¡Feliz año a todos!

¿Qué tal lo habéis empezado? ¿Y los Reyes Magos os han traído muchos regalos? Por si acaso no han sido tan buenos como esperabais, aquí os va un capítulo nuevo con el que pasar un ratito.

Este año, para no variar, cabe recordar que Code Lyoko y Digimon Frontier, así como sus personajes (entre los que se incluyen los de Digimon Adventure/02 & Tamers) no nos pertenecen a raf-lily o a mí. También que el número de personajes originales es bastante reducido y cualquier parecido con la obra (tanto en personajes como en ideas) de otra persona, estamos dispuestas a hacer una quedada en un día que a todos nos vaya bien para comparar puntos de vista y echarnos unas risas.

También agradecer los comentarios de todos y recordaros que existe "Code Frontier OMAKES" donde podréis encontrar escenas extra de esta historia y que podéis pedir alguna escena de algo que os haya entrado duda a lo largo de los capítulos (tened en cuenta que tampoco voy a subirlos "regularmente" y que muchas de las incógnitas pueden resolverse en capítulos más adelante). Así que no os cortéis en utilizar cualquiera de las vías posibles (este fic, el propio OMAKES o mensaje privado) para hacer vuestra petición. POR FAVOR: leed antes las "instrucciones" para no llevaros desilusiones.


Capítulo 73: Nuevos poderes

Aelita y Crescemon intentaron alejarse cuanto podían del combate entre Minervamon y Alphamon. Pero de cualquier forma, la digimon buscaba el hueco en la defensa del oscuro para colarse y atacarlas a ellas. Nuevas columnas iban surgiendo de tanto en tanto, obligando al grupo a quedar separado.

—¡Basta ya, Minerva! —la llamó Alphamon, apartándola nuevamente de un intento por atacar a las otras dos —. ¡No somos tu enemigo!

—Mientes fatal —le respondió, escabulléndose ágilmente y lanzándose contra ambas.

Sorprendida, Aelita no pudo hacer otra cosa que quedarse quieta observando, aun cuando Jeremy se le acercó y tiró de ella para que se uniese al grupo en busca del camino en el laberinto de columnas hacia la torre.

—¡Esto es imposible! —exclamó Emily.

—Si intentamos subir a las columnas, uno de esos dos nos lanza un ataque, aun cuando están fuertemente marcados, y nos hace regresar a tierra —dijo Lilamon.

—Más bien es como si algo se ocultase en las columnas y nos atacase —dijo Ulrich frotándose un hombro —. Es posible que esos dos no sean los únicos vigilantes del lugar.

—Y cuando logramos llegar, el tornado nos empuja de vuelta al suelo —añadió Beetlemon —. Todo intento de subir, lleva al suelo sí o sí.

—Tendremos que hacer el laberinto correctamente entonces —dijo Yumi.

—¡Cuidado todos! —gritó William.

El grupo se volteó justo para ver a Minervamon lanzándose de nuevo contra ellos, con Alphamon persiguiéndola todo el tiempo y adelantándola justo a tiempo para detener el corte de la gran espada de la digimon.

—¡Detente de una vez! ¡Tú y Duftmon!

—¡Apártate! —rugió la digimon.

—¡No pienso hacerlo! ¡Recuerda por qué te pedí que vinieses! ¡Recuerda cuál es tu misión!

—Mi misión es eliminar a los niños elegidos y velar porque el reinado del amo Xana-Lucemon sea eterno —dijo.

—¡NO! —gritó —. ¡Tu misión era cuidar de…!

—Por él no tienes que preocuparte —sonrió con maldad —. No le quito el ojo de encima nunca, Waldo.

A poca distancia, Aelita contuvo la respiración a la mención de aquel nombre. Crescemon saltó junto a ella, cargándola en brazos y apartándola a tiempo de un nuevo intento de Minervamon de atacarla.

—Aelita, por favor, responde —pidió la coneja, sacudiéndola con suavidad —. ¡Ayuda! —gritó alejándose cuanto podía del combate —. ¡Necesito ayuda! —gritó, buscando alrededor pero dando únicamente con pilares que las encerraban en el laberinto.

...

Emily y Persiamon llevaban cinco minutos dando vueltas sin saber dónde estaban exactamente. En cuanto dejaron atrás la pelea contra Minervamon y Duftmon, el viento procedente del tornado pareció intensificarse, dificultándoles avanzar.

—Vale, esto es más difícil de lo planeado —bufó Persiamon —. Olvidémonos de ir a por la segunda. O al menos, no contéis conmigo si hemos de ir.

—Lo sé, pero no queda otra —respondió Emily —. Y supongo que se suspenderá la segunda… Esto no lo teníamos para nada planeado…

—Vamos, Odd —oyeron tras un giro —. No puedes estar ahí todo el día.

