¡Hola a todos! ¿Qué tal lleváis la cuarentena los que os ha tocado no trabajar? Yo pensaba que haría más y en cambio, hago menos de lo esperado (la energía me duró dos días).

Bueno, para hacer más llevadero el encierro, aquí os va un capítulo de acción con el que pasar un ratito. Me salto el disclaimer y toda la parafernalia y simplemente os agradecemos a quienes seguís la historia y la valoráis que estéis ahí semana tras semana. ¡Mil abrazos a distancia para todos!

Y allá os va la lectura. ¡Ánimo, que ya queda menos!


Capítulo 82: Encuentro con el enemigo

Dejando todo tal y como estaba, el grupo empezó a salir del cuartel, D-Tectors en mano activados. Ace ya esperaba, evolucionado, con un portal abierto a una distancia prudente como para no ser utilizado por el enemigo.

—Menuda humareda —señaló Jeremy.

—Lo peor es quienes han sido usados para hacerlo —señaló Aldamon.

—Los ha enviado a todos —observó Dynasmon.

—Está bien. CrossTimemon, CrossSpacemon, vosotros os ocuparéis de Duftmon —empezó a ordenar Aphamon —. Kuzuhamon, tú a por Lotusmon.

—Será un placer hacerle abrir los ojos —asintió volteándose hacia Lilamon y Sissi —. Esta vez le demostraremos que podéis hacerla regresar.

—LordKnightmon, mira de retener todo lo posible a Mervamon —siguió indicando Alphamon —. Dynasmon, ocúpate de Merukimon.

—Entendido.

—Ravemon, tú a por Vulcanusmon. Yo me ocuparé de Minervamon —dijo mirando al frente.

—Nosotros también vamos a ayudar.

—¿MagnaAngemon? —preguntó el digimon oscuro viendo a los tres ángeles que acababan de cruzar por el nuevo vórtice.

—Hemos enviado un mensaje a los demás —dijo Antylamon —. Estarán atentos a cualquier movimiento cerca del cuartel.

—Así que aquí estamos, para ayudar nosotros también —dijo Angewomon.

—Como queráis —suspiró Alphamon.

Sin entretenerse, el grupo acabó de recorrer los últimos metros antes de lanzar los primeros ataques. Alguno lo recibió por sorpresa, volteándose y abandonando sus intenciones de seguir causando destrozos o atormentando a los Kokuwamons para centrarse en los niños elegidos.

—¿Otra vez aquí, haciendo de niñera de los críos, Alphamon? —preguntó Minervamon, esquivando por poco el ataque del digimon oscuro.

—Por favor, Minerva, abrid los ojos. ¡XANA os está utilizando! ¡Os abandonarán cuando consigan lo que quieren! —exclamó. La digimon reaccionó abalanzándose con la espada por delante, pero chocó contra un escudo que cubrió al oscuro.

—¿Qué hacéis vosotras dos aquí? —preguntó Alphamon volteándose para ver a Yumi y a Taomon.

—Darle motivos a Aelita para ayudar por otro lado —respondió la Geisha mientras la digimon junto a ella preparaba un nuevo símbolo con su gran pincel.

Sin poder evitarlo, Alphamon volteó la vista en busca de la pelirrosa, encontrándola volando de espaldas, con Crescemon y Mercurimon cubriéndola, lanzando ataques junto a Aldamon contra Apollomon.

—¡Cuidado! —llamó Taomon.

—Maldición… —murmuró Alphamon deteniendo la espada de Minervamon con la suya —. ¡No podéis seguir así! ¿Es que no lo veis?

—El que no lo ve eres tú, Waldo —respondió apartándose para evitar los ataques de Yumi y Taomon —. XANA no es un error. Gracias a él, las cosas se ven más claras. ¡Eres tú quien debería rendirse!

—¡Nunca!

...

LordKnightmon resopló mientras tiraba de Odd lejos del brazo serpiente de Mervamon.

—Has de tener más cuidado —regañó el digimon rosado.

—¿Qué crees que intento hacer? —protestó.

