¡Buenas a todos! ¿Qué tal vais? Yo algo atareada, lo normal en fin de semana. Pero he logrado sacar un ratito para subir el capítulo de la semana.

Hoy voy resumiendo que se me echa la hora encima. Como siempre, mil gracias a quienes seguís la historia, dejáis reviews y no faltáis nunca. También gracias a los silenciosos (suponemos que os gusta la historia si seguís apareciendo cada semana para leer los capítulos). Y recordad que cualquier parecido con la obra de otro, preferimos mil veces un review avisándonos/comentándonoslo que un tomatazo a traición (tengo la raqueta para dar el revés y golpearos en la cara, avisados estáis).

¡Que disfrutéis del capítulo!


Capítulo 120: Imparables

Timy no paraba de exclamar a través del comunicador del NavSkid en el que había montado. La ausencia de enemigos en el trayecto desde el hangar hasta la torre seleccionada hacía que la digimon del tiempo se la pasase pilotando su nave algo locamente a ojos de quienes también recorrían el mar listos para cubrir al Skid.

—Alguien está muy feliz bajo el agua —señaló Ulrich.

—Supongo que, para los digimons que viven siempre en tierra, poder bajar aquí es una aventura increíble —declaró Yumi —. A nosotros nos pasó lo mismo en el mar digital, y eso que ni de lejos se parece a lo que vemos por aquí.

—Por otro lado, alguien no parece feliz de volver a las profundidades marinas —señaló Chiaki intentando no reír.

Tras descubrir asientos ocultos por Jeremy para quienes no conducían, Kouji había decidido pasar el viaje sentado, de brazos cruzados, mirando por una ventanilla. En el de su lado, Zoe intentaba animarle aunque sabía que poco iba a lograr.

—No me seas protestón, Kouji —regañó Yumi —. Tampoco somos tan malos pilotos Ulrich y yo. Aunque es cierto que la maestra a los mandos es Aelita.

—No me quejo de vuestra manera de conducir ni de nada relacionado con vosotros dos —respondió —. Me quejo del idiota de mi hermano.

—Hombre, es sensato que decidiese quedarse en tierra para cubrir de la posible aparición de Duskmon. Si se le vence, son sus datos, es él quien tiene que recogerlos —dijo Ulrich, atreviéndose a voltear para ver al otro.

—¿Eso te ha dicho a ti? —cuestionó el de la pañoleta.

No sabiendo qué decir, Ulrich prefirió callar. A su lado, Yumi negó mientras pulsaba algunos botones en el panel de control para encender luces y probar el nuevo programa que Jeremy decía haber instalado.

—Vale, ya casi estamos —informó la chica.

—¿Se ve algún enemigo cerca? —preguntó Chiaki, apoyándose en su asiento para mirar al exterior.

—Nada que los NavSkids y BlackRanamon no puedan controlar —suspiró la geisha.

—NavSkids, os informamos que vuestros enemigos son Tiburones —empezó a decir Ulrich —. El cañón con el que disparan está dentro de su boca.

¿Algún punto débil? —preguntó Takuya.

—Siempre hemos vencido disparándoles —respondió el chico —. Vosotros tres, estad listos para salir.

—En cuanto acabemos, pienso encerrar a mi hermano en el Skid —declaró Kouji, levantándose y dirigiéndose a la zona de carga de los NavSkids —. Va a aprender a nadar ese gato miedica…

Entre risas, Zoe y Chiaki también se unieron a él, digievolucionando antes de que Yumi les avisara por la megafonía que empezaba a inundar la zona.

—Esperemos que esto funcione —dijo empezando a hacer estiramientos Mermaimon.

—Funcionará, seguro —dijo rápidamente JetSilphymon, negándose a dejar que el único no evolucionado en el lugar volviese a mostrar su malestar ante la situación.

Cincuenta por ciento, chicos —avisó Ulrich.

—Empecemos a prepararnos —señaló Kouji.

Tomando aire, las dos digimons se posicionaron a ambos lados. Al instante, un viento no muy molesto empezó a mover el agua alrededor de ellos, rodeando tanto al chico humano como a la híbrida del viento. Apartándose un par de metros, Mermaimon empezó a controlar el agua, buscando crear una esfera que rodease a sus dos amigos.

Noventa y cinco por ciento. ¿Cómo va? —preguntó Yumi.

