¡Buenas a todos! Otro finde más que me dejo caer para traer capítulo.

Sexta semana aquí encerrada y no he hecho nada útil en todos estos días más allá de pensar "seguro que el último día tengo ganas de hacer absolutamente todo". ¿A alguien más le ha pasado o es que la cuarentena me afecta de esta forma sólo a mí y los demás padecen ansiedad tal cual?

Bueno, como siempre, ánimo a todos, que saldremos de esta, volveremos a pisar las calles (espero que regreséis a las casas para seguir leyéndonos o que miréis el móvil cada finde) y todo será como antes en bastantes cosas. Pensemos en positivo, pasémoslo bien y seguid leyendo, que entretiene más de lo que imagináis algunos.

¡Un besote y un abrazote gigante para todos de nuestra parte!


Capítulo 87: El Koloso y su niñera

Emily y William, sin clones que les molestasen, se habían encargado de cubrir a los alumnos y profesores rezagados en la evacuación cubiertos por Persiamon y Wingdramon.

—En serio, ¿qué tiene Xana-Lucemon con los bichos? ¿Es que acaso no existen otras criaturas en el mundo con las que atacar? —cuestionó la gata.

—Mejor así, Persiamon —comentó Emily —. Prefiero estas cosas raras a vete a saber tú qué digimon podría haber enviado.

—Will, ese enorme monstruo está llegando —alertó el dragón, aprovechando el descenso para aplastar varios Avispones.

—Vamos a ello. Tened mucho cuidado los tres —advirtió.

Con un último vistazo asegurando la zona, el cuarteto se dirigió al límite con el bosque en donde MagnaAngemon, Angewomon y Antylamon esperaban listos para atacar.

—Ese estúpido también ha venido hoy —dijo la fémina del trío, apretando los puños con rabia al tiempo que una risa siniestra resonaba en el bosque.

—Cálmate —pidió el conejo —. Has de pensar con claridad, Angewomon.

—Eso lo haré cuando esté totalmente eliminado.

—¿Qué decís? ¿Que Myotismon también está aquí? —preguntó Emily, algo preocupada.

—Él es quien crea esa niebla que se está acercando —señaló MagnaAngemon —. Intentaremos apartarlo del Koloso para facilitaros el movimiento.

—Será de agradecer —dijo William —. No es que sea el ser más rápido, pero sí golpea fuerte.

—Tened mucho cuidado —dijo Angewomon antes de, con un pequeño salto, lanzarse hacia la niebla.

—En serio, pocas cosas la sacan de quicio más que Myotismon —resopló Antylamon antes de seguirla.

El inconfundible sonido de murciélagos y ataques indicó al pequeño grupo que el combate contra el vampiro había empezado. No mucho después, el primer árbol cayendo hacia ellos les indicó la posición del Koloso entre la niebla.

—Escuchadme. Para acabar con él hay que golpear en sus dos puntos débiles.

—¿Dos? ¿En serio? —preguntó con algo de fastidio Persiamon.

—Lo siento, no fui yo quien lo creó —dijo William —. Uno es el ojo de su cara. El otro está en su brazo. Sería interesante que lográsemos darles a ambos a la vez.

—Dejadme el del rostro a mí —dijo Emily —. Seguro que es más fácil de acertar que el del brazo.

Un minuto después, William se preparaba sobre Wingdramon para saltar sobre el Koloso en busca del punto en su brazo. También Persiamon buscaba la forma de trepar por el monstruo de XANA, intentando centrar la atención en ella y así dejándole un punto libre a su compañera humana.

—¡Es imposible! —protestó Emily, esquivando una patada del Koloso que bien la podría enviar a la otra punta de París —. ¡Por más flechas de hielo que lanzo para retenerle, no consigo dejarlo quieto!

—Maldita sea… Xana-Lucemon ha debido reprogramarlo para que sea más resistente… Menuda jugada —protestó William, sujetándose bien para no caer en la cabriola aérea de su digimon.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Wingdramon.

—Quizás un poco más de ayuda os viene bien —se unió Seadramon.

—¿Qué hacéis aquí? ¡Deberíais descansar!

—¿Es que acaso no sabes de lo que es capaz una Angewomon? —preguntó Unimon. Tras él, la Angewomon de cintas azules se alzó lista para atacar.

—Unas cuantas manos más siempre vienen bien —dijo Leire en tierra con Flarelizamon, Kiwimon y Coelamon.

—Vamos a ello de nuevo.

Por varios minutos, el grupo entero siguió buscando, sin éxito, la forma de acertar un ataque con el que inmovilizar al enorme ser rocoso. Ni tan siquiera la incorporación de los demás digimons, tras asegurar las espaldas de sus compañeros humanos aún ocupados, sirvió de mucho.

