¡Hola wola a todos! Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo... Sin darme cuenta, hemos llegado de nuevo al fin de semana y casi se me olvida que tenía el capítulo preparado para subirlo. ¡Si es que no se puede vivir así!
Bueno, hoy sí tengo tiempo para recordaros aquello de que Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a dos empresas que no tienen ni el nombre de raf-lily ni el mío (ni tan siquiera en el último peldaño del organigrama empresarial), que el número de personajes originales es limitado y cualquier parecido con la obra (de cualquier tipo) de otro es una curiosidad que nos gustaría conocer (y así tenemos a alguien más con quien charlar) y que se agradece cualquier muestra de apoyo, bien en review, bien dándole a favoritos, siguiéndola o como podáis hacerlo.
Y aunque me encanta "charlar" con vosotros (obviamente, esto es un monólogo, no una charla), mejor os dejo con la lectura que seguro muchos os quedasteis con las ganas de saber qué le había pasado a Aelita.
¡Saludos, abrazos y besos digitales libres de virus para todos!
Capítulo 95: Homeostasis
—¿En qué piensas, Gatomon? —preguntó Lopmon.
—Sólo se me ocurre una explicación para lo que le ha ocurrido a Aelita, pero…
—¿Qué?
—Es diferente —negó.
—¿Estás hablando de…? —empezó a decir Patamon. La gata asintió lentamente —. Entiendo.
—Nosotros no —carraspeó Takuya, haciendo que los dos digimons masculinos se voltearan para mirarle —. ¿Podemos saber qué ocurre?
—Homeostasis —dijo sin más Gatomon, dejando a todos los críos con caras de no entender.
—¿La propiedad de los organismos para mantener una condición interna estable? —preguntó Jeremy. Miradas de sorpresa, incredulidad y algún comentario por lo bajo fueron las primeras respuestas que recibió.
—En realidad, se trata de una entidad que desea el equilibrio en el Mundo Digital —explicó Lopmon —. No tienen forma física y, para comunicarse, utilizan intermediarios o poseen cuerpos.
—Hace tiempo, el papel de intermediario lo tenía Gennai —dijo Patamon —. Pero también se comunicaron con nosotros poseyendo a alguien.
—A Kari, la portadora del emblema de la luz —dijo Gatomon —. De siempre, Kari podía sentir cosas que los demás no sentían. Así que fue la primera en notar la presencia de los Homeostasis y los aceptó en su interior para que pudiesen transmitir su mensaje.
—¿Poseyeron a mamá? —preguntó Teruo, claramente sorprendido.
—Sí —asintió —. Homeostasis nos contó por qué el grupo de Kari fue elegido para liberar el Digimundo —siguió contando Gatomon —. Ellos son conocedores del pasado, por lo que son los únicos que se me ocurren como responsables de lo ocurrido a Aelita.
—Pero nadie ha hablado con nosotros —negó Kouji —. Aelita de pronto se quedó con los ojos en blanco, cayó de lado y se quedó así.
—Eso es lo que no logro entender —suspiró la gata.
El silencio reinó en el lugar mientras absolutamente todos pensaban. Más de una pequeña exclamación resonó, acompañada de negaciones de la misma persona que la había soltado.
—¿Y si es porque se han equivocado? —preguntó JP.
—¿Equivocarse? ¿En qué? —preguntó Katsuharu.
—Pues es sencillo. Por lo que ha dicho Gatomon, de todos en el grupo, fue a Kari a quien poseyeron. Y por la historia que nos contaron los mayores, ella tenía el emblema de la luz —dijo antes de pasar la mirada hacia Kouji —. Quizás habrían hablado de haber sido tú a quien poseyeran.
—Para, para, para —alzó ambas manos —. También han dicho que ella sintió a los Homeostasis y los aceptó en su interior —dijo —. Sí es cierto que a veces siento cosas, pero hoy no.
—¿Sientes cosas? —preguntó Takuya.
—Ésa no es la cuestión ahora —interrumpió Patamon —. También hay que decir que no es lo mismo ser portador del emblema de la luz que ser el guerrero de la luz.
—¿Qué diferencia hay? —preguntó Teppei.
