¡Buenas a todos! Actualización rápida porque no tengo muchas ganas de mucho, no os voy a mentir.
Gracias a los que os pasáis a leernos y esperamos que os vaya gustando la historia.
Capítulo 118: Entre torres
Zoe estaba segura que la velocidad a la que conducía Koichi, aun con ella de paquete, era digna de rivalizar con la de cualquier digievolución de Kouji. Sujetándose con esfuerzo, intentó echar un vistazo a la brújula de su D-Tector sin mucho éxito por un nuevo acelerón del chico. Rindiéndose, volvió a sujetarse bien y esperó hasta que voces conocidas llegaron a ellos por encima del sonido de la moto.
En un claro, a medio día de distancia del Cuartel del bosque y a más distancia aún del de la playa, Aldamon y Odd habían entrado en combate con un grupo de monstruos entre los que se encontraba Beowolfmon. Tras eliminarlos a todos, habían acabado arrinconando al híbrido de luz, dejando al rubio como único capaz de avisar a los que se habían logrado reunir allí. Poco a poco, los que fueron llegando se encontraron el mismo escenario: Beowolfmon cubriéndose con la espada y los otros dos apuntándole con pulso firme. Aunque los motivos de los otros dos daban pie a los demás a apoyar, prefirieron quedarse al margen, incluido Cerberusmon.
—Vale, empezamos a superarle bastante en número, ¿no? —preguntó Odd al de fuego cuando divisó la moto de Koichi frenando y a los dos ocupantes saltando de ella.
—No te confíes. Incluso con su hermano aquí puede que tengamos problemas —negó Aldamon.
—En serio, Aldamon, deja de… —empezó a decir Beowolfmon, siendo cortado por una llamarada y una flecha a un metro de distancia.
—A callar. Nosotros somos quienes decidimos las cosas —ordenaron ambos.
—¡Esto ya es demasiado! —rugió el lobo —. ¡EN NINGÚN MOMENTO ME HA ATRAPADO LA SCYPHOZOA!
—No serías el primer clon que habla —apuntó Odd.
—¡NO JODÁIS! ¿ACASO SE OS HA DERRETIDO EL CEREBRO DE NUMEMON QUE TENÉIS O QUÉ?
—Tampoco es la primera vez que un clon parece poseer más poder que el original —siguió Aldamon.
—¿Y POR ESO ME APUNTÁIS SIN PREGUNTAR SIQUIERA?
—Los recuerdos también son cosas que la Scyphozoa roba. Cualquier cosa que respondas será cierta porque es información robada —se encogió de hombros el de morado.
—La madre que… ¡¿REALMENTE PENSÁIS QUE SOY TAN IMBÉCIL COMO PARA DEJARME PILLAR?!
—Tampoco es que te muestres inocente —señaló el de fuego.
—¡CADA MALDITA VEZ QUE MUEVO LA ESPADA O INTENTO HACER ALGO COMO DEDIGIEVOLUCIONAR, ME INTENTAS QUEMAR!
Con precaución, Koichi y Zoe se acercaron al grupo que se mantenía al margen, algunos digievolucionados, sin acabar de decidirse sobre lo que hacer.
—¿Se puede saber qué pasa aquí? —preguntó el chico.
—Por una vez en la vida, esos dos están actuando con coherencia, pero… —empezó Cerberusmon.
—Aunque cualquier precaución es poca, algo me dice que se están pasando —siguió Leire.
—¡Beowolfmon! —llamó Zoe, echando a correr hacia los tres.
—Atrás, Zoe —la retuvo Aldamon —. No sabemos si dice toda la verdad.
—¡Espíritu digital, doble digievolución!
—¡Maldita sea, Koichi, avisa cuando hagas eso! —protestó Sissi mientras Reichmon hacía aparecer sus armas a milímetros del rostro de la chica.
—Vosotros dos, apartad —ordenó el de la oscuridad.
—No te vamos a dejar solo con…
—En serio, sois más peligrosos vosotros dos que yo —resopló Beowolfmon.
—Está bien que seáis precavidos, pero quizás lo estáis siendo demasiado —señaló Reichmon, pasando hacia el otro con las armas listas pero con total tranquilidad.
Sin dudarlo ni un segundo, Zoe también se escabulló de Aldamon y se acercó a los dos, oyendo a su espalda algún que otro grito ahogado de quienes no sabían qué hacer. Ante ambos, Beowolfmon se permitió suspirar y relajar la posición, moviendo el arma lentamente hasta dejar la punta en el suelo.
—Realmente tienes un don para preocuparme, ¿sabes? —preguntó el oscuro.
—No haberte acobardado antes y quizás ahora el que estaría preocupado sería yo —respondió el blanco.
—Cierto —aceptó —. Vale, haz el primer movimiento tú —gesticuló. Los datos no tardaron en rodear al guerrero de la luz.
—¡Cuidado vosotros dos! —gritaron Aldamon y Odd.
Por respuesta, Zoe se volteó con cara de cansancio mientras, a su espalda, Kouji cogía aire con los ojos cerrados antes de encararse a los otros dos con clara rabia.