—¿Pero de qué está hecho este ser? —preguntó Denoshimon cubriendo con su escudo al grupo en tierra.

—Da igual cuánto ataquemos, no parece salir herido —resopló MachGaogamon.

—Algún punto ha de haber —negó Crescemon.

—¡Echaos todos para atrás! —exclamó Taomon —. ¡El escudo se va a romper!

Sin perder el tiempo, los que se cubrían en aquel escudo se apartaron veloces, casi chocando con el grupo de chicos que habían logrado acabar con sus clones. Más de un grito se alzó en el lugar cuando Taomon cayó al suelo al perder el control sobre su barrera. El enorme pie del Koloso estaba a punto de aplastarle cuando el sonido de cadenas hizo que más de uno voltease la vista a un costado.

—¿CrossTimemon? ¿No decías que ni tu hermano ni tú podríais ayudar? —preguntó Jeremy.

—Un pequeño truco de hermanos —respondió tirando con fuerza de sus cadenas doradas —. Y ahora, si sois tan amables, haced algo con este ballenato.

—Vamos, ahora no debería haber problema para acabar con él —señaló William.

—Tampoco iría mal que alguien tirase conmigo. Se supone que debería quedarse quieto, pero quizás es que es un gordo y por eso yo sola no logro retenerlo —dijo Timy.

Entre risas, Leire, Angewomon, Persiamon, Flarelizamon y Taomon se situaron tras ella y tiraron de las cadenas que les pasó, ralentizando más los movimientos del enorme ser.

—Esto está siendo demasiado sencillo —murmuró Jeremy, recibiendo un golpe por parte de Aelita —. ¿Qué?

—Mejor así, ¿no? Va, cuantos más ataques, mejor y todo —dijo elevándose y buscando posición para lanzar ataque al mismo ojo que se disponía a cortar William.

...

Myotismon no paraba de reírse para desgracia de Angewomon. Aun con la niebla, la dama había sido capaz de lanzar ataques que habían estado a punto de tocar al vampiro. Pero precisamente la falta de visibilidad hacía que el otro se sintiese lo suficientemente seguro y convencido de su victoria sobre los tres.

Aunque la misión del vampiro había sido, para fastidio suyo, "hacer de niñero" del Koloso, que sólo dos criajos y sus digimons fuesen los rivales, a demás de posiblemente un puñado de digimons debiluchos que no suponían riesgo alguno, le había valido para dejarse llevar por la pelea contra los tres ángeles en terreno ventajoso para él. Debía admitir que, aunque él hubiese preferido unos "compañeros" diferentes, la idea de Xana-Lucemon había resultado todo un éxito.

—Deja de escapar, Myotismon —gritó Antylamon, lanzándose con sus cuchillas al frente y fallando por poco.

—¡Flecha celestial! —una nueva lluvia de flechas de una enfurecida Angewomon volvió a caer alrededor del vampiro, que las esquivaba muy por los pelos.

—¡Es inútil, Angewomon! ¡Tú y tus compañeros sois patéticamente inútiles! —rió haciendo aparecer sus látigos rojizos —. ¡Corriente sangrienta!

—¡Cuidado! —exclamó MagnaAngemon usando su espada para evitar uno de los látigos. A poca distancia, los otros dos saltaron hacia atrás.

—¡Perdéis el tiempo, patéticos ángeles! —exclamó sin dejar de mover los látigos.

—Maldito vampiro de pacotilla…

—Tranquila, Angewomon —susurró el otro ángel —. Está entretenido con nosotros aquí dentro.

—Cierto —se acercó Antylamon —. Mientras él no extienda su niebla allí, estaremos ganando.

—Ganaremos cuando acabemos con él —susurró Angewomon antes de dar un paso al frente —. ¡Deja de huir de nosotros, Myotismon! Eres un maldito cobarde que no hace otra cosa que esconderse. ¡Así no me extraña que seas un segundón!

—¿Segundón dices? —cuestionó el vampiro, claramente molesto por la palabra —. Eres una pesada, Angewomon. ¡Voy a acabar contigo y con todos tus amiguitos! ¡Pesadilla nocturna!

Toda una bandada de murciélagos se lanzó contra los tres ángeles, que en la espesa niebla no pudieron evitar. Con una sonrisa de superioridad, Myotismon se volvió hacia Kadic, dispuesto a atacar a los criajos que pretendían luchar contra el enorme ser de XANA.

—Ahora veréis, niñatos… ¿Pero qué ha pasado aquí?

