¡Feliz y caluroso finde a todos! Bueno, caluroso allá donde haga calor, porque aquí el tiempo hoy está normalito. ¿Qué tal habéis pasado la semana de espera? Seguro que con ganas de otro capítulo para seguir viendo los cambios que ya mencioné que empezaban a ser importantes.

Como cada semana, recordad que existe un DISCLAIMER que, si bien a veces no está escrito, debería estar grabado a fuego en la mente de todos, pero aun así, allá va de nuevo: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece a raf-lily ni a mí. Los personajes originales en esta historia se pueden contar perfectamente con las manitas, es fácil identificarlos y si se parecen a la obra de terceras personas, preferimos intercambiar opiniones con quienquiera que haya tenido esa idea a recibir tomatazos (¡92 capítulos pasados con éxito, sigamos así, gente!).

Agradecemos también los reviews y mensajes que nos dejáis y esperamos que aquellos que no dejáis nada, al menos os esté gustando la historia y la sigáis leyendo semana tras semana (mil abrazos de estos cibernéticos, libres de virus, para todos vosotros).

También os recordamos que podéis encontrar historietas "sueltas" en Code Frontier OMAKES, donde siguiendo unas pequeñas reglas en la primera "página" del fic, podréis pedir alguna escena relacionada con este fic (alguna duda que se os haya quedado, una escenita de qué pasaba por detrás para que X personaje tuviese cara de estar disfrutando como un enano de la molestia del otro...). Y si por un casual tu petición no pudiese hacerse totalmente realidad debido a las reglas, os ofreceremos opciones viables, porque por encima de todo, queremos que os lo paséis bien.

Y ahora ya me callo y os dejo con el capítulo, que bastante me estoy enrollando yo aquí para que me saltéis y os vayáis en busca del capítulo.


Capítulo 93: Buscando respuestas

Reunidos alrededor de un mapa, Ignitemon fue marcando puntos en los que sabía que habían torres, así como indicaba lugares en apariencia importantes para Xana-Lucemon. La información, si bien escasa, estaba resultando bastante interesante para el grupo, que empezaba a planear sus ataques a todos los puntos al tiempo que pensaban el modo de liberar al resto de digimons capturados del control del ángel caído.

—Eso es todo cuanto puedo deciros. Lo siento…

—Tranquilo, Ignitemon —le dijo Takuya palmeándole la espalda —. Es más de lo que podríamos imaginar.

—La verdad, no salía mucho de la Rosa de las Estrellas… Sólo cuando mi hermana lo abandonaba. Últimamente, pocas ideas de sacarnos parecía tener… Más bien estaba enviando cartas y mensajes a no sé quién. A Minervamon es a la que más llamaba y por la que sé tanto. Ella se lo contaba todo a mi hermana —comentó —. ¿Sabéis? Es a ella a quien Xana-Lucemon declaró líder del grupo.

—¿No lo era Myotismon? —preguntó JP.

—¿Ese vampiro patético y perdedor? —cuestionó —. Cada vez tiene menos poder en el lugar. A este paso, incluso el único prisionero que tienen tendrá más poder que él…

—¿Hablas de Alex? El niño elegido —preguntó Aelita.

—No, no. A Alex no le he vuelto a ver desde que nos atraparon… —negó tristemente el digimon —. Hablo de un Phantomon que canta fatal —las risas sobresaltaron a Ignitemon, que miró con confusión a quienes reían —. ¿Qué pasa?

—Ese Phantomon llegó a Kadic, seguro que para espiarnos —empezó a decir Sissi.

—Y nosotros… decidimos hacernos los despistados y le emborrachamos —acabó Zoe, estallando en risas.

—¡Oh! Entonces sí que es un borrachuzo —sonrió el digimon —. Así lo llamaba Apollomon, ¿sabéis? —dijo con una sonrisa forzada.

—No te preocupes, los rescataremos a todos —dijo Jeremy.

A lo largo del día, el grupo entero decidió aprovechar la calma para entrenar o despistar la mente en tareas diversas, como las eternas remodelaciones que estaban haciendo en el Cuartel y que a algunos les gustaba menos que a otros. Aunque Patamon les había asegurado a todos que su castillo estaba completamente abierto para acoger a quienes fuesen liberados, la presencia de un niño humano entre los capturados y de familiares antiguos que más de uno empezaba a dudar que podrían dejar marchar sin antes atacarles con miles de preguntas y dudas sobre sus pasados habían resultado en la idea de crear un par de dormitorios extra para los invitados.

...

Minervamon llamó a la puerta del salón principal sin mirar a las dos figuras que la acompañaban. Con el permiso de Xana-Lucemon, la abrió levemente y se asomó.

—Mi señor.

—¿Qué ocurre, Minervamon? —preguntó el ángel caído desde su trono.

—Dos de los digimons a los que ha hecho llamar han llegado, señor —informó.