—Creo que lo tenemos —respondió la sirena.

¿Abrimos pues?

—Adelante —asintió.

Con todo el lugar inundado y el agua calmada, Mermaimon observó la esfera junto a la que estaba. JetSilphymon mantenía a Kouji en el centro alzándolo por un brazo mientras buscaba colocarse con los pies en el agua.

—¿Bien? —preguntó la de agua.

—Por ahora, sí —le respondió Kouji, la voz algo amortiguada.

—Igualmente, vamos a necesitar que nos cubras —dijo JetSilphymon.

—Contad con ello —asintió asomándose por la apertura de la base del Skid —. Vía libre, por ahora.

—Cuanto antes acabemos, mejor —declaró Kouji.

No le costó mucho a JetSilphymon usar su poder sobre el viento para impulsar la esfera de aire, adelantando a Mermaimon y siguiendo su camino hacia la torre. Poco tardó en aparecer un NavSkid a un costado, dando un par de vueltas alrededor antes de permanecer quieto en el camino entre el Skid y la torre.

—Pros a favor de este método —empezó a decir BlackRanamon, relevando a Mermaimon en la protección de los otros dos —. Kouji, ahora eres más rápido.

—Contras del método, sigo sintiendo que somos un blanco fácil —agregó el chico.

—Dijo el de luz... Míralo positivamente —se encogió de hombros el clon acuático.

—¿Cuál es el lado positivo?

—Tu chica puede crear corrientes —señaló —. Incluso al mejor digimon acuático le cuesta remontar en corrientes fuertes. Te lo digo por experiencia.

Será mejor que Kouji entre ya. Está acercándose algo más que un grupo de peces artificiales —informó Yumi.

—Tiene pinta de ser Neptunemon —declaró con una mueca JetSilphymon —. Me quedaré a la entrada de la torre esperándote, Kouji.

Que la situación iba a ser complicada fue clara cuando el NavSkid más cercano a ellos empezó a disparar. Con un último impulso, la híbrida del viento alcanzó el fondo marino y empujó a Kouji hacia la torre, volteándose y haciendo aparecer su gran molinillo.

—¡Se os acabó viajar bajo el mar, niños elegidos! —exclamó Neptunemon, apartándose de la trayectoria de Mermaimon y dispuesto a atacar a JetSilphymon.

Si piensas que te vamos a dejar atacar así como así, lo llevas claro —declaró Takuya, disparando desde el NavSkid en un intento de frenar al digimon.

—¡Apartaos todos! —ordenó la del viento, el molinillo en alto —. Que te has creído que me voy a mover de aquí.

—¡Menuda potencia! —silbó BlackRanamon mientras una fuerte corriente impedía al digimon marino llegar a la torre.

—Nosotras no nos vamos a quedar atrás, ¿verdad? —se le unió Mermaimon.

...

Gaomon dejó la bandeja con comida y bebida sobre la mesita auxiliar junto a Jeremy. El chico tenía varias ventanas abiertas en el ordenador y no paraba de dar golpecitos nerviosos con el dedo sobre el ratón. Las voces de los que habían bajado a desactivar una nueva torre eran lo único que se oía.

—Quizás deberías descansar cuando regresen —convino el digimon —. Aelita dice que, con esa desactivada, ya no habrá ningún peligro de que Xana-Lucemon intente destruir la que tenemos aquí como pasó en el castillo de la dama Ophanimon.

—Hay que seguir trabajando, Gaomon —negó Jeremy —. Si no nos adelantamos a XANA, estaremos perdidos.

—Pero si no descansas, puede que cometas algún error. Y entonces sí estaríamos perdidos —dijo acercándole la mesita auxiliar —. Al menos, come algo.

Sin decir nada, el informático aceptó lo que le ofrecía su digimon, aunque enseguida lo dejó de lado para trabajar en el ordenador. Gaomon negó con la cabeza y volteó la vista, esperando ver a alguien por el hangar, pero no había nadie más allí.

Jeremy, la torre ha sido desactivada. Kouji está volviendo al Skid —informó Yumi.

—Retiraos entonces. El Skid está recibiendo daños.

Lo sabemos —respondió Ulrich —. Pero no creo que Neptunemon quiera dejarnos marchar tan fácilmente.

