Disclaimer: Crepúsculo es de Stephenie Meyer, la historia de Silque, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Silque, I'm just translating with the permission of the author.
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EPOV
Coloqué el chal de Bella sobre sus hombros y lo juro, estaba tratando de ser el caballero perfecto para el que mi madre me crió, pero no pude resistirme a tocar la piel desnuda de su hombro. Era tan suave y cálida. La sentí temblar y agradecí que la chaqueta de mi traje ocultara mi propia reacción hacia ella.
No pude resistirme a inclinarme para oler su divina fragancia. Me resistí a dejar caer mi nariz en el delicioso lugar donde su cuello fluía hacia su hombro, pero apenas. Ah, sin perfume, solo Bella. Un toque de laca para el cabello y ese aroma a fresa de su champú. Pero se combinó en mi cabeza para sumarse a... ella.
Se giró de repente y estaba muy cerca. Casi envolví mis brazos alrededor de su pequeña cintura para jalar su cuerpo contra el mío. ¡Maldita sea, muchacho! ¡Esta es tu futura esposa, no una prostituta callejera! ¡Ten un poco de respeto!
Su lengua salió disparada y se humedeció los labios, y eso casi me descontroló. Quería besar esos labios como nunca antes había deseado nada en mi vida. Me limité a tocarle la cara y me oí decir:
―Tan hermosa. ―Su corazón se aceleró de nuevo y sus labios se abrieron. Sus ojos se empañaron y juraría que estaba esperando que la besara.
Levanté la cabeza y di un paso atrás para romper el hechizo. Aunque casi me mata hacerlo. La tomé del brazo y le pregunté.
»¿Vamos? ―con una sonrisa. Gracias a Dios, ella me devolvió la sonrisa y salimos de la cocina.
Abrí la puerta principal y Bella se giró para activar el sistema de alarma en el teclado numérico junto a la puerta. Sabía que no debía mirar, pero lo hice. Nueve, uno, tres, uno, nueve, ocho, siete. ¿Su cumpleaños, tal vez? De todos modos, ahora tenía ese número memorizado. No es que alguna vez fuera a hacer algo con ese conocimiento. Soy un caballero.
Cerró y echó llave a la puerta, metió las llaves en su pequeño bolso y sostuve mi brazo para que ella lo tomara mientras bajábamos las escaleras. No tengo idea con qué tropezó, pero en el último escalón empezó a caer. La agarré por la cintura y mi otra mano automáticamente se levantó para acunar su cuello. Nos quedamos congelados en un cuadro que parecía una "inclinación" de un baile. Mi cara estaba cerca de la de ella, su cuerpo esbelto contra el mío, y si hubiera sido un completo canalla, podría haber aprovechado la posición en la que la tenía. Pero no soy un sinvergüenza. Me resistí, incluso cuando sus pequeñas manos agarraron mis solapas y volvió a lamerse los labios.
El movimiento de los pies en la acera me hizo reaccionar y me di cuenta de que el conductor de la limusina estaba parado junto a la puerta trasera abierta, mirando atentamente a todos lados menos a nosotros. La puse de pie.
―Pido disculpas, Bella. Por favor, perdona mi comportamiento atrevido. ―Si pudiera haberme sonrojado, me habría puesto rojo como una remolacha.
Bella se sonrojó en su lugar.
―No, no. Eso fue completamente culpa mía. Quiero decir, mi culpa. ―Se ruborizó de nuevo. Tan encantadora―. Gracias por atraparme. Yo... tiendo a caerme. Mucho.
―Entonces me esforzaré por atraparte cada vez. ―Le sonreí y la subí a la limusina, subiendo detrás de ella.
Me las arreglé para que Alice consiguiera una botella de champán como la que Bella sirvió anoche, asumí que era su marca preferida. Estaba sobre hielo en la limusina, con dos copas, junto a un jarrón con una sola cala. Llamé al conductor.
―Vuelve al parque, por favor, y llega al restaurante a las siete y media.
―Sí, señor Masen. ―Levanté el cristal de privacidad. Ah, solos otra vez.
Abrí el champán y lo serví para los dos. Bella tomó su copa y tomó un sorbo, y luego dijo.
―¿Qué restaurante, Edward?
―Ah ah, ya verás. Permíteme sorprenderte con las selecciones de la noche, ¿por favor? ―De hecho, esta vez bebí un poco de champán, recordando su aguda observación de la noche anterior. Cosa desagradable.
