¡A las muy buenas a todos! Otro fin de semana pasando por aquí para dejaros capítulo nuevo.
Hoy actualizo rápido que tengo faena y os aviso que el siguiente OMAKE lo subiré a lo largo de la semana, no hoy.
Así que este finde os tendréis que conformar con un capítulo que muchos seguramente estaréis esperando con las mismas ganas que cuando tenían que aparecer los dos trastomon de los Crossedmons.
¡A pasarlo bien y os leo en reviews!
Capítulo 74: Reencuentro
Arya no pudo evitar preocuparse al ver las caras largas de más de uno del equipo. Tras contar cabezas y asegurarse que habían regresado todos de una sola pieza, suspiró aliviada. Aun así, que parecieran desanimados no le ayudaba a calmar la ansiedad, sensación que empezó a contagiarse en los tres ángeles y Bokomon. Las dos clones simplemente permanecieron firmes en su sitio.
—Estoy agotado —dijo Ace, tirándose en el sofá y permaneciendo bocabajo.
—Pues anda que yo… —dijo Timy —. Duftmon es mil veces más fuerte que yo… —dijo dejándose caer sobre su hermano.
—¡Eh! ¡Me voy a ahogar!
—Perdón —dijo rodando hasta caer al lado.
Algunas risillas se dejaron oír en el lugar, aunque enseguida volvieron a silenciarse. Jeremy estaba a punto de caminar hacia el ordenador que Izzy les había preparado tomando el suyo y nuevas piezas cuando Aelita pasó ante él con la mirada seria y el cuerpo totalmente rígido.
—Dímelo, Alphamon —pidió acercándose al digimon que seguía en la puerta —. Quiero que me digas que lo que he oído no es real.
—¿Qué dices, Aelita? —preguntó Neila —. ¿El qué no es verdad? —preguntó mirando al digimon de armadura negra.
—Lo siento, Aelita, pero sí lo es —respondió con los ojos cerrados.
Una gran cantidad de digicódigo empezó a rodear al digimon de repente, haciendo que muchos se cubriesen los ojos hasta que lo que quedó en el lugar del Caballero Real fue un humano y un digimon.
—¡UN HUMANO! —chilló Bokomon.
—Eh, un momento, ¡tiempo muerto! —exclamó Odd.
—¿Qué dices? —preguntó Timy mirándolo de reojo.
—No, no hagas nada —la retuvo Kouji.
—No es posible… —susurró Aelita —. Te vi en Lyoko… ¡Te sacrificaste para darle energía al virus múltiple de Jeremy! ¡Tú estás muerto, papá! —gritó.
—¿Papá? —preguntó Chiaki.
—¿Este señor es…? —empezó Sissi.
—Franz Hopper —dijo Jeremy —. Y realmente es imposible.
—¿Una trampa de XANA? —preguntó Yumi.
—No sería la primera vez —negó Ulrich.
—¡No, chicos! —exclamó Patamon, volando por encima de todos y posándose sobre la cabeza del digimon que se ocultaba tras Franz Hopper —. No es obra de XANA.
—¡Le vimos morir! —señaló Yumi.
—Permitidme hablar —pidió Hopper —. Por favor, tomad asiento.
Aun con Patamon sobre el digimon y Gatomon y Lopmon caminando también hacia el humano, el grupo se sentó con desconfianza en la mesa. Aelita tomó asiento en el extremo opuesto a su padre, no muy segura de qué pensar exactamente.
—Bien, habla. Aunque algunos no sabemos cómo decidir si eres o no quien dices, está claro que no podrás engañarles a ellos.
—Takuya, no hace falta ponerse así —suspiró Gatomon.
—Dejadme empezar por el principio —pidió Hopper —. Realmente, nunca fui prisionero de XANA. Logré escapar de él y caí al mar digital, donde pensé que moriría. Pero en vez de eso, encontré muchos lugares, entre ellos el Digimundo.
—¿Cómo?
—El mar digital es Internet. Y este mundo en el que estamos es un mundo de datos también. Existen caminos a este mundo y a muchos otros. Seguro que ese digimon tan simpático de allí lo sabe —dijo mirando a Ace.
—No es que sea algo que vaya contando a los cuatro vientos —respondió.