—Hazlos pasar, rápido —indicó con una sonrisa de satisfacción mientras se ponía en pie, listo para recibir a sus invitados.

La digimon abrió más la puerta y se apartó, dando paso a los dos digimons, ambos humanoides. Cuando ambos la hubieron adelantado, salió y cerró la puerta a su espalda.

—Amigos míos… Hacía tiempo que no os veía —dijo el ángel caído.

—Lo mismo podemos decir sobre ti —dijo el de rojo con amplias mangas rosadas y manos como estoques.

—Nos alegra veros de nuevo, señor —añadió el otro, de camisa roja, pantalón verde, botas amarillas y espadas cruzadas a la espalda.

—Mi querido Matadormon, todo un experto en asesinatos —empezó Xana-Lucemon mirando al primero —. Y Piedmon, uno de mis más fieles seguidores —añadió —. Debo felicitaros a ambos por vuestros trabajos. He de decir que tu estilo es único, Matadormon.

—Un honor serviros, mi señor —dijo con una reverencia Matadormon.

—Desgraciadamente, no tuve tanto éxito como Matadormon, mi señor —comentó el payaso, con una reverencia algo menos marcada.

—El pasado quedó atrás. Vas a poder desquitarte con el nuevo trabajo que tengo para vosotros. Podrás añadir a tu colección de llaveros a esos estúpidos niñatos que se hacen llamar los Guardianes del Digimundo —dijo antes de añadir con una sonrisa más pronunciada —. Quién sabe, quizás así llamas la atención de quienes te lanzaron al vacío y podrás vengarte también de ellos.

—¿Cuándo empezamos con ello? —quiso saber con una sonrisa sádica Piedmon.

—Todo a su debido tiempo, querido Piedmon. Seguro que el viaje ha sido agotador… Y aunque no tengo ni la menor duda de vuestras habilidades, seguro que aceptaréis una pequeña ayuda con la que ser más poderosos aún. Y para ello, necesitáis descansar antes.

—No lo negaremos —aceptaron ambos.

—Estupendo —asintió antes de posar los ojos sobre Matadormon —. Un gran éxito trayendo de vuelta a Piedmon. Te lo agradezco eternamente.

—Lo que ordene, lo haré, mi señor —dijo con una reverencia.

—Antes de mandarte a la caza de nuevo, me gustaría que me ayudases a localizar a otro viejo amigo —dijo —. Pero por ahora, mejor id a descansar. ¡Minervamon!

La digimon volvió a entrar al instante en el salón, inclinándose ligeramente en una reverencia con la que esperó las nuevas órdenes. Poco después, la digimon empezó a guiar a los dos nuevos inquilinos de la Rosa de las Estrellas indicándoles los diferentes lugares de interés.

...

Aelita no podía evitar dar vueltas por los terrenos del Cuartel, la mente trabajándole a mil por hora. Había logrado apartar a Jeremy del ordenador y expuesto la situación a los antiguos niños elegidos, recibiendo afirmaciones por parte de todos de que se moverían intentando localizar ayuda.

—¿Qué te ocurre, Aelita? Pareces preocupada —dijo Lunamon, tomándola de la mano y obligándola a detenerse.

—Perdona… Es que no dejo de pensar en ese niño humano del que habla Ignitemon, Alex —respondió —. Papá sabía que estaba aquí y no nos dijo nada…

—Lo dejó en buenas manos —recordó la digimon —. Ni él ni nadie imaginó que Xana-Lucemon lograría atraparle.

—Sí, pero… Nos ha ocultado información…

—Para no preocuparos más de lo que toca y para no cargaros con presión —añadió la conejita —. Quizás tu padre pensó que, si sabíais la historia de todos los atrapados, no seríais capaces de separar vuestros pensamientos de la batalla.

—Sí que lo haríamos…

—Lotusmon y Vulcanusmon son hermanos de Floramon y Grumblemon —dijo mirándose las manitas —. Si en vez de ser hermanos de ellos fuesen hermanos míos, yo no querría hacerle daño a mi hermano. Ni que los demás les hiciesen daño… Pero para liberarles, hay que pelear.

—Y pensar "no quiero hacerle daño" sería no atacar bien, fallar y provocar que los demás puedan sufrir porque yo no hago nada para detenerle correctamente —suspiró derrotada la chica.

—¿Ves? Hasta tú lo entiendes —sonrió.

—Pero eso no quita que me moleste que mi padre no diga nada —dijo. Un par de arrugas se formaron en su frente —. Quizás no saber nos ayuda a pelear como toca, pero saber podría ayudarnos a encontrar algún punto débil, ¿no?

—Quieres saber —dijo Lunamon.

—Sí —asintió dando media vuelta.

—¿A dónde vas? —preguntó.

—A ver a mi padre —respondió tomando su moto.

—¿Sin avisar a nadie?

—No me dejarían —respondió.

De un salto, Lunamon subió a la espalda de la pelirrosa, sujetándose fuerte mientras la chica aceleraba. A la entrada del cuartel, Neila se cruzó de brazos.

