¡Muy buenas a todos! De primeras, pedir perdón por no haber subido capítulo el fin de semana pasado. Mi ordenador iba bastante lento cargando todo, intenté colarme en un pequeño portátil pero ahí no logré abrir ni Fanfiction ni ninguna otra página de fics (así que se ha quedado como "mi libreta electrónica portátil"), se acabaron mis días libres, volví al trabajo y hasta ahora no he sacado tiempo para hablaros.
¡Hemos llegado a uno de los momentos importantes de la historia! Para quienes ya la conocíais, volved a disfrutar de esta batalla que llevaba al siguiente paso. Para quienes sois nuevos en este mundillo, espero que también la disfrutéis.
AVISO IMPORTANTE (para quienes sí leísteis Code Frontier anteriormente): a partir de aquí, las cosas empiezan a sufrir cambios importantes que no deberíais saltaros si queréis enteraros conforme dios manda de todo más adelante. Así que sentíos libres de preguntar cualquier cosa de aquí en adelante a cualquiera de nosotras. Intentaremos por todos los medios posibles aclarar vuestras dudas (siempre que la "alerta spoiler" nos lo permita).
Como cada vez que tengo tiempo para explayarme, recordaros -DISCLAIMER- (hacía tiempo que no escribía esa palabra) que Code Lyoko y Digimon Frontier, así como sus personajes, no son propiedad de raf-lily o mía, que el número de personajes originales en esta versión aún es más reducido que en la anterior y cualquier parecido con la obra de otro es una coincidencia resultado del pensamiento "y si".
También agradeceros el apoyo y la paciencia que mostráis por la historia. Nos alegra leer vuestros comentarios positivos y aún nos enorgullece más seguir sin comentarios negativos/con-el-objetivo-de-herir-sensibilidades. El trabajo merece la pena.
Y ya os dejo con el capítulo que muchos seguro esperabais como la nieve en Navidad (si es que donde vivís nieva -aquí donde yo vivo, nunca nieva-). La semana que viene os traeré más información extra con la que entreteneros antes de leer lo realmente importante.
¡Ciao!
Capítulo 69: Al descubierto
Kouji maldijo por lo bajo antes de darle una patada a una de las sillas. La gran cantidad de gente intentando escapar sin orden, aun con la guía de los profesores, había hecho que algunos, como sus padres, continuasen en el sitio, manteniendo a sus hijos a la espalda, a la espera de que la salida se liberase. Una sola mirada hacia su gemelo le bastó para hacer sonar sus alarmas.
—¿Te has vuelto loco? —cuestionó el de la oscuridad estirándole del brazo.
—Si todo esto no me ha enloquecido ya, dudo que vaya a peor —declaró —. ¿Acaso prefieres que alguien salga herido? —preguntó a su vez. Koichi remugó, pero no le retuvo cuando su hermano salió de la protección de los padres.
—Kouji Minamoto, ¿dónde crees que vas? —le espetó su padre, atrapándole por la muñeca.
—A poner fin a todo esto —dijo intentando soltarse.
—¿Tú? ¡Esto es una locura! ¡Vas a conseguir que te maten!
—No si juegas con la misma moneda —respondió, cansado de todo, haciendo aparecer el digicódigo en la mano retenida. Su padre no tardó en soltarle —. ¡Espíritu digital, doble digievolución!
—Y así, todo el mundo pierde la cabeza en cadena —suspiró Koichi, sacando su D-Tector y pasando junto a su demasiado sorprendido padre —. ¡Espíritu digital, doble digievolución!
—¿Qué rayos…? —intentó decir el hombre ante la visión de sus dos hijos envueltos en datos.
Takuya, Chiaki y Zoe lograron soltarse de sus familias, saltando por encima de las sillas mientras digievolucionaban para sorpresa de más gente.
—Esto ya no tiene arreglo —negó Yumi mirando a su sorprendido tío —. Oye, Hiroki, ¿sabes qué? Que tenías razón. Soy la Geisha y ésta —dijo alzando su dispositivo digital, del que surgió Renamon —, es mi compañera de batallas, no un monstruo domado. ¡Código digital Lyoko, digievolución!
