¡Buenas a todos! ¿Qué tal va el verano?

Hoy no me puedo entretener demasiado, así que os dejo directamente con el capítulo y ya os daré la lata la semana que viene.

¡A disfrutarlo!


Capítulo 103: Posibles aliados

Calmar a Lotusmon fue todo un reto. Aunque Timy había logrado esquivar todos los gritos y acusaciones, no corrieron la misma suerte Sissi y Floramon. Ambas tuvieron que soportar absolutamente todo lo que la otra flor dijo, desde su opinión sobre la humillación que había sufrido siendo encadenada y arrastrada hasta lo horrorizada que estaba por el hecho de que su hermana había acabado dividiendo su alma en el pasado.

Palmon, que había sido llamada con urgencia para ayudar, escuchaba con cierto cansancio las quejas de la que en otros tiempos había sido su ayudante, intentando responder con toda la dulzura que la caracterizaba aunque Patamon y Gatomon sabían que la digimon bien podría saltar, como otrora pasaba con Mimi.

—Te lo he dicho mil veces ya, Lotus —suspiró la planta, negando con la cabeza —. En aquel entonces, Lucemon y todos los demás habían sido eliminados. El Digimundo estaba en paz.

—¡Pero decidir acabar con su vida! —exclamó —. ¡Y sin avisarme a mí! ¡Soy su hermana!

—A mí tampoco me dijo nadie nada —dijo mirando a Floramon y a Sissi —. Y fíjate lo bien que fue que ese secreto…

—¿Bien? Disculpe que se lo diga, mi señora, pero ¡nada ha ido bien desde que los Guardianes desaparecieron!

—En serio, ¿aún tiene energía para gritar? —preguntó Takuya tapándose los oídos.

—Pobres Sissi y Floramon —dijo Labramon —. Ellas tienen que soportarlo todo.

—En serio, debería haberse quedado tu madre, Ulrich —dijo Odd —. Fijo sabría qué decir para que dejase de gritar…

—Mi madre es una mediadora entre mi padre y yo. Mal que nos pese, prefiero tenerla en la Tierra con él que aquí… Más después de que haya decidido "adoptar" a Kitsumon como hijo también —dijo justo cuando la puerta se abrió.

—¡Chicos! ¿Qué tal estáis? —saludó Kuzuhamon.

—Bienvenida al cuartel —se le acercó Leire —. ¿Pasa algo?

—No, nada —dijo rápidamente —. No hace falta que llames a nadie —añadió —. Alphamon me ha pedido que viniese a ver qué tal estaban las cosas por aquí y…

—¡KUZU-CHAN! —chilló Lotusmon, llamando la atención de todos.

—¿Lotus? ¿Qué haces aquí? —preguntó acercándose a la otra digimon.

—¡Ah! Estas crías, que me han arrastrado —dijo señalando a sus hermanas digital y humana —. ¡MADRE MÍA, NO SABES LO PREOCUPADA QUE ESTABA POR TI! Aunque creo que tengo una enorme laguna mental en la que no he pesando absolutamente nada en ti.

—Ay, cielos, nunca cambiarás —rió la oscura abrazándola —. Lotus, no deberías enfadarte con ellas. ¡Te han salvado!

—Creí que, tras dos horas, lo había entendido —suspiró Palmon —. Yo mejor me voy. Estamos todos bastante ocupados.

—Dama Rosemon, en cuanto me haya repuesto, me uniré a la faena.

—No quieras correr, Lotusmon —pidió la planta antes de salir corriendo —. ¡Comed bien, chicos!

—Igualita a la tía Mimi —corearon Chiaki y Teruo, despidiéndola con la mano.

Media hora más tarde, con una Lotusmon claramente más tranquila y aceptadora, Kuzuhamon pidió que todos se reuniesen para hablar.

—Antes de empezar… Aelita, tu padre me ha pedido que te diga que aún está buscando, que no te preocupes —dijo.

—Sí, sí, lo entiendo. No saldré por ahí a misiones que no son primordiales —asintió con aburrimiento.

—Yo sólo soy una ordenada —alzó ambas manos —. Bueno, como sabéis, el número de aliados con los que contáis es limitado.

—¡Pero si en el castillo éramos muchísimos! —exclamó Lotusmon.

—Ya, amiga, pero ninguno imaginó que Xana-Lucemon podría ser tan peligroso como lo fue —negó —. Con decirte que ha sido capaz de derribar a Examon…

—Ya, lo vi —asintió —. Pero creí que muchos habrían logrado escapar…

—Perdona, Kuzuhamon —alzó la mano Odd —, ¿vamos a volver a hablar de todos los que sabemos dónde están? Porque si es así…

—Os voy a hablar de los que no sabemos dónde están —dijo mirándolo con dureza. El rubio se encogió en el sitio.

