¡Muy buenas a todos! Espero que el calor no os haya derretido todavía y que podáis disfrutar de otro capítulo ambientado en la región más fría del Digimundo (imaginadla, ayuda a aliviar el calor aun con esa pedazo de caldera gigante).

Hoy estamos de celebración: ¡ya llevamos 100 capítulos! Y todos los que aún nos quedan... Espero que los hayáis estado disfrutando y que los siguientes 100 (sí, tengo casi 100 más y no está acabada la historia aún, hay temita para rato, jeje) los recibáis de igual manera.

Y aunque hace mucho calor y me gustaría regresar a mi modo de ahorro energético, voy a robaros varios segundos más para dejar por aquí el DISCLAIMER que hace tanto que no escribo: Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a grandes compañías que nada tienen que ver con raf-lily o conmigo (ni las hemos fundado, ni trabajamos en ella, ni tenemos familiares trabajando en ella -de tenerlos, les pediríamos varias cosillas-). El número de personajes originales es bastante reducido y cualquier parecido con el personaje de otro, estamos abiertas a recibir un mensaje para charlar sobre esa curiosa casualidad.

Como siempre, gracias por pasaros, disfrutad del capítulo y recordad que si os quedan algunas dudillas, podéis preguntar vía review o mensaje privado. Aunque algunas cosas posiblemente se resolverán por sí solas en los siguientes capítulos, otras cosas quedan en segundo plano relegadas a Code Frontier OMAKES.


Capítulo 100: Batalla en pleno mercado

El caos y la confusión reinaban en el mercado de Akiba. De no haber sido por las digievoluciones, con las que subir por las paredes resultaba sencillo, el grupo entero se habría visto retenido por la avalancha de digimons que escapaban del fuego que empezaba a iniciarse en los puestos más alejados.

—Qué bien, tenemos al bebé gigante aquí —dijo Aldamon.

—¿Y quién lleva la correa del Koloso? —preguntó Odd, buscando alrededor de la enorme mole de XANA.

—Seguro que los de siempre —dijo Ulrich, dándole vueltas a las katanas en sus manos —. ¡Vamos!

Tras una nueva sacudida del Koloso, el grupo empezó a moverse hacia el frente, dispuesto a destruir de una vez por todas al enorme monstruo, cuando varias figuras se interpusieron ante ellos, sus ataques listos para golpearles.

—Al menos, no son muchos —dijo Yumi —. Duskmon, Lotusmon, Vulcanusmon, Neptunemon y…

—¿Y ese tío? —preguntó Petaldramon.

—Pharaohmon, un viejo conocido de Anubismon. Es decir, Xana-Lucemon intenta molestar a Odd —dijo Antylamon.

—Oh, qué bien —ironizó el rubio.

—¡Mercurimon! Vamos a necesitar una manita bien grande con Duskmon —gritó JetSilphymon.

—De acuerdo.

—¡Dejadme fuera! —pidió Mermaimon, el ancla fuertemente apretada en sus manos y la vista al frente —. Voy a ocuparme de Neptunemon.

—Ten cuidado —dijo Reichmon antes de que Sephirotmon lo absorbiese junto a los otros tres híbridos.

Aún por las calles del mercado, Arya intentaba avanzar entre los digimons indicándoles el camino a los padres de Ulrich con los otros tres digimons rodeando a la pareja de adultos.

—¡Rápido! Hasta que no salgamos de aquí, no puedo hacer aparecer el jet —apremió la chica.

—Pero los chicos…

—Tranquila, señora, los Guardianes son fuertes —dijo Bokomon, intentando darle apoyo apretándole la mano —. Le puedo asegurar que esto no es nada.

—¡Corred todos! —gritó un digimon de repente.

Un ataque perdido impactó contra uno de los edificios, haciendo saltar pedazos por todas partes. El caos creció, empujando a los tres humanos y los digimons que les acompañaban y obligándolos a tomar caminos diferentes para preocupación de la menor.

—¡Salid rápido de aquí! —gritó Denoshimon, alzando un escudo con el que cubrir a todos.

—¡He perdido a los padres de Ulrich! —chilló Arya, intentando avanzar hasta el digimon.

—¡Ve rápida! —ordenó antes de dirigirse hacia donde Petaldramon había lanzado a Vulcanusmon.

Sin dudarlo, la chica se metió en una de las calles por las que le había parecido ver desaparecer a uno de los adultos, buscando a un lado y a otro e intentando remover algunos restos de escombros por si estaban atrapados.

—¡Señores Stern! ¡Chicos! ¿Me oís? —llamó.

—¡Aquí, Arya! —respondió el cerdito blanco.

—¡Eh, vosotros! —llamó una voz desconocida para la menor. Alzó la vista a lo alto del edificio derrumbado y encontró lo que parecía un digimon zorro —. ¡Será mejor que corráis u os aplastarán!

—Cierto, esto es peligroso —asintió Arya.

—Mi mujer…

—¡Estoy aquí! —exclamó la mujer, asomándose por encima del digimon.

—Estamos todos, podemos seguir —dijo Ignitemon, echando a correr más libre al no haber tantos digimons huyendo.

...