—¡Renamon superdigievoluciona en… Taomon!
—¡Id rápidos! —exclamó Leire, su D-Tector brillando y dejando libre a Tailmon —. ¡Nostras los sacamos de aquí!
Con las tres Sunshine tirando de las manos de los adultos, el resto de Guardianes lograron liberarse por completo de sus padres y saltar al frente, digievolucionando. Toda la academia había sido testigo de las transformaciones de los chicos y la aparición de los digimons. Hiroki seguía en shock con los ojos fijados en su hermana, igual que Milly y Tamiya, que ni tan siquiera podían alzar las cámaras.
—Hay que hacer algo, TK —dijo Kari —. ¡Son niños! —exclamó señalando al digimon en el que se había convertido Teruo.
—Te aseguro que estoy tan sorprendido como tú, pero no podemos hacer nada —negó.
—Miraré de abrir una puerta al Digimundo —dijo Izzy, sacando el portátil de su mochila y, escoltado por Tai y Matt, empezaba a trabajar.
No muy lejos de ellos, Takato no podía evitar señalar hacia Grumblemon y Arbormon, sorprendido todavía porque escasos segundos antes aquellos habían sido los dos muchachos que habían tenido que ir a buscar para llevarlos de vuelta a Japón, lejos del peligro que suponían los digimons. A su lado, Ryo pasaba la mirada de un lado a otro buscando a Cyberdramon mientras Rika mantenía sus ojos en Yumi y Taomon.
—Hirokazu y Kenta nos matarán cuando les digamos que sus hijos están metidos en semejante problema —dijo Henry.
—No está —susurró Ryo —. No está Cyberdramon…
—Les preguntaremos después —dijo Rika.
Con todos en la batalla, no fue difícil poner en apuros a los clones y el ejército de insectos que Xana-Lucemon había vuelto a enviar con la intención de ponerles entre las cuerdas.
—Niños elegidos, no creáis que esto ha acabado —dijo Duskmon, cubriéndose del ataque de los cinco híbridos —. A partir de ahora, nosotros llevaremos las riendas del juego. ¡Retirada!
—¿Así vas a llevar las riendas? —cuestionó Mermaimon, lanzando su ancla. Duskmon la esquivó por poco —. ¡Maldición!
—¡Mirada mortal! —sin que nadie lo esperase, Duskmon lanzó su ataque contra la cafetería.
Antes de que pudiese continuar a más, Taomon y Denoshimon invocaron escudos protectores, bloqueando el ataque y cualquier sorpresa que pudiese surgir de la nube de polvo. Sin embargo, cuando todo se calmó, el grupo enemigo había desaparecido.
—Ese Xana-Lucemon… ¡Se enterará! —exclamó Mermaimon dando golpes con el ancla al suelo.
—¿Chiaki? —la voz de Kari heló la sangre de la sirena y provocó escalofríos en todos los demás, que se voltearon para ver al grupo de adultos que permanecían ahí aun cuando Leire, Neila y Arya habían intentado sacarlos.
—Esto ya es demasiado para mí —dijo el señor Delmas antes de caer al suelo.
—¡Papi! —chilló Sissi soltando sus látigos y corriendo hacia su padre. Por detrás, Lilamon los recogió y esperó junto a los demás.
—¡Chicoooos! —las voces alertaron al grupo lo suficiente como para hacerles olvidar que los adultos habían visto sus transformaciones —. Oh, oh, creo que hemos venido en mal momento —dijo Bokomon, frenando el avance de Neemon, Patamon, Lopmon y los Crossedmons.
—¿Papi? ¿Mami? —llamó Timy, escapando del cerdito rosa y corriendo en busca de JetSilphymon —. ¿Es que ha venido Medusa-chan? ¡No estaba donde nosotros vigilábamos! —dijo rápidamente.
—No, Timy, verás… —empezó a hablar la híbrida.
—¡¿Qué significa esto?! —exclamó la madre de Zoe, sobresaltando a la pequeña digimon, que aún se cogió más fuerte a la mano de la del viento —. ¿CÓMO QUE MAMÁ?
