¡Muy buenas a todos! Aquí me presento sin ningún contratiempo y con muchos minutos para hablaros de varias cosas antes de dejar que leáis el capítulo de esta semana. ATENCIÓN: sois libres de leer lo siguiente o saltar al capítulo (aunque yo leería todo el previo que os voy a dejar que seguro os interesará), que se va a hacer algo extenso (mil perdones).
De primeras, gracias a todos los que habéis seguido la historia desde que se inició hace tantísimos años en la cuenta de raf-lily. Nos hace muchísima ilusión que nos hayáis acompañado en esta versión y que la hayáis apoyado con todos sus cambios. Esperamos que sigáis así hasta el final (que esta vez sí llegará en forma de "FIN").
De segundas, me hace más ilusión aún si cabe deciros esto: ¡HEMOS VUELTO AL DIGIMUNDO! (quienes leísteis la historia vieja seguro lo entendéis). Al fin, el momento más esperado ha llegado. Y ahí no acaba todo: ¡LLEGAN LAS GRANDES NOVEDADES! Como ya hemos ido anunciando en más de una ocasión, esta actualización de la historia ha traído cambios importantes que, hasta el momento, han sido pinceladas detallistas. Sin embargo (y como espero recordéis), aún quedan unas cosillas entre el punto actual en la historia y el fin del viejo fic. Y aquí es donde empieza el buen salseo que tanto Lily como yo esperamos que sea de vuestro agrado y valoréis.
De terceras (porque sí, hay un tercer punto), debo dar unas cuantas razones para este punto. Por llegar al capítulo 70 (aunque no sea el punto exacto donde acabó la versión anterior) y porque se acerca la Navidad, tengo el placer de anunciaros que en los próximos días estrenaremos en esta misma cuenta CODE FRONTIER OMAKES, una serie de capitulitos individuales en donde podréis leer pequeñas historietas paralelas a la historia de Code Frontier que darán sentido o aportarán "algo" a algunos de los capítulos en esta historia (entenderéis lo que quiero decir cuando leáis cada historieta). O tal vez serán momentos random con los que haceros más llevadera la espera de capítulos nuevos.
Unido al punto anterior (porque no quiero hacer un párrafo enorme): aunque tanto Lily como yo estamos repasando todos los capítulos intentando encontrar puntos en Code Frontier que puedan crear dudas, confusión o queden demasiado en el aire, cualquier duda que os surja en cualquier capítulo a vosotros, podéis pedirlo sin temor alguno, nosotras escribiremos esa escena "colgada" y la subiremos lo antes posible.
Y ya, por último: os recordamos que Code Lyoko y Digimon Frontier tienen un sello y una firma que no son ni la de Lily ni la mía, que una mínima parte de los personajes son realmente creaciones nuestras y que cualquier parecido en personajes, historia o lo que sea con la obra de otro artista estaremos encantadas de buscar un hueco en nuestras apretadas agendas para intercambiar ideas y opiniones.
Ahora sí, ya os dejo con la historia y con la satisfacción de saber que al fin estamos alcanzando ese momento que muchos deseabais que sucediese desde que os dijimos que volvía Code Frontier.
¡Hasta la semana que viene!
Capítulo 70: Nuestra vida
Tras escuchar las historias de los mayores y comparar dispositivos digitales (más de uno pasó bastantes minutos en manos de Izzy, que empezó a estudiarlos), el grupo empezó a relatar sus historias, ayudados por los tres ángeles y Bokomon. Anna no podía evitar reír ante el gran entusiasmo de su hija Milly, que utilizaba todo cuanto tenía en mano para grabar la información de cara a una nueva entrega de la revista. Junto a ella, Tamiya había acabado pidiéndole su móvil a su padre; Sam tampoco podía evitar reír ante los suspiros quejumbrosos de la chica.
—Madre mía, menuda historia —silbó Takato.
—Debimos habernos dado cuenta que habían digimons detrás de todo —comentó TK.
—A mí lo que me tiene sorprendida es que seas la hija del profesor Hopper, Aelita —dijo Catherine.
—Sabía que se casó y oí que tuvo una hija —asintió el señor Delmas —, pero ni por asomo imaginé que se tratase de Aelita.
—Sí, bueno… Estar encerrada en Lyoko retrasó mi crecimiento —dijo la pelirrosa.
