exageradamente.

—En serio, si llego a saber que se iba a poner así Leire, para rato le digo que yo también soy capaz de ver en la oscuridad —dijo Tailmon.

—¡A mí que nadie más me use para espiar! —chilló BlackGatomon.

—Tendremos que decir que es demasiado oscuro —suspiró Renamon.

—Eso vosotras —resopló Lobomon —. Está claro que a mí no me servirá para nada esa excusa… Ah, mi hermano lo va a pasar muy mal mañana…