—¡Portales de la oscuridad! —exclamó Cerberusmon. Los agujeros no tardaron en abrirse bajo los pies de Mervamon —. Rápido, ¡no perdamos el tiempo!

—Cierto —aceptó LordKnightmon saltando a uno de los agujeros.

Dentro de la oscuridad, los dos digimons volvieron a atacar, pero aun así, el caballero rosado no logró encontrar una apertura en la defensa de Mervamon. Desde el exterior, Odd esperó mirando alrededor.

A no mucha distancia, Lilamon logró golpear a Lotusmon, haciéndola retroceder hasta donde Sissi tenía preparados sus látigos

—¿Creéis que así lograréis algo? Esto no es nada para mí —se rió mientras daba un tirón a los látigos que rodeaban sus brazos y lanzaba por los aires a Sissi.

—Te tengo —la atrapó Kuzuhamon —. Asegúrate de atraparla bien la próxima vez.

—Sí —asintió.

—¡Bofetada de belleza! —Lilamon volvió a lanzarse contra la que fue su hermana.

—No está mal —dijo la otra flor —. Pero te queda mucho para lograr alcanzarme, querida. ¡Serpiente de ruina! —la serpiente negra de su vara empezó a emitir un aura oscura mientras la digimon lanzaba el ataque contra Lilamon.

—¡Atrás, Lilamon! —llamó Sissi.

—¡Izuna! —invocó Kuzuhamon.

...

Mermaimon recuperó su ancla tras fallar, por enésima vez, el ataque contra Neptunemon. Antes que el dios pudiese actuar contra ella, Reichmon y JetSilphymon se abalanzaron contra él, las armas listas para cruzar contra el tridente del digimon acuático.

—Céntrate, Mermaimon —se le acercó Angewomon.

—Pero…

—No dudes —siguió hablando el ángel —. Para traerle de vuelta a la normalidad, hay que vencerle. Si no te centras y luchas con todas tus fuerzas, no podrás hacerlo.

La sirena volvió la vista hacia el combate entre el dios marino y sus dos compañeros. Le costaba asimilar que aquel digimon era su hermano mellizo en la vida anterior.

—¡Puerta de la Atlántida! —un gran pilar de agua apartó a los dos digimons, lanzándolos hacia atrás.

—Solo tú puedes detener esos ataques —dijo Angewomon antes de lanzarse al combate.

Con un par de flechas, la atención del dios pasó a la digimon en el aire, con una nueva flecha preparada. En tierra, Reichmon y JetSilphymon se levantaban entre toses, libres de la presión del agua.

—¿Estáis bien? —preguntó Mermaimon.

—Sí, más o menos —respondió la del viento —. Vamos de nuevo.

—Sí —asintió, algo dubitativa.

—Tranquila, Chiaki —dijo Reichmon —. Estamos contigo y te ayudaremos en lo que haga falta.

...

Grumblemon estaba de los nervios ante las insistentes palabras provocativas de Vulcanusmon. El guerrero de la tierra movía su martillo de un lado a otro sin alcanzar ni una sola vez al dios digimon, al contrario que sus compañeros. Ravemon y Arbormon habían logrado acertar golpe tras golpe en el dios, aunque no habían servido para flaquear sus fuerzas.

—Ándate con ojo, hermanito. Tu decisión de vencer puede llevarte a la perdición si no te…

—¡Callate! —gritó saltando al cielo y cambiando de digievolución.

—¡Esto se pone divertido! —rió el dios.

—¡Terremoto!

El suelo empezó a temblar, obligando a Ravemon a elevarse en el cielo mientras Arbormon se alejaba del socavón abierto que no había logrado atrapar a Vulcanusmon.

...

Merukimon se apartó de la trayectoria de Wingdramon, esquivando incluso la cola del dragón, sin tener en cuenta a Dynasmon.

—¡Aliento de Wyvern! —el ataque golpeó de lleno a Merukimon, lanzándolo contra el suelo sin que el otro pudiese evitarlo.

—¡Aprovecha ahora, Will! —exclamó el dragón.

El chico no tardó en aprovechar la situación y atacar, pero Merukimon logró zafarse y apartarse, alzando sus barreras enseguida y cubriéndose de todos los golpes de William.

