¡Felices fiestas a todos! Aquí me dejo caer para traer un capítulo nuevo.

Sí, sí, es un capítulo, no una trolleada del día de los Santos Inocentes. No tengo imaginación suficiente como para inventarme nada con la extensión que os marca en el email avisando de que hay capítulo.

Espero que las inocentadas recibidas no os hayan dejado sin posibilidad de leer el capítulo y también que nadie os interrumpa la lectura y nos leemos el año que viene.

¡Feliz año 2020 a todos!


Capítulo 72: Subiendo el nivel

La clara inactividad durante todo el día de Xana-Lucemon, si bien preocupaba al grupo, les había permitido estudiar detenidamente todos los puntos marcados en el mapa.

—Está decidido —dijo Jeremy tras varios minutos debatiendo —, nos dirigiremos a este punto, desactivaremos la torre y, una vez fuera de circulación, iremos a esta otra torre cercana y haremos lo mismo.

—¿Y cómo viajaremos nosotras? —alzó la mano Leire.

—Yo me quedo aquí, así que ya es un hueco menos —sonrió Arya.

—De momento, no veo que haya problema por que vayáis de paquete en el vehículo de alguien —respondió Takuya —. Puedo hacer de taxista, aunque sólo para una de vosotras… Y siempre que vuestra respectiva gata se siente en vuestras piernas.

—Puedes llevar a Leire y a Tailmon —dijo BlackGatomon con cierta picardía —. A mí me basta con cambiar de digievolución y dejarle hueco en mi escoba a Neila.

—¿Puedo volar contigo? —preguntó la chica. Ante el asentimiento de la gata negra, la otra exclamó feliz.

—Supongo que ese punto tendremos que tratarlo cuando regresemos… El de medios de transporte extras —señaló el informático.

—¡Nosotros también queremos ir en algo! —exclamaron los Crossedmons.

—Vosotros de paquete —declaró JP —. No sé por qué, tengo miedo de dejaros con algo provisto de ruedas… ¡Y eso que aún no he recordado nada sobre vosotros! —exclamó señalándolos acusatoriamente. Ambos se echaron a reír al instante.

—¿Seguro que llegaremos a ambas? —preguntó Odd.

—Aún queda mucho día —le respondió Teppei.

—No, yo lo decía por la comida.

—¡Della Robia! —chilló Sissi, levantándose y caminando hacia él —. ¿Es que nunca piensas con algo que no sea tu estómago?

—¿Y qué quieres que le haga si es la hora de la comida? —protestó.

—La verdad, algo de hambre hay —reconoció Takuya.

—¿En serio estos dos memos no son hermanos mellizos? —preguntó Neila.

—Podrían serlo, porque Timy y yo no nos parecemos en nada —señaló Ace.

—No, no lo son —alzó la mano Koichi —. Ellos no nacieron del mismo sitio.

—¿No salieron del mismo huevo? —preguntó Timy.

—Dudo que incluso Ancient Greymon y Anubismon saliesen del mismo huevo —negó Aelita.

—Está bien —remugó Jeremy —, comeremos y después, desactivaremos las dos torres.

—¡Ese plan me gusta más! —exclamaron los dos glotones.

—Ay, madre, menuda vida nos espera —suspiró Zoe, dejándose caer sobre la mesa dramáticamente. A su lado, Kouji le palmeó la espalda.

Antes de que alguno de los dos se aventurase a la cocina, prácticamente todas las chicas se metieron en ella y les cerraron la puerta en las narices. Más de un comentario, en voz muy alta expresamente, les dejó claro a todos que no tenían intenciones de dejar cocinar a los "picoteadotes oficiales" del cuartel. Aunque no pudieron evitar las apariciones repentinas de los Crossedmons.

—Ace, bonito, ábrenos un vórtice a la cocina, anda, va —pidió Odd.

—Vamos, no está bien hacer trabajar a las chicas —negó Takuya —. Queremos ayudarlas…

—Y yo ser minero —respondió el gato plateado segundos antes de desaparecer de delante de los dos chicos.

—¡No te vayas sin nosotros! —chillaron.

—Me lo he llevado yo, porque sois unos pesados —apareció Timy, pasando tranquilamente ante ellos.

—¡Timy, bonita! Va, sé una buena chica y…

—No soy un perro —dijo mirándolos seriamente antes de seguir andando hasta los otros chicos, que no dudaron en reír a carcajadas.

