¡Hola a todos! Hoy paso rápido a dejar el capítulo, no sin antes saludar a Alije, a quien vamos a darle la bienvenida y esperamos que le gusten los capítulos que ya hay y los que faltan por venir. Cualquier pregunta que tengas, estaré encantada de responderla (siempre y cuando no sea un spoiler, que no podré hacer nada por ti).
¡Pasad una buena semana!
Capítulo 113: Machinedramon
Espalda contra espalda, el grupo de Guardianes y Ravemon observó los digimons que empezaban a acercarse a ellos por todas partes.
—Lo que nos faltaba —protestó Odd, brazo alzado listo para disparar —. Nos separan y nos envían tropecientos Kuwagamons.
—Y un UlforceV-Dramon —señaló Ravemon —. Maldición… De no haber venido él, podría haber intentado entretener a Machinedramon, pero…
—Déjame adivinar —dijo William —, Ulforce supone mayor peligro para nosotros que la maquinota enorme.
—Sí —respondió simplemente —. Yo me encargaré de él. Vosotros tened cuidado.
—Lo que vamos a necesitar son refuerzos —dijo Aldamon, preparado para atacar.
—Reza para que los estén pidiendo las que se han quedado atrapadas —dijo D'Arcmon.
Sin dudarlo, el ángel se lanzó al frente, la espada lista para cortar cuanto se cruzase en su camino, lista para encararse a Machinedramon mientras Ravemon volaba al encuentro de UlforceV-Dramon. Poco más tardaron Aldamon, Cerberusmon y Wingdramon en seguir al ángel, dejando a los tres humanos, reagrupados, para enfrentar a los Kuwagamons que ya empezaban a cerrar formación alrededor de todos.
—Maldita sea… No puedo hacer nada así —protestó D'Arcmon tras golpear inútilmente su espada contra el cyborg.
—Tampoco creo que puedas hacer mucho de la otra forma —negó Cerberusmon antes de soltar una fuerte llamarada contra el digimon mecánico.
—¡Eso no hace ni cosquillas! —rió Machinedramon —. ¡Ahora veréis, niños elegidos! —exclamó alzando su garra derecha.
—¡Apartad todos! —ordenó Aldamon.
La sacudida por el golpe del digimon mecánico casi hizo caer a los tres chicos humanos, provocando que fallasen en el intento de atacar o defenderse.
—En serio, Xana-Lucemon se ha coronado con el ataque esta vez —resopló Odd, levantándose con algo de dificultad.
—Puedo extender una barrera sanadora que nos cubra, siempre y cuando no os alejéis de mí —dijo Leire, báculo en alto para cubrirse de un golpe de Kuwagamon.
—No nos conviene gastar energía en eso —negó William, mirando con preocupación su espada nueva —. Simplemente procurad que no os den directamente.
—Eso es fácil de decir —protestó Odd, cruzando los brazos ante él y haciendo aparecer su escudo —. Pero te recuerdo que somos tres contra un ejército de digimons.
No muy lejos, Aldamon, Cerberusmon, Wingdramon y D'Arcmon hacían cuanto podían para eliminar a Machinedramon, pero el digimon máquina no sufría daño alguno.
—Este tío es indestructible —resopló el híbrido de fuego.
—Es impenetrable —dijo Wingdramon.
—Nada, no puedo acertar ningún golpe —negó D'Arcmon, espada y báculo cruzados ante ella en forma de escudo.
—¿Y qué hacemos? —preguntó Cerberusmon, esquivando la garra metálica.
—Insignificantes insectos. ¡No podéis hacer nada contra mí! —rugió Machinedramon.
—Es demasiado duro para nosotros —negó D'Arcmon.
—Y los de atrás tienen demasiados problemas —suspiró Cerberusmon, viendo a Odd y a los otros dos humanos luchando espalda contra espalda contra todo Kuwagamon que se les lanzaba.
—No os despistéis —llamó Aldamon —. Debemos resistir todo cuanto podamos aquí. Cuanto más entretengamos a Machinedramon, más posibilidades de éxito tendrá Aelita en las cuevas.
—Tienes razón —aceptó Wingdramon, alzándose y preparándose para un nuevo ataque.
Bastante más apartado, Ravemon cruzaba su espada con la de Ulforce. No era ignorante de las habilidades del Caballero Real, por lo que al hecho de no poder ayudar más a los Guardianes debía sumarle la rabia por la humillación a la que pretendía someterlo el digimon poseído.
—Tenéis que abrir los ojos —dijo, buscando golpear al otro de alguna forma —. ¡Ése no es el camino correcto!
—¿Y qué vas a saber tú sobre caminos correctos? —preguntó con tono de burla.
—Xana-Lucemon es un error —negó.
—¡El amo Xana-Lucemon es lo mejor que puede pasarle a este mundo!
—¿Acaso no os dais cuenta? ¡Lo único que pretende es destruir este mundo!
—No creas todo lo que ese falso líder tuyo dice —dijo rozando al digimon ave con su espada.
Cansado, Ravemon se preparó para atacar sin duda alguna cuando un fuerte rugido le detuvo en el aire y obligó a voltear para ver hacia el reducido grupo de Guardianes a los que acompañaba.
—Oh, no…
—¿Qué pasa, Ravemon? —preguntó Ulforce —. ¿Es que te preocupan esos criajos?
—Malditos…
—Si quieres, puedes ir a compartir el mismo destino que ellos —señaló —. Pero te aconsejo que corras un poco.
Ravemon apretó el puño con rabia. Sabía que, de haber querido, Ulforce podría haberle puesto la pelea más difícil de lo que estaba haciendo. De igual manera, sabía que darle la espalda podría suponer mayores problemas para los demás.
—Así que te quedas… Sí, tal y como Duftmon previó —sonrió el azul.
