¡Hola a todo el mundo! Ayer me pasé el día durmiendo y para cuando me desperté, no eran horas de actualizar nada. Pero todo el mundo tranqui, que aquí estoy de nuevo subiendo capítulo como cada finde.

Hoy tengo tiempo, así que como hace tiempo que no lo digo... DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a dos estudios en los que las mentes locas que sacaron esta idea no trabajan. Los personajes les pertenece a cada uno de esos gigantes, salvo un número reducido que sí nos los sacamos de la manga nosotras. Cualquier parecido con la obra (escrita o dibujada) de terceras personas es coincidencia y tanto Lily como yo estaremos encantadas de hablar con dicha persona.

También quiero aprovechar que hay tiempo para saludar a omega9028, a quien se me pasó hacerlo en el capítulo anterior (estaba más pendiente de que FF estuviese yendo bien de nuevo). ¡Gracias por pasarte y esperamos seguir viéndote por aquí cada semana!

Y ahora sí, os dejo con el capítulo de turno. ¡A disfrutarlo!


Capítulo 116: La torre marina

Xana-Lucemon observaba fijamente la puerta aún cerrada del salón. Hacía rato que un Phantomon le había informado de la decisión de UlforceV-Dramon de regresar al cuartel junto a Machinedramon y los pocos secuaces que habían sobrevivido al combate contra el grupo de Guardianes.

—A ver qué demonios ha pasado ahora —resopló tamborileando los dedos sobre el reposabrazos del trono.

Varios minutos después, los dos digimons a los que esperaba fueron anunciados e invitados a entrar al salón. Sin moverse ni un milímetro, Xana-Lucemon esperó hasta que estuvieron ante el trono.

—Amo Xana-Lucemon…

—Decidme que los habéis eliminado.

—No, señor —negó Ulforce —. Aunque al principio eran pocos y logramos aún reducir más su número separándolos, uno de los digimons de los que nos habló Duftmon apareció trayendo consigo aliados.

—Malditos digimons especiales —murmuró el ángel caído, apretando los puños con rabia —. ¿Y qué hacía ese grupo de mocosos creídos en la sierra?

—Mi señor —se adelantó brevemente Machinedramon —, al parecer, el grupo que creímos haber dejado atrapado llegó hasta una de sus torres.

—Sí, lo he podido sentir —dijo con desagrado —. Por desgracia, perder el control de una torre supone un serio problema aquí, en la Rosa de las Estrellas.

—Mi señor, esos niños hicieron algo con la torre. Se veía diferente —siguió hablando el metálico.

—¿Diferente?

—Sí. Tenía un aire diferente al de otras torres en las que han entrado esos niños.

—Han estado usándola en su beneficio —entendió el ángel, enrabiándose por momentos.

—La derribé, mi señor —dijo Machinedramon, atrayendo con fuerza la atención del ángel —. Oí decir a los que me perseguían que debían impedirme llegar a la torre, así que imaginé que lo que la hacía diferente era algo que ellos necesitaban. Por eso, la derribé.

El silencio volvió a reinar en el lugar. Ulforce, que ya conocía la historia y le había dedicado algún que otro insulto al cyborg, esperaba con cierto nerviosismo la reacción del soberano del lugar, así como la orden de retirarse. Sin embargo, lo que no esperaba fue ver a Xana-Lucemon aplaudir con una gran sonrisa.

—Sea lo que sea lo que esos niñatos pretendían, has hecho bien arruinándoselo. Tienes mi más sincera felicitación, Machinedramon.

—Gracias, señor.

—Bien, ahora…

—¡Amo Xana-Lucemon! —un Phantomon irrumpió de repente en la sala, borrando la sonrisa del ángel y transformándola al instante en una mueca de rabia —. Amo, hay niños en el mar.

—¿Esa estúpida sirena ha conseguido refuerzos? Bah, no podrá hacer nada.

—No, señor… Son los mismísimos niños los que están en el agua. Tienen una extraña nave en la que viajan… Se están dirigiendo a una torre submarina.

Con disimulo, Ulforce retrocedió varios pasos justo para protegerse con tiempo de la onda expansiva que soltó de repente Xana-Lucemon. La rabia estaba pintada en todos y cada uno de los ángulos de su rostro, indicándole al Caballero Real que aquella noticia había molestado más que nada en el mundo al soberano del lugar.

—¡¿A qué estáis esperando para atacar?! ¡Los niños humanos no sobrevivirán en el mar!

...

