¡Hola, hola, hola! ¡Bienvenidos a otro capítulo de confinamiento!

Para quienes no lo sepan, hoy nos han metido dos semanas más de confinamiento a los españoles, así que estamos acabando la quinta de ocho (por el momento). Y el tiempo no acompaña mucho, así que vamos a salir peludos cual osos, blancos como la leche y cegados por la luz del sol el día que podamos salir a la calle. Pero eh, aquí vengo yo con un capítulo nuevo con el que despistaros el tiempo que tardéis en leer (no impongo minutos, cada cual que lea a su ritmo o gusto) y así olvidar que lo primero que se agotará en cualquier sitio una vez salgamos será la cera para depilar y los protectores solares.

Ya sabéis, Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily y a mí, los personajes originales están con cuentagotas y cualquier parecido con la obra de otro, le invito a enviar un mensajito o dejar review para comerntarlo porque salir a tomar café aún es complicado.

Un beso y un abrazo (totalmente libre de virus) para los que nos seguís y tranquilos, que aquí seguimos trayendo entretenimiento (quizás no del gusto de todos, pero del de unos cuantos). ¡Nos leemos el finde que viene!


Capítulo 86: Sin clones

El clon de Beetlemon estaba empezando a cansar a Beetlemon y a Grumblemon. Aprovechando la ligera ventaja del guerrero de la tierra sobre la electricidad, Beeltemon había decidido contar con su ayuda para el combate. Aun así, el clon seguía suponiendo un estorbo para todos alrededor de ellos.

—Odio a ese bicharraco —masculló el del trueno.

—Ya somos dos —le respondió el otro alzando su martillo —. ¡Golpe ojo de serpiente!

Aunque el guerrero de la tierra fue lo más rápido posible, el clon de Beetlemon le esquivó y lanzó varios rayos más que le obligaron a ocultarse bajo tierra para evitarle. Por su parte, Beetlemon se lanzaba con los puños al frente buscando herirle ante la inutilidad de intentar dañarle con rayos.

—Beetlemon, eres más duro de roer de lo que pensaba —comentó el de la tierra, apareciendo tras el original cuando ambos de trueno se separaron.

—Algún punto débil ha de haber. Nadie es perfecto y si yo no lo soy, él menos —declaró cogiendo aire.

—¿Y cuál es? Ni tú mismo lo sabes. ¿O sí? —preguntó —. A demás, vete tú a saber si tu punto débil puede ser cubierto por esa resistencia y esa energía inagotable que tienen los clones.

—Ese es un problema, sí —reconoció —. Si lográsemos agotarle…

—Desgraciadamente, ni a ti ni a él podemos quitaros las pilas. Tú no tienes y él parece una batería inagotable —señaló Grumblemon antes de lanzarse, martillo en alto, contra el clon.

—Hacer que una batería inagotable se agote…

—¡Oye! ¡Pero ayúdame! —pidió el de la tierra, atrapado por el clon.

—¡Lo siento!

Dejando a un lado sus pensamientos, Beetlemon cargó contra su clon, obligándolo a soltar al guerrero de la tierra y haciéndolo retroceder por el impacto. Desde el suelo, Grumblemon miró algo molesto al del trueno.

—Perdón, perdón. ¿Estás bien?

—He llegado a estar mejor —admitió poniéndose en pie —. Y te aseguro que estaré aún mejor cuando nos quitemos de encima a tu yo malo.

—Se me ha ocurrido una idea, pero para ello necesito que digievoluciones a Gigasmon.

—Si sirve para eliminarlo, ahora mismo. ¡Grumblemon, cambio de digievolución a… Gigasmon!

—Genial, ahora húndete en el suelo.

—Eso sé hacerlo sin cambiar de digievolución, Beetlemon.

—Ya, pero como Grumblemon no creo que tengas la fuerza suficiente como para atrapar a mi clon desde el mismísimo suelo cuando yo te lo indique.

—¿Quieres que le entierre? —preguntó viendo cómo el clon se preparaba para atacar.

—Fastidiaremos su batería con una sobrecarga —declaró Beetlemon lanzándose contra su clon.

