¡Hola a todos! ¿Qué tal va? Yo aquí, aburrida, una semana más, subiendo un nuevo capítulo con el que entreteneros un ratito.
Como cada vez que me acuerdo o tengo tiempo, DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a sus respectivas madres, así que en propiedad sólo tenemos cuatro o cinco cosillas dentro de todo lo que sale, a demás de la ida de olla monumental para crear esta monstruosidad.
También, como siempre, agradecer los reviews y los favs que van cayendo cada semana. Esperamos que la historia siga gustando conforme avanzan los capítulos y que lleguéis hasta el final (cuando lo suba).
Ya os dejo con el capítulo. ¡A disfrutar del finde!
Capítulo 119: Al próximo movimiento
Xana-Lucemon recorrió en silencio los pasillos de la Rosa de las Estrellas, con Myotismon varios metros por detrás. Que un grupo de niños hubiese podido acceder a una torre submarina era algo que le gustaba mucho menos que el hecho de que se aprovecharan de ellas para extraer datos. Pero si había algo que aún lograse enfurecerle aún más era el hecho de que un grupo de Ogremons hubiese sido incapaz de atrapar a uno de los críos, solo y sin nadie que le cubriese las espaldas.
—Mi señor —se atrevió a hablar el vampiro a su espalda —, ¿qué desea que hagamos?
—Me gustaría poder enviarles el peor de los demonios y que muriesen de una vez, pero eso es imposible en estos momentos —declaró parándose ante una puerta que abrió de par en par.
—Mi señor Xana-Lucemon —saludó Matadormon —. Es un honor teneros aquí.
—¿Cómo va todo?
—El trabajo es difícil, muy lento —respondió Piedmon.
—Lo quiero ya —respondió mostrando la molestia de aquella respuesta.
—Mi señor, los datos que extraje con la Scyphozoa son antiguos y muy dañados por el tiempo. Hay fragmentos perdidos que deben ser sustituidos y, para que funcione, deben ser los correctos —dijo Matadormon.
—No te costó tanto traer a Piedmon cuando te lo pedí —acusó el ángel caído.
—Con todos mis respectos, señor. Piedmon no estaba descompuesto, simplemente perdido. Para él no hubo que reconstruir ningún dato.
—Está bien —aceptó a desgana Xana-Lucemon —. Pero más os vale que se complete debidamente.
—Así será, señor —respondieron ambos.
Sin decir nada más, el ángel caído abandonó el lugar, dejando a Myotismon en las sombras de aquella sala, observando el escáner en el que iba tomando forma quien parecía ser el siguiente habitante del lugar. Lo único que aún no le quedaba claro al vampiro era la posición que pretendían darle a aquella criatura, aunque podía imaginarse que volvería a ser alguna superior a la suya.
...
La tormenta de ideas abrumó a Jeremy al punto de, a los dos segundos de admitir las sugerencias, ponerse en pie sobre la mesa y gritar pidiendo silencio.
—Mucho mejor así, gracias —dijo sin bajar todavía de la mesa —. ¿Qué tal si vais en orden?
—En serio, Jeremy, si necesitas ideas sobre qué hacer para que los demás sobrevivan bajo el agua, es que tu cerebro ha llegado al límite y realmente necesitas un descanso muy largo —señaló William.
—Descansaré cuando eliminemos a XANA de una vez por todas.
—Pues sí que nos queda Einstein para rato —resopló Sissi.
—Va, uno a uno. Empezad con las ideas.
—¿Has pensado hacerles trajes de buceo de aquellos grandes? —preguntó Odd —. Con esos cascos, la gente podía respirar.
—Casco y traje estaban conectados con un cable a una bomba de aire en el exterior —dijo Koichi —. Si cortan el cable, adiós respiración bajo el agua.
—A demás, esos trastos eran muy pesados. No podremos movernos —negó Emily.
—Eh, que están pidiendo ideas. Decid algo vosotros entonces —señaló el rubio.
—Necesitaríamos algo ligero, que permita cualquier movimiento y que, a demás, no nos ralentice —dijo Aelita.
