¡Feliz finde a todos! ¿Qué tal lo lleváis? Y a los estudiantes, ¿cómo os va? Espero que todos sigáis bien y con ganas de leer un capítulo más.
Hoy no me entretengo mucho, que tengo faena por hacer, pero ya sabéis, sois libres de comentar, de preguntar y de lo que sea que os apetezca hacer (salvo tirar tomates, que entonces sacaré la catapulta y no os gustará, creedme).
Capítulo 108: Reencuentro con Puppetmon
—Así que el compañero de vigilancia de Puppetmon es el estratega de los Caballeros Reales, ¿eh? —sonrió TK. Sobre su cabeza, Patamon asintió con diversión.
—Se estará aburriendo mucho con alguien que puede ganarle en todos sus juegos —dijo Kari, Gatomon cómodamente en sus brazos.
—¿Qué podéis decirnos de Puppetmon? —pidió Reichmon.
—Le gustan los juegos —dijo TK, algo pensativo.
—Y hacer trampas, por supuesto —dijo Kari.
—No creo que tenga sus juguetes en el mismo sitio donde podemos aparecer —se encogió de hombros TK —. Pero bueno, seguro que sí lleva su metralleta. Y tiene buena puntería si quiere.
—Puedo encargarme yo de él entonces —dijo Emily, haciendo aparecer el arco sobre su muñeca izquierda —. A Odd y a Takuya les encanta demasiado jugar.
—¡Oye! —exclamaron los dos. Leire y Sissi no tardaron en golpearles.
—Nosotros te daremos apoyo —dijo Kari —. ¿Verdad, Gatomon?
—Aunque no lo parezca, es familia mía —sonrió la gata —. Está claro que la voy a ayudar siempre.
—Y más tratándose de Puppetmon —sonrió Patamon.
—Vale, pues acerquémonos más —indicó Aelita.
Pocos metros más adelante, el grupo entero empezó a captar voces y ruidos que les obligaron a permanecer lo más ocultos que podían, aun con las digievoluciones de algunos de ellos.
—¡¿TE IMPORTARÍA PRESTARME ATENCIÓN, GATO QUEMADO?!
—Eso suena a Puppetmon —rió por lo bajo Patamon.
—¿Y a quién llama gato quemado? —preguntó Aldamon.
—¡¿QUÉ HE HECHO PARA MERECER UN COMPAÑERO TAN SIESO COMO TÚ?! —cuestionó Puppetmon.
—No ser un buen amigo en tu vida pasada quizás, Puppetmon —habló TK, saliendo del escondite para preocupación de algunos allí reunidos.
—Oh, qué duro has sido con él, cariño —rió Kari.
—¿QUÉ HAS DICHO? ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA DECIRME ESAS COSAS? —cuestionó.
—Voy a llorar. Puppetmon no nos recuerda —intentó no reír el hombre.
—Tranquilo, tranquilo. Es que fue hace mucho tiempo, TK. Está claro que a alguien como él, sin cerebro, le cuesta recordar —dijo Kari.
—Un segundo… TK… —intentó pensar el digimon de madera —. No… ¡No puede ser! —exclamó mientras la barbilla se le desencajaba —. ¿TÚ ERES ESE NIÑO LLORÓN? —preguntó, repasando de los pies a la cabeza al ahora adulto ante él y a su acompañante humana.
—Eso me ha dolido más —señaló el rubio —. ¡Pegasusmon, Nefertimon, Emily, ahora!
—¡Lluvia de estrellas!
—¡Joyas del Nilo!
—¡Flecha de fuego!
—¡AAAAAAH! ¡ESO NO SE VALE! ¡NO SOY YO QUIEN DEBE BAILAR!
Dando un paso hacia atrás, los dos adultos permitieron a sus digimons y a la arquera espacio para atacar. No tardó en unírseles Persiamon, saltando ágilmente de un lado para otro, provocando a la marioneta aún más. Del lado de Puppetmon, Duftmon observó sin entusiasmo al digimon esquivando los ataques focalizados claramente en él.
—¡¿TE IMPORTARÍA MOVERTE, GATO TONTO?! —rugió Puppetmon, buscando un momento sin ataques para defenderse.
Sin cambiar su expresión, Duftmon alzó la mano en una clara señal que no tardaron en obedecer todo un escuadrón de mantas, avispas, gusanos y tarántulas. Ignorando los molestos gritos de la marioneta, centró su atención en el grupo que apareció cerca de los dos adultos humanos, claramente listos para atacarle.