—¿Espera realmente cargárselo usando lo que él usa? Pero si… ¡Oh! —exclamó con una sonrisilla mientras miraba alrededor —. Vale, ya veo —asintió tirándose al suelo como si se lanzase a una piscina y desapareciendo en la tierra.

Beetlemon continuó moviéndose por el terreno guiando a su clon hacia un punto apartado, donde esperaba que estuviese oculto Gigasmon. Una vez asegurada la posición del clon, Beetlemon lanzó varios rayos alrededor de él, marcando la posición exacta para Gigasmon. Los brazos del guerrero de la tierra tardaron poco en alzarse y atrapar las piernas del clon, tirando de él hacia abajo antes de salir.

—Sal de ahí si te crees capaz —se burló la bestia antes de reír con ganas.

—Vamos allá… ¡Golpe trueno! —una fuerte descarga eléctrica golpeó al clon, que no tardó en sufrir la descomposición de su ser en datos —. Espíritu bañado en el vicio, mi trueno te purificará. ¡Digicódigo, captura!

—Adiós, adiós, clon —se despidió Gigasmon —. Esperemos que a nadie se le ocurra hacerte eso, Beetlemon.

—Hay que soltar toda la energía en un único golpe para crear una sobrecarga —dijo resoplando.

—Deberías buscar a Leire y descansar un rato —convino volteándose hacia donde se estaba agrupando todo aquel libre de rival —. Dos manos más vendrían bien allí, pero tienen que estar a tope.

—Tened cuidado todos —dijo antes de dar media vuelta y correr en dirección contraria en busca de un descanso.

...

—¡Espejo generoso! —de los espejos de Mercurimon salió un rayo verde directo contra su clon, quien no tardó en reflejar el ataque.

—¡Tormenta de veneno! —a su lado, Witchmon también lanzó su ataque al tiempo que Neila creaba una onda de energía con su guadaña. El clon del metal también los retuvo con sus espejos.

—Id con cuidado —advirtió Mercurimon —. Si logra absorber los ataques, os los devolverá más fuertes.

—¿Y qué hacemos? —cuestionó Neila, esquivando un ataque reflejado del clon de Mercurimon —. No podemos lanzar ataques, si me acerco me la juego…

—Estoy pensando —asintió algo inseguro mientras veía a la bruja volando en círculos.

Aunque la aparición del Koloso entre la niebla había preocupado a Mercurimon, a quien no le habían pasado por alto los escudos de Taomon y Denoshimon, el hecho de que su clon estuviese usando en su beneficio ataques perdidos de todos los allí reunidos hacía que temiese aún más por la seguridad de Neila y Witchmon.

—¡No hace más que protegerse con los escudos! —exclamó Neila, recuperando la maza del extremo de su guadaña —. Si hubiese una forma de hacer que los suelte…

—No los coge —recordó el del metal alzando sus propios brazos.

—Aún más fastidio —protestó.

—¡Presión de agua! —aprovechando la defensa hacia el frente del clon, la bruja optó por atacar desde arriba.

—¡Está funcionando! —se animó la chica.

—Pero si logra voltearse, Witchmon estará en peligro.

—¿Atacamos ahora? —preguntó.

—Volverá a repeler nuestros ataques —negó —. A menos que…

—¿Qué?

—¡No puedo contenerlo más! —chilló la bruja.

Casi al instante, el clon se libró de la presión que le empujaba e intentó atacar a la digimon en el aire, pero ésta ya había escapado.

—Creo que sé qué hacer —dijo volviéndose hacia Neila —. Escucha, tienes que lanzarme un ataque con todas tus fuerzas.

—¿QUÉ?

—Confía en mí, sé lo que me hago —dijo mientras se cubría con uno de sus espejos y enfocaba el otro hacia su clon.

—¿Seguro? —preguntó posicionándose.

—No tenemos tiempo para dudarlo —negó —. ¡Witchmon, repítelo cuando yo te diga!

—Entendido —asintió.

—¿Lista, Neila?

—Está bien —asintió, apretando la guadaña y cogiendo aire —. ¡Onda de la oscuridad!

—¡Ahora, Witchmon! —exclamó.

Ante el movimiento de la digimon, el clon alzó ambos brazos por encima de su cabeza, listo para atrapar todo cuanto la bruja le lanzase con la intención de devolvérselo por duplicado. Sin embargo, eso le dejó expuesto a Mercurimon, que sin dudarlo lanzó el ataque absorbido acertando de lleno en su pecho.