Ella realmente me vio tragar, chica inteligente, y dijo.
―Realmente no me gustan las sorpresas, Edward. Pero creo que no harás nada demasiado escandaloso, así que he decidido confiar en tus… ―Sus ojos se dirigieron hacia mi mano que sostenía la copa de champán―. Capaces... manos. ―Rubor de nuevo. Ah, mi dulce y hermosa chica, no tienes idea de lo que deseo hacer con mis capaces manos. Me moví en mi asiento lo más sutilmente posible. Esta mujer realmente me hechizó. No es que me opusiera. Había estado en una nube desde el momento en que ella me abrió la puerta ayer, y no tenía intención de bajar pronto.
―Entonces, Bella, ¿puedes contarme más sobre ti? Realmente estoy intrigado, ¿sabes? ―Si tan solo ella supiera.
―Oh, bueno. Erm. Soy originaria de Washington. El estado. Seattle, específicamente. Mis padres murieron en un accidente automovilístico cuando yo tenía once años. Fui criada por mi abuela Swan, la madre de mi padre. Pasé mis veranos aquí en Nueva York con mi abuela, y el resto del tiempo en un internado en el norte del estado de Nueva York. Como sabes, perdí a mi abuela hace unos meses. Cáncer. Y estoy viviendo en la casa que ella me dejó. Soy heredera de un fondo fiduciario, así que no necesito trabajar, pero sí hago trabajo de caridad. La subasta del hospital de niños en la que te gané... quiero decir, gané el concierto en… ―Rubor de nuevo. Si ella supiera que yo fui el verdadero ganador de esa subasta―. Ese es uno que dirijo. Cuando mi gente me habló de tu oferta de tocar en un concierto privado, decidí que contrataría a un representante para que me lo ganara, para poder escucharte tocar en persona por última vez… ―se interrumpió. ¿Por qué?
―¿Qué quieres decir, Bella, con "por última vez"? ¿Pasa algo? ―Mi corazón de piedra logró apretarse en mi pecho. ¿Se estaba muriendo? ¡No! ¡No, no, no mi amor! Podía saborear mi propio miedo, repentino y amargo en mi lengua.
―Oh, no es nada. Te lo contaré más tarde. No estropeemos la velada tan pronto. ¿Por favor? ―Ella se mordió el labio. La dejaría libre por ahora, porque no podía negarle nada, pero se lo sacaría antes de que terminara la noche. Hasta entonces, en silencio... entraría en pánico.
Ella tocó mi mano.
»¿Edward? En serio, no es nada. ¿Podrías contarme algo sobre ti? Amaría saber más.
Mis ojos se posaron en sus labios y en la forma en que se curvaron alrededor de la palabra "amor". Ella no tenía idea de que yo ya la amaba y esperaba ansiosamente el día en que escucharía esa palabra salir de su boca.
―¿Yo? Bueno, antes que nada, debes saber que mi apellido es realmente Cullen. Masen es mi... nombre artístico. ―Nombre humano―. Mi casa también está en Washington, un pequeño pueblo llamado Forks, en la Península. Vivo allí cuando no estoy de gira, con mis padres, mis hermanos Emmett y Jasper, conoces a Jasper, y con mis hermanas Rosalie y Alice. También conociste a Alice. Ellos actúan como mi manager y publicista.
―¡Sabía que eran parientes! Todos tienen el mismo extraño color de ojos. ―Ella pareció horrorizada por un momento y luché por no reírme―. Quiero decir, no extraño, pero, bueno, diferente. Y hermoso. Realmente, muy… ―se detuvo, pareciendo avergonzada.
Le sonreí.
―Sé que son... diferentes. Todos lo compartimos. ―Mi sonrisa desapareció―. Hay una razón, de verdad, pero no estoy listo para contártelo. Supongo que ambos tenemos secretos aún por revelar, ¿eh?
Bella pareció triste por un momento, luego levantó su copa e intentó lucir más alegre.
―Salud por los secretos aún por revelar. ―Y bebió su vino.
Asentí y bebí también. Ah.
Nos detuvimos frente a Jean Georges y anuncié.
―Deben ser las siete y media, porque hemos llegado. ―Tomé la copa de su mano y las deslicé en los soportes provistos en la limusina. El conductor dio la vuelta y abrió la puerta. Salí y le tendí la mano a Bella―. ¿Mi señora? ―dije con una sonrisa descarada.
Ella me devolvió la sonrisa.