—¡ESTO HE INTENTADO HACER DESDE HACE MEDIA MALDITA HORA! —exclamó.
—¿Y por qué no lo has dicho? —preguntó el de fuego, ganándose un gruñido del chico.
—Te mereces la mayor de las hostias —declaró Reichmon apuntándole con su lanza.
—Calmaos todos ya —pidió Zoe —. ¿Estás bien, Kouji?
—Ahora sí. En serio, temía por mi vida con estos dos elementos.
—¡Elementos! —exclamó Odd con sorpresa —. Oye, que simplemente estábamos asegurándonos que eras tú.
—Te recuerdo que eres demasiado fuerte como para que te pases al bando enemigo —señaló Aldamon —. No quiero tener que lamentar después lo que pueda pasar.
—No me habéis dado oportunidad alguna de defenderme —acusó el chico.
—Simplemente decimos que podrías haber usado el D-Tector para llamarnos —se encogieron ambos de hombros.
—¿Por qué no lo has hecho? —preguntó Zoe.
—De haber podido, lo habría hecho —suspiró pasándole su dispositivo —. Aunque os habría llamado a ti y a mi hermano los primeros, visto el recibimiento de este par…
Con cuidado, la rubia tomó el objeto y observó atentamente, pulsando los dos botones ante la mirada de Reichmon.
—¿Cómo que no es totalmente posible acceder? —preguntó Zoe cuando Kazemon la llamó desde su propio dispositivo.
—Por eso no he podido llamar a nadie. Y la brújula tampoco me ha ayudado demasiado —suspiró Kouji —. Perfectamente podría haber estado corriendo hacia una trampa, pero no sé si de Xana-Lucemon o de esos dos Numemons —dijo señalando al de fuego y el de morado.
—En serio —resopló el híbrido oscuro antes de dedigievolucionar —, habríais acabado antes pidiéndole el D-Tector. Sin él, estaría indefenso, a demás de que veríais si es él o no.
—Bueno, verás… No lo pensamos —rieron nerviosos los dos.
—Para una vez que creía que hacían algo coherente, van y no piensan —alzó la voz Teppei —. ¿Qué tal si regresamos de vuelta a la playa? —junto a él, William también esperaba la señal para dar media vuelta y marchar.
Aún con alguna que otra risa tonta de Aldamon y Odd, así como protestas por el tiempo perdido especialmente de Sissi, el grupo empezó a hacer aparecer sus vehículos, salvo Kouji.
—¿A qué esperas? —preguntó Takuya.
—No tengo la moto —respondió. Casi al instante, las miradas de Takuya y Odd le repasaron de arriba abajo sospechosamente —. ¡HACE TIEMPO QUE NO LA "APARCO" EN EL D-TECTOR, PAR DE IDIOTAS!
—¿Estás seguro? —preguntó Odd, dando vueltas sobre la tabla alrededor del chico.
—Por favor, Odd, no le provoques —pidió Labramon, buscando a un lado y a otro hacia qué vehículo podía saltar para escapar de la ira creciente del guerrero de la luz.
—¿Qué tal si dejáis de hacer el imbécil y os movéis hacia casa? —preguntó Koichi, su aura oscura otra vez manifestándose demasiado visiblemente.
—Oh, vamos, no me digas que no lo encuentras sospechoso —señaló Takuya, percatándose tarde de la sombra que se le venía encima.
—¡Basta ya de tonterías, Kanbara! —protestó Zoe, pateando desde su aerodeslizador al chico del mini —. Y no creas que tú te libras, Della Robbia —añadió redirigiéndose para cortarle el paso a la tabla del otro.
—¡Oye! ¡Que me vas a matar! —protestó el rubio.
—Las cosas se hacen así, Zoe —se apuntó Sissi, apareciendo con su dragonfly detrás del chico y dándole un golpe que le obligó a tumbarse y cogerse con fuerza a la tabla.
—¡¿En serio queréis asesinarme?!
—¿Podemos dejar los asesinatos para más tarde? —preguntó Koichi, el aura cada vez más oscura a su alrededor.
—Tranquilo, ya recibirán su escarmiento cuando menos se lo esperen —se interpuso su hermano, caminando de espaldas hacia el aerodeslizador de Zoe.
Un par de horas más tarde, Kouji se encontró atrapado en un abrazo de Yumi, quien se negaba a soltarle ni cuando Timy intentó saltar también entre lágrimas.
—Ni una más —advirtió la Geisha —. A la siguiente, te las tendrás que ver conmigo. ¿Lo entiendes?
—Sí, sí, aunque quizás tendrás que ponerte a la cola —asintió señalando a los dos que aún le miraban con sospecha.
—¿Estás bien? ¿Alguna herida o algo? —preguntó Leire.
—No, nada. He podido esquivar todos los ataques antes de digievolucionar —respondió —. ¿Dónde está Jeremy?
—En el ordenador del hangar —señaló Ulrich —. ¿Seguro que quieres protestarle ahora todas las incomodidades? Han pasado seis horas desde que te perdimos.
—Sí, aunque le voy a entregar el D-Tector a Aelita. No me fío de Einsten —negó.
