¡Aloha a todos! ¿Qué tal el calorcillo? Yo acabo de pillar un granizado para soportarlo un poco más. Espero que estéis todos bien y con ganas de leer.

Como ya viene siendo habitual, remarcar que Code Lyoko y Digimon Frontier son dos series que en nada nos pertenecen a raf-lily o a mí, que los personajes originales están contaditos y que si se parece a los personajes de otros artistas, les invitamos a un debate con el que comparar ideas.

Y sin más entretenimiento, aquí os dejo el capítulo de esta semana y nos leemos la que viene.


Capítulo 97: La calma antes de la tormenta

En la Rosa de las Estrellas, Apollomon caminaba meditabundo. Prácticamente todos estaban ocupados, dejándolo a él solo en los interminables pasillos del castillo. Incluso Duftmon, que normalmente siempre estaba dispuesto a ayudarle entrenando, tenía demasiada faena formando a los nuevos digimons malignos. Por lo que se encontraba allí, sin nada que hacer y con la mente dándole vueltas a demasiadas cosas que no lograba comprender.

El digimon había pensado varias veces en dirigir sus pasos a donde sabía que se encontraban Minervamon o Mervamon, pero no dudaba en que ambas estarían demasiado ocupadas para escucharle. Incluso había querido entrar en los dormitorios y despertar a ShineGreymon, pero había apartado la idea tan pronto había aparecido en su mente.

—Estos son los calabozos —oyó de pronto a Minervamon.

Alzó la vista y la encontró al final del pasillo en el que se encontraba, acompañada por dos digimons que no había visto nunca pero, por lo que había logrado saber a través de Minervamon, eran amigos de Xana-Lucemon.

—¿Cuántos prisioneros hemos hecho? —preguntó uno de ellos.

—Sólo uno, Matadormon —respondió la digimon, dudando sobre si empujar o no la puerta cerrada que mantenía el ruido de aquel lugar al margen del resto del castillo —. No sabemos cómo fue capaz de fracasar en una misión muy sencilla.

La puerta se abrió de golpe, dejando salir a dos Bakemons que, al ver a los tres digimons más poderosos allí delante, intentaron cerrar a toda prisa la puerta. Sin embargo, no pudieron evitar que los gritos del interior se colasen.

—¡SOLA EN EL SILENCIO ME SIENTO SIN TIIII!

—Venga, Phanto, colega, que no estás solo. ¡Estoy contigo!

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Piedmon cuando la puerta se cerró y regresó el silencio.

—Zamielmon está intentando hacer… hablar… al preso —respondió la digimon, esquivando el verbo "cantar".

La mirada de la digimon se desvió escasos segundos hacia Apollomon. Un gesto rápido fue suficiente para que el rojizo continuase caminando, quedando fuera de la visión de los otros dos.

Con la mente aún trabajando a un ritmo cada vez más caótico, siguió caminando hasta dar con las cocinas, de las que procedía una única voz claramente angustiada.

—No sólo soy superado por mujeres, sino que encima soy ignorado, tratado como escoria y relegado de cualquier cargo —lloriqueaba Myotismon —. ¡Hasta el bueno para nada de Duskmon es más importante que yo a ojos del amo! —exclamó dando un puñetazo en la mesa —. Y para mayor fastidio, ha tenido que venir Piedmon, presumiendo haber sido capaz de atrapar a los niños elegidos y restregándome mis fracasos… ¡No lleva ni 24 horas y ya se cree el rey del mambo! —exclamó derribando un vaso —. Y encima ha llegado Puppetmon…

Intentando no reír, Apollomon se alejó rápidamente de allí. No conocía demasiado a aquellos digimons, pero sabía algunas cosas por Minervamon e incluso por los cotilleos de los Bakemons. Había sido gracias a ellos que, en ausencia de la sabia digimon, se había enterado de los más suculentos rumores con los que había pasado los días en aquel lugar oscuro: que si el amo había sido traicionado por una vieja amiga, que si los antiguos niños elegidos habían pateado a los nuevos aliados… Aun así, nada de eso podía evitar que su mente volviese de nuevo a centrarse en una de las chicas del grupo de los Guardianes.

Estaba a punto de dirigir sus pasos hacia su habitación cuando dos figuras desconocidas le llamaron la atención, haciendo que caminase tras ellos, a una distancia prudencial, hasta el salón principal, donde era evidente que ambos se entrevistarían con Xana-Lucemon.

