¡Aloha! ¿Qué tal llevamos octubre? Por aquí todo en orden, sin ningún contratiempo de ningún tipo.

Como está siendo costumbre, os dejo directamente con el capítulo, que si no es así, no avanzo en todo lo que tengo pendiente. Así que si no recordáis el disclaimer, retroceded hasta un capítulo en el que sí lo haya escrito.


Capítulo 112: Atrapadas en la cueva

Lunamon comprobó por Aelita la brújula del D-Tector de la pelirrosa. Con un par de palabras, corrigió el rumbo de la chica y, tras ella, todos se encaminaron correctamente a la torre activada que Jeremy había señalado como "de conexión directa" con la que tenían en el hangar de la playa.

—¿Y qué es lo que vas a hacer exactamente en la torre? —preguntó Takuya.

—Aprovechar que las torres quedan inaccesibles para Xana-Lucemon cuando se desactivan para usarlas en nuestro beneficio —respondió Aelita.

—¿Eso se puede hacer? —preguntó Sissi.

—Sí. Y el hecho de que Xana-Lucemon no pueda meter la zarpa para robárnosla es lo mejor que nos puede pasar —sonrió Odd.

—¿Pero no podrían tratar de destruirla? —preguntó Leire.

—Por eso nosotros nos quedaremos allí, para dar tiempo a que Jeremy consiga la energía suficiente como para acabar el programa —declaró la pelirrosa.

—¿Y ya estará? —preguntó Emily —. ¿Podremos bajar eternamente sin necesidad de activar otra torre?

—Si la cosa sale bien, sí —aceptó Aelita.

—Hablamos de Jeremy a los mandos —dijo William —. Seguro que sale bien.

Pocos minutos después, el grupo entero llegó a la cara sur de una sierra con cuevas ante la que se detuvieron. En silencio, con Aelita encabezando la comitiva, empezaron a acercarse a una de las entradas.

—¿Seguro que es aquí? —preguntó Odd —. No tiene aspecto de guardar una torre.

—Quizás está medio enterrada —aventuró Labramon —. Hay muchos digimons que se dedican a cavar túneles por el Digimundo.

—Algunos de los refugios que existen están ocultos bajo tierra —explicó Tailmon.

—De haberlo sabido, habríamos pedido a Katsuharu que viniese también —comentó Takuya.

—¡Chicos! —exclamó una voz en lo alto de la sierra. Todas las cabezas se alzaron preocupadas varios segundos antes de reconocer las dos figuras que saltaban hacia ellos.

—Parece ser que habéis llegado sin ningún problema —sonrió Kuzuhamon mientras, tras ella, Ravemon observaba alrededor.

—No hemos encontrado ningún monstruo ni nada —dijo Lunamon.

—Tampoco nosotros hemos visto enemigos en la zona. Pero no podemos estar seguros de nada —habló el digimon alado.

—Porque nos vamos a meter en un agujero de gusano, ¿no? —señaló William hacia la caverna.

—No es una zona excesivamente importante —comentó Ravemon —. Por lo que, de haber enemigos, no sería nadie por quien debamos preocuparnos demasiado.

—Sin contar que, hasta donde sé, ninguno de los capturados es un digimon bebé —negó Kuzuhamon.

—¿Cómo está Lotusmon? —preguntó Floramon, avanzando hasta la digimon zorro.

—Ayuda a la dama Rosemon en otra zona —respondió —. Aunque de haber sabido que veníais Sissi y tú, seguro se habría querido apuntar.

—No creo que necesitemos tanta ayuda —negó Aelita —. Jeremy trabajará rápido, por lo que proteger la torre no será complicado.

—Aun así, mejor movernos ya —dijo Ravemon —. Cuanto antes empecéis, antes podréis regresar y poneros a salvo.

—¿A salvo? —cuestionó Takuya —. Creo que sólo tenemos suerte de que Xana-Lucemon no se haya lanzado a nuestra puerta.

Encogiéndose de hombros, Ravemon indicó al grupo que empezara a adelantarle cuando un temblor de tierra le obligó a alzar el vuelo para poder observar sin ser afectado por las sacudidas que recibían los demás.

—¡Entrad a la cueva ya! —ordenó.

Con cierta dificultad, el grupo corrió hacia uno de los agujeros mientras Ravemon se preparaba para atacar en cuanto el culpable de las sacudidas se manifestase. Kuzuhamon entró la primera, echando un vistazo rápido para confirmar la ausencia de enemigos que imposibilitaran el refugio de los niños. Junto a ella no tardaron en pasar dos chicas con sus digimons.