—Esto es ridículo —maldijo Kouji —. Cuando Jeremy dijo que inventaría algo para poder moverse por el agua, creía que contaría con que hay que moverse rápido y, en cambio…

—Calma, calma —intentó no reír Mermaimon —. Piensa que es la primera vez que lo probamos. Al menos, puedes respirar aquí abajo.

—Ya, lo único que ha salido bien —señaló.

Kouji, Jeremy dice que memorices bien todos los cambios que quieras hacerle al prototipo cuando subas —sonó la voz de Ulrich.

—¿En serio soy el maldito conejillo de Indias de Einstein? —preguntó, volteándose para quedar de frente al Skid que le cubría las espaldas.

—Ya, tranquilo —siguió hablando la sirena, tomándolo de una mano y tirando de él.

—La verdad, tiene mucha razón para estar molesto —se unió BlackRanamon —. Eso de que te usen para probar si algo funciona o no jamás gusta al que tiene que hacer el trabajo sucio.

—Gracias, Yla, creo que eres la única que me comprende ahora mismo —dijo Kouji.

Mejor dejaos de tonterías y nadad hacia la torre —apremió Yumi.

—¿Qué crees que intento hacer? —protestó el chico, haciendo ver que nadaba rápido pero sin avanzar nada.

¡Atención! ¡Veo algo acercándose! —exclamó de pronto Tommy.

—Lo que nos faltaba —gruñó BlackRanamon.

¡Son monstruos de XANA! —informó Yumi.

—Pues qué bien —ironizó Kouji.

—Yla, llévalo a la torre. Yo os cubriré —ordenó Mermaimon.

Incapaz de hacer nada, Kouji se dejó arrastrar por BlackRanamon mientras el Skid empezaba a recolocarse para cubrirles aún más. Aunque intentó mantener la vista fija en su objetivo principal, no pudo evitar ver las extrañas criaturas con forma de pez que empezaban a acercarse a ellos.

En su NavSkid, Arya se preparó para atacar en cuanto los demás le indicasen cómo librarse de aquellos extraños seres que, sin lugar a dudas, no eran digimons.

Atención, NavSkids —sonó la voz de Yumi —, se nos acerca un banco de Kongrios. Eran habituales en nuestros viajes por el Mar digital de Lyoko. En sí, los torpedos de los NavSkids deberían ser suficientes para eliminarlos.

—¿Deberían? —preguntó la chica.

Así funcionaba en Lyoko —respondió Ulrich —. El Skid también tiene armamento, así que os echaremos un cable.

Apuntar y disparar, ¿no? —preguntó Tommy.

—Debería haber jugado más a las maquinitas —suspiró Arya.

Tranquila, lo harás bien —la tranquilizó Yumi —. Nosotros nos quedaremos protegiendo la torre hasta que salga Kouji.

En el propio agua, Mermaimon apretó el ancla con fuerza y se preparó para atacar cuando BlackRanamon se le unió para el combate.

—Vamos a tener muchísima faena.

—Tranquila, le he dicho a Kouji que asome la cabeza y compruebe los alrededores antes de salir.

—Gracias, Yla —suspiró aliviada la sirena. La otra soltó una risita.

—Está claro que no le gusta para nada estar en esta situación, pero sabrá esperar unos minutos antes de salir —señaló hacia la torre, cuya cúspide empezaba a cambiar de color.

En el Skid, Yumi y Ulrich pasaban las manos por prácticamente todos los botones del panel de control hasta que un ruido sobre sus cabezas les llamó la atención.

—Jeremy, ¿qué demonios le has hecho al Skid? —preguntó el samurai.

He pensado que quizás el armamento original no sería suficiente. Os recuerdo que no son sólo monstruos de XANA a lo que nos enfrentamos ahora, sino también a digimons, algunos de ellos poseídos y otros realmente malos.

—Sube tú a mirarlo. Yo me quedaré a los mandos —indicó Yumi.

—¿Y cómo subo?

Permitidme ayudaros —dijo Jeremy. Al instante, una escalera de mano apareció por detrás de ellos —. Cuando quieras, Ulrich.

—No sé si me gusta que Jeremy tenga otro volante con el que movernos…

De dos en dos, Ulrich trepó los escalones hasta una pequeña plataforma con una única silla y un sencillo panel de control. En la pared de la nave, una ventana se abrió hacia el exterior, permitiéndole ver todo como cuando estaba algo más abajo.

Bienvenido a la gran zona de ataque del Skid, Ulrich —saludó Jeremy —. Los mandos son sencillos, como puedes ver.

—Más que el panel de control de la nave en sí.