—XANA logró llegar aquí por el mismo camino que yo —dijo —. Pero por suerte, llegué antes.
—Baromon le encontró —dijo Lopmon —, y le trajo a nosotros.
—Ellos me ayudaron mucho —siguió contando Hopper.
—El hecho de que aún no existía un gran peligro me permitió volver a viajar a Lyoko en busca de un método para eliminarle. Por desgracia, XANA encontró el camino también al Digimundo.
—Fue entonces cuando decidimos actuar seriamente —dijo Gatomon —. Le presentamos a Dorumon y le entregamos un dispositivo digital con el que protegerse.
—Exacto —asintió Hopper alzando un dispositivo completamente diferente a los que los niños conocían —. Junto a Dorumon pude "sobrevivir" en este lugar sin que XANA me reconociese y, al mismo tiempo, pude viajar a otros mundos utilizando la red para bloquearle cualquier otro mundo al que pudiese escapar tras asegurarme que no existía ningún rastro de ese virus en ellos.
—Pero… Te vimos varias veces en Lyoko —dijo Ulrich.
—Y no puedes negarnos que desapareciste por completo cuando Jeremy introdujo su virus múltiple —añadió Odd.
—Aquello fue un clon mío —dijo con una sonrisa culpable —. Viajar a Lyoko empezaba a resultar peligroso, a demás de que no podía llevar conmigo a Dorumon. Así que utilicé algunos datos para crear un clon con el que ir donde vosotros buscando ayudaros cuanto más mejor. Por suerte, vuestra protección hizo que XANA no sospechase jamás.
—Pero no lo entiendo… ¿Cómo es que si sabías cómo eliminar a XANA porque nos viste haciéndolo en Lyoko, no lo hiciste aquí?
—Habría sido fácil de haberse tratado de un virus tal cual, pero cuando llegó, logró hacerse con unos datos que le permitieron sobrevivir, aunque fuese en forma de parásito.
—Los datos de Lucemon —dijo Koichi.
—Creía que acabamos con él —dijo Zoe.
—Recordad, los digimons no mueren, sino que vuelven a ser digihuevos —alzó una mano Hopper —. Aunque matásemos a XANA, corrompió a Lucemon nuevamente. El problema, tal y como me explicaron los ángeles, era mayor. Por eso decidí moverme a través de la red en busca de otros mundos a los que XANA pudiese escapar y sellarlos antes de que escapase.
—Podríais haber aprovechado cuando aún no era demasiado poderoso —comentó JP.
—XANA es un virus. Muchos de los que se acercaron acabaron siendo poseídos —negó Dorumon —. Muy pocos podíamos acercarnos sin sufrir esa posesión…
—A demás, XANA estaba demasiado a gusto aquí como para darse cuenta que existían más mundos —comentó Gatomon.
—¿Por la existencia de más seres controlables? —aventuró Arya. La gata asintió.
—Por eso, logré incluso cerrar el paso de Lyoko al Digimundo al tiempo que fingía mi sacrificio —siguió Hopper —. Aunque con ello, cerré el único camino por el que podría enviaros un mensaje. Lo siento mucho, chicos. Siento haberos hecho creer que estaba muerto… Ojalá hubiese encontrado una forma de deciros la verdad…
El silencio volvió a reinar por varios minutos en el salón. Aelita miraba fijamente a su padre, sin decir nada, mientras el adulto esperaba pacientemente que la chica tomase la palabra.
—No lo entiendo —dijo Chiaki —. Parece conocer a Ace… ¿Por qué no le pidió ayuda a él para regresar al mundo humano?
—Lo habría hecho de haberle encontrado —respondió mirando a los dos digimons en el sofá —. Esos mellizos realmente son muy escurridizos. Daba igual cuántas veces encontrase su rastro, nunca llegaba a ellos.
—Terriermon nos dijo que debíamos escapar y escondernos de todo el mundo —dijo Timy —. Nos dijo que no confiáramos en nadie. Incluso nos dio una contraseña para saber si era él o no quien se acercaba a nosotros.
—Nadie os culpa por protegeros —dijo Hopper —. Realmente habría sido un peligro si XANA os hubiese encontrado. Todo cuanto hice no habría servido de nada.