—Yo tengo una preguntita —alzó la mano Izzy —. ¿Cómo es que unos tenéis digimons y otros os transformáis en digimons?
—¿Os fusionáis quizás? —preguntó Ryo —. Ya os hemos dicho que nosotros cuatro lo hacíamos con nuestro compañero.
—Pero no hay ningún digimon junto a ellos —señaló Henry.
—Nosotros tenemos espíritus digitales —dijo Zoe sacando su D-Tector —. No contamos con un digimon de carne y hueso precisamente.
—Pero mamá —intervino Timy, provocando tics nerviosos en la madre de la rubia —, todos erais digimons.
—¿Qué quiere decir? —preguntó Matt antes que la señora Orimoto volviese a montar un escándalo.
—Somos las reencarnacions de los antiguos Guardianes del Digimundo —dijo Tommy, jugueteando con los dedos.
—¿Reencarnaciones? —preguntaron todos.
—Exactamente —se alzó Bokomon, libro en mano, dispuesto a narrar la historia.
—Pero ¿eso es posible? —preguntó Tai.
—Al parecer, si se dan ciertas circunstancias, sí —le respondió Gatomon.
—Y por ese motivo, Timy y Ace nos llaman papá y mamá a nosotros —dijo rápidamente Zoe señalando a Kouji —. En nuestra vida anterior, fuimos los padres adoptivos de esos dos digimons. Ellos saben que somos ellos y no pueden evitar llamarnos papá y mamá.
—¿Seguro que es eso? —cuestionó la mujer. Zoe empezó a remugar en italiano.
—Por eso no podéis llevarnos de nuevo a Japón —dijo Chiaki —. Tía Kari, por favor, tú siempre me has entendido…
—Tranquila, tranquila —rió —. Sí, os entendemos.
—Es más seguro para el mundo entero que estéis en un único punto —asintió Takato.
—Aunque somos muchos por todo el mundo —comentó Izzy, mostrando un mapa en su portátil.
—Y más que seguro salieron en los dos siguientes años —dijo Ringo, ganándose una mirada incrédula de Odd.
—Y tú sin contármelo —acusó —. Te tenía como mi tío más enrollado.
—Pero aquí no pueden quedarse —dijo el señor Delmas —. Reconstruir todo esto llevará su tiempo… A demás, es peligroso para los estudiantes…
—¿Y si me los llevo yo? Pueden ocupar una de las mansiones de mi padre —dijo Michael —. Está bastante a las afueras, no habría problemas si atacasen y…
—¿Dejar a mi hijo sin estudiar en la otra punta del planeta? —cuestionó la madre de JP.
Los padres comenzaron una discusión sobre lugares para que los chicos habitaran, así como las ventajas y desventajas que veían en ellos. Las voces volvieron a alzarse hasta que Sissi, cansada, se puso en pie y alzó la voz.
—¡Alto todos! No necesitamos la casa de nadie.
—¿Cómo que no? Kadic está destruida —saltó Anna.
—Y hasta ahora habéis logrado salir airosos, pero en cualquier momento puede haber una desgracia —apuntó Sam.
—Ya, eso lo sabemos, pero es que tenemos una solución —dijo Odd —. Tenemos casa.
—¡¿QUÉÉÉÉÉÉ?!
—Sí, el cuartel general de los Guardianes en el Digimundo —asintió Leire.
—Y a demás, Kadic no necesita cerrar —saltó Timy con felicidad —. ¡Dejádmelo a mí!
—¿Tú? —preguntó Jim —. No es por nada, pero eres muy pequeña, ¿no crees?
—¡No soy pequeña! —exclamó —. Prepárate para flipar, bailarín sobre cera.
—Allá va otra vez a presumir —suspiró Ace.
Ante la mirada de todos, la digimon salió de la sala por el agujero abierto en la pared y dirigió sus pasos a la cafetería destrozada. Tras ella, humanos y digimons la siguieron listos para ver lo que pretendía hacer. Un par de gestos que se ganaron una protesta de Ace más tarde, la elfita alzó los brazos ante ella instantes antes de ser rodeada de un brillo dorado que hipnotizó a muchos allí presentes. Un aura del mismo color empezó a mover los restos destrozados que, poco a poco, empezaron a moverse, uniéndose hasta que la cafetería volvió a ser el lugar que todos conocían.