Después de una comida con más gritos que otra cosa y muchas intervenciones de Timy congelando el tiempo para evitar mayores catástrofes, el grupo empezó a prepararse para salir a la misión justo cuando Alphamon apareció algo agitado.

—¿A dónde vais? —preguntó mientras veía al grupo haciendo aparecer sus respectivos vehículos.

—Vamos a desactivar una torre que hay a veinte minutos de aquí —informó Ulrich.

—Olvidadlo. Es peligroso —negó alzando una mano en señal de detención.

—No pasará nada. Iremos, la desactivaremos y después avanzaremos a una segunda torre para desactivarla y mostrarle a Xana-Lucemon que estamos aquí —dijo Jeremy —. No es la primera torre que desactivamos.

—No es por eso por lo que os detengo —dijo el Caballero Real —. Es por la guardia que tiene esa torre.

—¿Un monstruo gigantesco que podría aplastarnos? —preguntó Yumi, temiendo que la respuesta fuese afirmativa.

—No hay monstruos traídos por XANA —negó —. Se trata de dos digimons sumamente poderosos y peligrosos.

—Ya nos hemos enfrentado a Beelzemon —dijo Katsuharu —. Logramos liberarle, así que esto será lo mismo.

—Beelzemon es poderoso, sí —asintió Alphamon —, pero estos dos podrían considerarse más peligrosos aún si cabe.

—¿Está el mismísimo Lucemon? —preguntó JP.

—No —volvió a negar el oscuro —. Ya os dije que éramos muchos los que intentamos detener a ese virus cuando atacó a vuestra llegada y que nos hemos dispersado por ello.

—Alphamon, digas lo que digas, vamos a ir a desactivar esa torre —dijo Takuya —. Es la única forma de centrar la atención de Xana-Lucemon a este lugar y no al mundo humano.

—Está bien… Os acompañaré —decidió haciéndose a un lado para permitir a los vehículos avanzar —. Pero si las cosas van mal, os ruego que regreséis inmediatamente al cuartel y me dejéis a mí lidiar con esos dos digimons.

—No pensamos dejarte atrás, Alphamon —negó Aelita, subida a la tabla —. Si hemos de huir, huiremos todos juntos.

Negando ante la actitud de los niños, empezó a moverse, quedándose a la altura de los primeros y listo para actuar a modo de escudo a la mínima que saliese algo mal. Que no se viese a nadie en el terreno de la torre activada, con su característica aura rojiza, aún dio más poder a la preocupación del digimon oscuro, que buscó alrededor mientras todos ralentizaban su ritmo.

—¿Quién es el guapo o la guapa que le enviará el mensajito a XANA? —preguntó Odd.

—Yo misma —se ofreció Emily, empezando a avanzar por delante de todos.

—¿Seguro que esta torre es la que te preocupaba, Alphamon? —preguntó Teruo.

—Aquí no se ve a nadie —dijo Sissi.

—Se habrán asustado al saber que el gran Odd vendría aquí.

—Es una trampa —dijo Alphamon.

—De serlo, demasiado bien trabajada —declaró Jeremy.

—Estamos hablando de una digimon sumamente inteligente y del mejor estratega con el que he tenido el placer de trabajar.

—¡No puede ser! —chillaron los Crossedmons desde las motos de los gemelos.

—Veo que sabéis de quién hablo —se volteó Alphamon.

—¿En serio estás hablando de él? ¡¿Él?! —preguntó algo más alto la elfita. El digimon negro asintió.

—Lo que nos faltaba —resopló Ace —. Como diría tío Grey en estos casos… Estamos muertos.

Con las palabras y gestos de los mellizos, el grupo continuó su avance hasta la torre con Emily al frente dispuesta a entrar en ella. Un leve brillo, como un cordel de cristal, rodeó la torre llamando la atención de Alphamon, que aceleró su paso hasta atrapar un ala del dragonfly de la chica y desviarla a tiempo para esquivar el tornado que empezaba a alzarse alrededor de la edificación.

—¡Todos atrás ahora mismo! —ordenó.

El temblor en el suelo obligó a más de uno a bajar de sus vehículos para apartarse más rápidamente andando de la serie de pilares de roca que empezó a crecer en el terreno, obligándolos a alejarse de la torre hasta que ya no pudieron verla por tantas columnas alzadas. Sin dudarlo, el grupo digievolucionó al máximo nivel y esperaron, tras Alphamon, la aparición del enemigo.

