¡Hola a todos! ¿Qué tal lleváis la llegada del frío? Yo aquí estoy con una mantita después de un chocolate caliente con churros para merendar.

Como siempre, agradecer a todos los que nos seguís y apoyáis. Y a los que conocíais de antes la historia, deciros que la espera pronto terminará y podréis disfrutar de nuevos capítulos. Ahora sí que sí, ¡el material bueno de verdad está a la vuelta de la esquina, chicos!

También recordaros que ni Code Lyoko ni Digimon Frontier nos pertenecen a raf-lily o a mí, el número de personajes originales se cuentan con la mano y cualquier parecido con la obra de otro, estaremos encantadas de tomar un café con leche para comparar ideas.

Os dejo ya con el capítulo y me voy a preparar varios más para así tener todo aún más bajo control. ¡A disfrutarlo!


Capítulo 67: ¿Regreso a casa?

Un viaje incómodo y un par de horas obligatorias para reponerse de ello más tarde, el aeropuerto de París era un hervidero de adultos preocupados yendo de un lado para otro intentando hacerse entender sin mucho éxito.

—Ah, París… Cuánto tiempo…

—Sólo viniste una vez, hermano —resopló la mujer castaña tirando de su maleta.

—Por eso, mucho tiempo.

—Creo que nosotros dos solos podríamos habernos encargado de todo… Total, sólo es ir a Kadic, recoger a los niños y regresar a Japón después de…

—Perdona, ¿has dicho Kadic? —preguntó una mujer pelirroja, acercándose con cierta duda.

—Sí…

—¿Sabéis por dónde queda?

—Pues… —dijo volteando la vista hacia sus acompañantes. El pelirrojo enseguida abrió su portátil y empezó a teclear.

—¡Sí que sois vosotros! —rió una voz tras ellos.

—¿Michael? ¿Eres tú? —preguntó uno de los hombres rubios.

—El mismo —asintió antes de estrecharles la mano al grupo.

—Nos alegra verte de nuevo, aunque no tenemos mucho tiempo para charlas —dijo el hombre castaño con una sonrisilla nerviosa.

—Estamos en el mismo barco —asintió —. Tengo a mis chicas allí. He venido a por ellas antes que pase algo peor…

—Parece que hemos pensado todos igual a la vez —habló una mujer con acento ruso, acercándose con una maleta en las manos. Tras ella, dos hombres más saludaron animados —. ¿Os importa si nos unimos en el camino a Kadic?

—Anna, Sam y Ringo… ¿También tenéis niños en Kadic? —preguntó la castaña.

—Así que todos estamos aquí para lo mismo —habló la pelirroja haciendo gestos a sus tres acompañantes para que se acercasen —. Nosotros hemos venido a por nuestros sobrinos. Sus padres no han podido venir.

—Disculpen… No hemos podido evitar oírles —se unió otro grupo de adultos de habla japonesa —. ¿También vais a Kadic?

—Sí —asintieron la gran mayoría.

—Pues si todos vamos al mismo sitio, quizás deberíamos tomar un autobús —comentó uno de los dos rubios, ganando un codazo del castaño junto a él y una negativa que fue ignorada.

—¿Y así esperas que empecemos lo que realmente hemos venido a investigar? —oyó a su lado la pelirroja.

—Si tú sabías llegar a Kadic, habérmelo dicho antes de que buscase ayuda —regañó.

—Será mejor que nos pongamos en movimiento —decidió la mujer castaña mirando a todos.

En orden y tras asegurarse que llevaban todos su correspondiente equipaje, el grupo de adultos salió en busca de un transporte para llegar a Kadic. En cuanto vieron un autobús libre, sin carteles ni ninguna indicación, más de uno se acercó y empezó a hablarle al conductor intentando explicarles la situación, pero el hombre no acababa de entenderles. Con una inocente risilla por la que se disculpó, uno de los que acompañaban a la mujer castaña se adelantó y empezó a exponer el caso en un francés fluido que sorprendió a prácticamente todos.

...

Aun con Sissi en el hospital junto a su padre y Yumi y los gemelos atrapados junto a Hiroki por los padres de la morena, el grupo logró mantenerse unido y esquivar los intentos de Catherine de llevarse a Jeremy de allí. Sin embargo, que al día siguiente aún apareciesen más padres en los terrenos de Kadic desanimó notoriamente al grupo.