Con una sonrisa satisfecha y cogiendo aire orgullosamente, Timy echó a correr hacia el gimnasio, repitiendo la misma operación y consiguiendo que las ruinas ante ellos se convirtiesen en el gimnasio. Prácticamente todos observaban, estupefactos, cómo aquellas dos enormes construcciones habían vuelto a ponerse en pie en pocos minutos. Ace, quien pensaba que acabaría regañando a la elfita por alguna tontería, empezó a reír a carcajadas por las caras de más de uno, que no podía despegar los ojos de los trozos de edificio que Timy alzaba para reconstruir los últimos desperfectos de Kadic.
—¡Lo he hecho, mami! —saltó feliz hacia la rubia y ganándose un abrazo —. ¿A que soy una buena chica, papi?
—Lo has hecho muy bien —felicitó Kouji. Por suerte para él y para Zoe, sus respectivos padres seguían demasiado sorprendidos con el trabajo de la digimon.
—Pero si… Esto no… Ella sólo… —farfulló Jim.
—Te diré algo que me decía papi hace tiempo —dijo con orgullo la digimon, soltándose de Zoe y plantándose ante el profesor de gimnasia —. Incluso el digimon más pequeño es capaz de lograr grandes cosas si cree en ello y se le deja hacer.
—Pero… cómo… tú…
—Timy controla el tiempo —explicó Ace. Ante las miradas extrañadas de los adultos, el gato plateado alzó una mano como dándole una señal a la otra.
Con una gran sonrisa, Timy chascó los dedos e inmovilizó a todos, incluso a su hermano, antes de salir corriendo en busca de la prueba necesaria para convencer a todos. Tras varias carreras de un lado a otro reuniendo material y preparándolo todo, regresó con el grupo y, subida a los hombros de Jim, volvió a reanudar el tiempo.
—¿Y bien? ¿Me creéis? —preguntó sobresaltando al adulto.
—La madre que te… —empezó a decir Zoe. Junto a ella, Ace estalló en risas que le tiraron al suelo.
—Timy, ¿va en serio? —señaló Kouji —. ¿No se te ha ocurrido nada mejor que disfrazar al esqueleto de Jim?
—No es lo único —dijo señalando al edificio.
—¡Timy! —gritó el grupo de los Guardianes.
—¡Es papel de color! ¡Es papel de color! —chilló encogiéndose sobre Jim.
—¡Eh, baja! —pidió.
—Aun así —dijo la profesora Hertz, observando las ventanas cubiertas de papel amarillo formando una carita feliz —, esto en realidad lleva tiempo prepararlo… Bien, hemos comprobado tu poder —asintió —. ¿Y tú? —preguntó mirando a Ace.
—Controlo el espacio —respondió —. Puedo abrir vórtices dimensionales de aquí al Digimundo y al revés.
—Se dice bicitesa —le dijo Timy.
—¿Era así?
—No, chicos —negó Tommy —, es "viceversa".
—Oh… ¿Nos lo demuestras? —pidió la profesora.
—Puedes hacerlo —asintió Takuya —. Llévanos al cuartel. Así, les demostraremos que podemos vivir allí perfectamente.
—De acuerdo. Os dejaré en la puerta, porque son muchos y no sé si cabrán —dijo alzando las garras —. Pero antes… Timy…
—¿Qué? —preguntó. Un vórtice se abrió junto a ella y, a los pocos segundos, la elfita suspiró aburrida —. ¿En serio?
—No es un buen sistema de defensa —negó el gato.
—Y se queja de que me parezca a mamá preocupándome —murmuró cargando el esqueleto y andando hacia el vórtice —, pero él manda como papá… —ante las miradas de todos, la digimon desapareció —. ¡Te has equivocado de clase! —oyeron su voz a mucha distancia. Volteándose, la descubrieron asomándose con el esqueleto por una ventana.
—¡Da igual, ya lo recolocarán ellos! ¡Vuelve o te tocará correr! —le grito. Al instante, la digimon apareció por el vórtice cubriéndose las orejas.
—No chilles, que no soy sorda…
—No peleéis ahora —les separó Zoe mientras desaparecía el vórtice.
—Perdón —corearon antes de que el gato plateado abriese otro vórtice.
