¡Aloha a todos! ¿Qué tal? Por aquí, llegando al final de la tercera semana de confinamiento pero a saber cuántas quedan para la normalidad. Lo que sí sé es que aquí llega otro capítulo para entreteneros y dejaros con la intriga los que ni conozcáis la historia ni se os haya ocurrido ir a la versión antigua para avanzaros un poco la trama.
Por desgracia, esto del confinamiento hace que haya dejado a los miembros del coro de castratis cada uno en su casa y no pueden cantaros el DISCLAIMER como me habría encantado que hicieran, pero bueno, os lo dejo por escrito y cada cual que se lo cante como su voz se lo permita:
1- Code Lyoko y Digimon no nos pertenece a raf-lily o a mí. De haberlo sido, por parte de Lily seguro que habrían habido muchísimos cambios porque es un terrón de azúcar romanticón.
2- el número de personajes originales se cuenta con las manos y me da que sobran dedos, por lo que si alguno se parece a la obra de otro, antes de empezar una tomatina, escribidnos a cualquiera de las dos y comentádnoslo. Ahora más que nunca hay necesidad de hablar con gente que no sea con la que estamos encerrados.
3- dejar review también es una forma de comunicación, lo digo por si hay alguien que se anima a charlar un ratito aunque en breve vaya a hacer lo que se hace estando encerrada: comer.
Y bueno, si algún vecino os ha chillado que dejéis de berrear, perdón por haberos obligado a cantar todo esto. Mejor meteros debajo de una sábana y seguid leyendo. ¡Vamos a por otra semana más!
Capítulo 84: Protegiendo Kadic
París estaba muy tranquilo en general salvo en un hogar donde cinco digimons se entretenían en el patio mientras sus compañeros humanos hablaban. Llevaban días y días juntos, aprovechando la libertad en sus trabajos, y aunque se lo habían contado todo, cada día encontraban un tema del que hablar. El silencio de los digimons les llegó como una señal de peligro ante la que no tardaron en reaccionar.
En Kadic, sin embargo, el ruido inundó el campus en cuanto los temblores de tierra se empezaron a sentir con gran fuerza. El miedo recorrió a los alumnos, conscientes de lo vulnerables que eran, al notar de nuevo el peligro de las batallas que habían desaparecido junto a los guerreros que se habían trasladado al Digimundo.
Los profesores no tardaron en evacuar a todo el mundo. Al final de su fila, Milly Solovieff sonreía de oreja a oreja ante la idea de llenar un nuevo especial para la revista del centro mientras corría, tirando de la mano de una soñadora Tamilla y un resignado Hiroki. El reflejo de un ataque asustó a más de uno en el grupo, que apretó el ritmo de sus pasos, salvo el de los reporteros.
—¡Eh, es Yumi! —señaló Hiroki, animándose al instante y mirando a las otras dos chicas con las que iba —. ¡Han llegado!
—¡Es cierto! —saltó feliz la pelirroja.
—Con ellos aquí, todo irá bien —dijo Tamilla, repasando el lugar con la mirada.
Sin mirar al grupo con el que iban, el trío de reporteros se separó más, corriendo en dirección a donde habían visto a la Geisha mientras hacían gestos a todo aquel con quien se cruzaban advirtiéndoles por dónde iba el peligro al tiempo que les informaban que los Guardianes estaban allí ya solucionando el problema.
—Oh, oh —dijo de pronto el chico, frenando en seco y provocando que las otras dos chocasen contra él y le tirasen.
—¿Pero qué haces? —protestó Milly alzando el puño.
—Míralo tú misma.
Desde aquella distancia, el trío pudo distinguir mejor la figura que habían divisado entre el caos de alumnos. Sí se trataba de la Geisha, pero no la que ellos esperaban. De piel muy pálida y ropas negras, el clon de Yumi se preparó para atacar al tiempo que los demás clones se unían a ella. Antes de que ninguno de ellos pudiese hacer nada, el clon de Kumamon congeló el suelo, reteniéndolos en el lugar donde se encontraban y dejándolos como un blanco fácil para los abanicos del clon de Yumi y el oscuro campo de energía del de Aelita.
—¡AAAAAAAAAAH!
—¡Os tenemos!
—¿P-papá? —preguntó Tamilla mientras Sam tiraba de ella y la subía a Seadramon.
—¿Qué creéis que estáis haciendo? —preguntó enfadada Anna desde Unimon. Ante el tono de voz de su madre, Milly se encogió detrás de Ringo.
—Lo sentimos, creímos que era Yumi —se atrevió a hablar Hiroki.
—Está claro que ellos no habrían traído la pelea a Kadic, chicos —negó Michael señalándole a Seadramon una zona en la que bajar —. Aun así, ha sido demasiado estúpido por vuestra parte acercaros tanto.
