¡Feliz Navidad a todos! ¿Qué tal estáis pasando estas fiestas? ¿Papá Noel ha cumplido con vuestras listas de regalos? Yo aquí estoy, como cada semana, para traer un nuevo capítulo. No me entretengo mucho, así podéis regresar a la fiesta que tengáis montada en vuestra casa más rápido.

¡Nos leemos el año que viene!


Capítulo 122: Comunicación

Aelita y Jeremy observaban el objeto con una mezcla entre sorpresa y alegría. Lunamon y Gaomon, prácticamente subidos a las espaldas de los dos chicos, observaban con curiosidad el objeto. Por otro lado, la voz que salía del dispositivo sonaba muy angustiada.

¿Estáis ahí? ¿Me oís? Oh, por favor, decid algo...

—Esto... Disculpe, pero... No somos quienes cree —empezó a decir Aelita.

¿Quién eres? ¿Dónde está Alex? ¡¿Qué le has hecho?! —empezó a preguntar la voz, esta vez con seriedad y cierta rabia.

—¡No, no! ¡Nosotros no hemos hecho nada! —dijo rápidamente la pelirrosa.

Dime de una vez quién eres y dónde está mi hijo —ordenó la voz.

—¿Su hijo? —preguntó Jeremy.

¿Quién eres tú? ¿Cuántos sois? ¡Responded!

—Disculpe, pero... ¿es usted una persona humana? —preguntó Lunamon.

Aún no habéis respondido a ninguna de mis preguntas.

—¡Oh! Disculpe —dijo la digimon —. Me llamo Lunamon y pertenezco al grupo de los Guardianes.

—Voy a avisar a los otros —susurró Jeremy antes de salir corriendo al exterior del cuartel.

¿Vais a decirme ya dónde está mi hijo?

—Verá... —empezó a decir Aelita —. Sonará raro, pero su hijo se encuentra en otro mundo...

En el Digimundo, lo sé —respondió la voz sorprendiendo a la chica y los dos digimons que la acompañaban —. El mundo de los digimons.

—¿Cómo sabe usted...?

Mi hijo lleva mucho tiempo atrapado allí. El objeto que tenéis en vuestras manos es lo único que me ha mantenido unida a él. Así que ya estáis diciéndome qué le ha pasado a mi hijo para que seáis vosotros quienes tengáis ese comunicador.

—Pues... —volvió a intentar hablar Aelita. De reojo, vio que algunos compañeros entraban y empezaban a tomar asiento para escuchar mejor —. Su hijo ha sido capturado por un ser que...

¿LO TIENE XANA? ¿HA CAPTURADO XANA A MI HIJO? No, no, no, no...

—¿También sabe de XANA? —preguntó Gaomon.

—Escúcheme, señora. Su hijo escondió esta pulsera antes de ser capturado para que Xana-Lucemon no la encontrase.

No quería meternos en problemas a nosotros... —suspiró —. Puedo entenderlo, pero ¿cómo es que ahora la tenéis vosotros?

—La encontré —respondió Aelita —. XANA se ha dedicado a construir sus torres de control por todo el Digimundo. Por suerte para nosotros, ningún digimon ni criatura puede acceder a ella, sólo los humanos. Así que Alex escondió la pulsera en una de ellas y, cuando entré hace unos días, la encontré.

Espera, espera... ¿Eres humana?

—Eh... Sí —asintió algo dubitativa la pelirrosa.

En la mesa, algunos como Takuya, Odd y JP le hacían gestos negativos con demasiada fuerza. Otros, como los gemelos, Jeremy y Yumi, estaban demasiado pensativos.

Creo que ya sé a qué se refería Minervamon la última vez que hablé con ella.

—¿Qué le dijo? —preguntó Lunamon.

Que llevaría a Alex a un lugar con más como él. Pensaba que quería decir "criaturas a proteger", porque me mencionó algunas. Pero ahora veo que se refería a más humanos...

—¡Oh! —la exclamación hizo que todas las cabezas se voltearan hacia Ignitemon. El digimon acababa de entrar y observaba, con los ojos muy abiertos, a Aelita —. ¡Reconozco esa voz!

¿Ignitemon? —llamó la mujer.

—¡Sí! ¡Es la mamá de Alex! —exclamó corriendo hasta la pelirrosa y pegándose al objeto que ella sostenía —. ¡Lo siento mucho, nos capturaron a todos! —empezó a chillar entre lágrimas.