―Buen señor. ―Tomó mi mano y logró salir de la limusina sin tropezar, qué lástima. Ejem.
―¿Jean Georges? ¡Siempre quise probar este restaurante! Nunca tuve la oportunidad. ―Su pronunciación francesa era impecable. Sus ojos estaban muy abiertos y brillaban maravillosamente bajo las suaves luces de la entrada.
―Estoy muy feliz de ser tu primero. Erm. Tu primer escolta hasta Jean Georges. ―Tragué saliva ante mi desliz. Estúpido vampiro. ¡Iba a pensar que mi mente estaba imaginando otra cosa!
Ella sonrió y agachó la cabeza.
―Sabía lo que querías decir. No te preocupes, Edward. Relájate. Por favor. Lo prometo, soy la última persona con la que deberías estar nervioso.
Sonreí ante eso. Y entonces mi mente fue de regreso a su secreto y mi sonrisa se desvaneció. Esto era intolerable.
Entramos al restaurante y nos llevaron inmediatamente a la terraza, junto a un muro de piedra que nos llegaba hasta la cintura y del que crecía un seto. Alice, eres un genio, pensé. Tenía un lugar conveniente para tirar la comida cuando Bella viera hacia otro lado. Tendría que hacer algo bueno por ese duendecillo.
Me puse frente al anfitrión y senté a Bella. Me gustaría decir que no fulminé con la mirada al anfitrión, pero mi madre me enseñó a no mentir. Nadie tocaba a mi pareja excepto yo. Nadie. Tomé su chal y lo colgué cuidadosamente sobre el respaldo de su silla, tratando de no rozar con la palma su hombro desnudo. Quizás lo acaricié accidentalmente una vez, mis dedos recorrieron suavemente su brazo. Demándame.
El sommelier tomó nuestro pedido de vino, un Domaine Leflaive Chevalier Montrachet del 91 sobre el que había leído cosas buenas. Un vino blanco que debe maridar bien con casi todo. El vino se agitó, se olió, se sorbió, se aprobó y se decantó. Aparté los menús y pedí el surtido de platos exclusivos del chef Vongerichten, de esa manera podría hacer que Bella probara tantas cosas diferentes como fuera posible, y sería menos obvio que no estaba comiendo. No es que no pudiera comer, es sólo que no tendría oportunidad de escabullirme y "deshacerme de eso" durante toda la noche. Y no quería que mi mente se enfocara en lo desagradable que sentía el estómago. La quería en Bella.
Bella y su secreto. Podría jurar que casi sentí que la bilis del estómago subía a mi garganta por el miedo. O tal vez fue el champán de antes. El miedo me estaba comiendo vivo. Tenía que saberlo. Iba a arruinar la velada sin saber qué pasaba. Oh, Dios. Algo andaba mal con mi Bella. Oh, no. La acabo de encontrar. Por favor, por favor...
Tan pronto como el camarero se fue, me estiré sobre la mesa y tomé ambas manos de Bella entre las mías. Mirándola profundamente a los ojos, se lo dije.
―No puedo hacer esto, Bella. No puedo pasar una noche entera preguntándome qué es lo que no me estás contando. Por favor, amor. Es... me está matando. ¿Estás enferma? ¿Estás...? ―Ni siquiera pude terminar la frase, era un pensamiento tan aborrecible. Me pregunté si ella podía ver la angustia en mis ojos.
Sus ojos parecían doloridos.
―Edward. No me voy a morir ni nada por el estilo. Realmente no es tan malo. ―Respiró hondo―. Esperaba que primero pudiéramos tener una agradable velada juntos... pero si insistes, te lo diré ahora. ―¿Por qué parecía... derrotada?
Apartó una mano de la mía, tomó un sorbo de vino y luego respiró hondo otra vez.
»Tengo una anomalía hereditaria. Síndrome de Usher tipo III. Es muy raro. Es incurable, pero no terminal. Estoy... me estoy quedando sorda. Ya estoy perdiendo la audición y me quedaré sorda como una piedra en cuestión de meses, posiblemente semanas. ―Sacó su otra mano de la mía. Por primera vez en mi larga vida, me quedé sin palabras y mis manos yacían como estrellas de mar muertas sobre la mesa.
»No puedo ver un futuro para nosotros. Quiero decir, en serio... ¿un músico saliendo con una chica sorda? ―Resopló suavemente―. Entenderé si quieres llevarme a casa ahora.
