¡A las muy buenas a todos! Otro finde por aquí que me paseo para un nuevo capítulo añadido a la lista.
Una vez más, recordar que las dos series que forman este crossover no nos pertenecen a raf-lily o a mí, que los personajes originales que se asemejen a los de otros artistas es una casualidad que nos gustaría conocer (si se da el caso de que existen) y que se agradecen las muestras de apoyo.
También os recuerdo que los OMAKES están abiertos a peticiones aunque no se actualicen de forma tan puntual como esta historia siempre y cuando se cumplan las reglas establecidas para el buen funcionamiento de ese apartado de extras.
Y sin más, os dejo con el capítulo. ¡A pasarlo bien!
Capítulo 76: La vida del héroe I
Tras una semana en el Digimundo, reformando el cuartel con la ayuda de algunos digimons que expresamente llegaban allí para ayudarles, el primer grupo de estudio decidió al fin visitar Kadic. William, Teppei, Arya, Aelita, Katsuharu, Jeremy y Emily, con sus mochilas, atravesaron el portal acompañados de sus compañeros digitales, Ace y un ilusionadísimo Bokomon. Desde las ventanas, tanto alumos como profesores silbaban, aplaudían y saludaban a los chicos.
—¡Bienvenidos a Kadic de nuevo, chicos! —saludó Milly, agitando ambas manos mientras Tamiya enfocaba con su cámara e Hiroki se preparaba para escribir en una libreta.
—¿Qué tal todo por aquí, chicos? —preguntó la pelirrosa.
—Muy bien, aunque se han echado de menos las batallas —respondió la reportera —. Pero no importa. Seguro que traéis noticias interesantísimas.
—La verdad es que no —se encogió de hombros Katsuharu.
—¿No? —preguntó el chico.
—Nuestro trabajo ha consistido en desactivar alguna torre para hacernos notar ante el enemigo —explicó Jeremy —. De esa forma, obligándolo a moverse allí, no ataca la Tierra y todos estáis a salvo.
—¿Y el resto del tiempo?
—Hemos trabajado en el cuartel —dijo Emily —. Había que construir un par de cosillas necesarias…
—Como unos cuantos dormitorios más —dijo Arya —. Antiguamente, todos eran un único ser, pero ahora algunos son dos. A demás, como ya dijeron Leire y Neila, sus dormitorios quedaban en otro lugar y es muy engorroso para ellas ir y venir por los túneles…
—Bueno, esas cosas también son interesantes —declaró Milly.
—¿Por qué? —preguntó William.
—Está claro que el trabajo de un guerrero es luchar, pero a nuestros lectores también les interesa saber qué hacen cuando no están arriesgando sus vidas para defender a los demás —señaló la pelirroja.
—Pues es algo aburrido, la verdad —dijo Teppei con una risilla.
—¿Y el blanquito de la faja por qué ha venido? —preguntó Hiroki.
—Me llamo Bokomon, muchacho. Apréndetelo —señaló —. Y he venido porque, como digimon estudioso que soy, me gusta investigar, me encanta la historia y las leyendas. Toda la vida la he dedicado al estudio del Digimundo, pero desde que conocí a Takuya y los otros, he querido saber cosas del mundo humano también. Y ahora que al fin tengo la suerte de estar aquí, quiero saber más y más —dijo con ojos muy brillantes, rivalizando con la ilusión de Milly y su idea de grandes reportajes.
—Por lo que has venido a estudiar, ¿no? —preguntó Tamiya.
—¡Exactamente!
—¿Sabes que eres el primer digimon que va a estudiar en la Tierra? —preguntó Milly.
—¡Es verdad! —exclamó el de faja —. Puede que no sólo pase a la historia por mi valiosa ayuda con los niños elegidos, sino por ser el primer digimon que estudia en un colegio humano…
—Dejad que lo dude —alzó la mano Katsuharu —. Recordad que mi tío dijo que mi padre fue un niño elegido. Incluso el padre de Teppei y la madre de Jeremy… Y tu propia madre, Milly —dijo —. Quién sabe si no les enseñaron cosas cuando estuvieron aquí, en la Tierra.
—Mi madre me ha contado muchas cosas, igual que el padre de Tamiya también nos ha hablado de esos tiempos —asintió —. Y, al parecer, los digimons no iban a clase. Así que, aunque esos digimons hayan aprendido cosas del mundo humano, podemos decir que Bokomon es el primer digimon en asistir a clases humanas. ¡Enhorabuena, Bokomon! —felicitó la chiquilla, ilusionando aún más al digimon.
Las clases especiales para el grupo pasaron sin problema alguno más allá de alguna interrupción "para nada planeada" de algún profesor que no les daba clase para saludarles y, al mismo tiempo, que los alumnos apelotonados en la puerta les pudiese saludar.
La avalancha de alumnos y profesores no menguó cuando acabaron, dispuestos a salir al exterior para marchar tras realizar un par de compras necesarias. Bokomon, por otro lado, decidió esperarles en la academia alegando querer aprender aún más y aprovechar que la atención de la profesora Hertz era para él solo para preguntar sus dudas.
—Permitidme haceros unas preguntitas de interés popular —se les unió Milly, con una grabadora. Tras ella, Tamiya e Hiroki tenían preparadas otras dos por si la pelirroja se quedaba sin espacio o batería.
