¡Muy buenas a todos! ¿Qué tal? Por aquí han bajado las temperaturas de golpe y porrazo y se ha levantado el viento que ayuda a eso de querer quedarse en casa, con una mantita y un tazón de chocolate (que no me hago por pereza).
Como cada semana, aquí os dejo un capítulo más. Esta vez, os traemos algo que seguro más de uno estabais esperando ver. No os entretengo más.
Sed felices y seguid leyéndonos, que nos hace felices a nosotras.
Capítulo 109: El Skidbladnir
El ruido metálico de una cacerola siendo golpeada fue lo que atrajo a todo el mundo al interior del particular muelle del cuartel. De pie, sobre la mesa, Timy aporreaba un par de cacerolas ante la atenta mirada de Jeremy.
—¿Se puede saber qué es tanto jaleo? —cuestionó Zoe.
—Me lo ha mandado Jeremy —respondió rápidamente la elfita, continuando con su llamada al no ver a todos allí reunidos.
—Es cierto, no la regañéis —alzó ambos brazos el informático —. Aunque no esperaba que os llamase así.
—Es Timy, ¿qué te esperabas? —negó Ace
—Einstein solo piensa en términos informáticos —le respondió Ulrich —. El comportamiento de tu hermana no es nada informático.
—Bueno, dejad eso ahora —pidió ligeramente avergonzado.
—¿Y bien? ¿Para qué nos has llamado? —preguntó Kouji, arrebatándole las cacerolas a la digimon del tiempo.
—Sí, a ello —aceptó Jeremy —. Como ya sabéis, Chiaki nos informó que Xana-Lucemon había llenado el fondo marino con torres. Absolutamente todos estaréis de acuerdo en que es vital que esas torres sean desactivadas, pues es una cantidad muy importante de energía la que está transmitiendo a la Rosa de las Estrellas para el uso de Xana-Lucemon. Sin embargo, eso de estar bajo el agua supone un grave problema para todos nosotros, pues sólo Chiaki podría bajar sin ningún tipo de problema.
—Un serio problema, sí —murmuró Bokomon.
—Así pues, con la ayuda de algunos adultos, decidimos buscar un medio factible que nos permitiera bajar a las profundidades a todos sin ningún problema. Gracias a una conexión tri-modal de las bases NIC del switch que establecí aquí en el Digimundo cuando nos trajeron el equipo, he logrado establecer un canal de comunicación directa entre el mundo humano y el Digimundo.
—Princesa, ¿nos puedes traducir? —pidió Odd a Aelita, provocando risas en todos salvo Jeremy.
—Básicamente, que los adultos no tienen que reajustar sus agendas para venir aquí porque podemos acceder a sus ordenadores y a todos los datos necesarios sin cambiar de mundo —suspiró la pelirrosa —. Jeremy, mejor sigo yo.
—Sí, mejor sigue tú —aceptó tomando asiento y cediéndole la atención a la chica.
—Gracias a contar con un superordenador de apoyo, cortesía de Izzy, se ha podido trabajar en la recuperación y ampliación de ciertos datos para darnos un pase a las profundidades. Jeremy, por favor —pidió.
Sin decir nada, Jeremy empezó a teclear en el ordenador a la esquina del lugar, totalmente apartado del agua. Un par de minutos más tarde, una enorme figura negra empezó a materializarse ante los ojos de todos, tumbada sobre las aguas hasta ese momento bastante calmadas.
—¡La virgen! ¡Habéis traído el "Elisa"! —exclamó Odd.
—Creí que ya te lo había dicho, Odd —suspiró el informático —. El Skidbladnir no se va a llamar como ninguna de tus novias.
—Es demasiado largo… ¿Qué tal "Isabel"? Más corto y más fácil de recordar.
—Es incluso más largo —ladeó la cabeza Labramon.
—¿Lo dejamos en Eli? ¿Isa? —siguió Odd.
—¿Quieres dejar de hacer el idiota? —exclamó Sissi, dándole una sonora colleja —. En serio, vuelve a decir un nombre de mujer…
—¿Y cómo te voy a llamar entonces?
—¡ME REFIERO A LOS MONSTRUOS Y A OTROS OBJETOS, TONTOMON!
—¿Le decimos que el nombre va en alusión a ella? —preguntó en susurros Yumi a las otras chicas. Las risitas no tardaron en intentar ser ocultadas.
—Como sea —llamó de nuevo la atención Aelita, la sonrisilla aún en el rostro —. Con esto, podremos bajar al fondo marino para actuar.
—Esto… tengo una pregunta —alzó la mano Teppei —. ¿No es demasiado pequeño?