—Ah, muy bien, yo malinterpreto un recuerdo, escapo y me encuentro con que parece que me quieren dar caza. Y ella se puede largar así sin más, ¿no?

—¿Quién se está yendo? —preguntó Jeremy.

—Aelita —respondió —. Ella y Lunamon iban en moto.

—Oh, no… ¿A dónde va ahora? —preguntó preocupado el informático.

—Quietos no lograremos averiguarlo —negó Ulrich.

—Dejádmelo a mí. Soy el más rápido —se adelantó Kouji.

—Ten cuidado —pidió Koichi.

Con un rastro aún fresco en el suelo, KendoGarurumon aceleró todo cuanto pudo hasta divisar la figura de Aelita. Tras ella, Lunamon volteó la cabeza, algo asustada, pero se calmó en cuanto reconoció al perseguidor y avisó a la humana para que frenase.

—Hola, KendoGarurumon —saludó la conejita —. ¿Qué haces aquí?

—¿Y vosotras? —cuestionó —. ¿Acaso también os ha dado por creer que sois espías de Lucemon?

—No, no —rió Aelita —. Tengo dudas y quiero preguntárselas a mi padre.

—¿Y por qué no a nosotros?

—Puede que vosotros también las tengáis. A demás, creo que él es el único que puede darme respuestas a esas dudas. Como por ejemplo, que Minervamon le llamase Waldo.

—¿No era porque él les dijo quién era?

—Todo el mundo le llamaba Hopper. Franz como mucho. Waldo era un apodo familiar —negó.

—Oh…

Tras atravesar un bosque y recorrer varios kilómetros en los que lo único que había eran malas hierbas, el trío alcanzó a distinguir la figura de Dynasmon. Sin dudarlo, aceleraron más, llamando la atención del digimon.

—Saludos, Guardianes.

—Hola, Dynasmon. ¿Sabes dónde está Alphamon? —preguntó Aelita.

—Debe de estar al llegar —dijo mirando tras él.

—Hola, chicos —saludó Kuzuhamon.

—¿Va todo bien? —preguntó LordKnightmon.

—Sí, sí —asintió KendoGarurumon —. Sólo queríamos resolver algunas dudas.

—Venid aquí, junto a la hoguera —invitó la digimon morada —. ¿Tenéis hambre? No es que tengamos mucha variedad de comida, pero…

—Tranquila, estamos bien —asintió Lunamon, sentándose enseguida junto a ella.

Dedigievolucionando, Kouji también tomó asiento, no tardando en preguntarles a los dos Caballeros Reales por nuevas informaciones sobre el Digimundo y entrando en un debate por el que Kuzuhamon gesticulaba algo aburrida, logrando soltar alguna risa en Aelita y Lunamon.

—¿Y qué es lo que queréis preguntarle a Alphamon? —quiso saber la digimon después de cinco minutos en los que sólo se había hablado de aldeas destruidas.

—Pequeños datos sin mucha importancia —negó Aelita —, pero que no paran de darme vueltas a la cabeza y…

—Quizás podemos ayudarte nosotros —se ofreció LordKnightmon —. Tu padre es un hombre muy ocupado que ha hecho todo cuanto estaba en su mano por este mundo. Él fue quien nos reunió de primeras.

—Entonces vosotros también sabíais de la presencia de un niño elegido vagando por el Digimundo —dijo Kouji. Los tres digimons se miraron algo preocupados —. Sí, lo sabíais.

—Le dijimos muchas veces que os revelase su presencia en este mundo, pero él dijo que lo mejor era que no se os dijese nada para evitar que sufrieseis —dijo Dynasmon.

—¿Por qué habríamos de sufrir? —preguntó Aelita.

—Os habríais centrado en dar con ese niño en vez del objetivo principal —dijo LordKnightmon.

—Alphamon lo dejó bien protegido. Ninguno de nosotros podía imaginar que Minervamon sería atrapada —negó Kuzuhamon —. Vosotros sois el objetivo principal de Xana-Lucemon, a quienes quiere destruir. Es lógico pensar que, si el enemigo desconocía la existencia de un niño humano perdido, el encargado de dar con él fuese alguien que pudiese pasar desapercibido o, en este caso, alguien que podría pasar como objetivo secundario.

—Demasiado arriesgado —negó Aelita, frotándose los ojos con las manos.

—Nadie te lo niega —dijo Dynasmon —. Nos hemos ofrecido voluntarios para ir en su lugar o ayudarle y siempre nos ha dicho que mejor quedarnos al margen.

—¿Sabéis por qué? —preguntó Kouji.

Aelita alzó la cabeza hacia el digimon, esperando oír la respuesta, pero en su cabeza no sonaron palabras con la voz de Dynasmon. Sin previo aviso, cayó de lado sobre Lunamon, alertando a la digimon y a quienes la rodeaban.