—¡Odd! —exclamó la chica al verlo de rodillas en el suelo con la respiración irregular. A su lado, Cerberusmon esperaba pacientemente —. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

—Sí, sí, tranquila —asintió con dificultad —. Es que no recordaba que las visiones fuesen tan agotadoras…

—¿Visiones?

—Un poder que me programó Jeremy en Lyoko y que dejé de usar hace mucho tiempo… Pero por alguna razón, lo he recuperado… Y ahora estoy mareado —respondió llevándose una mano a la cabeza.

—¿Significa que ves cosas? —preguntó Persiamon.

—Ha visto el camino hacia la torre —respondió Cerberusmon —. Will y Coredramon van por delante marcando el camino sobre los pilares —señaló en una dirección.

—Enseguida voy —asintió Emily —. ¿Estás seguro que estarás bien, Odd?

—Ningún problema, Em. En cuanto todo me deje de dar vueltas, montaré en Cerberusmon y saldré —dijo.

Algo preocupadas, la arquera y su digimon empezaron a correr en la dirección señalada por el can hasta dar con un cruce. Una flecha dibujada en uno de los pilares les guió por el camino correcto. Tras una docena de giros, ambas se encontraron con los dos de la avanzadilla detenidos ante el tornado.

—¡Hey! —llamó Persiamon.

—¡Al fin llega la llave! —saludó William, gritando para hacerse oír por encima del viento.

—¡Sentimos el retraso!¿Qué pasa?

—Míralo tú misma —señaló —. Ese tornado bloquea el acceso vayas por donde vayas.

—¿Y si os separáis? —preguntó Persiamon.

—Se divide y cada trozo persigue a alguien —respondió Coredramon —. No hay forma de pasar.

—Y supongo que tampoco funciona intentando subir al pilar para saltarlo… Pues vamos bien.

—Al menos, se queda ahí quieto —señaló William.

—¿En serio tenías que decirlo? —preguntó Persiamon, señalando al frente.

Sin que ninguno de los cuatro lo esperase, el tornado empezó a moverse hacia el frente, atrapándolos a todos antes de que pudiesen escapar.

...

Duftmon se movía de un lado a otro intentando dar con una forma de acertar un golpe. Si bien los cinco híbridos prometían ser rivales a tener en cuenta, los otros dos digimons, posiblemente a años luz de su nivel, no estaban resultando ser el punto débil de la barrera en que se había convertido el grupo.

—¡Cadenas del tiempo! —un par de cadenas doradas aparecieron en las manos de CrossTimemon, que no tardó en lanzar a modo de látigo para atrapar al otro digimon —. Tsk, sabía que fallaría —protestó cuando sólo rozaron a Duftmon.

—A latigazos no creo que puedas vencerle —regañó Aldamon.

—¿Y cómo esperas vencer al estratega de la orden de los Caballeros Reales? —cuestionó CrossSpacemon dándose unos golpes en la cabeza con un dedo.

—¿Qué insinuáis? —preguntó Beowolfmon.

—Ignorando el detalle de que Duftmon nos conoce, al igual que la mitad de la orden, es conocido por sus planes de ataque, a demás de por la capacidad de crear nuevos planes en el mismísimo campo de batalla —explicó.

—¡Menos cháchara y más ayuda! —llamó la del tiempo, tirando con fuerza de una cadena con la que había logrado retener el brazo de Duftmon.

—Es hora de atacar —indicó su hermano.

—¡Bombardero del Norte!

—¡Infierno de plasma!

—¡Misiles de luz!

—¡Cuchilla de viento!

—¡Fuego negro!

—¡Deformación del espacio!

Al instante, todos los demás ataques se detuvieron un instante antes de empezar a moverse de forma caótica alrededor de la presa de CrossTimemon para sorpresa de todos. Por el movimiento aleatorio, Duftmon se vio obligado a ignorar la cadena que le retenía para estudiar los demás ataques, dándole vía libre a la digimon del tiempo para actuar.

—¡Esto por atacar a mi familia! —exclamó tirando de la cadena y atrayendo a Duftmon a uno de los ataques —. ¡Esto por ser tan tonto como para dejarte pillar! —otro nuevo tirón le llevó a un nuevo ataque.

—Oye, ¿seguro que sabe lo que se hace? —preguntó Aldamon.

—Por ahora, parece funcionar —respondió JetSilphymon.

—¡Esta porque lo digo yo! —exclamó volviendo a llevar a Duftmon a recibir el tercer ataque.

Antes de que la digimon pudiese reposicionarse, Duftmon movió el brazo retenido buscando atraerla a ella contra los ataques. CrossTimemon clavó los tacones al instante.

—¡Te conozco muy bien, tonto! —le gritó antes de tirar todo su cuerpo hacia atrás. Desequilibrado, Duftmon recibió el cuarto impacto —. Y el último —siguió la digimon, mirando de reojo el movimiento del ataque —, es porque tú solito te lo has buscado… ¡Ace! ¡Una manita!