—Pero ahora seguro que se entera de nuestra existencia. Duftmon se lo dirá en cuanto llegue a la Rosa de las Estrellas —dijo Ace —. Entonces tendremos un ejército de digimons y monstruos dispuestos a capturarnos.
—¿Eso creéis? Hasta donde he podido ver, habéis manejado muy bien a Duftmon —dijo Hopper —. Mientras trabajéis juntos, absolutamente nadie podrá atraparos —dijo, alegrando a ambos Crossedmons.
—Háblame de Minervamon —dijo Aelita, atrayendo la atención de todos —. ¿Quién es?
—Una digimon pura —respondió Hopper.
—¿Cómo es que te llama Waldo? —preguntó.
—¿Minervamon sabe quién es Alphamon? —preguntó incrédulo Teppei.
—Eso significa que Xana-Lucemon también lo sabe —dijo derrotado JP —. ¿Algo que no sepa?
—Tranquilos —pidió el adulto —. Da igual que lo sepa o no, no podrá hacer nada porque no puede poseerme de ninguna manera mientras esté con Dorumon.
—¡Es cierto! —asintió el digimon.
—Explícame por qué Minervamon te llama Waldo. ¿Quién es? —insistió Aelita.
—No es ninguna humana, si es lo que te cruza la mente —dijo alzando una mano —. Sabe quién soy porque yo se lo dije cuando le pedí realizar una misión. Por desgracia, creo que esa misión ha sido fallida…
—¿Qué misión? —preguntó Kouji.
—Proteger a un niño humano y a su digimon —dijo, sorprendiendo a todos —. Quedó atrapado aquí, en el Digimundo.
—¡Entonces deberíamos ir a buscarle! —exclamó Sissi.
—Es tarde —negó —. Si Minervamon ha caído, lo más seguro es que él también.
—Pero ¿qué hacía un niño humano aquí? —preguntó Tommy —. Quiero decir, se supone que no había ningún motivo por el que ninguna puerta se abriría…
—Y Patamon y los demás no nos dijeron nada… Así que ellos no fueron los responsables de su aparición aquí —dijo Takuya.
—Nosotros no sabemos nada —respondieron los tres a coro.
—XANA ya había logrado poseer a William. Tras oír de Baromon que los niños humanos son criaturas muy queridas en el Digimundo después de que varios los ayudaran y protegiesen por varias generaciones, entendí que aquel niño debía ser protegido. Por eso, busqué un digimon poderoso e inteligente para que le protegiese hasta que encontrásemos una forma de llevarlo al mundo humano.
—Ahora que lo pienso… Minerva es la diosa de la sabiduría en la antigua Roma, ¿no?
—Así es, Koichi —asintió —. Aun con su aspecto, es sumamente inteligente.
Nuevamente, el silencio reinó en el lugar, roto varios minutos más tarde por el ruido de la silla de Aelita al levantarse antes de echar a correr hacia el otro extremo y lanzarse contra su padre.
—Ya, ya está, Aelita —susurró Hopper acariciándole la espalda —. Todo irá bien ahora, tranquila…
—Maldito XANA… separando familias… —intentó decir Sissi, sobresaltando a Odd al echarse a llorar.
—Eh, eh, ¿qué demonios pasa ahora? —preguntó Teppei, viendo a prácticamente todas las chicas llorando.
—Necesito un pañuelo —pidió Neila.
—Y yo una salvación —dijo Takuya, maldiciendo haber acabado sentado entre las hermanas Sunshine, ahora un mar de lágrimas cada una.
—¡NUNCA HABÍA OÍDO UNA HISTORIA TAN TRISTE! —chilló Bokomon, a moco tendido, gastando pañuelos a una velocidad increíble.
—Venga, va, calmaos todas —pidió Jeremy, algo nervioso.
—Lo malo ya ha pasado —dijo Koichi —. Venga, tranquilas todas…
—¡Pero qué insensibles sois! —exclamó Kim, también llorando. A su lado, Yla luchaba por no derramar lágrimas.
—¡Papi, esto es muy triste! —lloriqueó Timy, trepando por la silla de Kouji.
—Ya, ya, tranquila… Zoe, dile que… ¡Zoe! Cálmate tú también —pidió cuando la otra le miró llorando.
—Cuánta sensibilidad —suspiraron los tres ángeles.