—Es muy fuerte —masculló.

—Normal. Debe proteger cualquier portal que se abra al mundo real para evitar que pasen digimons malignos —respondió Dynasmon.

—¿Proteger portales? —preguntó Wingdramon.

—Los Trailmons no llegan hasta el interior de los castillos de los tres ángeles, ni tan siquiera aquellos que cargan con prisioneros, por lo que hay que proteger esas vías y cuaquier otra abierta a vuestro mundo —dijo antes de volver a batir sus alas para lanzarse contra el otro digimon.

...

Ignitemon se burlaba claramente de las tres chicas y sus digimons. Ninguna de las flechas de Emily había logrado alcanzarle ni las garras de Persiamon habían contactado con algo que no fuese el suelo o una pared de la derruída central eléctrica. Tampoco D'Arcmon o Witchmon tenían más suerte.

—¿Pero cómo puede esquivarnos a las seis? —preguntó Leire.

—Algo me dice que no será fácil engañarle —dijo su hermana, la guadaña lista para atacar de nuevo.

—¡AH!

Con un único ataque, Ignitemon lanzó al digimon ángel y a la bruja, forzándolas a regresar a la forma felina.

—¿Estáis bien? —preguntó Emily, lanzando más flechas para permitir a las otras chicas atender a sus digimons.

—Perdonadnos —susurró Tailmon.

—Sólo somos estorbos —declaró BlackGatomon dando un puñetazo al suelo.

—No sois estorbos —negó Leire —. Sin vosotras, yo posiblemente aún estaría prisionera de Xana-Lucemon.

—A demás, nunca hubiésemos descubierto nada de esto, ni nos habríamos encontrado ni hecho tantos amigos si no hubieseis aparecido —añadió Neila.

—Aun así, no podemos hacer nada —negó Tailmon viendo cómo Persiamon volvía a clavar el puño en el suelo antes de protestarle al menudo digimon al que se enfrentaban.

—No os rindáis —dijo Leire —. Aún no lo habéis intentado todo.

Los D-Tectors de ambas chicas empezaron a brillar, llamando la atención de Emily y Persiamon, pero también de Ignitemon, que decidió no permitir que ocurriese nada.

—De eso nada, canijo —negó Persiamon, interponiéndose en su camino.

—¡Tailmon digievoluciona en… Angewomon!

—¡BlackGatomon digievoluciona en… LadyDevimon!

—Han digievolucionado —dijo Neila.

—Pero… es azul —murmuró Leire confundida.

Ángel y diabla se alzaron rápidamente al cielo, Ignitemon observando atentamente sus movimientos y preparándose para esquivarlas al igual que hacía con Persiamon y las flechas de Emily.

—Esto se siente mucho mejor —declaró Angewomon jugueteando con la cinta azul que flotaba a su alrededor.

—¿Vamos a machacar al enano? —preguntó LadyDevimon.

—¡Cuidado abajo, Persiamon! —advirtió la de alas blancas —. ¡Flecha del cielo!

—¡Melodía mortal!

Feliz por las otras dos, la gata persa saltó lejos de Ignitemon, quien estuvo a punto de recibir el ataque combinado de las otras dos hasta que un destello los interceptó.

—¿Qué ha pasado? —preguntó LadyDevimon.

—No podía hacer nada para evitarlo —negó Persiamon.

—Allí —señaló Angewomon.

No muy apartada, Mervamon parecía a punto de lanzar otro ataque contra ellas. Por suerte, LordKnightmon y Odd la obligaron a retomar su atención hacia ellos.

...

Timy volvió a lanzar sus cadenas contra Duftmon, fallando en el intento de atrapar al caballero leopardo. Después de una docena de veces logrando simplemente golpearle, la digimon vio cómo su cadena se enrollaba en su rival y no dudó en tirar de ella para retenerle.

—¡Ahora! —gritó.

Tras ella, Ace extendió los brazos al tiempo que MetalKabuterimon, Kumamon y Beowolfmon atacaban. Con Excalibur al frente, MagnaAngemon se lanzó contra Duftmon, obligándolo a moverse hacia los ataques que redirigía el digimon del espacio.