—¿Por qué chilla esa señora, papá? —preguntó Ace, trepando ágilmente hasta el hombro de Beowolfmon y haciendo que, por primera vez en lo que llevaban los adultos en Kadic, el guerrero de la luz empezase a tener miedo.
—¡Kouji Minamoto! —estalló su padre —. ¡¿En qué jodido momento me has hecho abuelo?!
—¡¿Qué le has hecho a mi niña?! —exigió la madre de Zoe.
—¿Pero de qué hablan? —preguntaron los Crossedmons mientras los híbridos intentaban hacerles callar.
—¿Estás bien? —le preguntó Yumi a Reichmon viéndole temblar y emitir ruiditos extraños. No tardó en darse cuenta que el de la oscuridad luchaba por no reír a carcajadas.
—Así pues, por aquí hay una Gatomon, ¿no, Teruo? —preguntó Kari, acercándose a un demasiado sorprendido Mercurimon.
—Ah, pues… esto… —empezó a decir —. ¿Cómo sabes tú de Gatomon, mamá? —preguntó dedigievolucionando y atreviéndose a aguantarle la mirada.
—Porque ni es la primera vez que los digimons aparecen en la Tierra ni sois los primeros que los han enfrentado —se acercó TK.
—¡No puede ser! —chilló Mermaimon —. ¿Acaso vosotros…?
—¿Luchamos contra digimons? Hace mucho —asintió Tai —. Una historia bastante larga, la verdad.
—¿Vosotros también? —preguntó Takato.
—¿Cómo que también? —preguntaron Arbormon y Grumblemon.
—¿Kari? ¿Eres tú? —saltó Gatomon, acercándose con precaución a la humana. La mujer se agachó y esperó hasta que la digimon estuvo delante.
—Ha pasado mucho tiempo —le sonrió.
—¡Kariiiii! —chilló lanzándose a sus brazos y pasando la mirada rápidamente a los otros cuatro.
—¿TK? —se alzó Patamon, volando hasta quedar a la altura del rubio —. Qué alto estás…
—Tú sigues igual, Patamon —sonrió extendiéndole los brazos.
—¡Venga ya! —empezó a reír Lopmon —. ¡Henry! —exclamó pillando carrerilla y saltando para planear hasta colgarse de su brazo.
—¿Lopmon? —preguntó sorprendido.
—¡Sí, soy yo! —rió —. ¿Dónde está Suchon?
—No ha venido —dijo acariciándole la cabeza.
—¡Papá! —chilló Ace, llamando de nuevo la atención de todos —. Que hay digimons llamando. Y ahora ya con mucha insistencia.
—Está bien, abre un portal —dijo Beowolfmon justo cuando Timy le saltó encima.
Murmurando algo que nadie llegó a entender, Ace abrió un portal por el que salieron a estampida un quinteto de digimons que sorprendieron a quienes no sabían nada de Digimons.
—¡Floramon! —gritó Catherine reconociendo a la digimon floral.
—¡Betamon! —llamó Michael, sorprendiendo a las Sunshine.
—¡Unimon! —corrió Anna, dejando atrás a su hija Milly.
—¡Flarelizardmon! —Tamiya también se quedó parada ante el grito de Sam.
—¡Krabbymon, amigo! —exclamó Ringo.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó Odd viendo a su tío alzar al cangrejo y darle varias vueltas.
—Mamá, ¿qué haces? —preguntó Jeremy, no muy seguro de si debía acercarse o no a la mujer y la digimon floral.
—Saludar a mi compañera digimon —respondió tranquilamente Catherine mostrando un dispositivo digital diferente al de los chicos —. Todos nosotros también fuimos niños elegidos.
—¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉ?!
—Tiempo muerto, por favor —pidió Walter Stern —. Siento romper lo que parece un momento emotivo, pero muchos aquí no tenemos ni la más mínima idea de lo que está pasando y nos gustaría enterarnos. Más que nada porque involucra a nuestros hijos.
—Por una vez, estoy de acuerdo con mi padre —alzó la mano Ulrich —. ¿Qué tal si lo contamos todo?
—Es lo justo —se encogió de hombros Tai.
—Pero vosotros también debéis explicarnos muchas cosas —indicó Matt.