—¿Una bombona de oxígeno a la espalda? —preguntó Takuya.
—¿Qué parte de "ligero" no has entendido? —cuestionó Kouji. A su lado, Zoe intentó tranquilizarle.
—¿Qué? Con bombonas es como bajan los buceadores.
—Por favor, no discutáis —pidió Jeremy —. Poneos serios por una vez en la vida.
—Jeremy, deberías relajarte un poco —dijo Teppei —. Realmente necesitas descansar de tanto trabajo informático…
—Sin una forma de permitirles a los otros respirar bajo el agua, Xana-Lucemon tiene el control de un amplio terreno del que saca energía, datos, lo que queráis decir que saca del fondo marino —dijo intentando no gritar —. Hay que detenerle a como dé lugar.
—¿Y si tuvieran unos respiradores? —preguntó Tommy —. Este mundo son datos, por lo que se puede intentar crear algo que esté configurado para proporcionar oxígeno.
—¿En serio crees que es posible eso? —preguntó Odd.
—Bueno, los datos de la caldera del mercado de Akiba están configurados para arder eternamente —convino Koichi —. Se podría crear un aparato pequeño que sirva para respirar.
—¿Y para movernos? —preguntó Kouji.
—¿Unos propulsores, tal vez? —preguntó Neila —. Digo yo, si nadie puede tirar de vuestra mano ni podemos contar con una cuerda a la que cogerse porque si la cortan, adiós muy buenas, hay que poner un turbo o algo.
—Sí, pero tampoco podemos hacer algo pesado —dijo Emily.
—Tampoco tiene por qué importar —apuntó Aelita —. En el agua, el peso es menor, así que con simplemente poder tener la potencia necesaria para impulsarnos en el agua…
—Bien, es una buena idea —aceptó Jeremy —. ¿Con qué material?
Ante la pregunta, todos miraron al informático sin expresión alguna. La frustración no tardó en aparecer en el rubio con gafas, ganándose el resoplido y las quejas de más de uno.
—A ver, Einstein, ¿acaso crees que nos hemos dedicado a construir respiradores o propulsores en nuestro tiempo libre? —preguntó Katsuharu.
—Ni tan siquiera en trabajos de clase —negó JP.
—Nosotros tampoco hemos hecho nada de eso en Kadic —añadió Ulrich.
—Vale, vale, me buscaré la vida yo solo —resopló Jeremy, recogiendo sus notas y levantándose para ir de vuelta al hangar.
—De mientras, quizás Zoe y yo podemos hacer algo por vosotros —sonrió Chiaki.
—¿Vosotras dos? —preguntó más de uno. En la puerta, Jeremy se detuvo unos instantes para escuchar.
—Bueno, yo pude respirar una vez bajo el agua, pero… No sé si podría hacer lo mismo con otros —comentó la rubia.
—Si vosotras dos podíais hacer algo así, ¿por qué no lo habéis dicho antes? —preguntó Jeremy.
—No pensamos antes y tampoco sabemos si funcionará o no —declaró la del agua antes que los gritos volviesen a alzarse.
—Va, Jeremy, vete a trabajar —le empujó Aelita —. Los demás, preparémonos para el siguiente movimiento.
Algo a regañadientes, más de uno se levantó y empezó a deambular de un lado a otro, buscando algo que hacer. Poco tardaron en reunirse los gemelos y Emily con Zoe y Chiaki, dispuestos a probar algún método alternativo a los inventos de Jeremy.
—Esto va a ser más complicado de lo que esperábamos —suspiró Gatomon.
—Pero si no lo hacen, Xana-Lucemon tendrá a su disposición todo el mar —dijo Lopmon —. Ojalá den con una solución lo más rápido posible…
—Si los digimons pudiésemos entrar en las torres, podríamos pedirle a Armadillomon que se quede aquí todo el tiempo —dijo Patamon.
—Pero no podemos atravesar ese muro —negó la gata —. ¡Y eso me da muchísima rabia!