Al límite de su niebla, sin acabar de salir ni extenderla, observó al Koloso completamente rodeado por los molestos humanos y sus digimons. Por más que buscaba, no encontraba a los clones que se suponía retenían aquellas molestas criaturas, cosa que en cierto modo le agradó al verse como comandante de un ejército de digimons reales y no falsas imitaciones. Sin embargo, y aunque sabía que aquella derrota enfadaría a Xana-Lucemon, el hecho que varios críos estuviesen listos para atacar a la par al Koloso podría llevar a la explosión de la rabia del ángel caído.

—Malditos criajos… Me la pagaréis, no lo dudéis —murmuró extendiendo la niebla justo cuando los tres ángeles aparecían tras él.

—¡Cuidado todos! —gritó la digimon del tiempo, dejando las cadenas en manos de quienes la ayudaban y alzando una mano hacia el vampiro.

—¡Ni te creas que escaparás, Myotismon! —gritó Angewomon —. ¡Encanto celestial!

—¡Retirada! —ordenó el vampiro, aunque no tenía ni idea si realmente quedaba alguien para hacer caso más allá del Koloso.

—¡Se escapa! —exclamó Timy mientras veía al vampiro desvaneciéndose —. Lo siento, no he podido retenerle…

—¡Siempre igual! —protestó Angewomon, pateando con rabia el suelo.

—¡Pero bueno! —la voz de JetSilphymon acercándose hizo que más de uno se volteara justo para ver el molinillo moviéndose —. Ya empiezo a estar hasta las narices de la niebla.

Con Kadic perfectamente visible, el grupo entero se encontró alrededor de un espacio vacío donde sólo quedaban las cadenas que habían estado intentando retener al Koloso.

—Lo sabía, Duskmon también se ha desvanecido —suspiró Reichmon.

—¿No le habéis derrotado? —preguntó Mercurimon.

—Más quisiéramos —resopló Mermaimon, apoyándose en su ancla —. Pero ese bicho es un hueso duro de roer…

—Demasiado duro —dijo Aldamon volteándose hacia Beowolfmon —. ¿Qué estamos haciendo mal?

—No estoy seguro —respondió.

—Timy, ¿cómo es que estás digievolucionada? —preguntó Kumamon —. ¿Y no se supone que buscabas a la Scyphozoa con tu hermano?

—¡Oh! —sonrió pasando hacia el primer punto dañado de Kadic lista para reconstruirlo —. Me ha prestado su energía. Aunque tengo tiempo limitado.

—¿Tiempo limitado la digimon del tiempo? —preguntó Odd.

—¿A que es irónico? —rió.

—¡Jeremy! ¡Kiwimon!

—¿Mamá? —se volteó el chico —. ¿Qué haces aquí?

—¿Crees que voy a alejarme de mi digimon en una batalla? —preguntó con los brazos cruzados —. A demás, este trío se negaba a alejarse demasiado —dijo volteándose. Junto a los otros adultos, a los que ya se acercaban sus respectivos digimons, los tres pequeños reporteros caminaban algo cabizbajos.

—¡Hiroki! —llamó Yumi antes de salir corriendo hacia el menor —. Idiota, ¿se puede saber qué haces aún aquí? ¡Podría haberte pasado algo?

—Creímos que erais vosotros… Pero ha resultado tu… ¿doble?

—Clon, mi clon —corrigió abrazándolo —. Menos mal que estáis bien…

—Pero por muy poco —dijo Sam reteniendo a Tamiya —. Aunque esto servirá de escarmiento y, a la próxima, no se acercarán de ninguna forma.

—Dudo que haya una próxima —comentó Ulrich —. El clon de Yumi ya es historia.

—¡También el mío! —saltó Odd.

—Por desgracia, él sí sigue —resopló Sissi, haciendo reír a los demás —. Podría haberme equivocado de gato, pero he tenido que ser buena…

—Venga, venga, Sissi —se le acercó Neila —. Está bien que no te lo hayas cargado. ¿A quién le chillarías después?

—¡Oye! ¿Y por qué me tendría que chillar, si se puede saber? —preguntó Odd.

—Bueno, todo el mundo tiene alguien de quien quejarse eternamente… Le pasaba a Leire con Takuya al principio —dijo volteándose hacia su hermana —. Y ahora que la cosa pinta de color de rosa, no tiene a quien chillarle cuando se estresa.

—¡Neila! ¡Sigo chillándole! —protestó la otra, algo sonrojada.

—Me parece genial que estéis todos tan animados, pero —sonó una voz tras ellos, callándolos de golpe el tiempo justo para identificar al director de Kadic —, me gustaría saber si podéis evitar que vuelva a pasar algo así.

—Papi, nos has asustado… —suspiró Sissi.