—En Lyoko, sólo eran cuatro, aunque cuando lo construí, pensé en William y en la posibilidad de que se uniese al grupo —respondió Jeremy.
—Vaya, ¿hasta en esto me tuviste en cuenta? —preguntó el chico.
—Sí —asintió el informático —. Por ahora, imaginad esto como un prototipo para algo mayor —señaló —. Contamos con que Xana-Lucemon cree que sólo la guerrera del agua y sus aliados pueden moverse bajo el agua y que, como ninguno de ellos puede desactivar las torres, estarán a salvo.
—Es decir, contamos con el factor sorpresa —dijo Takuya.
—Y otra pregunta más —siguió el de la madera —. ¿Cómo se entra ahí?
—Originalmente, el hangar contaba con una plataforma de teletransporte —dijo Aelita, mirando alrededor —. Aquí eso de teletransportar no es tan sencillo, así que se han hecho unos cuantos ajustes para que la cabina del Skid y los NavSkids se puedan abrir.
—¿NavSkids? —preguntó Katsuharu.
—Las cuatro pequeñas naves de ahí —señaló Ulrich.
—¿Y cómo se sube a esa de abajo? —señaló Tommy.
—Ahí iba a ir Will —dijo Odd —. Como nunca la usó, siempre estuvo vacía… Pero entrábamos teletransportándonos. Ahora…
—Quizás mejor subo cuando tengamos un sistema mejor —alzó una mano el mencionado.
—¿Y no será mareante estar ahí? —preguntó JP —. Quiero decir, estás bocabajo.
—Ulrich y Odd estaban de lado —señaló Yumi hacia la cabina ladeada —. Yo iba en la que está arriba. No hay ningún problema, aunque el Skid también podía avanzar completamente en vertical.
—Exacto —asintió Aelita, empezando a caminar a unas escaleras para subir a la nave central.
—Chiaki, ¿quieres subir tú también para ir al fondo marino? —preguntó Jeremy.
—Creo que iré digievolucionada —respondió —. Lo siento, pero no sé manejarlo, así que… prefiero ir a mi manera.
—Eh, ¿es que vais a bajar ya? —preguntó Neila.
—Quiero comprobar que los pequeños cambios no han supuesto ningún problema y que el Skid va bien —dijo Jeremy —. Chicos, ¿vais subiendo?
—¡Yo también voy! —exclamó Labramon antes de envolverse en datos y retroceder a Xiaomon.
—Renamon, Kitsumon, ¿venís vosotros también? —preguntó Yumi.
—No hace falta que ocultéis que tenéis ganas —rió Ulrich. Ambos digimons tardaron poco en dedigievolucionar.
—Aelita, ¿yo también tengo que hacerme pequeñita? —preguntó Lunamon.
—No hace falta. En la cabina central hay más espacio que en los NavSkids.
—Os guiaré por el agua —dijo Chiaki, D-Tector en mano activado y saltando al agua. No tardó mucho en asomar la cabeza Mermaimon —. Cuando queráis.
—Abriendo compuerta —anunció Jeremy.
Ante la mirada de todos, la gran puerta empezó a alzarse, moviendo el agua algo más agitadamente y obligando a la sirena a moverse para no ser empujada contra la nave. El ruido de maquinaria hizo que más de uno buscase alrededor hasta que el Skid empezó a moverse, sin haber sido encendido, hacia el exterior.
—¿Cómo lo has hecho? —preguntó Koichi, caminando hacia el ordenador y Jeremy mientras los demás salían al exterior.
—Un sistema sencillo de plataforma móvil. Los llevará hasta un nivel de profundidad adecuado para que puedan avanzar por sí mismos.
Poco a poco, Aelita empezó a tocar los botones de la nave bajo la atenta mirada de Lunamon. Podía oír las voces de los otros seis navegantes, los tres digimons claramente emocionados mientras que los tres humanos estaban expectantes ante lo que podrían encontrar.
—Aelita, empieza a encender los propulsores para sumergiros —indicó Jeremy a través de un transmisor.
—A la orden, capitán —respondió, pulsando más botones.
—¿Y cómo sabes qué es cada cosa? —preguntó Lunamon.
—He tenido que hacer esto muchas veces en Lyoko. Aquí funciona igual. La única diferencia es que no sé qué voy a encontrarme una vez nos hundamos en el mar —respondió.
—¡Qué pasote! —oyó exclamar a Odd.
—Esto no se parece en nada a la red —dijo Ulrich.
—Os recuerdo que estamos en un mundo, no en la red —les dijo Yumi.
—¿Qué tal vais, chicos? —preguntó Aelita.
