¡Buenas a todos! ¿Qué tal el inicio de septiembre? A mí aquí me tenéis, actualizando una semana más esta historia para que podáis tener algo con lo que entreteneros un ratito.

Hoy no me entretengo mucho, así que os dejo ya con la lectura.

¡Hasta la semana que viene!


Capítulo 106: Peligro en las profundidades

JetSilphymon decidió aprovechar el punto ciego de los Megatanques para darle oportunidades a los demás. Siendo prácticamente indetectada hasta el último momento, la híbrida del viento se alzaba desde diferentes puntos del risco, pillando desprevenido al monstruo esférico ante el que se aparecía y obligándolo a fijarse en ella. Siguiéndola de cerca, D'Arcmon aprovechó todas y cada una de las oportunidades para clavar su espada en todos los monstruos que los ataques de los demás no acertaban.

—Venga, que ya quedan menos bichos —intentó animar Aldamon, atacando al reducido grupo de Megatanques y esquivando el punto por el que volvía a alzarse JetSilphymon.

—¡Apartaos todos de la orilla! —gritó al mismo tiempo Dynasmon.

Alertados, más de uno se dio la vuelta sólo para ver el mar embravecido y la gran ola que empezaba a avanzar, cada vez más alta, hacia ellos.

—¿En serio? —protestó Sissi —. Como hemos sobrevivido al ataque por la espalda, ¿ahora nos lanzáis el mar entero?

—Esto no me huele nada bien —declaró con una mueca Denoshimon —. Leire está con demasiados digimons heridos, no podrán escapar.

—Nos encargamos nosotros —se adelantaron los Cross.

Con CrossSpacemon de cara al mar y CrossTimemon pegada en su espalda, ambos alzaron ambos brazos. Mientras la barrera de la digimon dorada cubría únicamente a ellos dos, la del plateado se extendió por la orilla.

—Espero que seas capaz de aguantarlo —dijo Timy.

—Yo también lo espero —aceptó.

—¡Los Divermons se retiran! —exclamó BlackZephyrmon, señalando al grupo que aún quedaba e intentaba retroceder hacia el mar. La barrera de Ace, sin embargo, cortó el escape de algunos.

—No dejéis a esos —señaló Angewomon, lanzando varias flechas.

Divermons y Megatanques acabaron cayendo instantes antes de la llegada de la gran ola. Ante la mirada de todos, el agua impactó fuertemente contra la barrera de CrossSpacemon, aunque una parte de ella pasó por encima, empapando a los que había cerca, incluidos los dos digimons especiales.

—¡Está helada! —protestó el del espacio.

—¡Concéntrate! —chilló la del tiempo, no atreviéndose a voltear la vista hacia lo que había impactado ruidosamente a escasos dos metros de ella.

—¡Podrías haberla bloqueado!

—Por todos los digihuevos… ¡Es solo agua salada! —protestó, negándose a mirar.

—¡Y estamos en una barrera!

—¿Va todo bien? —se acercó Denoshimon.

—Sí —respondió la digimon.

—¡No! —chilló el otro —. ¡El agua está helada!

—El nivel del agua no baja —negó Reichmon, al lado de la barrera —. Sigue muy agitado también.

—¿Necesitáis ayuda? —se unió Taomon.

—Podemos controlarlo —aseguró Timy.

—Estoy congelado…

—¡Deja de quejarte, gato tonto! —le pateó su hermana.

Cinco minutos más tarde, durante los cuales Ace no paró de insistir en que el agua fría le incomodaba y Timy se la pasó protestándole, el nivel del agua empezó a descender. Muy por encima, todos los voladores observaron cómo las aguas se calmaban, al igual que alcanzaron a divisar, bastante apartado posiblemente por la corriente, a Zudomon.

—Al fin se calma —suspiró Lilamon.

—¡Ayudadme! —pidió Zudomon, nadando con algo de dificultad.

—¡Zudomon! ¿Estás bien? —voló rápidamente Angewomon.

—Más o menos —respondió señalando a su caparazón.

—Oh, no, ¡Chiaki! —exclamó JetSilphymon, descendiendo hasta ella —. Chiaki, despierta…

—Está inconsciente —negó Angewomon cargándola con cuidado en brazos —. Hay que llevarla al cuartel.

—¿Qué es lo que le ha pasado? —preguntó Dynasmon.

—Demasiadas cosas —negó Zudomon —. Os lo contaré cuando estemos todos juntos.

...

Joe salió del dormitorio de Chiaki, dejando dentro a Yolei y a Ken. En silencio, bajó las escaleras para encontrarse con absolutamente todos los niños allí sentados, esperando noticias sobre el estado de la guerrera del agua.

—¿Y bien? —se atrevió a preguntar Izzy, de espaldas a todos y con la atención en el ordenador.

—No tenemos que preocuparnos —aseguró tomando asiento y permitiendo a Gomamon subir a sus piernas —. Es tal y como Gomamon nos ha dicho. Gastó mucha energía y acabó dedigievolucionando aún a bastante profundidad.