Xana-Lucemon no podía creer la suerte que había tenido cuando, por querer causar algo de terror en el mercado de Akiba para cubrir sus planes, había topado con los niños elegidos en el mismísimo mercado.

—Mi señor —interrumpió Minervamon —. Sus invitados solicitan verle.

—Diles que pasen. Tengo un espectáculo perfecto para hacerles más llevadera la estancia aquí —asintió con un gesto —. Pronto, la dominación mundial será una realidad.

...

Las palabras provocativas de Neptunemon hacia Mermaimon hacían que la sirena intentase golpear con rabia al otro digimon marino. Por detrás, Kumamon se encargaba de congelar gran parte de los ataques que el de mayor nivel lanzaba contra la desprotegida sirena, siendo sustituido en el ataque por MagnaAngemon, BlackZephyrmon y BlackCalmaramon.

—¡Ya estoy hasta las narices de esto! —protestó la sirena.

—Cálmate, así no acertarás nunca nada —negó Yumi. Junto a ella, Taomon volvió a alzar un nuevo muro con el que desviar los ataques que el guerrero del hielo no podía evitar.

—La verdad, yo también opino que es un fastidio eso de enfrentarse a alguien que dicen que es tu hermano —comentó BlackCalmaramon.

—Yla, que se supone que tenemos que ayudar a Mermaimon, no hundirla más, calamarda gigante —regañó BlackZephyrmon.

Casi al lado, Pharaohmon se cubría en su sarcófago ante la avalancha de ataques de Beetlemon y Cerberusmon y las interminables flechas de Odd.

—Basta, chicos —les detuvo Antylamon —. Esa defensa es impenetrable. Todo cuanto hagáis será inútil.

—Algún hueco ha de haber —negó Beetlemon.

—Pero si seguís así, os agotaréis antes de tiempo.

—¡Alerta! —gritó Angewomon.

Una de sus flechas pasó a escasos milímetros de la defensa de Pharaohmon, sobre el que saltó, completamente armado, Vulcanusmon.

—¡Eso no se vale! —chilló Odd.

—Deberías saber que XANA nunca ha jugado limpio —se le acercó Ulrich, mirando hacia las calles vacías.

—Seguro que tus padres han logrado salir —dijo Denoshimon —. Centrémonos en esto.

—¡Deja de huir! —gritó Gigasmon, saltando también a Pharaohmon para intentar encajar un golpe en el otro.

—Relájate, Gigasmon —pidió Petaldramon.

En el centro mismo del mercado, CrossTimemon mantenía totalmente tensas sus cadenas alrededor del Koloso. A su alrededor, prácticamente todos buscaban una forma de bien trepar por la mole de piedra o acertar un ataque en los símbolos de XANA en su cuerpo.

—Este tipo no se detiene… —protestó la digimon, sintiendo cómo aquel ser, si bien inmovilizado en un único punto, estaba empezando a tirar de ella —. ¡¿A qué esperáis?!

—Da igual cuántas veces ataquemos en un punto —dijo Jeremy —, no sufre daño alguno.

—Ataquemos los dos puntos a la vez —declaró Aelita.

—Yo me encargo de su brazo —dijo William, sobre el hombro de Wingdramon.

—¡Timy! Hay que subir una cadena a ese brazo —se le acercó CrossSpacemon.

—Si no me ayudáis, dudo que pueda —declaró.

—Tiramos contigo —se acercaron Neila y Witchmon.

Soltando una de las cadenas en las manos de los otros, la digimon de piel dorada hizo aparecer una nueva cadena, lanzándola hacia el brazo que sobrevolaba Wingdramon. No muy lejos de él, Aelita empezó a dar vueltas alrededor de la cabeza del Koloso, lista para atacar en cuanto William estuviese en posición.

—¡Ahora! —llamó el chico, dejándose caer, con la espada fuertemente sujeta.

—¡Campo de energía!

—¡Ahora sí! —exclamó MachGaogamon.

—No, aún no —negó Jeremy —. ¡No ha pasado nada!

—¡Venga ya! ¡Le hemos dado en el centro! —respondió William.

—¡Cuidado allí arriba! —chilló Ace.

—¡Salta, Will!

Casi pegado al cuerpo de la bestia, Wingdramon atrapó a William, quien no pudo evitar remugar fastidiado al ver cómo su espada, obligatoriamente olvidada en el punto débil del Koloso, era partida por el golpe del brazo libre del monstruo.

—¿Y ahora qué?

—¡Estúpido trozo de piedra! —al grito de Persiamon siguió la propia digimon trepando por el Koloso hasta llegar al rostro, el cual se dedicó a arañar sin piedad.

—Per… ¿Persiamon? —preguntó con un tic nervioso Aelita —. ¿Qué haces aquí?

—¡Oh, sí! —asintió, dejando por un momento sus arañazos —. Timy, te necesitan contra Lotusmon.

—¡Pero si me voy, el Koloso…!

—¡Pienso dejarte ciego, bestia inmunda! —gritó la gata, arañando de nuevo el símbolo que tenía el monstruo por rostro.

—¿Quién es esa gata y qué ha hecho con mi hermana? —preguntó Witchmon.

—Yo lo retengo, hermanita —señaló CrossSpacemon.