—El emblema es la materialización de una característica de la persona, diciéndolo de forma simple —empezó a decir Lopmon —. No digo que Kouji no tenga luz en su interior, sino que no es la característica principal.
—Entonces el problema es que a Homeostasis les gustan las chicas —dijo Odd, ganándose más de una mirada nada agradable.
Gatomon resopló cansada antes de caminar calmadamente por la mesa hasta el rubio. El chico enseguida se retiró de su lugar, asustado por lo que la gata podría hacerle, aunque la digimon no hizo nada.
—No sé por qué Homeostasis, si realmente ha sido cosa de ellos, ha decidido manifestarse ahora, entrando en Aelita y dándole una visión —dijo mirando a la pelirrosa.
—Quizás si nos cuenta lo que ha visto… —aventuró Emily.
—No sé… Los monstruos de XANA los encontraban y Minervamon se quedaba atrás para que los demás huyesen —empezó a decir.
—Ése día nos quedamos Alex, Coro y yo solos —dijo Ignitemon entre lágrimas —. Y los monstruos nos atraparon…
—Cuando capturaron a Mervamon —murmuró Ravemon.
—¿De ese día? —preguntó Kuzuhamon.
—Cuéntanos más, Aelita —pidió Alphamon.
—No sé, sólo he visto al grupo huyendo y separándose… Mervamon les dijo que fuesen al castillo de Seraphimon, pero…
—No llegamos —negó Ignitemon —. Nos atraparon en el bosque.
—Ese chico… Minervamon le dio algo que él quería ocultar —dijo Aelita mirando al pequeño digimon —. Como una pulsera… Deberíamos encontrarla.
—No sé dónde la escondió. Coronamon y yo lo perdimos de vista y… —logró decir Ignitemon antes de echarse a llorar.
—No os preocupéis. Yo me encargaré de encontrarla —dijo Alphamon.
—Pero no sabes dónde está…
—¿Tú sí? —preguntó con delicadeza. Aelita negó.
—Sólo sé que está en un bosque…
—Nos dividiremos para abarcar más espacio —dijo LordKnightmon —. ¿Te parece bien, Alphamon?
—Sí —asintió levantándose —. No te preocupes, encontraremos lo que Alex dejó atrás.
—¿Tan importante es una pulsera? —preguntó Tommy extrañado.
—No lo sé —negó Aelita —, pero Alex parecía pensar que sí… Si era algo que no quería que cayese en manos de Xana-Lucemon, no creo que sea mala idea encontrarlo.
—Aelita tiene razón —asintió Koichi.
Tras media hora más hablando, Alphamon y los otros digimons salieron del cuartel, separándose para dirigirse a los diferentes bosques en los que buscar. La calma volvió al hogar de los Guardianes, que no tardaron en regresar a lo que hacían antes de la llegada de aquellos digimons. Las quejas por tener que estudiar, los gritos pidiendo ayuda con la preparación de la comida y el ruido de los digimons correteando de un lado para otro hicieron sonreír a Aelita levemente.
—¿Estás bien? —se le acercó Lunamon.
—Sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?
—Es que no lo pareces —negó mirando a donde Timy jugaba a los malabares con piedras a gran velocidad. La digimon sospechaba que estaba usando sus poderes para ello.
—No sé por qué lo dices…
—Creo que hay algo que no nos has contado sobre esa visión y que te inquieta.
—¿Cómo…?
—Bueno, según dicen, tú y yo somos un único ser. Hay cosas que siento que no proceden de mí, sino de ti. Y ahora me está pasando algo así. Una inquietud que no es mía.
Aelita miró a la digimon unos segundos antes de soltar el aire y volver la vista al frente. Juntó ambas manos al frente y empezó a juguetear distraidamente con los dedos varios segundos antes de encontrar las palabras con las que responderle a su digimon.
—Verás, ese chico… Alex… —empezó a decir —. Hay algo en él que me llama muchísimo la atención, pero no acabo de identificarlo.
—¿Es eso?
—No sé… Quizás es por eso que los Homeostasis me han enviado esa imagen a mí… Porque ese chico…
—¿Qué? —preguntó la digimon.
—Me recuerda a alguien —respondió mirándola de reojo —. Pero no acabo de ver a quién.