—No ha sufrido ningún daño de más, ¿no? —preguntó Koichi.

—Nada de nada —negó —. Con algo de descanso, se recuperará —aseguró.

—Estando Yolei aquí, ten por seguro que Chiaki descansará —dijo Izzy, apartándose por primera vez en varias horas de la pantalla —. Lo que me preocupa ahora es lo que ha comentado Gomamon.

—¿Lo de MetalSeadramon? —preguntó Joe, acariciando al digimon.

—Hice todo cuanto pude, pero no logré acabar con él.

—Evitaste que se enfrentase directamente a Chiaki —recordó Gatomon.

—Ha sido una suerte tenerte allí abajo —reconoció Dynasmon —. Desde arriba no he podido hacer nada.

—Aun así, acabó dedigievolucionando bajo el agua…

—Por lo que nos han dicho, Neptunemon está en el último nivel de digievolución —dijo Jeremy.

—Y hay que suponer que, del mismo modo que Mermaimon ha mostrado tener más poder al estar en el mar, a Neptunemon le ha pasado lo mismo —dijo Koichi.

—¿Es eso posible? —preguntó Odd.

—Para que lo entiendas más rápidamente —intervino Lopmon —. Un digimon acuático se mueve mejor en un entorno con agua que en lo alto de una montaña. Del mismo modo, un digimon de fuego lo tiene complicado cuanto más cerca del agua se encuentre.

—Es decir, que Takuya ha ido para nada… Si sabía yo que era una tontería ir a la playa habiendo ya gente allí…

—Eh, que sepas que he acabado con al menos medio centenar de Divermons —señaló el chico.

—Seguro que no eran la gran cosa —se encogió de hombros el rubio.

—Ni se os ocurra empezar a discutir ahora —advirtió Sissi —. Chiaki está arriba descansando. No hagáis jaleo vosotros dos.

—Pero es curioso —empezó Zoe —. ¿Cómo es posible que nos enfrentemos a antiguos enemigos vuestros?

—Buena pregunta —aceptó Izzy —. Es cierto que los digimons renacen. Pero que, de todos los digimons posibles para enfrentaros haya aparecido MetalSeadramon…

—Y no uno cualquiera, sino el que derrotó WarGreymon —puntualizó Gomamon —. Me ha quedado bastante claro cuando ha dicho "no volveréis a derrotarme tan fácilmente".

—Xana-Lucemon ha debido tener acceso a datos del pasado y, por eso, Myotismon y MetalSeadramon son dos de nuestros rivales —dijo pensativo Lopmon.

—Si es así, Puppetmon y Machinedramon también estarán entre los enemigos de los chicos —señaló Joe —. Tres de los cuatro Dark Masters…

—¿Y el cuarto? —preguntó Tommy.

—Piedmon fue absorbido por la Puerta del Destino de MagnaAngemon —explicó Gatomon —. Fue enviado al olvido.

—Mejor —suspiró Izzy —. De los cuatro, él era el peor —reconoció.

—¡Chiaki, vuelve! —oyeron gritar de pronto en el piso superior.

Los pasos acelerados hicieron que absolutamente todos se voltearan hacia las escaleras, esperando ver aparecer a la guerrera del agua, muy posiblemente seguida de cerca por su madre.

—¡Necesitas descansar! —siguió gritando Yolei.

—¡No hay tiempo para eso, mamá! —negó la chica, apareciendo bastante agitada a la vista de todos —. XANA tiene una ciudad de torres en las profundidades marinas.

—¡¿QUÉ?! —exclamaron todos.

—Gracias a ellas, Neptunemon incrementó su poder más de lo imaginado. No pude detener su ola… Incluso me hizo perder la digievolución…

—¿Estás segura? —preguntó Koichi —. ¿Seguro que eran torres?

—Ahí abajo no es que haya mucha luz, pero el brillo rojizo de las torres es muy fácil de identificar.

El silencio duró poco. Enseguida se alzaron todas las voces, debatiendo y protestando ante aquel movimiento de Xana-Lucemon.

—¡Pues nada! ¡Nos vamos a la playa! —exclamó Odd, acallando todas las voces y recibiendo más de una mirada incrédula.

—En serio, este crío es como Davis —negó Gatomon.

—¿Te crees que es momento para unas vacaciones? —cuestionó Sissi.

—No, pero si el problema está en el mar, será una pesadilla tener que desplazarnos todas las veces que tengamos que ir —dijo agitando las manos —. Por eso, vamos ahora, montamos un cuartel de verano y así tenemos más controlado a Xana-Lucemon mientras está en el agua y…

—¿ODD ACABA DE TENER UNA BUENA IDEA? —exclamó Jeremy.

—¡EL APOCALIPSIS! —gritaron algunos.

—¡Eh! ¡Que yo también tengo buenas ideas de tanto en tanto! —chilló el rubio.