—Oh, vaya, Myotismon va a estar muy feliz cuando se encuentre con estos dos —rió.

...

Con el fin de los exámenes, el grupo se preparó para el momento de recibir las notas. Mientras unos pasaban sin preocupación el tiempo de espera, otros echaban un vistazo a sus apuntes.

—Pero si ya han acabado —señaló Dracomon mientras veía a William tomar una hoja y hacer ecuaciones nuevamente —. ¿Por qué siguen estudiando?

—Quizás es algo normal en el mundo humano —se encogió de hombros Gaomon.

—Hemos tenido que hacer todos los exámenes a la vez casi —intervino JP, cargando con un libro bastante gordo —. No nos ha dado tiempo de revisar las respuestas al salir del examen porque hemos tenido que estudiar para el siguiente.

—Ah… ¿Y lo hacéis ahora? —preguntó Floramon.

—Bueno, Alphamon y los demás están recorriendo el Digimundo por nosotros buscando problemas —dijo rascándose la mejilla —. Y a falta de algo más que hacer, pues…

—Podríamos hacer otras cosas, la verdad —declaró la voz de Takuya.

—Tú estudia, que seguro te toca recuperar algo —dijo Koichi lanzándole una bolita de papel.

—¿Y por qué me vigiláis vosotros dos? —acusó.

—¿Realmente prefieres que lo haga Leire? —rió Kouji —. A mí me da que así te despistarías más.

—¡Meteos con otro! —protestó el castaño. A su lado, Odd intentó aguantar la risa.

—Tú tampoco te rías tanto, que estás en su misma situación —señaló Ulrich, levantándose de la silla y dirigiéndose a las escaleras.

—¿A dónde vas? —preguntó el de la oscuridad.

—A buscar una cosa a la habitación —respondió.

—Cronométrale —señaló Kouji cuando el samurai ya no les veía.

Arrastrando los pies, Ulrich se detuvo ante el dormitorio de Yumi. Por las insistencias de Jim el día anterior, la chica se había visto forzada a usar su telekinesis varias veces y por mucho tiempo, dejándola prácticamente agotada y con un fuerte dolor de cabeza.

—Yumi, ¿estás despierta?

—Casi —oyó muy ahogadamente.

—Menos mal que esto te ha pasado al final de todos los exámenes —dijo entrando a la habitación e intentando situarse en la poca luz que se colaba por la persiana completamente bajada.

—No creo que hubiese habido un problema… Los profes están muy permisivos con nosotros —dijo la chica, sentándose en la cama y mostrando un aspecto de zombie —. ¿Qué es todo el jaleo que se oye ahí abajo?

—¿Eh? ¿Jaleo?

—Odd y Takuya.

—Lo de siempre —negó —. Les estamos aconsejando que sigan revisando los apuntes, pero ya les conoces.

—Lo raro es que no oigo ni a Leire ni a Sissi.

—Nos han puesto a los chicos a vigilarles. Quizás ha sido por ti.

—Muy amables —asintió con una débil risa —. Perdona, aún tengo la cabeza atontada…

—Te dejo descansar —aceptó —. ¿Quieres que te traiga algo o…?

—Aún me queda agua…

Con cuidado, Ulrich salió del dormitorio y bajó las escaleras sólo para encontrarse a ambos gemelos deteniendo un cronómetro. A varias sillas JP negó con la cabeza la actitud de los chicos antes de continuar con su repaso.

—Por cómo bajas, diría que no has dado con lo que buscabas —dijo Koichi.

—Quizás los Crosseds se han llevado mi estuche —mintió, mirando alrededor.

—¿Tu estuche? —cuestionó Kouji, alzando el objeto y agitándolo —. Es lo último que has tocado antes de subir a las habitaciones.

—Las excusas del par de tontos son más buenas que la tuya —señaló el otro. JP resopló ganándose una bola de papel del de pelo corto.

—Vale, no he ido a por mi estuche —dijo resignado antes de señalar una montaña de libros —. ¿Y el par de tontos?

—Les hemos liberado de estudiar, así que han salido corriendo —respondió Koichi.

—Entonces no hay que vigilarles más —dijo caminando hacia la puerta.