—Tenéis que dejar a Xana-Lucemon —dijo alzando su arma —. Créeme, no es lo correcto.
—Eso habrá que verlo.
Un nuevo estallido despistó a Ravemon, que recibió el impacto de Ulforce de lleno. Al digimon ave no le quedaban dudas: su rival iba a darlo todo. Con esfuerzo, el digimon logró apartarse del Caballero Real y alzó la espada para defenderse justo cuando la voz de Machinedramon resonó en el lugar.
—¡Se acabó, niños elegidos! ¡Día catastrófico!
Casi a cámara lenta, Ravemon observó al digimon cyborg a punto de liberar su ataque directo contra el trío de Guardianes contra los que no se enfrentaba. Volteó su cuerpo para lanzarse a ayudar, pero Ulforce lo atrapó por las alas e impidió escapar.
—No, no, habías decidido quedarte —rió —. Quédate a ver el final de esos niños.
Aun sabiendo que, de los allí presentes, era el más rápido, Wingdramon no se veía ni por asomo cerca de hacer de escudo para William, Odd y Leire. El trío seguía peleando contra los Kuwagamon, ignorantes del enorme peligro que iban a correr, y ni tan siquiera eran capaces de identificar los gritos de advertencia de los demás.
—¡MORIRÉIS! —rugió Machinedramon, la onda expansiva empezando a correr hacia donde Aldamon, D'Arcmon y Cerberusmon observaban con horror.
—¡Espacio alternativo!
Una cúpula plateada atrapó al digimon metálico justo a tiempo, haciendo que la mirada de los tres digimons se posase en la figura que había aparecido de la nada y mantenía un brazo al frente.
—Se os ve muy apurados —saludó CrossSpacemon.
—¡Ace! —exclamó D'Arcmon, claramente aliviada —. Dime que no has venido tú solo.
—Bueno, sí —sonrió rascándose la mejilla —. No iba a hacerles aparecer de repente aquí encima vuestro, ¿no?
Apartado, Ravemon no pudo evitar sonreír al ver al digimon del espacio en el lugar, su barrera bloqueando y rompiendo el ataque de Machinedramon. Casi al mismo tiempo, la presión en sus alas desapareció, permitiéndole moverse. A varios metros, UlforceV-Dramon se frotaba el brazo golpeado por el molinillo de la digimon que le había atacado.
—Sentimos el retraso, nos han hecho esperar al refuerzo extra —se le acercó JetSilphymon.
—¿Cuántos habéis venido?
—Todos cuantos hemos podido —aseguró la híbrida del viento.
—¡Mascarada espiral!
—Tsk, LordKnightmon —murmuró Ulforce —. ¿Tú también vas a hablarme de lo que está bien y lo que está mal?
—No. Yo voy a arrastrarte de vuelta con nosotros —declaró lanzándose veloz contra él.
—Ravemon, necesitas descansar —dijo JetSilphymon —. Ven conmigo.
—Pero los demás…
—No pasará nada —aseguró —. Ven, hay que tratar tus heridas —insistió.
Un poco a regañadientes, Ravemon siguió a la híbrida del viento hasta una zona plana de la sierra en la que un humano observaba la pelea con una mueca de disgusto en el rostro. A su lado, otra digimon se mantenía agachada, sin inmutarse demasiado en lo que sucedía más abajo.
—Nunca pensé que volvería a verle —dijo Tai cuando los dos digimons pusieron los pies en el suelo —. Menos aún que tendríamos que enfrentarle de nuevo.
—A veces, las cosas no son como nos gustarían —suspiró JetSilphymon antes de voltearse a la acompañante de Tai —. Que no se vaya de aquí.
—Recibido, mamá —sonrió CrossTimemon.
—Yo voy contigo a ayudar —la retuvo Ravemon. Al instante, una cadena dorada empezó a trepar por su pierna, obligándole a volver la vista a la otra digimon.
—Puesto que mi hermano y yo ya no somos un secreto, sabes perfectamente de lo que soy capaz —dijo sin mirarle siquiera —. No quiero gastar energía tontamente, así que quédate aquí.
Antes de que el digimon ave pudiese hacer algo, JetSilphymon se lanzó en picado hacia los Kuwagamon que retrasaban la retirada de Odd, Leire y William. El trío sonrió agradecido antes de seguir trepando por donde Beetlemon les había indicado hacia la zona segura de CrossTimemon.
—Ya estoy aquí —anunció a Reichmon.
—Gracias al cielo. Ayúdame a decirle al idiota de Aldamon que necesita descansar —señaló el híbrido oscuro.
—¡Aldamon! —gritó volando hasta quedar por encima de su cabeza —. ¡Leire te necesita!
—¿Leire? —preguntó buscando rápidamente alrededor.
—D'Arcmon, Cerberusmon, Wingdramon, vosotros id también a descansar —pidió la del viento. Tras ella, el de la oscuridad intentaba no reír.
—Entendido —asintieron los tres.
—Debería haberlo pensado antes —negó Reichmon.
—Si no piensas en tu situación, es evidente que no piensas en la de los demás —dejó ir JetSilphymon, dejando al oscuro confuso —. WarGreymon, ¿necesitas ayuda?
—Imagino que un poco sí —asintió mirando fijamente al digimon metálico —. Creí que ya habría escarmentado por la última vez, pero parece ser que no.
—Si hacemos caso a la historia que nos contó Tai, muy posiblemente no escarmiente nunca —declararon ambos.
—Pues no perdamos más el tiempo —dijo —. CrossSpacemon, déjalo ir.
—Todo vuestro —sonrió antes de bajar el brazo.
La barrera empezó a deshacerse, para clara alegría del retenido, al tiempo que el digimon del espacio se dejaba arrastrar por un vórtice a sus pies.