—Oh, venga, ¿en serio no puedes tú sola? —cuestionó su hermano, acercándose justo cuando la otra lanzaba su segunda cadena contra la pierna de Duftmon.

—Vale, hemos sido humillados por dos enanos —dijo Reichmon mientras, tras alzar entre los dos mellizos las cadenas, elevaron a Duftmon para recibir el último ataque.

—Ellos solitos están acabando con Duftmon… —susurró Mermaimon observando el cuerpo tirado en el suelo.

—Más quisiéramos —rió el plateado —. Ni a velocidad acelerada le derrotaríamos.

...

A Minervamon no le había pasado por alto el movimiento del tornado que protegía la torre activada. Sin dudarlo, siguió lanzándose contra Alphamon, dispuesta a encontrar el hueco para esquivarlo y volver a lanzarse contra los niños.

—Rendíos de una vez, Minerva —repitió el digimon negro —. ¡Esto no es lo que tenéis que hacer!

—¿Y lo que tú haces sí es lo que se debe hacer? No me hagas reír —dijo esquivándolo y lanzándose de nuevo en busca de los niños.

—¡Basta! —rugió Alphamon, atrapándola y lanzándola en la dirección opuesta —. Eres inteligente, ¡deberías ver claramente lo que hay que hacer!

—Eliminar a los niños elegidos, eso es lo que hay que hacer —respondió lanzándose contra él y cambiando de dirección en el último segundo.

—¿Qué…? ¡Aelita, sal de ahí! —gritó, lanzándose él también en picado tras la digimon menuda.

—¡Vámonos! —tiró Crescemon de la pelirrosa.

Alphamon se veía lejos de Minervamon cuando un fuerte rugido los sobresaltó a todos y obligó a la segunda a detener su ataque para subir a una columna. El tornado que había creado había desaparecido y, en su lugar, un gran dragón azul extendía sus alas lanzando una onda expansiva que hizo temblar todos y cada uno de los pilares.

—No, eso sí que no —dijo corriendo hacia la torre con la espada lista para atacar a quienes ya estuviesen allí.

—¡Cuidado ahí delante! —gritó Alphamon.

—Muy lenta, señorita —se burló el dragón, esquivando sin problema a Minervamon mientras, sobre sus hombros, William y Persiamon intentaban no caerse.

—No puede ser… —susurró la digimon, alzando la espada para atacar, pero Alphamon volvió a interponerse.

—Alejaos —ordenó. El dragón no tardó en apartarse —. Ríndete, Minerva. Ni tú ni Duftmon tenéis que seguir así…

—Estoy harta de tus órdenes, Waldo —dijo apretando los dientes la digimon —. No eres nadie para darnos órdenes a los digimons por muy logrado que sea tu disfraz —declaró alzando la espada.

Tras ella, la luz rojiza de la torre empezó a desaparecer, dando paso a una verde procedente de la huella que apareció pintada en lo alto de la misma. Con fastidio, Minervamon bajó el arma y miró seriamente al digimon.

—Por esta vez, os libráis —dijo.

Cambiando de dirección bruscamente y forzando a Alphamon a perseguirla de nuevo, Minervamon llegó hasta Duftmon. Con algo más de fuerza de lo esperado, cortó las cadenas que retenían al otro al tiempo que un nuevo tornado tomaba forma entre ellos y los otros digimons. Para cuando el grupo volvió a recolocarse, ambos habían marchado.

—¡Ayuda, por favor! —la voz de Emily llegó clara en el silencio —. ¡No sé salir de aquí! —no tardó mucho en oír un fuerte aleteo por encima de su cabeza.

—¡Em! —llamó Persiamon.

—¿Qué tal saltarse las normas del laberinto para salir de aquí? —preguntó William.

—Me parece genial —asintió la chica mientras el dragón le tendía una garra para que subiese —. ¿Y ahora cómo te llamas?

—Wingdramon —respondió con tranquilidad —. Agarraos fuerte o caeréis.

Sobre uno de los pilares, Alphamon suspiró aliviado al ver al digimon regresando a la zona más abierta con los otros tres. Por debajo, todos empezaban a salir del laberinto, algunos atreviéndose a subir a lo más alto al no recibir más ataques salidos de la nada.

—Alphamon… —la voz de Aelita a sus espaldas le hizo mirar de reojo para encontrarla flotando a cierta distancia —. Lo que Minervamon ha dicho… Ese nombre…

—Volvamos al cuartel —dijo sin mirarla —. Prometo contároslo todo allí.

—Pero…

—Las demás torres cercanas deben estar igual de protegidas. Necesitáis descansar. Regresemos al cuartel, Aelita.

Crescemon no tardó en aparecer, más cerca de Alphamon que la chica, dispuesta a llevarse a la pelirosa de vuelta al suelo junto a los demás. No pasó mucho tiempo hasta que varias voces llamaron al líder de los Caballeros Reales para unirse a ellos de regreso a casa.