Aunque fue necesario que algunos de los niños cruzasen el vórtice primero, todos los adultos acabaron pasando al otro lado, sorprendiéndose ante la edificación que se les presentó cuando el agujero quedó a sus espaldas. Para aquellos que ya habían pisado el Digimundo, la nostalgia y los recuerdos empezaron a aflorar hasta que las voces dentro del lugar captaron su atención.
—Te digo que era más al norte.
—Eso no son diez kilómetros…
—Ahora te estás pasando.
—¡Pero qué torpes sois! —rió una tercera voz.
Sin esperar ninguna señal ni nada, Tai, Matt y Henry abrieron la puerta principal, sobresaltando a los tres digimons allí presentes. Las cabezas de los tres se ladearon, extrañados, sin saber muy bien qué hacer ante los tres adultos.
—¿Qué…?
—¡Agumon! —le interrumpió Tai, acercándose con los brazos abiertos.
—¿Tai? —preguntó el dinosaurio antes de lanzarse a abrazarle —. ¡Tai! ¡Tai!
—¿Matt? —llamó Gabumon, dejando el lápiz que estaba usando y caminando lentamente hacia el rubio —. ¿Eres tú?
—¿Qué tal te ha ido, Gabumon? —saludó agachándose para quedar a su altura.
—¡Henry! —chilló Terriermon, cogiendo carrerilla sobre la gran mesa y lanzándose contra él.
—¡Terriermon! Madre mía, ¡cuánto tiempo! —exclamó alzándolo por encima de su cabeza.
—¡Terriermon! —el grito de Lopmon hizo que todas las cabezas se voltearan hacia el marrón, que ya planeaba hacia la espalda del adulto.
—Ay…
—¿Por qué nunca me dijiste que cuidabas de los Crossedmons? —preguntó cogiéndose bien con las orejas al humano para zarandear al otro con comodidad.
—Mo…man…tai… Lopmon… —atinó a decir.
—¡Nada de momantais! ¡DÍ-ME-LO!
—Calma, Lopmon, calma —intentó separarles Henry.
—¿Cómo habéis venido? —preguntó Agumon.
—Los chicos nos han traído —le respondió Tai, volteándose a la puerta por la que entraba el resto de adultos y niños.
—¿Y esos señores? —señaló Gabumon.
—Espero que no estés hablando de nosotros —rió TK con Patamon acomodado en su cabeza.
—¡TK, Kari e Izzy! —exclamaron los dos, lanzándose sin dudar.
—¡Takato! —llamó Terriermon, escapando de Lopmon e impulsándose hacia el otro adulto —. ¡Y Rika y Ryo! ¿También está Suchon?
—No, sólo hemos venido nosotros —respondió Takato mientras los otros dos también le saludaban.
—Vaya, sí que es grande este sitio —silbó Jim, mirando alrededor.
—Esto tiene más espacio que la mansión en la que decía de dejarles —comentó Michael —. Aquí no habría problema para meter un digimon grande.
—Pues claro —comentó Ace, sentándose en la mesa y mirando alrededor —. Todos en casa eran grandes menos Timy y yo.
—Sí —asintió su hermana imitándole —. Sphinx, Theri, Beat, Troi y Grey-chu eran enormes. Necesitaban todo este espacio para caminar sin tirar nada.
—¿Quién? —preguntó Shinja buscando la respuesta en su hermano. Tras él, Milly ya sacaba la libreta para diversión de Anna.
—El nombre digimon —respondió —. Ancient Sphinxmon es Koichi, Ancient Megatheriumon es Tommy, Ancient Beatmon es JP, Ancient Troiamon es Teppei y Ancient Greymon soy yo.
—¡Qué guay!
—¡Vamos a ir a buscar a los demás! —dijo de pronto Agumon —. Aunque no estéis todos, seguro que también quieren veros a vosotros.
—¡Yo también voy! —exclamó Terriermon.
—¡No huyas! —intentó detenerle Lopmon.
—Anda, déjale marchar —le alzó Ryo —. ¿Están muy lejos?
—No, qué va, están en el castillo —rió el conejo saliendo por una puerta oculta que sorprendió a los adultos.
—¡No tardaremos! —prometieron Agumon y Gabumon.
Sin los tres digimons en el lugar, los adultos empezaron a recorrer el cuartel en grupos, acompañados por sus hijos que hicieron de guías para ellos.
—¿Y en el piso superior?