—Maldición… Aguantad, voy a preguntarle a Ace si puede hacer algo —dijo levantándose —. Gaomon, quédate aquí.

—Está bien —aceptó el digimon, tomando asiento y mirando la pantalla.

No le fue difícil encontrar a los demás. Más de uno se había sentado a la orilla del mar. Algunos, como Koichi, daban vueltas al D-Tector mientras mantenían la vista fija en el horizonte, donde las olas empezaban a formarse.

—¡Ace! —llamó el informático. Al instante, el digimon plateado volteó la vista hacia él —. ¿Podrías traer el Skid y a los demás aquí?

—¿Traerlos del fondo del mar aquí? —preguntó —. Lo siento, pero no… No puedo ver dónde están exactamente.

—¿Y si te diera coordenadas? —insistió el rubio. El gato negó lentamente.

—Necesito verlo con claridad, la posición de aquello que hay que mover de sitio. Y ellos están en las profundidades —explicó.

—¿Pasa algo? ¿Otra vez hemos perdido a mi hermano? —preguntó Koichi, mirando seriamente al chico con gafas.

—No, él está a salvo en el Skid. O eso creo…

—¿Eso crees? —preguntó levantándose y tensándose.

—¿Y si lo intento yo? —preguntó Kim —. Puedo mirar de crear un remolino como BlackZephyrmon.

—¿Y con eso, qué ayuda tiene Ace? —preguntó Teppei.

—Bueno, puedo crear una distracción —se encogió de hombros el clon del viento —. También podría crearse de verdad un buen remolino, abrirse las aguas y Ace podría ver dónde está el Skid.

—Intentémoslo —dijeron Jeremy y Koichi.

—Te daré las coordenadas de…

—Sé dónde están —interrumpió la clon —. Puedo sentir a Zoe dondequiera que esté.

—Vamos, que básicamente, Duskmon también podría dar con nosotros porque puede sentir a Koichi —señaló Katsuharu.

—¿No habría venido a por nosotros en el cuartel del bosque de primeras? —preguntó Tailmon.

—Quizás Xana-Lucemon no conoce esa peculiaridad. ¿No se supone que los clones no hablan? —dijo Leire.

—Ace, sujétate bien fuerte —se agachó BlackZephyrmon. De un salto, el gato plateado trepó hasta sus hombros —. No tardaremos en regresar todos.

...

Xana-Lucemon no podía estar más furioso. Una vez más, aquel grupo de criajos buenos para nada habían desactivado otra torre marina, haciéndole peligrar todos y cada uno de los trabajos que se estaban realizando en la Rosa de las Estrellas. Y una vez más, las criaturas a las que había enviado para impedir dicho problema no sólo habían permitido que aquello ocurriese, sino que no habían sido capaces de deshacerse de las dos clones traidoras.

—Mi señor…

—¡¿Qué quieres ahora, Myotismon?!

—Sólo quería decirle que el primero de sus experimentos ya está listo para el combate, señor…

—Se arrepentirán esos niñatos… ¡Traedlo ante mí!

—Como ordene.

Con una reverencia, Myotismon abandonó el lugar, procurando moverse por todas las sombras hasta que le fue imposible avanzar más.

—Algo me dice que estás en apuros, Myotismon —rió una voz a su espalda.

—Minervamon…

—¿Qué pasa? ¿Tu paseo ha llegado a su fin? —preguntó con fría diversión.

—El amo quiere que lleven al primer experimento ante él.

—Y tú no puedes ir a buscarle —sonrió más ampliamente la digimon menuda —. Qué lástima, ¿no? Ser un simple peón con demasiadas limitaciones.

—¿Cómo te atreves a decir eso de mí? ¡Tú ni siquiera tienes un poder aniquilador como…!

—¿El tuyo? —interrumpió, caminando hacia la luz —. Bueno, al menos tengo la habilidad de moverme donde quiera —sonrió con malicia —. No te preocupes, yo me encargaré de llevarle ante nuestro señor Xana-Lucemon.

—Maldita digimon creída… El amo se equivoca teniendo a estos digimons aquí —negó mientras la veía alejarse.

Rabioso, Myotismon dio media vuelta y regresó a la tranquilidad de las sombras, negándose a mirar a quien se cruzase en su camino y decidido a esperar la aparición de Minervamon para impedirle pasar por delante de él ante el amo Xana-Lucemon.