¡Hola a todos! No, no me he olvidado de actualizar. Ayer hubo un tormentón donde vivo (no dejó de llover en todo el día) y bastante tengo con tener la torre del ordenador medio desmontada para evitar que se encienda él solito y se la pase reiniciándose como si nada (creedme, bastante molesta una tormenta a las seis de la mañana como para que encima se una a la fiesta tu ordenador). Así que el día de ayer, mi trabajo informático fue 0 para evitar que el ordenador petase y ni hoy pudiese actualizar.

Dicho el motivo del retraso, retomamos la historia por donde la dejamos la semana pasada con otro fragmento importante que los que ya conocíais la historia seguro recordaréis, aunque con bastantes cambios. Permitidme decir también que, con este capítulo (y debido a los cambios que ya veréis), ¡alcanzamos al fin el punto en el que se quedó la historia! Por lo que si eres de los que, por ser "lo que ya sabía pero con otras palabras" prefería pasar el capítulo rapidito, ahora te recomiendo que le prestes más atención porque al fin son cosas nuevas lo que va a aparecer.

Y nada más. Espero que estéis todos bien, que la desescalada esté dándose bien en vuestras zonas, que hacéis bondad y que el sol brillará mañana. ¡Abrazos grandotes para todos!


Capítulo 90: El niño humano

El grupo entero observó confundido la retirada del grupo de digimons controlados. Los cinco habían permanecido paralizados en la misma posición unos segundos, convirtiéndose en blancos fáciles para todos. Sin embargo, más de uno tenía claro que aquellos ataques no habían sido suficientes como para provocarles tal daño por el que retirarse.

—¿Qué acaba de pasar aquí? —preguntó Aldamon.

—¡No huyáis, cobardes! —gritó una enfurecida Aelita, retenida por Angewomon y Leire —. Dejadme que le parta la cara a ese maldito desgraciado de…

—Cálmate, cálmate —pidió Leire, preocupada por recibir un codazo de la pelirrosa en medio de sus sacudidas.

—Quizás se han dado cuenta de que soy Odd el Magnífico y que estaba a punto de mostrar mi más terrorífica arma —sonrió el gato morado.

—¿Tu más terrorífica arma? —preguntó con duda Cerberusmon.

—¿Hablas del olor de tus pies? —señaló Ulrich. Tras él, Yumi hizo gestos de querer vomitar.

—¡No tenéis ni idea! —exclamó el rubio, haciendo reír a más de uno.

—Chicos, la torre ha sido desactivada —informó Sephirotmon, descendiendo hasta llegar a ellos.

—Con lo grande que eres y no te había visto en todo el combate —susurró Kumamon.

—¿Desactivado? —preguntó Emily, descubriendo la neblina, ahora verdosa, que ocultaba la torre —. ¿Cómo es…? —fue a preguntar, pero un ruido por el otro costado la obligó a voltear para ver descender por la pared a Beowolfmon —. Ah, vale, tú tampoco estabas por aquí —señaló.

—¿Cómo te has podido colar? —preguntó Sissi.

—Largo de explicar —sonrió Sephirotmon mientras el otro se apoyaba en una de las esferas superiores.

—La retirada de aquellos es real. Hazles salir —indicó el híbrido. Más de uno en el suelo le lanzó miradas dubitativas —. ¿Qué pasa?

—Eso tú —señaló Reichmon —. ¿Hay algo que desees contarnos, hermanito?

—Bueno, tenemos un rehén —dijo con calma mientras la bestia del metal hacía salir a los demás.

—¡Cuidado! —exclamó Crescemon, situándose a la defensiva delante de Aelita.

—Tranquilos, tranquilos, ya no patalea —alzó las cadenas CrossTimemon. Tras ella, Ignitemon temblaba como una hoja.

—¿Qué pretendéis hacer? —preguntó Aldamon.

—Interrogarle, por supuesto —respondió CrossSpacemon.

—Anda que no suponerlo…

—Tú también has preguntado mientras papá desactivaba la torre —chivó el del espacio. Por respuesta, la del tiempo lo tiró al suelo y le clavó la bota en la espalda.

—¡Timy! —regañó JetSilphymon.

—Perdón, no miraba dónde ponía el pie —sonrió con malicia antes de tirar de las cadenas y hacer avanzar a Ignitemon —. Bueno, ¿empezamos?