—Si son poderosos, podrían ser buenos aliados —aceptó Jeremy —. Aunque me extraña que sigan escondidos o que, sabiendo que los Guardianes estamos de vuelta en casa, no se hayan presentado por aquí.

—Quizás el motivo por el que no pueden venir es porque están en niveles inferiores, como pasó con Omnimon, Rosemon, Dukemon… Y mejor no sigo, que a alguien está aburriéndole —dijo haciendo una mueca en dirección a Odd. Casi al instante, Sissi golpeó al chico en el costado con el codo.

—¿Omnimon y Dukemon? ¿Quiénes son? —preguntó Katsuharu.

—Omnimon es la fusión de Agumon y Gabumon, y Dukemon es Guilmon. A los tres os habéis enfrentado ya —respondió Gatomon, ganándose miradas sorprendidas de más de uno.

—Tampoco hay forma de encontrar a Venusmon y algunos digimons hadas, por no decir que de los Devas hace milenios que no se sabe nada —siguió Kuzuhamon.

—No acudieron a la llamada al castillo, ¿verdad? —preguntó Lotusmon —. Si te soy sincera, es de lo poco que logro recordar de aquel caos.

—No, no vinieron —negó Patamon.

—¿Quiénes son los Devas? —preguntó Jeremy.

—Un grupo bastante peculiar —rió Lopmon —. Pero supongo que el no venir fue porque prefirieron proteger a las cuatro bestias sagradas.

—Están muy bien escondidas y saben protegerse perfectamente —agitó una mano la morada.

—¡Kuzu! ¡Esa no es forma de hablar! —exclamó Lotusmon —. Ni aunque no hayan mostrado en ningún momento intención alguna de ayudar.

—Tampoco es que pudiesen hacer gran cosa teniendo en cuenta que el enemigo era un virus —dijo Gatomon.

—Si mal no recuerdo, Anty me comentó que, en vistas de lo peligrosa que era la situación, sellarían sus poderes para que nadie pudiese acceder a las bestias sagradas —dijo Lopmon.

—¿Anty? —preguntó más de uno.

—Antylamon, una amiga —respondió rápidamente —. Veréis, antes de estar en la triada de los ángeles, era un Deva. Pero después de conocer a Suzie, las cosas cambiaron y tuve que pedirle a Anty que ocupase mi lugar allí…

—En serio, hay grupos que no saben lo que significa la palabra "responsabilidad" —negó Lotusmon —. Sellar poderes, dividir su alma… ¡Así está el mundo, que los que quedan no pueden con todo porque los que deberían hacerlo no están para cumplir su trabajo!

—Creo que a Alphamon le gustará saber dónde podría encontrar a los Devas —dijo Kuzuhamon —. Los doce serían de gran ayuda en la batalla.

El silencio que se creó fue repentino. Todas las miradas pasaron de la digimon zorro al pequeño Lopmon, de pie sobre la mesa. Una risita nerviosa y un temblor que algunos identificaron como miedo recorrieron al digimon instantes antes de que empezase a juguetear con sus manos.

—Verás, sí es cierto que Anty y yo teníamos buena relación y que me contaba todo, pero… Creo que se le olvidó mencionar dónde realizarían el ritual.

—¡Lo dicho! ¡Irresponsables! —alzó los brazos Lotusmon.

—Hermana, esto se parece a lo que hicimos nosotros —se atrevió a decir Floramon, alzando una mano tímidamente —. Si nadie sabía que una parte de nosotros estaba en el mundo humano, nadie saltaría al mundo humano y el peligro no llegaría allí.

—¿Intentas decirme con eso que los Devas están en el mundo humano? —preguntó la flor.

—Imposible, nos habríamos enterado antes incluso de ser llamados aquí la primera vez —negó JP.

—La última vez que vi a uno de esos doce fue apenas unos días antes de la llegada de XANA a este mundo —negó Patamon —. Indramon nos ayudó a capturar a un fugitivo y se presentó en el castillo.

—Es verdad, y después vino a la Rosa de las Estrellas para asegurarse que lo encerrábamos —asintió Lopmon.

—Y aunque el tiempo en ambos mundos ha estado desajustado hasta que los chicos llegaron aquí, te puedo asegurar que no han pasado cientos de años —finalizó Gatomon.

—Es decir… Que no tenemos ni idea de dónde están y así vamos a seguir —suspiró Kuzuhamon.

—No exactamente —dijo Lopmon, ganándose la atención de todos salvo sus dos compañeros ángeles —. No sé el punto exacto, pero sí el punto cardinal en el que podríamos encontrarles.

—Te agradecería que me lo dijeses… El Digimundo es demasiado grande para nosotros cinco.

—¡¿CINCO?! —exclamó Lotusmon —. De todos los que éramos en el castillo, ¿SÓLO QUEDAMOS CINCO?

—Contándote a ti, somos seis —señaló la zorro —. Y hay más, pero ninguno está en el nivel adecuado o en las condiciones aceptables.

—Sé de uno que sí podría, pero que prefiere quedarse aquí a incordiar —bufó BlackGatomon.

—¿Quién? —preguntó Lotusmon.

—Supongo que habla de Beelzemon —señaló Patamon —. Pero no es sólo que le guste incordiar, sino que no es lo más adecuado que se pasee por el Digimundo.

—Independientemente de que le cuelgue el cartel de "traidor", sigue siendo un demonio. Eso es algo que al mundo entero no le gusta en estos momentos.

Tras las palabras de Gatomon, tanto Neila como BlackGatomon se removieron nerviosas en el asiento. A la humana no le pasaba por alto el detalle de que su compañera digital digievolucionaba a otro demonio ni que, al ser ellas dos mitades de un único ser, ella también podía catalogarse como un demonio.

—Lotus y yo nos vamos —dijo Kuzuhamon, tomando un papel que Neila no tenía claro de dónde había salido por estar tan metida en sus pensamientos —. Vosotros tened cuidado si volvéis a salir.

—Vendré a menudo a ver cómo estáis, Lila, Sissi —dijo la flor antes de abrazar con fuerza a ambas —. Os quiero mucho. No dudéis en llamarme si estáis en peligro.

—Sí, sí…

—Guau, qué pronto se le ha olvidado que la han arrastrado —silbó Leire.

—Y qué pronto ha olvidado también que su hermana había sido tan "rematadamente loca" como para partirse en dos —añadió Emily.

—Dejad eso por ahora —alzó la mano Zoe —. Oye, Lopmon, ¿no estabas hablando de Anty con cariño?

—¿EEH? —exclamó alzando las orejas —. Bueno, era una buena amiga… Prácticamente todos la llamaban Anty, está claro que yo también, ¿no?

Sin que el grupo se percatase, Neila y BlackGatomon salieron al exterior y se sentaron en el suelo, pegadas a la pared.

—¿Otra vez pensando en escapar? —las asustó Impmon.

—¿Qué pasa contigo? ¡Siempre nuestra sombra! —protestó BlackGatomon, fallando un puñetazo.

—Calma, calma —rió el demonio —. Simplemente, allí dentro hay un grupo que está poniendo en apuros a un ángel y os venís aquí, solas.

—Necesitamos un poco de aire —respondió Neila.

Con unas protestas tan bajas que ni la gata logró entender, Impmon también tomó asiento y miró hacia el cielo.

—¿Por qué sólo nos incordias a nosotras? —preguntó al fin la humana.

—¿Incordiar? Eso sólo se lo hago a Calumon, pero porque es divertido meterse con ese pequeñajo —dijo —. No, a vosotras no os incordio.

—Nadie lo diría —declaró la gata —. Siempre que apareces, sólo estamos nosotras dos o, si hay más gente, te pegas a nuestra sombra.

—Porque sois las únicas iguales a mí.

—¡No somos como tú! —estalló Neila.

—Sí lo sois. Aunque divididas, sois demonios, como yo —señaló. Al instante, la humana bajó la mirada a sus pies mientras que la gata negra le miraba fijamente y con rabia —. Y por el mero hecho de que somos lo que podría llamarse digimons de tipo virus, sé perfectamente por lo que podéis estar pasando. Incluso en qué pueden estar pensando vuestras cabecitas desprovistas de recuerdos.

—¿Qué sabrás tú? —preguntó en voz baja Neila.

—Más de lo que imaginas, querida Lilithmon —respondió estirando los brazos al frente —. Eres la digimon más cerrada que he tenido el placer de conocer. En todos los ámbitos, debo añadir —rió —. Perfectamente sé que preferías hablar con tu hermana Ophanimon, aunque fuese un ángel incapaz de comprenderte por completo —dijo poniéndose en pie —. Pero os diré lo mismo que dije entonces.

—¿El qué? —preguntó BlackGatomon, relajando su posición.

—Soy tu aliado. Cuenta conmigo para cualquier cosa, aunque sea una estupidez.