¡Hola a todos! ¿Qué tal va la vida? Aquí no se puede estar... Tan pronto hace calor, como aire, como bochorno... Qué ganas de que venga el frío de una vez para tener clara la ropa que tengo que ponerme...
Bueno, aquí os traigo otro capítulo. Como siempre, gracias por pasaros a leer, por dejar reviews y perdón si alguna vez no respondo a alguien, tengo la cabeza en mil cosas y ninguna buena (ok, alguna buena la hay, no temáis).
A pasar un buen fin de semana, chicos
Capítulo 111: El nuevo Skid
Jeremy resbaló en la silla. Después de horas y horas trabajando, con los antiguos elegidos al otro lado del ordenador, el Skid estaba listo para volver a ponerse en movimiento tras las reformas. Tras él, Gaomon empezó a aplaudir con calma, llamando su atención al instante.
—¿Quieres que avise a los demás?
—Sí. Cuanto antes lo sepan, antes empezamos nuestro contraataque contra Xana-Lucemon.
El lobo digital no tardó mucho en reunir a todos en el hangar. Con el fin de crear suspense, aunque a Jeremy no le había pasado por alto que muchos se habían asomado incluso por encima de su hombro, había decidido desmaterializar el Skid.
—¿Qué es eso tan importante que nos tenías que contar, Einstein? —preguntó Odd.
—Permitidme presentaros el nuevo Skidbladnir —dijo pulsando una tecla.
Las cabezas de todos voltearon hacia el agua, donde la nueva figura tomaba forma. Las exclamaciones de sorpresa no tardaron en resonar en el lugar ante la visión del nuevo Skid. La parte de los NavSkids había desaparecido, dejando únicamente la cabina, muchísimo más grande, en cuya base asomaban extrañas protuberancias en todo el círculo de la nave.
—Guay, que ahora iremos todos metidos en el mismo hueco —señaló el rubio.
—Si me das tiempo… —carraspeó Jeremy. Una mano alzada le obligó a esperar para hablar.
—Oye, Jeremy, ¿vas a darnos un discurso técnico? Porque si es así, queremos que nos lo dé Aelita —señaló Takuya.
—Muy bonito —declaró el informático —. Tranquilos, que todos me entenderéis —aseguró, aunque más de una mirada que recibió fue de desconfianza —. Bien, como podéis ver, éste es el nuevo Skidbladnir. Sin duda, la gran diferencia es la desaparición del racimo de los NavSkids —dijo señalando la nave —. Como no os puedo teletransportar, realmente es incómodo entrar en ellos, especialmente en los que puedan quedar bocabajo, por no decir que la posición que tenían originalmente estaba al nivel óptimo para que Aelita pudiese dirigir la nave.
—Un alivio saber que no tendremos que hacer de arañas para entrar —suspiró William —. Pero Odd tiene razón en una cosa. ¿Vamos a ir todos en la cabina principal, todos en un mismo blanco?
—Nada de eso —sonrió el informático —. Siguen existiendo los NavSkids. Están ahí mismo, a la vista.
Todos volvieron a mirar al Skid, intentando ver una forma que recordase a las pequeñas naves en las que, pocos días antes, los originales de Lyoko hicieron una demostración de pilotaje.
—¿Eso? —preguntó Koichi, señalando los bultos en la base del Skid. Jeremy asintió con una gran sonrisa —. Pensaba que esconderían cañones…
—¿Cañones? —cuestionó JP —. ¿Qué te imaginas?
—No sé. Si no puedes atacar bajo el agua con tus ataques, necesitarás un arma, ¿no?
—Como Koichi bien ha señalado, esos bultos son los NavSkids. Se accede a ellos desde la cabina principal, te montas en ellos, cierras la cubierta y bien desde la cabina o yo mismo desde el ordenador, pueden liberarse.
—¿Y cómo salen de ahí? —preguntó Tommy.
—La parte de abajo se abre completamente para dejarlos libres —explicó.
—¿Y no inundará la cabina central? —preguntó Arya.
—Para nada —negó —. Gracias a un sistema de…
—Cuando entren los demás en los NavSkids, debe haber algún botón que cierre la compuerta de acceso —intervino Aelita. Las miradas agradecidas no tardaron en asomar en muchos rostros.
—Sí, básicamente es lo que ha dicho Aelita —aceptó Jeremy —. ¿Alguna pregunta?