—Oye —interrumpió Kouji con voz seria —. No pasa nada si lo que ocurre es que te preocupa Yumi. Nosotros también lo estamos.

—La cosa es… La conocemos bastante bien como para saber que es una malísima idea entrar en su dormitorio estando mala —siguió Koichi —. Viendo que has aguantado bastante allí dentro, supongo que no es peligroso saludarla.

—Pensáis bien. No es buena idea molestarla —señaló echando a correr hacia la salida.

—Y luego dicen que no hay nada —negó Kouji —. Subamos, va.

—Saldréis escaldados —dijo JP, la vista en sus libros.

—No nos pasará nada —rió Koichi.

De reojo, el mayor de los tres observó cómo subían las escaleras con calma y esperó hasta que oyó la puerta cerrándose para seguir con su repaso. Sin embargo, la tranquilidad duró poco.

—¡Nadie puede conmigo! ¡Soy la campeona del pilla-pilla! —exclamó Timy, subiéndose en la mesa.

—Eh, bájate —ordenó JP.

—Sí que lograré atraparte —apareció Ignitemon.

—Cuidado los dos…

—¡Timy, no hagas trampas! —gritó Ace.

—¿Trampas? ¿Yo? ¡Nunca las hago! —dijo justo cuando Ignitemon, sobre la mesa, saltaba sobre ella. En un abrir y cerrar de ojos, desapareció del lugar —. Yo sólo soy más rápida que todos vosotros.

—¡Eso es trampa! —chillaron los digimons que se reunieron tras JP.

—¡VALE YA TODOS! —exclamó JP —. ¡Intento leer y Yumi está mala arriba!

El silencio reinó en el salón casi al instante. JP cogió aire y regresó a lo que hacía mientras algunos de los digimons a su alrededor se acercaban lentamente a la mesa y tomaban asiento.

—Tenéis que hacer menos ruido, chicos, o ir a jugar a otro lado —dijo más calmado.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Dracomon.

—Estoy repasando los exámenes.

—¿Para qué? —se interesó Labramon —. Odd dice que si ha suspendido, le avisarán y ya estudiará.

—Prefiero que, si me pasa eso, haber dispuesto de más tiempo para estudiar —respondió.

—Oye, JP, ¿por qué le dibujas bigotes a los señores de las fotos? —preguntó Timy, sentada sobre la mesa y pasando las páginas de un libro de historia.

—Yo no les dibujo nada a nadie.

—Pero es que es ridículo. ¡Nadie puede tener algo así en la cara! —respondió mostrando la página.

—Ese hombre es así, aunque no te lo creas —rió.

—Oh, pobre hombre… Seguro que se reían de él —dijo Ace, subiéndose a la mesa junto a su hermana —. Yo lo haría.

—Seguro que alguien se reiría de él, pero a muchísima distancia.

—¿Por qué? —preguntó Ignitemon.

—Era un hombre malo que mató a mucha gente —respondió.

—¿Cómo Xana-Lucemon? —preguntó Labramon.

—Sí… puedes compararlo con él —asintió.

—Si era malo, ¿por qué hay fotos de su casa? —preguntó la elfita.

—Eso no parece una casa —observó Gaomon.

—Cierto, no es una casa —asintió JP, tomando el libro y dejándolo plano en la mesa para que todos lo viesen —. Aquí es donde mantuvieron prisioneros a mucha gente antes de matarla.

—¡Qué horror! —chilló Floramon. Enseguida se cubrió la boca con ambas manos y bajó la voz —. Quiero decir… Eso es muy feo… ¿Por qué os lo hacen aprender?

—Oh, bueno, aquí también os habrán contado cosas que…

—¿Qué significa holo… holo…? —empezó Timy.

—¿Cómo se pronuncia esto? Tiene demasiadas consonantes juntas. ¿No se habrán equivocado al escribirlo? —preguntó Labramon.

—Quizás son coordenadas —dijo Gaomon.

Las preguntas empezaron a alzarse sin orden, haciendo que JP mirase a un lado y a otro, intentando hablar y encontrándose interrumpido por una nueva pregunta o por un comentario sobre el aspecto de los personajes en las fotos. La repentina curiosidad de los digimons empezó a darle dolor de cabeza. Alzó ambas manos, decidido a masajearse la sien antes de responder, pero la vista nublándosele y la sensación de caer impidieron que pudiese pronunciar palabra alguna.