—¡Avalancha!

Ante el grito de Tailmon, Kuzuhamon alzó la vista para ver una cortina de polvo cayendo a la entrada de la cueva. Tirando a un lado su bastón, volvió a salir y tiró de Sissi al tiempo que intentaba alcanzar a Leire, pero las primeras rocas cayendo demasiado cerca de ellas la forzó a tirar de la chica que ya había cogido, lanzándola al interior de la cueva antes de ponerse ella también a refugio. Al otro lado, Tailmon evolucionó en un instante a D'Arcmon, atrapando a Leire y apartándola de la cueva a tiempo.

—¿Estáis bien? —preguntó Takuya, D-Tector listo en mano.

—Sí —asintió algo temblorosa la chica.

—Nos hemos quedado fuera —comentó Odd.

—Algo me dice que, aun con eso, tendremos diversión —señaló William.

Un breve instante sin temblores no auguró nada bueno para los cuatro chicos. Justo les vino para digievolucionar antes de que una sacudida peor que las anteriores les obligara a refugiarse en el aire, sostenidos por D'Arcmon, Aldamon y Wingdramon.

—Voy a matar a Kuzuhamon cuando salgamos de esta... Que ella sola habría podido ocuparse del posible enemigo... Ya, claro —suspiró Ravemon.

—¿Por qué? ¿Quién es? —preguntó Leire.

—Machinedramon —dijo con los ojos puestos en la figura metálica que se alzaba del suelo.

—¿Ese nombre no es de uno de los que enfrentaron los antiguos niños elegidos? —preguntó William.

—Nos habría ido bien una guía sobre cómo enfrentarle —declaró Odd —. Con Puppetmon vino bastante bien…

—Pero si tú no hiciste nada —declaró Aldamon.

—Por favor, no empecéis ahora —pidió Leire.

—Pensad así: mejor tenerle aquí que no en la cueva con las chicas —señaló Ravemon, dispuesto a luchar contra el digimon mecánico.

...

Sissi, Floramon y Kuzuhamon no podían evitar toser por el polvo que habían respirado. Aelita, Lunamon, Emily y Mikemon no tardaron en acercarse a socorrerlas, ayudándolas a apartarse de la entrada bloqueada por si algún nuevo derrumbe soltaba más piedras.

—Leire… estaba… —intentó hablar Sissi.

—D'Arcmon la ha apartado a tiempo —dijo Kuzuhamon —. ¿Cómo estáis vosotras dos?

—Bien —respondieron. La última sacudida las forzó a alejarse aún más del tapón de rocas —. ¡Pero si esto sigue así, no lo contaremos!

—¿Ya ha sido buena idea entrar? —preguntó Emily —. Sé que la torre está aquí dentro, pero…

—Somos un señuelo al fin y al cabo —dijo Aelita mirando al interior de la caverna en la que se debían adentrar —. Mejor que piensen que pueden con nosotros que dejar que ataquen a los que bajen a las profundidades marinas.

—Movámonos —se levantó Kuzuhamon, soltando un tubo de su cinturón —. Algo me dice que el gran peligro está fuera, por lo que podemos avanzar medianamente tranquilas.

—Está demasiado oscuro. ¿Cómo lo haremos? —preguntó Sissi.

—Yo podría guiaros —alzó la garra Mikemon —. Puedo ver en la oscuridad.

—Yo también os ayudaré —informó la digimon abriendo el tubo en su mano. Un pequeño zorro apareció, dando un par de vueltas alrededor de ella —. Ábrenos camino hacia la torre.

Con un par de vueltas más, la criatura se alejó del grupo cueva adentro, dejándolas a todas en silencio.

—¿Y ahora? —preguntó Sissi, no muy segura, con Floramon cogida a su pierna.

—Avancemos —dijo la digimon morada extendiéndole la mano —. Será mejor que os toméis de la mano.

—Lunamon, Floramon, cogeos a mí —dijo Mikemon, extendiendo ambas garras a las otras dos digimons.

—¡Esperad! Lunamon, entra al D-Tector —enfocó Aelita.

—¿Por qué?

—Alguien tiene que avisar para pedir ayuda. Aunque no sabemos cómo están las cosas ahí fuera, necesitaremos una ruta de escape —explicó. La conejita no tardó en obedecer.

—Os avisaré de cualquier obstáculo en el camino —aseguró Kuzuhamon a las tres humanas.