—Adelante —animó Aelita.
—¡Primera pregunta! —exclamó —. La verdad, tenía pensado hacérsela a los gemelos, pero imagino que podréis responderla vosotros.
—Depende —admitió Katsuharu.
—Si mal no recuerdo, cuando Koichi subió al escenario durante la fiesta del centenario, dijo algo sobre "Digital Guardians", en plan el nombre de un grupo musical. ¿Es posible que ese nombre sea sacado del hecho que sois los Guardianes del Digimundo?
—Exactamente —asintió Teppei.
—Pero los digimons con los que hablamos os llamaban niños elegidos… ¿Podéis explicarlo?
—Hace mucho tiempo, no te sabríamos decir cuánto por la diferencia temporal de…
—Guardianes era el nombre que recibían los digimons de los que somos reencarnación —interrumpió Aelita, haciendo resoplar a Jeremy. Tras ella, los otros intentaron aguantar la risa —. "Niño elegido" es, al parecer, todo aquel que cuenta con un dispositivo digital y un compañero humano o, en el caso de Katsuharu, Teppei y los otros ocho, un espíritu digital.
—¡Siguiente pregunta! ¿Qué hay del digimon plateado que os acompañaba y la elfita dorada?
—Creo que se podría decir que son "nuevos Guardianes" —dijo pensativa Emily —. Al fin y al cabo, ellos vivieron con los Guardianes en tiempos antiguos, aprendieron de ellos y ahora luchan junto a nosotros.
—¡La siguiente generación de guerreros protectores del Digimundo! —exclamó feliz la pelirroja —. Bueno, pasemos a preguntas un poco más personales, si me permitís.
—Mientras no te pases… —dijo Jeremy.
—Hiroki, saca la libreta para anotar detalles —ordenó Milly —. Después de conocer vuestras aventuras, Aelita, parece ser que no tienes quince años.
—Sí los tengo —dijo alzando la barbilla —. Es cierto que, de haber vivido una vida normal y corriente, sin inmersiones en ningún mundo virtual, actualmente tendría veinticinco años. Pero al quedar atrapada en Lyoko varios años estancó mi vida. Ni avanzaba mi tiempo ni retrocedía. Aunque, para mí, todo ese tiempo fue como estar dormida, como un sueño de una noche.
—¿Y cómo te ves? —preguntó Tamiya —. ¿Como alguien de quince o de veinticinco años?
—De quince —dijo pensativa —. Quizás porque, al no haber podido vivir esos diez años y experimentar todo lo que se experimenta en esa etapa de la vida, no puedo sentirme como si tuviese la edad que realmente debería tener.
—¿Y qué opináis los demás? —preguntó Milly.
—Aelita es Aelita —se encogió de hombros Emily —. Aparenta quince años y aunque es súper inteligente, Jeremy tampoco se queda atrás y él tiene realmente quince años. Así que es una chica normal y corriente, superdotada en todo caso.
—Una más del grupo —añadió Teppei.
—De acuerdo…
Tras unos segundos buscando en un bloc de notas, Milly carraspeó y se preparó para proseguir con su entrevista.
—Decidnos. ¿Descubrir vuestro pasado común de otro mundo os ha cambiado la vida?
—¿Qué quieres decir? —preguntó William.
—Qué os pareció —simplificó.
—Nos sorprendió —dijo Katsuharu —. Era algo que nunca imaginamos. Pero fuera de eso, no ha cambiado para nada el hecho de que sigamos estando alerta. Quizás más y todo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Hiroki.
—Saber que somos algo más que niños elegidos ha traído consigo una misión que no podemos pasar por alto —explicó Jeremy —. Tenemos más responsabilidades que cuando pensamos que simplemente éramos un grupo elegido para defender el planeta.
—Antes también debíais ser responsables —señaló Tamiya.
—Saber que somos los Guardianes hace que tengamos que ser más cuidadosos —dijo Aelita —. Todos confiaban en nosotros, los niños elegidos. Pero las ilusiones de muchos crecen cuando les dicen que los Guardianes se ocuparán de ello.
—Creo que ya lo entiendo —susurró Milly —. La presión es mayor porque aunque antes erais famosos, ahora tenéis un nombre aún mayor que, si se ensuciase, sería terrible…
—Sí… creo que sí… —rió nerviosa Emily.
—Entendido… Tengo una pregunta que han formulado muchos lectores y que sería interesante que fuese respondida… William, ahora que vives bajo el mismo techo que Yumi, ¿sigues intentando conquistarla o has desistido?
—¿Qué? —preguntó descolocado el chico.
—Bueno, te hemos visto siempre con ella e incluso has tratado de conquistarla alguna vez. Que te he visto cerca de casa alguna vez —señaló Hiroki.
—¿Qué tiene eso que ver con el Digimundo o los Guardianes? —preguntó.
—Los lectores quieren saber si hay tiempo para romances. Así que dinos, ¿has vuelto a intentar ganarte el afecto de la Geisha del equipo o la presencia veinticuatro horas, siete días a la semana, del Samurai ha hecho que te rindas y le cedas terreno?
Con algún suspiro cansado, el grupo intentó responder al resto de preguntas de aire romántico.