Imagina que es como en el NavSkid, solo que aquí manejarás armamento más potente. Tiene un sistema algo básico de visión trasera, para que puedas atacar a vuestras espaldas.

—Genial.

—Ulrich, no es por meter prisa, pero necesitamos esa gran arma ya —llamó la atención Yumi.

Volviendo la vista al exterior, Ulrich divisó más figuras que se acercaban nadando veloces hacia ellos. Tomó asiento y empezó a pulsar los pocos botones del panel antes de tomar los joystics. Una mirilla empezó a parpadear en el cristal ante él, enfocando e incluso haciendo zoom hacia los objetivos.

—¡NavSkids, cuidado! —advirtió antes de disparar.

¡Toma ya! —exclamó la voz de Tommy entre risas.

¡Eh! ¡Que algunas no estamos encapsuladas! —protestó BlackRanamon, algo impulsada por la onda del ataque.

—Perdón, perdón.

—Jeremy, ¿no te has pasado con la potencia? —preguntó Yumi.

Hemos comprobado que los digimons son más poderosos y resistentes que los monstruos de XANA. Al parecer, a Xana-Lucemon le apetece bien poco mejorar a sus criaturas. Exceptuando la Scyphozoa, claro.

—Tú alucinas, Einstein —sopló la chica —. Ulrich, te dejo que protejas nuestras espaldas. Yo les doy apoyo a los NavSkids.

—Recibido, capitana.

Mermaimon se permitió relajarse un poco cuando vio los disparos del Skid, eliminando eficazmente los Kongrios y Divermons que se acercaban al Skid por detrás. Un único vistazo hacia la torre le bastó para confirmar que Kouji no había salido aún.

Mer, Yla —llamó Yumi —. Jeremy acaba de decirme que está en contacto con Kouji. Él le dirá cuándo salir de allí.

—¿Cómo puede hacer eso? —preguntó el clon del agua —. ¿No se supone que ahí dentro perdéis opción de comunicación?

Al parecer, esta torre también está unida directamente con la del hangar —respondió la geisha —. Pelead sin preocuparos de nada.

—Yo ya lo hacía —se encogió de hombros BlackRanamon antes de volver al combate.

Por varios minutos, el grupo entero intentó, sin éxito, reducir el número de enemigos para, al menos, permitirle a Kouji regresar al Skid y, con ello, dar por finalizada la misión en las profundidades. Pero, por desgracia, aunque los Kongrios parecían estar acabándose, no ocurría lo mismo con los Divermons. Y, a ojos de Yumi, aquellas criaturas digitales eran más problemáticas que los monstruos de XANA, dotados de inteligencia propia.

—Yumi, tenemos problemas —dijo de pronto Ulrich —. Arranca y apártanos de aquí.

—¿Qué quieres decir?

—¡Se nos está acercando un MetalSeadramon bastante furioso! —exclamó empezando a disparar.

Yumi, tengo una mala noticia —se apuntó Jeremy —, el Skid no tiene el escudo de Lyoko. No sé cuánto puede resistir a los ataques de un digimon del nivel de MetalSeadramon.

—¡Kouji sigue en la torre!

Le estoy avisando para que se prepare para una evacuación inmediata. Le diré que saque una mano y que Mer o Yla tiren de él de vuelta al Skid o a la superficie.

—Mi primo te matará por la idea —declaró Yumi, empezando a maniobrar.

Demasiado lenta para su gusto, Yumi logró separarse de la torre desactivada justo a tiempo para esquivar la embestida de MetalSeadramon. Acercándose, Mermaimon preparó su ancla para enfrentarse a la enorme serpiente marina mientras BlackRanamon y los NavSkids seguían peleando contra los interminables Divermons.

—¡Estúpidos niños elegidos! ¡Ésta será vuestra tumba! —rugió MetalSeadramon, volteándose veloz en el agua e intentando golpear con la cola a todos allí.

¡Ulrich, centra el fuego en MetalSeadramon! ¡Renamon, Arya, cubridnos por detrás! ¡Kitsumon y Tommy seguirán donde están! ¡Yla, hay que sacar a Kouji de la torre YA! —fue ordenando Yumi.

¡Recibido! —respondieron desde los NavSkids.

—¡Nada de lo que intentéis funcionará! —rió MetalSeadramon.

—¡Tú, pedazo de gusano gigante! —llamó Mermaimon, el ancla en una mano —. Yo soy tu rival.

—¿Tú? ¡Jajaja! No eres nadie, pequeña sirena tonta.