La ausencia del director fue bien recibida por un grupo reducido de estudiantes, que veían con nervios cómo cada vez más padres hablaban sobre sacar a sus hijos de la academia y encerraros en sus casas.

—Se está juntando demasiada gente —observó Gatomon.

—Esto está muy negro —suspiró William viendo a sus padres hablando con un profesor —. Si esto sigue así, es cuestión de tiempo que Kadic cierre…

—Mirémoslo positivamente. Si Kadic cierra, no habrá peligro alguno con los esbirros de Xana-Lucemon —dijo Odd.

—Remiremos ese punto positivo —carraspeó Leire —. Si Kadic cierra, cada uno se irá a su casa.

—Y la de algunos de nosotros está en Japón —puntualizó Zoe.

—Por no hablar de ti —señaló Jeremy —. ¿A dónde acabarías yendo tú?

—¿Podemos no hablar de eso? —pidió Aelita, casi a punto de llorar.

—Tranquila, princesa, ninguno de tus caballeros se largará y te abandonará —le pasó un brazo por los hombros Ulrich.

—Eso espero…

—Eh, tengo un plan —habló Takuya.

—No sé por qué, me huele a locura —suspiró Tommy.

—Nos largamos a nuestra casa —declaró, ganándose más de una mirada extrañada —. Al cuartel de los Guardianes. Del Digimundo no nos puede sacar nadie.

—Buena idea, pero tiene un pequeño problema —dijo Emily.

—¿Cuál?

—Sissi está en el hospital y Yumi y los gemelos retenidos en la otra punta de la academia —numeró Katsuharu.

—Por no decir que tampoco podemos estar seguros que Xana-Lucemon dejará de atacar la Tierra cuando dejemos de estar aquí —añadió Jeremy.

—Precisamente para evitar nuevos ataques a la Tierra, deberíamos ir ya y empezar a desactivar torres —insistió Takuya.

—Pero tampoco podemos desaparecer de repente —negó Aelita.

—A demás, nosotras… —empezó Leire —. No queremos dejar a Arya atrás…

—¡Y no la dejaríamos! —exclamó Takuya mirando a la otra chica —. Escucha, no tienes digimon ni eres una reencarnación. ¿Y qué? Puedes ayudarnos igualmente. ¡Lo has estado haciendo hasta ahora!

—Takuya, el de los planes locos —suspiró Neila —. Y le causamos un infarto a todas nuestras familias con nuestra desaparición. Piensa un poco, Takuya.

—Oh, no… Se acerca mi madre —dijo rápidamente Jeremy. Gatomon no tardó en saltar a los brazos de Zoe.

—Podemos pedirle a Timy que detenga el tiempo —susurró Takuya.

—Shh, déjalo estar ahora —le regañó Arya.

A paso ligero y con la mirada seria, Catherine se acercó al grupo, deteniéndose y permaneciendo en silencio varios segundos mientras su mirada pasaba por encima de todos los niños ahí reunidos.

—Los profesores han decidido suspender las clases por una semana —informó la mujer —. Jeremy, tú y yo nos vamos a casa.

—¿Qué? —preguntó sorprendido —. Pero… aún podemos quedarnos en Kadic, ¿verdad? Los dormitorios no han sufrido daños…

—Eso no me importa. Quiero que estés en casa —dijo con decisión.

—Pero… no tengo la maleta hecha ni nada —dijo intentando ganar tiempo.

—No pasa nada. Yo te ayudo a recogerlo todo.

—¡Es mucho! —exclamó —. Está la ropa, mi ordenador con todos los trabajos… Porque no puedo irme y dejar una de mis herramientas de trabajo atrás, ¿no? Están suspendidas las clases, pero…

—Lo recogeremos todo —aseguró la mujer tomando el brazo del menor y empezando a tirar de él.

—¿Catherine? —preguntó una voz a espaldas de todos.

—Cielo santo… ¿Takeru? —exclamó sorprendida.

—¿Papá? —se asomó Teruo antes de voltearse a la mujer junto al rubio —. ¡¿Mamá?!

—Ay, no —susurró Chiaki, mirando al grupo de adultos.

—Tranquila, Chiaki, tu madre se ha quedado en Japón —dijo tranquilizador. Ante el suspiro aliviado de la chica, el grupo no pudo evitar soltar una risita.

