¡Saludos! Una semana más, por aquí que me dejo caer para que podáis leer un capítulo nuevo de la historia.
Para aquellos despistados que os saltáis la intro, EMPIEZA A SER IMPORTANTE NO SALTARSE CAPÍTULOS PORQUE LA HISTORIA YA EMPIEZA A TENER MAYORES CAMBIOS EN COMPARACIÓN CON SU VERSIÓN ANTIGUA.
Dicho eso, DISCLAIMER: Digimon Frontier y Code Lyoko pertenecen a grandes empresas que se dedican a jugar con nuestros corazoncitos yéndose por unas ramas que gustan más o menos. Lo que hay de nuestra "propiedad" son varios personajes y la idea. Cualquier parecido con la obra de otra persona (tanto en fic, art o mezcla explosiva) es una coincidencia y estaremos más que encantadas de ponernos en contacto con dicha persona para comparar y opinar sobre las pequeñas diferencias que puedan existir.
Y ahora sí, os dejo con el capítulo a la espera de que os guste como los demás y que os deje con ganas de más. Recordad que, aunque no se actualiza tan seguido, existen historietas aparte en Code Frontier OMAKES. Cualquier duda que se os haya quedado sobre cualquier capítulo y que no vaya a ser resuelta en la historia será respondida en versión one-shot. Sois libres de pedir tanto en review de cualquiera de los capítulos de la historia, por mensaje privado o por los reviews del propio Code Frontier OMAKES.
Capítulo 92: La espía
El aviso de Impmon alertó a absolutamente todos. Leire y Arya no dudaron en intentar contactar con Neila a través del dispositivo de la primera, no recibiendo respuesta a sus intentos. Por otro lado, Gatomon no paraba de murmurar y protestar, con Patamon y Lopmon intentando calmarla.
—¿A dónde habrá podido ir? —preguntó Jeremy.
—Acaban de salir, así que no estarán muy lejos —dijo Impmon, sin preocupación alguna —. ¿Vuestros dispositivos no podían funcionar como brújulas detectoras?
—Impmon tiene razón. Está cerca, pero en movimiento —dijo Takuya —. Hay que ir a por ella.
—Tranquilas, la atraparemos —dijo Aelita a las otras dos Sunshine.
—¿Qué le debe de haber pasado? —preguntó Ignitemon.
—No lo sé, pero lo averiguaremos —le dijo Jeremy —. Marchad, rápido.
Cinco minutos después, Aelita, Takuya, Impmon, William, Teruo y Gatomon lograron divisar la figura de Witchmon, con su acompañante en la escoba.
—¡Neila, detente! —gritó Aelita, acelerando su aerodeslizador.
—¡No! ¡Alejaos de mí! —chilló a su vez la otra.
—¡Estás preocupando a tu hermana! —dijo Takuya.
—Dudo que eso le importe mucho —dijo Impmon, sentado en el mini.
—¿Cooperas o qué? —preguntó molesto el chico.
—Vamos, chicas, ¡es peligroso estar aquí! —intentó hacerlas razonar William.
—¡Para vosotros si no os vais! —gritó esta vez Witchmon.
—Vamos, Witchmon, da la vuelta —pidió Teruo, logrando acercarse a la escoba.
—¡Vosotros no lo entendéis! ¡Tenéis que alejaros de nosotras! —gritó la digimon.
—¡Y una porra te vuelves a escapar de mí! —exclamó Gatomon, saltando desde la tabla del de metal y aterrizando sobre la cabeza de la bruja —. ¡Da la maldita vuelta, hermana tonta!
—¡Bájate! —chilló Witchmon, sacudiéndose para sacársela de encima, pero sólo logró que Neila quedase colgando de la escoba —. ¡No!
—¡Salta! —le indicó Aelita a la chica.
Neila se negó a soltarse, aferrándose todo cuanto podía y haciendo intentos de volver a subir. En el suelo, William y Takuya intentaban conducir al tiempo que vigilaban a la chica.
—¡Abajo! —ordenó Gatomon, saltando hacia las manos de la chica y arañándolas lo suficiente como para hacerla soltar la escoba.
—¡Neila! —chilló la bruja, cambiando bruscamente de dirección.
Por desgracia para la digimon, Aelita había atrapado a Neila, reteniéndola con su cuerpo y evitando que pudiese saltar del aerodeslizador. Por otro lado, Teruo había logrado atrapar a Gatomon, que había salido despedida por el movimiento de la bruja. Más abajo, Impmon reía con ganas aun con las protestas de Takuya y William.