—¡Una brecha! —gritó Neila —. Al fin buenas noticias.

—Hay que repetirlo —dijo el del metal, posicionándose de nuevo.

—¡Prepárate, Witchmon! —indicó la chica mientras corría al frente, atrayendo la atención del clon y permitiendo a la otra escapar del claro intento de derribarla por parte del clon.

—¡Presión de agua! —atacó, por tercera vez, Witchmon —. ¿Crees que te voy a dejar que toques a Neila? ¡Ja! ¡Dadle su merecido, chicos!

—Allá voy —se volteó la humana —. ¡Onda de oscuridad!

—¡Espejo generoso!

Esquivando el ataque, Neila se quedó de cara al clon. Su ataque, más potente que cuando lo lanzó, volvió a impactar contra el pecho del clon, abriendo más la brecha. Antes que el falso Mercurimon bajase los brazos, reposicionó la guadaña en sus manos y lanzó el extremo con la maza. El impacto hizo crecer aún más rápido las brechas, dando paso a la caída de trozos de espejo que revelaban datos.

—Siete años de mala suerte, queridos míos —rió Witchmon, descendiendo junto a ellos.

—Oh, ¡venga ya! —exclamaron.

—Tranquilos, eso son cuentos chinos nada más —siguió riendo la bruja.

—Da igual, lo importante es que éste ya no molestará más —señaló Mercurimon —. Espíritu corrupto, la pureza de este metal te santificará. ¡Digicódigo, captura!

—Se acabó —suspiró Neila.

—No del todo —negó Mercurimon haciendo desaparecer su D-Tector —. Aún queda eso… El como se llame gigante —señaló.

—Ante eso no creo que sirva de mucho ir así, por lo que… ¡Witchmon superdigievoluciona en… LadyDevimon!

...

Arbormon se vio obligado a usar su tabla ante la cada vez más creciente capa de hielo que cubría el patio de Kadic. Aunque Kumamon y él habían logrado reducir el espacio de movimiento al clon del primero, el guerrero de la madera aún temía que alguno de sus compañeros, despistados en sus respectivos combates, acabase tropezando por el congelado suelo sobre el que Kumamon esquiaba al tiempo que atacaba a su versión oscura.

—No puedo darle ningún golpe si sigue convirtiéndose en una placa de hielo —protestó retrayendo su brazo con claro fastidio.

—A mí también me resulta molesto —admitió Kumamon —. Ojalá tuviésemos a Aldamon con nosotros… Sería más sencillo acabar con él.

—Imposible. Es vital que acaben con Duskmon —negó el de la madera buscando de reojo al grupo de híbridos.

—¿Por qué aún no lo han conseguido? Son cinco a mayor nivel —cuestionó el menor.

—Mejor centrémonos en tu compañero de nieve. ¿Listo para otro asalto?

—No queda otra, compañero —resopló redirigiendo sus esquís.

Limitando de nuevo al clon del hielo, Kumamon y Arbormon volvieron a atacar buscando encontrar un fallo en el falso Kumamon. Para el guerrero del hielo, la única salida era lograr la ayuda de Aldamon, pero el híbrido del fuego estaba demasiado ocupado con el clon de la oscuridad y Kumamon podía ver claramente que aquel ser tan esquivo les suponía mayor dolor de cabeza a sus cinco compañeros que el bajito al que se enfrentaba.

—¡Pues claro!

—¿Qué pasa? —se acercó Arbormon.

—Tenemos que llevarlo allá donde hayan ataques fuertes —sonrió mirando alrededor.

—¿Ataques fuertes?

—Ni tú ni yo logramos hacer nada porque nos esquiva aprovechando que puede convertirse en una placa de hielo.

—¿Y a dónde propones enviarle?

—Hacia los ataques de Aldamon —señaló —. ¡Vamos a ello!

—Está bien, te sigo.

Vigilando los movimientos del grupo de híbridos, Kumamon obligó con su ametralladora al clon a moverse, aun con el inconveniente de estar creando raíles de hielo por todo el terreno de Kadic. Desde la tabla, Arbormon también empezó a lanzar astillas con las que limitar los movimientos del clon.