Sin decir nada más, MetalSeadramon se encogió sobre sí mismo y soltó un latigazo contra todos allí presentes, no acertando a nadie. Sólo la torre desactivada. Al instante, tanto los nuevos y más potentes cañones del Skid como el ataque de Mermaimon impactaron contra el digimon más grande.

—¿Eso es todo? Me hacéis cosquillitas —se burló, volviendo a agitar su cola y golpeando la torre del lugar —. ¡Corriente definitiva!

—¡NAVSKIDS, TODOS FUERA! —gritó BlackRanamon.

Esto está siendo muy peligroso —dijo Kitsumon, su NavSkid a poca distancia del Skid —. Mirad qué se acerca ahora…

Aunque no quería hacerlo, Yumi volteó la vista hacia donde enfocaba el NavSkid del zorro rojizo. Una figura de gran tamaño se acercaba veloz, haciéndole temer a la chica que se tratase del digimon marino hermano de Mermaimon.

—¡Cuidado, niños elegidos! —exclamó el digimon que se les acercaba —. ¡Impacto marino!

Apartándose justo a tiempo, el grupo observó al Whamon que se lanzaba contra MetalSeadramon, abriendo hueco para que BlackRanamon descendiese a la base de la torre. Mermaimon, por otro lado, también se lanzó contra la serpiente marina, dispuesta a aprovechar el momento para atacar y alejar aún más al seguidor de Xana-Lucemon.

—¡Ríndete, MetalSeadramon! ¡Todos estamos aquí con los niños elegidos! —exclamó la ballena, continuando con su empuje aun cuando la cola de la serpiente intentaba enroscarse a su alrededor.

—¡Xana-Lucemon vencerá al final, estúpidos! ¡Da igual cuántos seáis y qué intentéis!

—Ni de coña —declaró Mermaimon, golpeando con su ancla al rostro del digimon con rabia —. Ni Xana-Lucemon ni nadie logrará nada. ¡Así que ya puedes ir diciéndole que nosotros, los Guardianes, no le vamos a permitir seguir jugando a ser el señor del mundo!

—Ya lo veremos, Mermaimon, ya lo veremos —dijo, provocando un escalofrío en la digimon y preocupando al gran digimon junto a ella —. ¡RETIRADA!

Todos a una, los Divermons que quedaban dieron media vuelta y se alejaron, nadando a gran velocidad. Aun así, tanto el Skid como los NavSkids siguieron disparando hasta que ya ninguno de los ataques lograba alcanzar el objetivo.

—Sólo has venido tú, Whamon —señaló Mermaimon.

—Algo que MetalSeadramon parece que no ha visto con claridad —rió la ballena.

¡Muy buena idea, Whamon! —felicitó Tommy, acercándose con el NavSkid hasta ellos.

—¡Yumi! —llamó a gritos BlackRanamon —. ¿No se suponía que Kouji debía estar listo para que tirásemos de él?

Eso ha dicho Jeremy, pero ahora ni él me responde —dijo la geisha.

—Entraré a la torre —dijo Mermaimon.

¡Pero tú no tienes la burbuja de aire que tenía Kouji! —recordó Arya —. ¿Cómo esperas salir de la torre?

—Si lo que necesita ella es aire después de salir de ese monolito oscuro, yo puedo ayudarla —dijo Whamon —. Sólo tendrás que contener el aire unos segundos mientras vacío mi boca de agua.

—¿En serio te la vas a tragar? —preguntó BlackRanamon.

¡Nosotros salimos así de la gruta en la que quedó atrapado! —exclamó Tommy.

Entonces hacedlo —dijo Yumi —. Mer, entra ahí dentro y dile a mi primo que ya puede salir.

Sin perder el tiempo, Mermaimon se lanzó hacia la pared de la torre, atravesándola con facilidad. Como los guerreros de la luz y la oscuridad decían, nada más entrar sintió cómo se deshacía su digievolución, dejándola totalmente indefensa a cualquier ataque. Miró su D-Tector, confirmando que no podía hacer nada con él. Con un suspiro cansado, alzó de nuevo la vista y miró alrededor.

—¡Kouji! —llamó —. ¡Kouji, si estás ahí arriba, baja ya! —dijo caminando hasta la plataforma, con la vista hacia arriba —. ¡MetalSeadramon se ha retirado, pero no sabemos cuándo volverá a aparecer! ¡Es el momento de marchar!

El silencio fue lo que la recibió. Preocupada, caminó hasta el centro y esperó, con la vista hacia arriba, que se asomase o descendiese un muy seguramente molesto Kouji.