—¡Por favor, no sigas! —pidió el digimon, temblando de miedo —. Dejadme libre, por favor, ¡prometo no hacer nada!

—¿Estáis seguros que no hace teatro? —preguntó Jeremy.

—Se ha estado retorciendo un rato y, después, estaba completamente desorientado y no paraba de decir nombres muy rápido —respondió Arbormon.

—Podría ser una trampa —dijo Neila, acercándose con la guadaña al frente —. ¿Colaborarás y hablarás sobre tu amo Xana-Lucemon?

—¡Yo no tengo amo! ¡Soy un digimon libre! —chilló el digimon, agitándose con esfuerzo en las cadenas.

—Para o acabarás durmiéndote —advirtió la del tiempo —. Yo lo veo muy liberado.

—Y yo —se acercó Mercurimon —. ¿Le soltamos?

—Escapará y regresará a la Rosa de las Estrellas —señaló Jeremy.

—¡¿Tú estás loco?! —chilló Ignitemon —. ¡Alphamon nos dejó bien claro a todos que debíamos mantenernos lo más lejos posible de ese sitio!

—¿Conoces a Alphamon? —preguntó Aelita, acercándose con los ojos muy abiertos.

—¡Pues claro! —exclamó —. Él nos permitió a mi hermana y a mí unirnos al grupo de Minervamon para que pudiese jugar con Alex y Coronamon.

—¿Alex y Coronamon? —preguntó Beetlemon.

—¿No nos habló Hopper sobre ello cuando nos encontramos por primera vez con Minervamon? —preguntó Koichi —. Dijo que ella estaba aquí protegiendo a un niño elegido y su digimon, que habían acabado atrapados aquí.

—Le podemos preguntar a él —dijo Mercurimon —. Por ahora, quizás deberíamos regresar a casa.

—¿Os importa soltarme? —pidió Ignitemon —. Las cadenas son incómodas y hacen daño.

—No voy a soltarte del todo porque no me fío —declaró Timy, liberando en parte al digimon.

—¿A dónde voy a ir? ¡No sé dónde está mi hermana! ¡Ni Minerva, Alex o Corona! ¡No tengo a dónde ir! —lloriqueó.

—La verdad… viéndolo así, no parece mucha amenaza —señaló William.

Acomodándose en los vehículos, algunos sin dedigievolucionar, el grupo entero puso rumbo al cuartel. El viaje fue rápido, con Ignitemon protestando de tanto en tanto por haber sido atado al Kabutanque.

Lo primero que vio el grupo al llegar fue a Alphamon claramente enojado, plantado ante la puerta con los brazos cruzados. Más de uno empezó a frenar sus vehículos, intentando retrasar lo inevitable. Por desgracia, el grupo entero acabó llegando al "garaje" donde descansaban sus vehículos y recibiendo más fuertemente la mirada iracunda del líder de los Caballeros Reales.

—¡¿SE PUEDE SABER QUÉ HACÉIS?! —rugió.

—Ahora no, papá —se atrevió a hablar Aelita —. ¿Puedes decirnos si este digimon dice la verdad?

—¡Alphamon! —exclamó Ignitemon, agitando las piernas —. ¡Diles que me suelten!

—¿Ignitemon?

—¡Estos niños dicen que soy malo! ¡Yo no soy malo! —lloriqueó.

—Chicos, ¿no veis que lo estáis asustando? —preguntó acercándose al vehículo de JP y tirando de las cadenas. Éstas no cedieron —. Timy, suéltale.

—No has dicho las palabras mágicas —dijo la elfa.

—Por favor.

Esperando la confirmación de alguien más, Timy se acercó al Kabutanque y tomó una de las cadenas, tirando de ella como si estuviese cogiendo un chal de seda. Ignitemon cayó al suelo de culo, quejándose por ello para diversión del digimon negro.

—Alphamon, ¡es terrible! —exclamó —. Ese monstruo se ha llevado a Alex y a Coro.

—Lo sé, Ignitemon, lo sé —asintió.

—Papá, ¿qué quiere decir? —preguntó Aelita.

—Pasad dentro. Os lo contaré mejor allí.

En el interior, Arya no tardó en acercarse a ellos, acompañada de los tres ángeles, Bokomon, Neemon e Impmon. Tras varios minutos tomando nota de lo que necesitasen sus amigos, echó a correr a la cocina acompañada del cerdito y el conejo de pantalón rojo.