—Esta pelea no la podréis ganar ni vosotros, guerreros híbridos —dijo el digimon volteándose ligeramente para verles.

—Cierta digimon dijo que hasta el más pequeño de los digimons puede hacer grandes cosas si se le deja —dijo Aldamon —. Hay que probarlo para saber si podemos o no ganar.

—Os lo he advertido —suspiró volviendo la vista al frente.

Una figura menuda bien armada y una bestia negra aparecieron sobre una de las columnas con los ojos puestos en el grupo. Observaban sin emoción alguna ni señal de ningún tipo que delatase una sensación o algo.

—¡Minervamon! ¡Duftmon! ¡Reaccionad! —gritó Alphamon.

—No recibo órdenes de un falso líder —respondió la bestia negra.

—¡No es una orden! —negó —. ¡Debéis abrir los ojos! ¡Xana-Lucemon os está utilizando!

—Los tenemos bien abiertos —apuntó con su espada la otra digimon —. Pero, ¿los tenéis vosotros?

Sin mirarse siquiera, ambos saltaron a diferentes pilares, moviéndose a un ritmo rápido y aparentemente caótico con el que buscaban confundir a los niños.

—Son muy rápidos —observó Jeremy.

—Será ésa la dificultad que señalaba Alphamon —añadió MachGaogamon.

—¿Es una invitación a actuar para los rápidos eso? —preguntó Ulrich.

Sin que nadie pudiese preverlo, Minervamon saltó desde uno de los pilares hacia ellos, la espada lista para golpear a Aelita y a Crescemon al tiempo que Duftmon atacaba por el otro lado.

—¡Cuidado todos! —gritó Ace.

—Échate hacia atrás, Aelita —dijo Alphamon, cubriendo a la pelirrosa y a su digimon del ataque de Minervamon —. Yo me encargaré de ella.

—¡Estúpido Duftmon! —chilló Timy, deteniendo el tiempo del leopardo lo necesario para que los demás se apartaran.

—Esa boca, enana —señaló Reichmon.

—¡Es que es un tonto! —gritó —. ¡Despierta de una vez, bobo!

—Apártate, Timy. Nos encargaremos nosotros de esa bestia —dijo JetSilphymon echándola hacia atrás.

—Los demás, ayudad a Alphamon o id hacia la torre y desactivadla —señaló Aldamon a los humanos y el resto de digimons.

—Entendido.

Mientras el grupo volvía a separarse, listo para cumplir con su parte de la misión, Duftmon empezó a cambiar de forma a un aspecto más humanoide que hizo remugar a los Crossedmons.

—Estupendo, y ahora modo normal —señalo Timy.

—¿Es una digievolución? —preguntó Aldamon.

—No, sigue siendo igual de fuerte, sólo que ahora no es un burro… —negó Ace —. Vamos, Timy, hay que detenerle.

—¿Estáis locos? —preguntó Beowolfmon —. ¿Qué pensáis hacer así?

—Jo, papi, te queda demasiado por recordar —negó Timy antes que el digicódigo la envolviese a ella y a su hermano.

—¿Van a digievolucionar? —preguntó Mermaimon.

—¡Crossedmon digievoluciona a… CrossSpacemon! —un digimon de tipo humano con medio rostro cubierto por un casco en forma de cabeza de gato, una armadura ligera y pantalón largo plateados, el símbolo del infinito en los hombros y botas de gato ocupó el lugar del digimon del espacio.

—¡Crossedmon digievoluciona a… CrossTimemon! —una versión más adulta de la elfita, con el cabello más largo, camisa negra con un reloj de arena dibujado en el pecho, pantalón corto negro cubierto por una falda caída en cuatro pedazos del mismo color con bordado dorado, botas altas de tacón y un par de alas pequeñas a la espalda se volteó con una sonrisa traviesa —. ¿Qué creéis que podemos hacer ahora? —guiñó.

—Vosotros ganáis —suspiró Beowolfmon —. Aun así, vamos a ayudaros.

—Contábamos con ello —respondió Ace.

Ante la digievolución de los dos digimons, Duftmon siguió sin expresión alguna. Sin embargo, algo tras esa mera evolución le estaba impidiendo centrar su atención en nadie que no fuesen ellos dos.