—Lo sentimos —corearon los tres.
Unimon y Seadramon descendieron en una zona apartada mientras Kiwimon, Coelamon y Flarelizarmon empezaban a atraer al grupo de clones lejos de los edificios y personal evacuando. En cuanto el grupo de humanos estuvo a salvo, ambos se lanzaron veloces contra los enemigos.
—¿Habéis avisado ya a los niños? —preguntó Sam a las dos mujeres.
—Arya acaba de responder —asintió Anna tecleando en una especie de PDA.
—Esperemos que lleguen a tiempo…
—Tranquilos, Yumi y los demás podrán fácilmente con ellos —dijo Hiroki con una sonrisilla.
—No dudamos de la capacidad de los chicos, pero lo que hemos visto acercándose es algo peor que lo que está ocurriendo ahora —dijo Catherine.
...
Arya empezó a llamar a gritos, asomándose a puertas y ventanas para localizar a todo el mundo. Las respuestas fueron inmediatas, reuniéndose en cuestión de segundos algunos cargando todavía con lo que estaban haciendo, como la ropa que recogían o las almohadas de las camas que estaban haciendo.
—Xana-Lucemon ha lanzado un ataque en la Tierra —informó Arya.
—¿Acaso no hemos desactivado suficientes torres como para que se dé cuenta que tiene un serio problema aquí, en el Digimundo? —preguntó Takuya.
—Habremos de desconectarle un puñado más y enviarle una carta diciéndole que allí no queda nadie —siguió Odd.
—Quizás porque sabe que no estamos y que, de haber peligro, no dudaríamos en ir a defender el lugar, ha lanzado el ataque en la Tierra —dijo Jeremy.
—Anna dice que sus digimons están controlando a los clones y monstruos mientras dan tiempo para que se evacue Kadic —siguió diciendo Arya —. Pero que no podrán aguantar, mucho menos si llega un monstruo extraño.
—¿Un monstruo extraño? ¿Habla de Velgemon?
—No, algo enorme y de aspecto rocoso —dijo —. No tiene pinta de digimon, según ellos…
—¡El Koloso! —reconocieron los guerreros Lyoko.
—¿Qué es eso? —preguntó Tommy.
—El peor monstruo que XANA ha podido crear —respondió Jeremy —. Y la razón por la que no tenemos que perder el tiempo.
—Ace, abre rápido un portal a la Tierra —pidió Aelita.
—Pero nosotros dos no podremos hacer mucho allí —dijo Timy.
—Podéis volver a vigilar por si la Scyphozoa pretende hacer algo —dijo Odd —. Venga, digievolucionemos y larguémonos ya.
...
La inferioridad numérica hacía que el grupo de digimons que se enfrentaba a los inagotables clones empezase a sufrir las consecuencias de la desventaja.
—¡Ataque aéreo! —Unimon se lanzó contra el clon de la oscuridad, pero éste lo evadió con facilidad abrumadora —. Maldición, es demasiado poderoso…
—Sólo podemos entorpecerles de refilón —protestó Kiwimon, dándole picotazos a los clones que más se le acercasen.
—¡Explosión de fuego! —el ataque de Flarelizamon alcanzó a varios monstruos de XANA —. ¿Es que no vienen los niños?
—¡Ahí están! —exclamó Seadramon mientras lograba atrapar al clon de Aelita con el cuerpo y la lanzaba al suelo.
La llegada de los niños elegidos y sus digimon no pasó por alto a nadie. Clones y monstruos voltearon sus miradas hacia ellos, identificándolos al instante y lanzándose contra ellos.
—Xana-Lucemon no se ha quedado corto esta vez, no —protestó BlackCalmaramon golpeando cucarachas con sus tentáculos.
—Yla, menos quejas. A ver si para una vez que intento controlarme yo, vas a empezar tú —comentó BlackZephyrmon.
Leire pasó corriendo entre el grupo protegida por su Angewomon, llamando la atención de los digimons que habían estado combatiendo antes de su llegada y guiándolos a un aparte.
—¿Estáis bien? —preguntó mientras buscaba en ellos heridas.
—Sólo cansados —reconoció Coelamon.
—Quédate con ellos, Leire —dijo Angewomon.
—Queremos ayudaros —dijo Seadramon.
—Al parecer, el monstruo que se acerca se llama Koloso —informó la chica —. No sé qué es, pero debéis descansar si realmente queréis ayudar.
—Está bien —aceptó Unimon —. Nos quedaremos esperando.
—Aunque no por mucho tiempo —señaló Kiwimon.
Una espesa niebla empezó a formarse en el límite del bosque al tiempo que el temblor de tierra que había estado sacudiendo Kadic se intensificó y daba a entender a todo el mundo que la enorme figura que empezaba a surgir, visible aun con la niebla, era la verdadera razón de las sacudidas.