Llegar hasta la zona en la que peleaban los híbridos contra Duskmon no resultó difícil, aunque sí posicionarse a la espalda del clon oscuro sin que éste ni el clon del hielo se percatasen del plan de los dos guerreros. Por suerte, el ser siniestro tenía su atención fijada en sus cinco rivales, ignorando por completo al trío que se acercaba por detrás.

—Vamos bien, vamos bien —dijo Kumamon para animarse —. ¡Bombardero de nieve!

—¡Lluvia de astillas!

El clon del hielo siguió retrocediendo sobre los esquís, evitando las bolas de nieve y las astillas que caían del cielo. Por desgracia, a aquello se le habían unido una serie de raíces que surgían del suelo dispuestas a atravesarle, dificultándole el esquivar todos los ataques.

—Así, sigamos así —susurró el del hielo.

Más centrado en los ataques que en lo que lo rodeaba, el clon del hielo siguió buscando la forma de evitar los ataques que le venían tanto del cielo como de bajo el suelo. Un muro de madera a su espalda detuvo todos sus movimientos, haciéndole alzar la cabeza por primera vez en varios minutos para intentar superar aquel obstáculo, pero un repentino golpe de calor lo paralizó en el sitio. Una enorme bola de fuego iba directa hacia él. Intentó apartarse, aunque aquello significase lanzarse contra los dos guerreros que habían estado peleando contra él, pero los pocos segundos parado habían provocado el crecimiento de raíces, que le mantenían atrapado a merced del fuego.

—¡Ha funcionado! —exclamó Arbormon mientras veía impactar el ataque perdido de Aldamon.

El hielo alrededor del clon empezó a derretirse al tiempo que caía de rodillas al suelo, claramente afectado por el golpe por sorpresa. El digicódigo tardó poco más en salir, justo para que un feliz Kumamon pasase junto a él, esquiando con el D-Tector listo en sus manos.

—Se te acabó el tiempo de hacer maldades, abusón. Que este dispositivo digital haga al valor tan firme como el hielo y te purifique. ¡Digicódigo, captura!

—Apártate rápido o aún nos atacará el que no toca —señaló Arbormon.

—Cierto. Ayudemos contra el gigantón —asintió el de hielo, deslizándose a toda velocidad tras el otro.

...

Angustiado, Aldamon esquivó los ataques de Duskmon antes de volver la vista al punto donde había caído su último ataque. Un tirón nada amable le hizo ver que se había quedado demasiado tiempo distraído.

—¿A dónde miras? —protestó Mermaimon.

—Creo… creo que le he dado a Kumamon… —dijo mientras intentaba encontrar al guerrero del hielo, pero no se le veía por ningún sitio.

—¿PERO ERES IDIOTA O QUÉ? —chilló JetSilphymon.

—¡NUESTRO RIVAL ES DUSKMON, IDIOTA! —regañó Mermaimon, ancla en alto.

—¡Lo siento! Creí que estaba lejos… —se excusó rápidamente el de fuego mientras veía las armas de sus compañeras listas para golpearle.

—¡Eh! ¡Menos juegos y más ayuda! —exclamó Beowolfmon. El despiste le llevó a ser tirado al suelo, aunque Reichmon le cubrió rápidamente la posición.

—¡EL MEMO DE ALDAMON HA HERIDO A KUMAMON! —acusaron ambas híbridas, aún apuntando sus armas contra el de fuego.

—Para empezar, ha sido al CLON de Kumamon —negó el lobo, levantándose del suelo con la ayuda de su espada —. Para continuar, Arbormon estaba con él y le habría llevado enseguida con Leire de haber ocurrido lo que decís que ha ocurrido, así que no os preocupéis por él —dijo volteándose hacia Duskmon —. Y para terminar, centraos, trío de idiotas.

—¿Al clon? —corearon ambas.

—O sea, que no era el original —suspiró aliviado Aldamon.

—Leire debería miraros la vista a los tres —protestó enojado Reichmon, ahora él empujado y siendo sustituido por su hermano —. Maldita sea, la próxima vez nos enfrentaremos mi hermano y yo solos a Duskmon. A la mínima os despistáis…