—Pero está claro que esa tranquilidad se le pasará cuando regrese a casa, TK —se encogió de hombros la única mujer del grupo.

—Eso si no la tienen sedada.

—¡Hermano! —regañó dándole un golpe con su bolso.

—Venga, venga, no empecéis —les separaron los dos rubios.

—Hemos venido a buscaros, chicos —dijo el pelirrojo del grupo.

—¡Katsuharu! —el grito heló la sangre del mencionado y de Teppei, que intentaba esconderse detrás de él —. ¡Aquí estás! ¡Y tú también, Teppei!

—Tío Takuto… —saludaron ambos.

—¡Zoe! Ay, hija mía, ¿dónde estás?

—Imposible, ¿mis padres también? —preguntó la rubia acomodando el peso de Gatomon, totalmente encogida en sus brazos.

—No son los únicos —suspiró Tommy, señalando a otra mujer al lado de la madre de Zoe, igual de nerviosa por encontrar a su hijo.

—Mi padre parece más enfadado que nunca —señaló Ulrich.

—¿Y te quejas de eso? —preguntó Odd mientras otro adulto se acercaba hasta él —. ¡Hola, tío Ringo! ¿Qué haces por aquí?

—Tus padres no han podido escaparse del trabajo, así que he venido a por ti —respondió —. Tus hermanas te echan de menos.

—¡NO, POR FAVOR, CON ELLAS NO! —imploró arrodillándose.

—Niñas, ¿estáis bien? —preguntó Michael acercándose a las tres Sunshine.

—¡Hola, Takuya! Hemos venido a buscarte —dijo con una gran sonrisa Shinja.

—Pues qué bien…

Por más de cinco minutos, los niños tuvieron que escuchar todo lo que pensaban sus padres de la situación en la que vivían. Algo apartada del grupo, Aelita desvió la mirada buscando a los otros tres compañeros. Podía ver perfectamente a Yumi, con Hiroki pegado a ella, retenida junto a sus padres. No le costó encontrar a los gemelos entre la multitud: Kouji parecía estar discutiendo con un hombre que, supuso, era el padre de los chicos, mientras Koichi intentaba calmar el ambiente.

—¡Nadie puede irse! —alzó la voz Jeremy, acallando a todos los que estaban allí.

—¡Jeremy Belpois! ¿Qué tonterías estás diciendo? Tú te vienes a casa y punto —declaró Catherine.

—Mamá, sabes perfectamente que hay papeleos que hacer y todo eso… Y ni los profesores están para ello ni está el director aquí, sin cuya firma ningún documento es válido. A demás, deberían hacer un listado porque seguramente hay muchos niños que no pueden irse y…

—¿Qué está diciendo? —preguntó la madre de JP. Con calma, TK empezó a traducirles todo a los que no entendían francés.

—¿Me estás diciendo que mi hija se tiene que quedar en este sitio peligroso hasta que se hayan firmado unos estúpidos documentos? —preguntó casi a gritos la madre de Zoe. La rubia se encogió en el sitio.

—Lo veo lógico…

—Pues tú le das la mala noticia a Yolei, Kari —señaló el castaño.

—Por el amor del cielo… Eres un desastre, hermano —dijo sacando su móvil y empezando a teclear.

—¿Tenéis dónde quedaros a dormir? —preguntó Catherine.

—Iremos a casa de los abuelos con un taxi —respondió TK —. Pero no contábamos con ellos…

—Y faltan Anna y Sam —añadió Kari —. Sus crías son más pequeñas y estaba claro que estaría en otro grupo…

—¡Oh! Bueno, ellos pueden venir conmigo —sonrió la rubia —. Pero pasad vosotros cinco también por casa a cenar o a comer, ¿de acuerdo?

—Gracias, Cath.

—Disculpad que volvamos a meternos en vuestra charla…

—¡Rika! —la intentaron detener los otros tres.

—A callar —les ordenó con una mirada severa. Katsuharu y Teppei intentaron no reír ante la autoridad de su tía —. Creo haber entendido que tenéis casa aquí…

—Sí —respondieron los dos hombres rubios.