—¿Tan malo ha sido ahí abajo? —preguntó Koichi, bastante más relajado aunque aún atento a los movimientos de Takuya y Odd.
—Incluso un Botamon nada más rápido que él ahí abajo —señaló BlackAllymon —. Ha pasado de ser el más veloz a ser el más caracol —sonrió, recibiendo una mueca del chico y alguna que otra risa del grupo.
Saludando a todos por el camino y confirmándoles que se encontraba bien, Kouji entró al hangar. Como le habían dicho, Jeremy tecleaba sin descanso, con Gaomon al lado mirando en silencio. A algo más de distancia, Aelita también parecía entretenida con algo más pequeño apoyada por Lunamon. Ambos digimons fueron los primeros en percatarse de su presencia, corriendo enseguida hacia él.
—¡Qué bien que hayas regresado y que no te haya pasado nada! —exclamó la conejita.
—¿Dónde estabas? —preguntó Gaomon.
—A saber exactamente dónde, pero lo que si es seguro es que no en el mar —respondió. Los otros dos humanos dejaron a un lado sus faenas y se le acercaron también.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó Jeremy.
—Que me he caído de la maldita torre, ¡eso ha pasado! —exclamó el chico —. Desde lo más alto a la plataforma de debajo. Y cuando intentaba salir, otra sacudida me ha acabado de lanzar.
—En Lyoko, podíamos movernos entre sectores a través de las torres desactivadas —dijo Aelita —. Debe de haberte pasado eso, aunque no teníamos ni idea de dónde podrías haber caído.
—Y lo peor es que cuando he querido llamar a alguien, no he podido hacer nada —dijo alzando el dispositivo digital —. Einstein, me da que tu programa la ha liado un poco.
—Déjame que…
—Creo que prefiero que lo haga Aelita —dijo pasándole el objeto a la chica —. Estoy seguro que ella no experimentará con mi D-Tector ni nada.
—Pero el programa de burbuja…
—Jeremy —interrumpió la pelirrosa —, era un prototipo que no sabíamos si funcionaría. Ha permitido a Kouji estar bajo el agua, pero no hemos podido prever que podría desajustar otras funciones del dispositivo. ¿Qué tal si vais hablando sobre qué mejorar mientras yo le miro el D-Tector?
—Está bien… Acompáñame, Kouji. Sobre el ordenador podremos trabajar mejor —indicó el informático.
—Propongo que enfoques el tema de otra forma —dijo el chico antes incluso de que el rubio empezase a andar —. Aelita y Emily no pierden la evolución porque siguen siendo humanas, pero mi hermano y yo vamos a ser unos inútiles ahí abajo toda la vida.
En el exterior, la tranquilidad por el regreso de Kouji sólo se veía ligeramente empañada por los intentos de Takuya y Odd de seguir vigilando todos y cada uno de los pasos del guerrero de la luz.
—Es sorprendente que Kouji haya aparecido tan lejos de aquí —dijo Arya —. Y, a demás, fuera del agua.
—Lyoko tenía lo que se conocen como torres de paso —dijo Ulrich —. Eran torres que estaban conectadas con torres de diferentes sectores.
—¿De diferentes sectores? —preguntó Teruo.
—Ya os lo contamos, Lyoko estaba formada por sectores. Aunque Jeremy podía materializarnos en cualquiera de ellos, a veces teníamos que movernos de un sector a otro y, en vez de desmaterializar y volver a virtualizar, él nos encontraba torres del sector en el que estuviésemos que conectasen con alguna torre del sector al que quisiéramos ir.
—Entonces, si no he entendido mal, lo que le ha pasado a Kouji es que ha ido a otro sector… —dijo Tommy —. ¿Es eso posible?
—Ten en cuenta que el Digimundo se divide en regiones —sonrió Lopmon —. Quizás las torres interactúan en cada región como hacían en cada sector de Lyoko, existiendo esas torres de paso que dice Ulrich.
—Entonces, ¿podríamos teletransportarnos a cualquier lugar del Digimundo entrando en una torre? —preguntó Neila.
—Si están de alguna forma conectadas, sí —respondió Ulrich —. Ahora que sabemos que eso funciona aquí también, quizás Jeremy se dedica a estudiar el mapa de torres para ver cuáles están conectadas.
—¿Y de qué servirá? —preguntó Kitsumon.
—¿Qué quieres decir?
—Nosotros, los digimons, no podemos entrar en las torres. No podemos teletransportarnos como lo ha hecho Kouji.
—Es cierto…
—Os puede servir para colaros sin ser vistos —declaró Impmon —. Si necesitáis datos de una torre, quienquiera que vaya a buscarlos puede hacerlo viajando entre torres. Al fin y al cabo, parece ser que sólo cuatro personas pueden jugar con el ordenador que hay en ellas, ¿no?
—¡Claro! Haciendo eso, no hace falta que vaya nadie. Y si se dedican a golpear la torre para derribarla, el que esté dentro puede lanzarse de nuevo al vacío y reaparecer en la primera torre —asintió Neila.
—Al final, no va a ser tan mala idea saber qué torres usar —declaró BlackGatomon mirándose una garra.