—¡Regresamos! —ordenó Aelita, acelerando su ritmo.
—¡NO! ¡NO PODEMOS REGRESAR! —gritó Neila mientras su digimon, tras la estela de la pelirrosa, buscaba cómo recuperar a su compañera.
Con el Cuartel a la vista, el nerviosismo de Neila fue en aumento. Antes de que el aerodeslizador descendiese, unas cadenas doradas se alzaron atrapando a Witchmon.
—¡No! ¡Cometéis un error! —gritó Neila, intentando acercarse a la bruja. Una barrera plateada le impidió avanzar.
—¡Mira lo que lográis! —rió Impmon.
—¡TÚ! ¡MALDITO DIGIMON CHIVATO! —rugió la bruja, sacudiéndose e intentando lanzarse contra el demonio. Las cadenas la atraparon más fuerte.
—¡Timy, para! —pidió Neila.
—Lo siento, pero no puedo dejar que marchéis. Son órdenes de los ángeles —dijo CrossTimemon —. No te preocupes, no la voy a herir.
—¿Por qué os habéis ido, Neila? —se le acercó Leire. La otra retrocedió desviando la mirada.
—Yo… yo no…
—Han recordado algo —chivó Impmon. Las dos le miraron con rabia —. Algo que las ha hecho huir como ratas.
—¿El qué? ¿Qué ocurre, Neila? —pidió saber Arya.
—Yo… ¡Soy Lilithmon y trabajo para Lucemon! —dijo, recibiendo el silencio como respuesta.
Gatomon e Impmon fueron los primeros en moverse tras las palabras de la chica. La gata caminó hasta la aún atrapada Witchmon, trepó con cuidado y le golpeó con la garra abierta en la mejilla, sorprendiéndola tanto a ella como a la humana. El otro, por su parte, se acercó a Neila y negó con la cabeza.
—Que trabaja para Lucemon va y dice la boba —rió.
—No lo entendéis… —logró hablar la chica —. ¡Él tenía amistades por todas partes! ¡Es cuestión de tiempo que dé con nosotras! ¡Os atacará y…!
—Ya les está atacando, permíteme que te lo recuerde —interrumpió Gatomon, saltando y acercándose a la humana.
—¡Nosotras conocíamos todos sus planes! —empezó a hablar Witchmon —. ¡Éramos tan cercanas a él como para conocerlos! Incluso… ¡Incluso le dijimos cosas, estoy segura! ¡Siendo a demás hermana de una Guardiana, sabíamos cosas! —siguió gritando.
—¡Basta de tonterías las dos! —gritó Gatomon antes de mirar a Impmon —. ¿Puedes digievolucionar?
—Pues claro —respondió antes de que el digicódigo le ocultase —. ¿Para qué necesita al gran Beelzemon la dama angelical?
—Para que me ayudes a refrescarles el cerebro a estas dos idiotas —acusó —. Carga con Neila, al interior y tú, Timy, tira de Witchmon. Los demás, entrad.
Con algo de esfuerzo, el digimon demonio alzó a la humana y la cargó cual saco de patatas hasta uno de los asientos en el que la obligó a permanecer sentada. No tuvo la misma suerte Witchmon; aun con la ayuda de su hermano, CrossTimemon no logró hacer sentar cómodamente a la bruja por culpa de sus cadenas.
—Cometéis un error —dijo Neila.
—El error lo cometéis vosotras —negó Gatomon —. Sí, es cierto que eras Lilithmon. Sí, es cierto que eras miembro del grupo de Lucemon. Sí, es cierto que actuabas bajo sus órdenes. ¡Eres una diabla! Lilithmon no es conocida precisamente por ser un ángel bondadoso —exclamó antes de que alguna de las dos pudiese adelantarse —. Pero también eres mi hermana.
—Pero…
—Escúchame y no me interrumpas, muchacha —alzó la garra —. Mira detrás de ti, Neila —la chica obedeció, encontrándose con el rostro divertido de Beelzemon —. Antes de que los Guardianes acabasen con Lucemon, él lo traicionó. ¡Tiene hasta compañeros humanos! ¿Qué ser despiadado tendría dos niños como tamers?
—Pero yo no… Yo soy… —intentó hablar Witchmon.