—¿Sabéis dónde hay un hotel? —preguntó, volteándose y mirando a los otros tres antes que pudiesen hablar —. Si hay que hacer papeleos y puñetas, está claro que nos hemos de quedar aquí al menos un día. Y no sé vosotros, pero a mí viajar me ha agotado.

—Sí, sí… Es una buenísima idea —dijo nervioso Takato antes de susurrar —. Controla a tu mujer, Ryo.

—¿Crees que es tan fácil? —le respondió.

—Momantai, momantai… Es increíble que se me haya pegado eso para estos casos —suspiró el tercero.

—Si buscan alojamiento, sé de un lugar muy bueno y muy barato —dijo Catherine.

Tras media hora más hablando, los adultos decidieron dejar respirar a los chicos, marchándose en tres grupos claramente identificables. El suspiro aliviado al verse aún juntos resonó alto y claro en el lugar.

—¿Lo del papeleo iba en serio? —preguntó Takuya.

—Bueno, formalidades —respondió —. No puedes sacar a un alumno así sin más, llevártelo a otro país y meterlo en otro colegio sin los papeles necesarios para ello.

—Como sea, podemos decir que hemos ganado unos minutos más para pensar —dijo Odd —. La idea de Takuya de largarnos al cuartel me encanta. ¡Ni muerto vuelvo con las locas de mis hermanas!

—¿Sabéis? Ahora tenemos otro problema —dijo Aelita señalando a un costado.

—¡Oh, no! —exclamó Chiaki mientras veían cómo Yumi y los gemelos eran arrastrados fuera de Kadic con algo de esfuerzo.

—Esperemos que no se los estén llevando a Japón ya… —dijo William mientras algunos apretaban los puños con enojo.

—No creo —negó JP —. Koichi es muy inteligente y aunque Kouji a veces es muy impulsivo, seguro que juntos encontrarán la manera de no ser arrastrados a Japón ninguno de los tres.

...

—Oye, Rika, vale que nuestro principal propósito era poner a salvo a Katsuharu y a Teppei, pero piensa que también hemos venido a investigar lo que ha ocurrido aquí. Por qué los digimons han vuelto a aparecer —dijo Ryo, una vez instalados los cuatro en un bungalow no muy lejos de Kadic.

—¿Y no lo podemos hablar ahora? —cuestionó.

—¡No estamos en Kadic! Takato, Henry, ayudadme, ¿no?

—Ryo tiene razón —señaló Takato —. Podríamos haber ido dos con los chicos a sus dormitorios para recoger sus cosas y, de mientras, los otros dos investigar.

—Aunque había mucha gente por todo Kadic —añadió Henry, ganándose miradas molestas de los dos hombres y una sonrisa satisfecha de la mujer.

—Mañana podemos ir y hacerlo con calma, descansados —dijo —. Trabajaremos mucho mejor si tenemos los sentidos al cien por cien.

...

Sin niños porque, de una forma u otra, habían logrado permanecer en los dormitorios de Kadic, el grupo entero se había reunido en casa de Catherine para cenar, ante la atónita mirada del marido de la rubia. Aun así, un par de palabras de la francesa bastaron para que el hombre no protestase.

—Es sorprendente, Cath. En la infancia viste y trataste con digimons y ahora no los reconoces.

—He intentado averiguar qué ocurría, Tai —respondió con calma —. Sin embargo, que existiese un grupo al que parece ser que han apodado "Domadores de bestias" me hizo pensar que un grupo de elegidos estaba ya al cargo…

—¿Domadores de bestias? —preguntó Izzy, los ojos desviándose al portátil obligatoriamente abandonado a varios metros.

—Es el rumor —se encogió de hombros —. No tengo a Floramon para ayudarme a espiar.

—Ni nosotros a nuestros digimons —añadió Matt.

—Kari, ¿va todo bien? —preguntó TK.

—Esa niña tenía una Gatomon en brazos —dijo, llamando la atención de todos.

—¿Estás segura? —preguntó Anna —. Si no recuerdo mal, Gatomon podría pasar como un gato… Pero en Kadic no se admiten mascotas.

—¿Ah, no? —preguntó Ringo —. Pues yo tenía entendido que Odd se llevó a su perro Kiwi. Las chicas lo echan de menos… A ratos.

—Algo me dice que vas a tener problemas con tu sobrino —rió Sam.

—Os lo digo de verdad. Era un digimon, no un gato normal.