—¿Eso puede entrar en las torres? —preguntó Kouji.
—No.
—Me lo temía —suspiró —. ¿Y cómo esperas que desactivemos la torre si no entramos?
—También lo he pensado —asintió —. Como sabéis, nuestros cuatro selladores no pueden sobrevivir bajo el agua sin respirar. Así pues, he ideado un programa de respiración… Pero necesito mucha energía para poder llevarlo a cabo correctamente.
—¿Y no podríamos pedir bombonas de oxígeno? —preguntó Odd.
—Si lanzasen un ataque mientras uno de ellos está en el agua y le da en la bombona, podría correr peligro —explicó —. A demás, es complicado moverse con tanto peso.
—Ahí estoy de acuerdo con él —señaló Koichi.
—Por lo tanto, el programa que he ideado permitirá a quien lo use el moverse con libertad en el agua, incluso digievolucionado, y atacar si se diese el caso —siguió Jeremy.
—¿Y a qué esperas para acabarlo? —preguntó Katsuharu.
—Necesitaría una torre para usarla como batería… Mejor de las que aún están activadas, para distraer la atención de Xana-Lucemon.
—Es decir, que formamos dos equipos —suspiró Aelita —. Vale, yo tengo que ir a la torre. Es más fácil que me ocupe yo de activar la torre para nuestro beneficio que explicarle a Emily, Koichi o Kouji cómo hacerlo.
—Me parece bien —asintió el informático —. La cabina tiene dos asientos para pilotar. Yumi y Ulrich, creo que vosotros dos podréis haceros cargo.
—Eh, ¿y yo qué? —preguntó Odd.
—Creo que mejor vete a la acción —suspiró el otro rubio —. Aunque tampoco tenéis que ir todos. Chiaki, tú te quedarás aquí para ayudar en el agua. Necesitaremos al menos a dos más en los NavSkids. Podéis ser digimons si queréis.
—¿Nosotros también podemos pilotar? —preguntó con los ojos muy abiertos Labramon.
—Como recordaréis, de las primeras cosas que os pedí fue vuestra huella para…
—Déjamelo a mí, Jeremy —volvió a interrumpir Aelita —. Lo más seguro es que haya un panel en el NavSkid donde apoyar la mano para escanear. Una vez reconocido el piloto, el NavSkid se amoldará a quien sea que haya entrado, especialmente si sois digimons. Porque Renamon y Kitsumon, por ejemplo, son más altos que los demás.
—Esto… una pregunta —alzó la mano Arya —. ¿Yo podría ir también? A mí también me escaneaste la mano.
—Por supuesto —asintió. La reacción de la chica no se hizo esperar, igual que la de sus dos primas.
Diez minutos después, todo el mundo empezó a moverse a un lado y a otro, preparándolo todo para la misión doble que tenían pendiente. Parada ante la pasarela de embarque, Yumi miraba el Skid con cierta preocupación.
—Qué mala cara tienes —comentó Koichi apareciendo a su lado —. ¿Pasa algo malo, Yu-chan?
—Nada, sólo que pilotar el Skid es… —empezó a decir —. Un momento… ¿Acabas de llamarme Yu-chan?
—Uy… —susurró el chico, palideciendo instantes antes de echar a correr hacia el grupo que acompañaba a Aelita —. ¡Kouji! ¡Yo no bajo al agua!
—¿Eh? ¿A qué viene ahora eso? —cuestionó el gemelo de la luz.
—¡KIMURA! ¡TE HE DICHO QUE ODIO QUE ME LLAMES ASÍ! —rugió Yumi, avanzando con un aura asesina a su alrededor.
—Madre mía —suspiró Kouji, empujando a su hermano contra Takuya —. Última vez que te salvo de ella —dijo encaminándose a su prima y atrapándola de ambos brazos —. Ya, ya, olvídate del enano mental.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Zoe.
—Pues… Cuando era pequeño, no me salía el nombre de mi prima, así que la llamaba Yu-chan… Y como que alguien más lo oyó, lo repitió y a Yumi no le gustó —confesó con nerviosismo Koichi.
—Tampoco suena tan mal "Yu-chan" —comentó Odd.
—Mejor no se lo digas o nos matará a los dos —convino el de la oscuridad.
—Muy bien —Aelita dio una sonora palmada para llamar la atención de todos —. Equipo, salimos en tres minutos.