—¿Y bien? —incitó la pelirrosa mientras el digicódigo envolvía a Alphamon.

—Como ya os dije, un niño elegido y su digimon quedaron atrapados —empezó a contar Hopper. Dorumon no tardó en acercarse a Ignitemon, reconfortándole y animándole a jugar.

—Ese tal Alex —dejó ir Takuya.

—Sí —asintió —. El chico y su digimon se encontraron de pronto rodeados de los monstruos de XANA. Por suerte, pasaba por allí y les pude ayudar.

—Jamás habían visto esos monstruos y no sabían cómo acabar con ellos, ¿no? —preguntó Jeremy.

—Exacto —afirmó el adulto —. Aunque su digimon era fuerte y tenía un buen nivel, el desconocimiento le hacía un inútil ante esos seres al no saber cómo atacar.

—Y tú les enseñaste —dijo JP.

—Sí. Aun así, era muy peligroso que un niño humano pasease por el Digimundo, tal y como estaba, por muy poderoso que fuese el digimon que le acompañaba.

—Por eso recurriste a Minervamon —dijo Emily —. Ella es una digimon poderosa e inteligente que podría protegerle mejor.

—Así es —asintió.

—¿Y cómo entra Ignitemon en esta historia? —preguntó Katsuharu.

—Él jamás se separaba de Mervamon, su hermana mayor —prosiguió —. Y aunque decidí dejar el cuidado de aquel niño elegido a Minervamon, no era extraño que otros digimons caminasen junto a ellos cuando coincidían en el camino. Cuantos más fueran, mejor.

—Más protegidos estarían —murmuró Tommy.

—Pero si viajaban juntos… Eso significa que el chico y su digimon… —empezó a decir Aelita.

—Están ahora en manos de Xana-Lucemon —asintió.

—Kim, Yla, ¿vosotras sabéis algo? —preguntó Zoe a las clones.

—No, nada —negó la del viento.

—Los únicos niños a los que Xana-Lucemon nos envío eliminar fue a vosotros. Ni tan siquiera sabíamos que existía otro niño elegido hasta que el padre de Aelita lo dijo cuando reveló su identidad —declaró la del agua.

—Papá, ¿sabías que ese chico había sido capturado? —preguntó Aelita, los puños apretados con fuerza.

—Quería pensar que Minervamon logró darle una huida antes de ser capturada —se limitó a responder.

—¿POR QUÉ NO NOS LO DIJISTE? —cuestionó —. ¡Es un niño elegido! ¡No creo que fuese elegido para servir al mal!

—No quería meteros presión ni daros más preocupaciones de las que tocaba —negó poniéndose en pie —. Lo siento, Aelita, no quiero mentiros ni engañaros.

—¡PUES NO LO HAGAS! —exclamó furiosa.

—¡Quiero protegeros! ¡A ti y a todos! —declaró —. Da igual cuánto poder pueda poseer como Alphamon, solo vosotros podéis acabar con Xana-Lucemon. Por eso, y por vuestro bien, es mejor que no carguéis con los pesares ajenos.

—Hopper, no puedes evitar que los chicos se sientan así —intervino Gatomon —. Para ellos, este mundo también es el suyo. Y cualquier mal que sacuda el mundo les afectará, a algunos más que a otros posiblemente. No puedes dejarlos al margen eternamente, ni aun para protegerles.

Nadie se atrevió a decir nada más tras las palabras de la gata. A un gesto del adulto, Dorumon se acercó a él y preparó para fusionarse cuando la voz de Aelita volvió a alzarse.

—Da igual lo que pienses, papá. No somos críos ciegos incapaces de ver lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos aquí, en el Digimundo, retomando la misión que una vez tuvimos, aun cuando no la recordamos ni sabemos cómo realizarla exactamente. Así que te lo pido por favor, no nos ocultes más cosas. Ya no estás tú solo aquí en la lucha contra XANA.

—Lo tendré en cuenta, Aelita —asintió.

Un segundo después, Alphamon abandonó el cuartel sin decir nada más. La pelirrosa se dejó caer en la silla pesadamente, hundiendo la cabeza entre las manos. Lunamon y Floramon no tardaron en acercarse a ella, preocupadas por el estado de la chica.