¡Buenas a todos! ¿Qué tal? Perdón si no he contestado a mensajes o reviews esta semana, FF anda tonto del bote y los ha borrado. Pero a los que habéis escrito, que sepáis que estamos agradecidas y que ojalá vaya todo bien de nuevo para seguir respondiendo vuestras dudas.

Por otro lado, hoy hace frío, así que os voy a perdonar el tostón del DISCLAIMER, porque no pienso salir de debajo de la manta. Si alguien no lo recuerda, la semana que viene lo escribo.

Y bueno, me vuelvo a mi capullito calentito. Espero que vosotros no tengáis tanto frío por vuestras tierras. ¡Chau!


Capítulo 110: "Trabajo"

Xana-Lucemon sonrió calmadamente en la sala del trono de la Rosa de las Estrellas. Por una vez en mucho tiempo, sus planes estaban saliendo a la perfección y aquellos molestos niños elegidos no podían impedirle avanzar. Gracias a Neptunemon y a MetalSeadramon, el ángel caído sabía que los únicos que podrían dar algo de guerra eran molestias fáciles de apartar, como habían demostrado ambos digimons.

—Mi señor —llamó un Bakemon, haciéndole regresar a la realidad —. Matadormon ha regresado.

—¿Y a qué esperas para hacerle entrar?

Con una reverencia rápida, el fantasma volvió a salir de la sala y esperó hasta que Matadormon y la Scyphozoa entraron para cerrar la puerta y huir lejos de allí.

—¿Y bien?

—La misión que me encomendó ha sido completada con éxito, mi señor —sonrió el digimon.

—Habéis tardado mucho —observó Xana-Lucemon —. ¿Algún problema?

—Sin contar la lentitud de la medusa y que el Digimundo ha cambiado muchísimo desde la última vez que me moví libremente, los datos del digimon que me mandó buscar estaban muy esparcidos y dañados por el tiempo.

—Más te vale que funcionen.

—Estoy seguro que encontraré una solución de haber algún contratiempo.

—Por supuesto —asintió —. Más tarde, ve con Duftmon y para que te dé algunos detalles sobre el entrenamiento que están realizando. Pronto esos criajos no serán un estorbo y tendremos el control absoluto de este mundo.

Aunque Aelita había dicho que el ordenador en el Digimundo estaba conectado al de los adultos en la Tierra, el grupo no podía evitar negar con la cabeza al pasar junto al hangar del Skid por las voces de Jeremy e Izzy hablando con ilusión de cosas que, sin duda, estaban relacionadas con la nave acuática.

—Creía que con eso de los ordenadores unidos, no tendríamos a los adultos por aquí tanto —comentó Teruo.

—Para mí que no se fían de dejarnos del todo solos… Ni aunque algunos de sus digimons estén aquí día sí, día también —resopló Neila, volteándose justo para ver pasar a Impmon directo a donde Ignitemon jugaba con los Crossedmons.

—Y pensar que lo sugerí principalmente para que no hubiese nadie aquí animando a Jeremy a seguir trabajando —suspiró Aelita.

—Al menos, no ha venido mi madre —se unió Chiaki —. Suficiente con sus emails diarios preguntando cómo estoy y el mensaje que me envía con el tío Izzy.

—Quizás con ella habría algo más de control —dijo Neila.

—No sé yo… —suspiró —. Vamos a hacer algo útil por otro lado.

—¿Habla en serio sobre su madre? —preguntaron las dos al guerrero del metal.

—Porque cuando la visteis, todos estábamos demasiados preocupados con nuestros padres, pero…

—¿Qué? ¿Teruo? ¡Eh! ¡Necesitamos ayuda!

...

El calor era insoportable, aunque Ancient Greymon dijese lo contrario. En una esquina sombría, Wisemon pasaba las páginas del libro con cierto aburrimiento. Conocía al detalle todas y cada una de sus palabras, pero la idea de limpieza general para todo aquél desocupado, precisamente ese día, era la razón por la que había tomado la gran enciclopedia.

¡Wise! ¡Salimos! oyó gritar.

Pues muy bien respondió sin prestar atención a quién había hablado.

Sólo cuando la puerta se cerró, el guerrero del metal alzó la vista y se percató de la situación en la que se encontraba: lo habían dejado completamente solo en el Cuartel.

Debí haberme ido murmuró.

Resoplando, dejó el libro y se levantó. Si iba a quedarse "de guardia", lo mejor era estar cerca de la puerta.

¿Se puede?

Bienvenida, BlackGatomon saludó a la gata negra.

¿Está mi hermana?

Han salido hace nada señaló —. Qué raro que no te los hayas cruzado.

Bueno… Intento no ser vista… Ya sabes… dijo, cada vez más bajo.

Tranquila. Aquí eres bien recibida aseguró indicándole que tomara asiento . ¿Te apetece tomar algo?

Algo fresco, por favor aceptó.