—Necesitamos más ataques —dijo Ace.

—Eso está hecho —sonrió Kumamon, volviendo a lanzar bolas de nieve.

—¡TONTO! —gritó de pronto Timy, atrapando con la otra cadena una de las piernas de Duftmon y tirándolo al suelo —. ¡TONTO! ¡TONTO! ¡TONTO!

—¿Pero qué le ha dado? —preguntó sobresaltado MetalKabuterimon.

—A saber —rodó los ojos el del espacio mientras la otra seguía agitando sus cadenas y golpeando a Duftmon contra el suelo.

...

ShineGreymon parecía disfrutar de los intentos de MachGaogamon y Jeremy de acertar un golpe. La diversión no era tanta, sin embargo, contra Denoshimon y Ulrich, ambos demasiado rápidos para su gusto. Lo que le parecía un combate sencillo, aun con la presencia de uno de los tres ángeles enfrentándolo, había resultado un problema por la velocidad de los dos con espada.

—Calma —advirtió Antylamon.

—¡No hay manera de acertarle! —exclamó Jeremy.

—Perdiendo el control aún acertaréis menos —declaró el conejo mientras veía a Ulrich rozando con sus katanas al digimon.

—Sólo se burla de nosotros —declaró el licántropo apretando los puños.

—Tranquilos —repitió —. Centraos como siempre habéis hecho.

Ambos volvieron al ataque, claramente más centrados. Antylamon suspiró aliviado, mirando a un lado antes de unirse al combate. No le había pasado por alto la pelea, a muy poca distancia, de Apollomon.

El dios del sol estaba en una lucha ardiente contra Aldamon. Junto al híbrido del fuego, Mercurimon lanzaba también ataques magnificados desde sus escudos. Aun así, el digimon no acababa de caer.

—Esto no puede seguir así —negó el de fuego.

—¡Baile loco!

Sin descanso, Crescemon se lanzó contra Apollomon, intentando encajar algún golpe contra él sin gran éxito. Por detrás de ella, Aelita empezó a lanzar campos de energía para ayudar a su digimon.

—Esto solo no servirá —negó Mercurimon.

—Cubridme —pidió la pelirrosa juntando sus manos.

Una esfera de hielo empezó a crearse alrededor de Apollomon. Más rápida que él, Crescemon se apartó para evitar la prisión en la que estaba siendo encarcelado el otro.

—¡Cuidado ahí! —oyeron de pronto a Antylamon.

—¡Martillo brillante! —atacó ShineGreymon.

—¡Apartaos! —ordenó Aldamon, tirando de Crescemon y Aelita.

—Acaba de liberar a Apollomon… ¿Acaso vamos a tener que enfrentarnos a los dos a la vez? —preguntó Mercurimon.

—Si es así, contad con nosotros —dijo Denoshimon, alzando las espadas.

Un silbido bastante alto resonó por todo el lugar llamando la atención de los chicos y digimons. Al instante, los poseídos de Xana-Lucemon se apartaron de sus respectivos rivales y se reagruparon.

—Se acabó —dijo Minervamon —. Si no vais a abrir los ojos a la realidad, es hora de que desaparezcáis. ¡Ahora!

—¡Marchad todos ahora mismo! —gritó Alphamon por encima de los ataques que empezaban a lanzar contra ellos.

—Tú también vienes, papá —tiró de él Aelita, con algo de esfuerzo.

Los ataques no tardaron en estallar tras ellos, sobresaltando a algunos y obligando a otros a voltearse para ver un gran muro plateado y dorado contra el que estaban chocando los ataques. Cuando el silencio y la calma regresaron, no había ni rastro de los diez digimons poseídos.

—¿Estáis todos bien? —preguntó Ace. Tanto él como Timy tenían los brazos alzados, manteniendo el muro sin moverse ni un centímetro.

—Eso ha estado cerca —suspiró Antylamon.

—Deberíamos regresar a casa —dijo Alphamon.

—Y yo estoy de acuerdo con él —asintió Timy —. No me fío para nada de que se hayan ido tal cual.