—De maravilla —respondieron los seis.
—Aelita, estáis a punto de hundiros del todo —informó Jeremy —. Activa el sistema de audio exterior para poder oír a Mermaimon.
—Recibido —asintió, volviendo a pulsar botones mientras la cabina dejaba arriba el cielo y se hundía en el mar —. Oh, dios…
—¡Aelita! ¿Me oyes? —preguntó Mermaimon, flotando ante las vistas de la pelirrosa. La chica alzó el pulgar, incapaz de pronunciar palabra alguna.
—¿Aelita? ¿Va todo bien? —preguntó Jeremy, algo nervioso.
—Sí, sí… Perdón, es que…
—No sabía que el mar fuese tan bonito —dijo Lunamon.
—Tienes razón —aceptó la chica. Al instante, sacudió la cabeza y se obligó a centrarse en su trabajo mientras, en el agua, Mermaimon se acercaba a los NavSkids y hablaba por gestos con los otros —. Jeremy, el Skid está aguantando bien la presión por ahora. ¿Alguna anomalía en el ordenador?
—Nada. Los parámetros están correctos. Adentraos un poco más.
—Es increíble que nos hayamos estado perdiendo este paisaje por tanto tiempo —empezó a decir la chica, haciendo avanzar lentamente el Skid.
—Lo increíble es que Xana-Lucemon lo haya destrozado con sus torres —negó Lunamon.
—Princesa, ¿qué tal vamos? —preguntó Odd con risitas de Xiaomon de fondo.
—Por aquí todo bien. ¿Y vosotros?
—Todo genial.
—Ningún problema —respondió Ulrich.
—Deseando dar el siguiente paso —informó Yumi.
—Está bien —asintió Aelita, pulsando varios botones —. Mer, ¿me oyes?
—Bastante bien —respondió.
—¿Se ve peligro cerca?
—Ningún enemigo a la vista —aseguró.
—Bien —aceptó —. NavSkids, preparados —anunció, pulsando nuevamente botones.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Lunamon.
—Probar el siguiente punto. Jeremy, libero los NavSkids —informó.
—¡Yuju! ¡Hacía siglos que no me sentía tan libre! —exclamó Odd.
Nadando por sí misma, Mermaimon se obligó a pegar al Skid cuando el que pilotaba Odd salió despedido a gran velocidad, haciendo cabriolas sin parar.
—En serio, ese chico está loco —suspiró antes de pasar la vista hacia los otros dos.
—Parece que funcionan correctamente —dijo Aelita, llamando la atención de la sirena.
—Si a lo que hace Odd le llamas "funcionar correctamente"…
—Me guío más bien por Ulrich y Yumi —respondió la pelirrosa. Tras ella, Lunamon empezó a reír.
En su NavSkid, Yumi se sintió como la primera vez que montó en él, pulsando absolutamente todo para ayudar tanto a Aelita como a Jeremy a que la prueba de resistencia de las naves fuese un éxito. Sobre sus piernas, Viximon movía la cabeza a un lado y a otro, mirando el fondo marino con los ojos totalmente abiertos.
—¿En Lyoko era así? —preguntó la digimon.
—No se parecía en nada —respondió —. Oh, vaya… —resopló cuando vio a los otros dos NavSkids disparando —. ¿Peligro? —al instante, Mermaimon apareció junto a su nave, negando con la cabeza y gesticulando con cierta rabia.
—¿Funcionan tus torpedos, Yumi? —preguntó Aelita —. Como puedes ver, los otros dos no han esperado que les pregunte.
—Voy a probar —asintió, apartándose de la sirena y empezando a disparar a la nada.
—¡Como mola! —exclamó Viximon, saltando feliz.
—Veo que está todo en orden. Intenta ponerlo a máxima velocidad.
—Recibido. Agárrate fuerte, Viximon.
Sin dudarlo, Yumi empezó a maniobrar, cruzándose en la trayectoria de los otros dos NavSkids (gesto que consiguió las protestas de los chicos y las risas de los digimons). Tras varias vueltas y tirabuzones, Yumi empezó a hacer subir el NavSkid, con Viximon animando en sus piernas.
—¡Arriba! —exclamó, haciendo saltar la nave por encima del agua.
—¡Yupi! —chilló Viximon, saltando y sintiendo que, por un momento, flotaba.
—¡Eh, eso no se vale! ¡Yo también quiero hacerlo! —protestó Odd.
—En serio, mira que eres crío —resopló Aelita —. ¿Todo en orden después de tu maniobra, Yumi?
—¡Como si nada! —rió mientras veía cómo los otros dos NavSkids buscaban imitar sus movimientos.