—A él no le quedó más remedio que revelar que era un topo dentro del grupo de amiguitos de Lucemon —siguió diciendo —. ¿Sabéis por qué? ¿O no lo habéis recordado?
—¿Por qué? —preguntó Arya ante el silencio de las otras dos.
—Porque aunque yo era un traidor, el verdadero topo era Lilithmon —respondió Beelzemon —. ¿Acaso no has sentido asco en tu recuerdo ante la imagen de Lucemon?
—Yo… No sé… —dijo Neila.
—Sí —respondió Witchmon —. Sentía asco. Tenía ganas de golpear a Lucemon. ¡Y las sigo sintiendo! Pero…
—Eres mi hermana, Witchmon —interrumpió Gatomon —. Y tú mejor que nadie deberías saber que da igual la fuente de tu poder, siempre te hemos querido. Porque es lo que pasa entre hermanos —dijo dirigiendo una rápida mirada a los gemelos.
—Pero yo estaba…
—Estabas ahí, atenta a todo lo que hacía Lucemon. Y siempre acudías a mí para advertirme —dijo la gata blanca —. Aun bajo la sombra de Lucemon, siempre escapabas para visitarnos a Tailmon, a Mikemon y a mí.
—La de veces que he visto a cierta gata negra saltando por la ventana —se burló Beelzemon, apartándose de la silla de Neila para apoyarse donde había acabado Witchmon —. Silenciosa y discreta, pero eso no quitaba que yo conociese tus movimientos. Al fin y al cabo, eso de estar en el mismo bando hacía que nos cubriésemos el uno al otro.
—Por eso revelaste tu traición a Lucemon —dijo Jeremy —. Para que no descubriese a Lilithmon.
—Pero ahora lo debe de saber —dijo cabizbaja Neila —. No me he presentado a su llamada…
—Tú nos informaste del gran plan de Lucemon para acabar con los Guardianes. Así fue como lo derrotamos. Conocíamos la fecha y el lugar —dijo Patamon.
—En medio del combate, no es fácil ver lo que está ocurriendo con todo el mundo. Menos aún si te estás enfrentando a seres poderosos —dijo Lopmon —. Así que, aprovechándote de eso, te enfrentaste a Ancient Wisemon, quien se encargó de ayudarte a escapar de la batalla para ponerte a salvo.
—Entonces…
—Posiblemente Lucemon cree que moriste ese día —dijo Beelzemon —. Quizás incluso piensa que sellaron tus datos o cualquier cosa.
—Y si no piensa así, si cree que aún puede recuperarte, es decisión tuya lo que vas a hacer —sonrió Gatomon —. Entraste a formar parte de su grupo, sí. Quizás al principio te atraían sus ideas, como nos pasó a todos. Pero nunca dejaste de serle fiel a tu familia.
—Entonces, ¿podemos quedarnos? —se atrevió a preguntar Neila.
—DEBÉIS quedaros —remarcó Leire abrazándola —. No vuelvas a largarte de esa forma nunca más.
—Y lo mismo para ti —dijo Tailmon, saltando a la mesa ante Witchmon —. A ver si tanto que dices que me debes vigilar, voy a tener que ser yo la que te eche el ojo.
Poco a poco, gracias a las palabras de los compañeros, ambas empezaron a relajarse, permitiéndose incluso reír ante las bromas de más de uno. En silencio, Beelzemon y los tres ángeles se apartaron hacia un rincón, observando todo con calma.
—Gracias por advertirnos de su fuga —dijo Gatomon sin mirar al demonio —. No creí que pasaría algo así.
—Yo tampoco —respondió el digimon —. A la humana se la ve alguien muy unida al grupo, y no sólo porque su parte digital está emparentada con más gente —dijo mientras la veían hablando con Leire y Emily.
—Por eso te has dedicado a rondar tanto por aquí, ¿no? —preguntó Lopmon.
—Esperaba que me reconociese y me preguntase sus dudas, pero parece que han sido mayores sus miedos —dijo resbalando hasta quedar sentado en el suelo —. ¿Dónde quedó ese raciocinio y esa actitud analítica?
—Piensa que todos han perdido sus recuerdos —dijo Patamon —. Nadie les advirtió a BlackGatomon y a Neila sobre qué podrían recordar.
—Habría sido contraproduciente hacerlo —añadió Gatomon —. La idea de haber sido seguidora de Lucemon no es muy agradable, independientemente de los actos ocultos. Neila podría haberse negado a aceptar quién es. Y eso habría sido un gran problema.