—Vale, no se ve a nadie más que a ellos dos como digimons —dijo Reichmon, buscando alrededor cualquier movimiento en las sombras.
—Nos encargaremos de las molestias mientras intentáis algo con Duftmon —asintió Aelita, haciendo un gesto a Odd, William, Leire y Sissi.
—No temáis por Maryanne y sus amigas —dijo el rubio haciendo estiramientos —. Yo puedo manejarlas a todas.
—¿Quién es Maryanne? —preguntó Sissi.
—Tengo la impresión que habla de las mantas —suspiró William —. Te abriremos camino, Aelita.
—Como sea, mejor no perdamos más el tiempo —dijo alto y claro CrossTimemon, ambas cadenas materializándose en sus manos —. ¡Cadenas del tiempo!
Como la digimon imaginó, Duftmon la esquivó de manera magistral, aunque poco pudo hacer contra el cazador helado de Beowolfmon, el primero en reaccionar del grupo de híbridos.
—¡Deformación del espacio! —exclamó CrossSpacemon —. A ver cuánta gimnasia has hecho.
Por el aire, Wingdramon aprovechaba su gran tamaño para derribar cuantas avispas se ponían en su camino, abriéndole paso a Aelita, mientras vigilaba en tierra cómo avanzaban los otros chicos. No muy lejos, Odd saltaba de manta en manta, hablando como siempre y diciendo toda una serie de nombres que hacían remugar y negar a la pelirrosa junto a él.
—La torre está fuertemente protegida por esos gusanos —señaló la chica.
—¿Quieres que lance un ataque? —preguntó el dragón.
—No —dijo, pensativa —. No sabemos qué puede pasar si la torre recibe el ataque de un digimon de tu nivel… Es algo que hay que estudiar.
—Entendido.
Un grito de rabia resonó en el lugar, acallándolo todo y paralizando en sus posiciones a todos. Las miradas de todos se posaron en Emily, el cabello completamente erizado y tres flechas de fuego en el arco, lanzadas sin descanso contra un Puppetmon que sólo podía esquivar a un lado y a otro.
—¡ESTÚPIDA MARIONETA DE MADERA PODRIDA! ¡TE VOY A CONVERTIR EN CENIZAS, MALDITO PELUCHE ABANDONADO! —rugió la chica.
—¿Por qué las chicas dan tanto miedo cuando se cabrean? —preguntó Aldamon.
En el cielo, Aelita aprovechó la inmovilidad de todos para pasar entre los dos gusanos guardianes y colarse en la torre. Esperaba que, para cuando saliese, los enemigos hubiesen escapado o ya no supusieran un problema. Sin embargo, cuando salió, lo que se encontró fue a Emily atrapada en una unión del lazo de santuario y plantas trepadoras, gritando y agitando las piernas con una rabia que no había disminuido en absoluto.
—¿Qué ha pasado? —preguntó la pelirrosa.
—Puppetmon no ha podido hacer nada para atacarles, así que se ha dedicado a insultarnos —señaló TK.
—Y Emily… —siguió Kari —. Le ha afectado.
—La ha llamado gato pelado —dijo Persiamon. Ante eso, Emily aún rugió más fuerte.
—Pero Emily no es un gato —dijo Odd, ganándose algunas miradas inexpresivas —. ¿Qué? Es una chica humana, no un gato… Y los humanos no somos tan peludos como los gatos, así que en cierto modo estamos bastante pelados…
—Déjalo, Odd, mejor no mates tu última neurona —dijo Sissi.
—¿Qué quieres decir? —protestó. Aldamon apoyó una mano en su hombro y se agachó a su altura.
—La verdad, yo pienso lo mismo —susurró —. Aunque ahora ya sabemos que Emily también tiene cambios de humor como Chiaki…
—Eh, vosotros dos, ¿qué murmuráis? —preguntó JetSilphymon, dando un golpe en el suelo con la base del molinillo.
—Nada, nada, tranquila —respondió con una sonrisa nerviosa el de fuego.
—Si es que no tienen remedio —suspiró Leire —. Va, regresemos a casa.
Con Emily siendo alzada por el vuelo de Pegasusmon y Nefertimon, aún los cascos unidos por el lazo de santuario, el grupo regresó al cuartel con calma, estirando algunos los músculos después del esfuerzo por la pelea. Sobre los digimons alados, TK y Kari intercambiaban palabras sobre lo que habían visto.