Calma, calma. No tienes que ponerte así —dijo con cierto tono maternal —. Sé perfectamente lo que puede hacer XANA, así que sé que ninguno de vosotros pudo hacer nada para evitarlo.

—¿Cómo que "sabe perfectamente lo que puede hacer XANA"? —preguntó JP.

Más voces... Imagino que sois Guardianes, como ha dicho Lunamon.

—Sí, estamos todos reunidos —asintió Aelita —. Por favor, ¿puedes decirnos qué sabes exactamente de XANA y de todo esto?

No tengo mucho tiempo para ello —negó la voz —. Sólo os diré que sé muy bien el peligro que es XANA.

—¿Por qué no dice nada más? —preguntó Dracomon, con tanta inocencia que hizo reír a aquella mujer.

Aún no sé si puedo confiar en vosotros. No os conozco.

—¡Ah! ¡Es por eso! —exclamó —. ¡Me llamo Dracomon y soy el compañero de Will!

Compañero, ¿eh?

—¡Sí! ¿Y tú, cómo te llamas?

—¡Dracomon, para! —pidió Will.

Me... Oh, no, tengo que dejaros. ¡Os llamaré yo! —dijo apremiada antes de que todo sonido de la pulsera desapareciese.

Por varios minutos, el grupo entero permaneció con la vista fija en el objeto, ahora encima de la mesa. Más de un digimon se acercó para observarla más fijamente, incluso olfatearla.

—Demasiado sospechoso —dijo Jeremy.

—Quizás hemos hecho mal arreglándola —señaló JP.

—¿Por qué? —preguntó Aelita.

—Bueno, esa mujer podría ser en realidad un enemigo.

—Esto lo llevaba Alex antes de ser capturado —dijo la pelirrosa alzando el objeto —. Y por lo que dijo mi padre, él es un niño que quedó atrapado aquí, aunque no sepamos cómo pasó. Y si mi padre decidió darle protección, no creo que fuese porque era un enemigo.

—Pero esa mujer no nos ha querido decir nada —señaló Odd —. Y está claro que sabe cosas.

—Bueno, si esta pulsera servía para que estuviese en contacto con su hijo, que estaba acompañado de Minervamon, muy posiblemente haya sido Minervamon la que le haya hablado de la situación del Digimundo —insistió Aelita —. Imagina por un momento que tienes un hijo, que es enviado a otro mundo y que, por suerte, tienes una forma de estar en contacto con él. ¿No querrías saberlo todo?

—¿Cómo quieres que me imagine que tengo hijos si no tengo ni novia? —preguntó tirándose del pelo —. ¿Nunca te han dicho que primero el primer paso y luego el segundo?

—Déjalo, Aelita, sabes que ni el paso uno da —suspiró Ulrich.

—Cierto...

—¡EH! ¡Nada de meterse conmigo!

—¡Es que lo pones a huevo, Della Robia! —exclamó Sissi.

—Va, no os alteréis todos ahora, por favor —pidió Chiaki.

—Sí es cierto que es sospechosa esa mujer —dijo Koichi, sentado a su lado —. Creo que deberíamos tener cuidado cuando hablemos con ella.

—Opino igual —asintió Jeremy —. No podemos revelar tantas cosas sobre nosotros porque...

Un pitido intermitente empezó a sonar de la pulsera, reclamando la atención de todos. Lentamente, Aelita alzó de nuevo el objeto y pulsó uno de los botones.

—¿Sí?

Disculpad lo de antes —dijo la voz de aquella mujer —. La situación no es que sea la mejor aquí donde me encuentro tampoco.

—¿Dónde es? —preguntó Aelita.

En la Tierra, por supuesto. Estamos vigilados, pero por suerte no lo suficiente como para no poder hablaros.

—¿Estamos? —preguntó Jeremy.

Sí, estamos —repitió la voz, dejando claro con el tono que no diría nada más.

—Quizás deberíamos empezar correctamente —dijo Aelita tomando aire —. Entiendo que dude de nosotros, porque no nos conoce de nada. Por lo que empecemos de cero, ¿le parece bien?

Adelante.

—Me llamo Aelita Hopper. Lunamon es mi compañera digital y juntas ocupamos el puesto de la antigua Guardiana Dianamon.

El silencio que se formó no era roto ni tan siquiera por los susurros de "mala idea" de más de uno en la sala.

¿Aelita... Hopper?

—Sí —asintió la chica —. