¡Buenas a todos! ¿Qué tal la recta final del verano? Espero que sin problemas.
Como cada semana, aquí os traigo un nuevo capítulo con el que pasar el ratito. Y como cada semana que logro sacar tiempo, os recuerdo el DISCLAIMER, que seguro lo tenéis olvidado tanto tiempo sin repetirlo: Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí (ya nos gustaría, para qué mentir). Los personajes que aparecen en la historia pertenecen a dichas series y sólo un número reducido son invención nuestra. Si dentro de ese grupito hay alguno que se parece a la obra de otro (en cualquier formato, hasta la versión cosplay), perfectamente puede enviarnos un mensaje para comentarlo, intercambiar opiniones y blablabla.
También agradecer a los que nos seguís semana tras semana y apoyáis la historia con reviews, dejándola en favs o, simplemente, leyéndola (tranquilos, timidines, no os presionaremos para que dejéis comentario).
Y ya sí que me callo, que me doy cuerda yo sola. Acabad de pasar una buena semana y a pillar la siguiente con más ganas. ¡Bye!
Capítulo 105: Batalla en el mar
Que la presencia del mar incrementaba los poderes de Mermaimon era algo que a todos les quedó claro cuando alzó un gran muro de agua en la mismísima costa para proteger lo que quedaba del chiringuito de los Toucanmons. Sin embargo, que Neptunemon contase con la misma ventaja no ayudaba en nada al grupo.
—¿Quién demonios son eso? —preguntó Aldamon, sorprendiendo a más de uno al aparecerles de repente por el portal.
—Según Angewomon, son Divermons —señaló Sissi —. No nos ha dicho nada, pero todos creemos que algo malo hay con ellos por la cara que ha puesto. Imagino que es porque no dejan de salir más y más del agua… Nunca acaban.
—Entonces mejor eliminarles —declaró.
—¿Has venido tú solo? —preguntó Yumi.
—Pues…
—¡Nostras también estamos aquí! —anunció Leire. Tras ella, D'Arcmon extendió las alas lista para ir donde fuera necesario.
—Taomon está cubriendo a los heridos —informó señalando en una dirección.
Sin dudarlo ni un segundo, Leire corrió en busca de los digimons heridos con D'Arcmon a su lado, la espada lista para atacar a quien se interpusiera en su camino.
—¡Taomon! —llamó cuando divisó el escudo protector de la digimon.
—Me alegro de verte, Leire —saludó permitiéndole pasar —. El ataque les ha pillado por sorpresa y no han podido escapar a tiempo.
—Yo me encargo de esto —asintió —. D'Arcmon, encárgate de lo demás.
—Cuenta conmigo.
Cogiendo aire y mentalizándose para la tarea que tenía, Leire observó a los digimons allí reunidos. A demás de los Toucanmons, toda una serie de digimons que seguramente habían acudido al chiringuito a pasar el caluroso día se frotaban lastimosos las heridas que habían sufrido al huir del lugar.
Mermaimon hacía todo cuanto podía para contener los ataques de Neptunemon. Con BlackCalmaramon a su espalda, asegurándole una segunda línea de defensa en lo referente a cualquier ataque acuático que pudiese ser lanzado hacia la orilla, la sirena se había deslizado con rapidez por la superficie marina y chocado su ancla con el tridente del otro digimon mientras Dynasmon y JetSilphymon le prestaban apoyo desde el cielo.
—Vamos, hermanita. ¿Es todo cuanto puedes hacer?
—Ni por un momento pienses que me vas a enredar —dijo intentando hacer al otro soltar su tridente.
—¡Ilusa! ¿Realmente crees que vas a poder hacer algo? ¡Nunca me superaste!
—Eso habrá que verlo —dijo apartándose hacia atrás rápidamente para esquivar los ataques de sus compañeros.
—¡Rugido de dragón!
—¡Invierno jet!
—¡Martillo bumerang! —el ataque, por un costado, llamó la atención de la sirena, sobresaltándola varios segundos —. Siento el retraso, estaba algo lejos —se disculpó Zudomon.
—Da igual cuántos vengáis, no lograréis vencer —negó Neptunemon.
—Yo no hablaría tan rápido —dijo Dynasmon, ya situado encima.
En tierra, prácticamente todos estaban ocupados en la pelea contra los Divermons. Desde el aire, Angewomon atacaba a diestra y siniestra todos aquellos a los que los misiles de Beowolfmon no habían alcanzado.
—¡Cuidado ahí! —gritó de pronto BlackZephyrmon.
Más de uno alzó la vista hacia donde se elevaba la clon, encontrándose a espaldas de todos una gran fila de Megatanques listos para atacarles.
—Oh, estupendo… —murmuró Aldamon, apartando al Divermon con el que había estado peleando y elevándose para disparar a todos aquellos monstruos.
—¡Atentos los del agua! —gritó Reichmon.