Wisemon entró en la cocina y rebuscó en la nevera. No era la primera vez que la hermana más misteriosa de Persiamon aparecía en el cuartel. Aun así, al guerrero del metal le seguía sorprendiendo aquella digimon. Según la Guardiana felina, su hermana oscura tenía un carácter tan fuerte como el de la mismísima Ophanimon. Sin embargo, la digimon que él recibía no coincidía en nada a esa descripción. Ni tan siquiera hacía pensar que, en realidad, era una de las digimons más temibles de ese tiempo.

Realmente es un misterio que nadie la haya descubierto aún reconoció, cargando una bandeja.

...

Cuando Teruo abrió los ojos, lo primero que vio fue a los dos Crossedmons, subidos en el respaldo del sofá en el que le habían dejado. La sonrisa de la digimon dorada no auguró nada bueno, aunque el chico no estaba del todo seguro ante la nula expresión en su hermano.

—¡Ya ha despertado! —anunció Timy.

—En serio, por más que sepamos que es algo normal, no creo que nos vayamos a acostumbrar jamás a estos sustos —señaló Chiaki.

—¿Todo bien? —preguntó William.

—Sí, sí… Más o menos…

—¿Agua o limonada? —preguntó Neila, un vaso de cada en las manos.

—Las dos —dijo.

Sin dudarlo, tomó el vaso de agua y se lo tiró por encima antes de vaciar de dos tragos el de limonada, con las risitas de Timy al lado.

—¿Mejor? —preguntaron las chicas.

—Sí…

—¿Qué has recordado? —preguntó William.

—Creo que nada interesante —negó.

—¿Seguro? —preguntó Chiaki.

—La verdad, creo que me ha venido porque hemos dicho de hacer algo y… Si tengo que ser sincero, no tenía muchas ganas de hacer nada. Hace demasiado calor —señaló.

—¿Pero qué era? —insistió su amiga de infancia.

—Pues… Que alguien había decidido que todo aquel sin trabajo se pusiera a limpiar en un día muy caluroso… Y yo no tenía ganas —sonrió tontamente —. Me puse a leer, se me pasó el tiempo, acabé solo en el cuartel y vino BlackGatomon de visita.

—¿Yo? —preguntó la gata, mirando a su compañera humana —. Aunque lo que recuerdo de aquel tiempo es que tenía hermanas a las que solía visitar, no sé nada.

—Estamos todos igual —suspiró William.

—Seguro que acabaremos recordándolo todo bien con el tiempo —dijo Neila —. ¿Qué os parece si nos vamos a nadar un rato? Total, sin el Skid disponible para bajar a desactivar torres y con las de tierra demasiado lejos como para ir a diario a desactivarlas…

—¡A nadar! ¡A nadar! —gritaron los digimons.

—Estoy contigo. Me voy a evaporar con este calor —resopló Chiaki.

—No sé si Dracomon sabe nadar —dijo pensativo William.

—¡Yo sí sé! —exclamó Timy, echando a correr ya a la playa.

—¿Y bien, Teruo? —preguntó Neila —. ¿Vienes?

—Me parece genial.

—Pues ¡a por los bañadores! —exclamó la chica, echando a correr hacia los dormitorios.

...

Las palabras de Izzy y Jeremy eran la música de fondo para Aelita. La pelirrosa había decidido trabajar en la reconstrucción de la pulsera de Alex en el hangar, a resguardo del abrasador sol y con el agua cerca. De tanto en tanto, Lunamon, Gaomon o Tentomon se le acercaban preguntándole si necesitaba algo, trayéndole bebida y comida sin pedirla o simplemente quedándose junto a ella.

—¿Cómo lo llevas? —preguntó Lunamon.

—Es complicado —resopló dejando a un lado las cosas y caminando hacia el agua.

—¿Por qué?

—No imaginé que la pulsera fuese un aparato electrónico tan complejo —dijo —. He logrado identificar algunas piezas, pero…

—¿No puedes reconstruirla?

—Sí, podría… La pieza principal no ha sufrido daños, por suerte. Pero todo lo demás… Es complicado —repitió.

—Sé que podrás hacerlo —animó Lunamon.

La pelirrosa sonrió antes de saltar al agua para refrescarse un rato. Con cuidado, nadó alrededor del Skid, observando de cerca los pequeños cambios que había ido sufriendo la nave con las reformas de los dos informáticos allí enfrascados ante el ordenador.

—¡Aelita! —oyó en la puerta gritar a Neila —. ¿Vienes a nadar?

—¡Lo siento, pero tengo algo de faena aquí! —respondió alzando una mano.

—¿Te han puesto a soldar en el agua o qué? —rió acercándose.

—Estoy con la pulsera de Alex —respondió.

—¿Lo que dejó el niño capturado en la torre?

—Así es.

—Intenta descansar un poco. No te conviertas en aquellos dos —susurró señalando a los del ordenador.

—Lunamon es mi testigo de que descanso. A demás, ¿qué crees que estoy haciendo ahora?

—Nos vale a todos —aceptó —. Por cierto, Teruo ya está bien.

—¿Sí? Luego voy a verle.

—Estaremos nadando, por si sales antes.