—Los dormitorios, tío Takato —respondió Katsuharu.
—¡Cuidado ahí! —gritó Timy, alertando a los dos justo a tiempo para esquivar un grupo de padres que empezaron a protestar en el piso superior.
—Lo que me faltaba —resopló Zoe, pasando entre ambos con andar firme.
—¡ZOOOOEEE! ¿Dónde duermes tú? —oyeron preguntar a su madre. Más de uno en el piso inferior intentó no reír.
—Ya voy, ya voy —dijo.
—¡Estos dormitorios son enormes! —exclamó la madre de Tommy. El pequeño no dudó en correr escaleras arriba seguido de algunos más.
—¿Y aquí es donde dormís? —preguntó el padre de los gemelos, las dos mujeres asomándose tras él y comentando el mobiliario.
—Ésa es mi habitación, no la de sus hijos —dijo Zoe. Al instante se materializó su madre en el interior, causando fastidio en la rubia —. Aquellas dos son las que buscan.
—¿Cómo sabes eso? —cuestionó el hombre.
—De primeras, porque es NUESTRA casa, de TODOS, y cada uno tiene su habitación PERSONAL —dijo alzando un dedo —. Y de segundas, porque tiene el nombre en la puerta.
—¿Garuru? —preguntó la mujer leyendo uno de los carteles —. ¿Sphinx?
—Sí, mamá, son las nuestras —asintió Koichi —. Kouji duerme en la de Ancient Garurumon.
El jaleo en el piso inferior hizo que más de uno se asomase por las escaleras para ver entrar, por ambas puertas, a dos grupos de digimons que casi se atropellaban para entrar los primeros.
—¡Izzy! —llamó Tentomon, volando por el lugar hasta dar con el pelirrojo —. ¡No sabes la de cosas que te has perdido en todo este tiempo!
—¡Tentomon, amigo! ¡Estás igual!
—Tú no —comentó Gomamon, acercándose hasta Matt y dejándose coger —. ¡Qué alegría veros! ¿Sigue Joe tan estudioso?
—Ahora más bien es trabajador —rió el rubio —. Es médico.
—¿Al fin? ¡Qué bien!
—¡Hola, Kari! —saltaron V-mon y Wormmon.
—¡Chicos!
—¡TK! ¡Estás enorme! —exclamó Armadillomon tras llegar al rubio rodando.
—Muchísimo —voló Hawkmon —. Por un momento, casi te confundo con tu hermano.
—¿Qué tal os ha ido, chicos?
—¡TAKATOMON!
—¡Guilmon! —exclamó el adulto, dejando a Katsuharu para lanzarse a abrazar al digimon.
—¿Renamon? —Rika miró con preocupación a la digimon que entraba ayudada por otros dos digimons zorros —. ¿Eres tú?
—Hola, Rika. Parece que el tiempo nos ha afectado a las dos, ¿eh? —saludó indicándole a los dos zorros que la dejaran avanzar.
—¡Espera! —gritó la mujer, corriendo a ella cuando la vio apoyar mal un pie.
—Tranquila, no pasa nada —dijo con cierta diversión la digimon —. Salí perdiendo en una peleíta contra la pequeña —comentó mirando a la otra Renamon.
—Entonces sí que era nuestro Cyberdramon el de la tele, ¿eh? —preguntó Ryo acercándose al digimon.
—¿Salí en la tele? —preguntó intentando recordar.
—Pero si también están Guardromon, MarineAngemon, Impmon, Dobermon y Leomon —nombro Henry, acercándose a ellos justo cuando Terriermon regresó a sus brazos —. Pensaba que no volvería a veros nunca…
—Siempre hemos estado aquí —dijo Guardromon.
—A demás, los digimons renacemos —dijo Leomon.
—Pero no veo a Calumon —dijo Ryo.
—Nadie sabe dónde está —le respondió Cyberdramon.
—Es más complicado de ver que a vosotros —dijo Impmon.
—Cuando les digamos a Ai y a Makoto que estás bien, seguro que tendrán ganas de venir a verte, Impmon —sonrió Rika. El digimon se volteó rápidamente.
—Impmon está llorando —dijo Dobermon.
—¡No estoy llorando! —gritó agitando un puño con enojo y lágrimas en los ojos.
Las risas inundaron el lugar en cuestión de segundos.