Por desgracia para el híbrido de la oscuridad, el ruido de la pelea en el agua dificultó que le oyesen. Para cuando Zudomon, el único en ese momento con la vista hacia tierra, divisó el peligro, el rayo de un Megatanque estaba a escasos metros de BlackCalmaramon. Por su posición como respaldo de Mermaimon, la clon no pudo evitar ser impulsada varios metros hacia delante, casi en línea de ataque de Neptunemon.
—¿Qué está pasando? —preguntó Mermaimon, desplazándose rápidamente y tirando de la otra.
—Han atacado desde la orilla —señaló Zudomon.
—¡Megatanques! —exclamó JetSilphymon.
—Cobardes… —murmuró Dynasmon.
—¿Qué haréis? —preguntó Neptunemon —. ¿Seguiréis aquí o permitiréis que vuestros amigos os hagan de escudo?
Sin poder evitarlo, tanto Mermaimon como JetSilphymon miraron hacia la orilla. La oleada de Divermons no parecía tener fin, rodeando al grupo que se había presentado a la playa para retener la destrucción que estaba causando Neptunemon. Al mismo tiempo, los Megatanques no cesaban en sus disparos tanto contra ellos como contra los que habían estado en el agua, ignorantes de su presencia hasta que BlackCalmaramon había caído. Aunque a ninguna le pasó por alto el escudo de Denoshimon, bloqueando una parte de los rayos que iban contra ellos, aún eran vulnerables a otros.
—Yo me encargaré de Neptunemon —dijo Dynasmon —. Vosotros ayudad a vuestros amigos.
—Yo me quedo aquí también —declaró Mermaimon.
—Esto se va a poner muy feo —negó el Caballero Real.
—Me da igual —insistió la sirena —. Llevaos a Yla atrás, con Leire.
Antes de que ninguno pudiese hacer nada, Mermaimon se lanzó de nuevo al ataque contra Neptunemon, forzándolo a moverse mar adentro mientras Zudomon intentaba alzar a una afectadísima BlackCalmaramon.
—JetSilphymon, ve con Zudmon —ordenó Dynasmon —. Clon o no, es un aliado caído. Él solo no podrá llegar sin problemas a zona segura.
A regañadientes, la híbrida del viento descendió hasta el digimon morsa, sobrevolando el mar por delante de él hacia la orilla. Antes incluso de alcanzar tierra firme, un par de Megatanques lanzaron su ataque directos a ellos. Apretando fuertemente el molino en sus manos, JetSilphymon se preparó para retener los rayos cuando una figura se interpuso en el camino.
—¡Seguid avanzando! —gritó Beowolfmon, la espada firmemente alzada lista para frenar el láser.
—Pero…
—Esta vez no me pillan con la guardia baja —dijo —. Leire está en un punto ciego para ellos. Buscad a Taomon —indicó.
—Entendido.
Por detrás, Dynasmon volvió a descender en picado contra Neptunemon, dándole un espacio a la híbrida para respirar.
—Que os vais a creéis que podréis hacer algo —declaró el digimon, hundiéndose en el agua y escapando del ataque del Caballero Real.
—Ah, no, ni lo pienses —negó Mermaimon, sumergiéndose sin dudarlo.
Persiguiendo la estela de Neptunemon, la sirena pirata se adentró en las profundidades marinas, sintiendo que la distancia entre ambos se abría cada vez más pero negándose a rendirse en su idea de atraparle.
—¿En serio me has seguido, Mermaimon? —preguntó con diversión el digimon.
—Si crees que voy a dejar que escapes, lo llevas claro —declaró.
—No estoy escapando, hermanita —dijo con una sonrisa de superioridad —. Me sorprende que, siendo un digimon marino, aún no te hayas dado cuenta.
—¿De qué? —cuestionó, acelerando su aleteo para intentar alcanzarle antes.
Un movimiento a su espalda la hizo voltear algo asustada para encontrarse a Zudomon.
—¡Dije que te llevases a Yla!
—Soy demasiado grande como para no ser un objetivo fácil. A demás, ha vuelto a su etapa infantil. JetSilphymon puede cargar con ella fácilmente —respondió el digimon, alcanzándola y nadando junto a ella cuando un movimiento por un lado llamó su atención —. ¡Aparta, Mer!
—¡Corriente definitiva!
Gracias al movimiento rápido de Zudomon, la sirena simplemente vio pasar el ataque a pocos metros de ella.
—Sigue adelante —ordenó el compañero digital de Joe —. Yo me ocuparé de él.
—Está bien —aceptó.
Con esfuerzo, la sirena volvió a mover su cola con fuerza, impulsándose hacia donde había visto por última vez a Neptunemon. Algo agotada, Mermaimon llegó al principio de una depresión marina ante la que no pudo evitar quedarse petrificada.
—Oh, no…
—Adiós, hermanita —susurró el otro —. ¡Ola de las profundidades!
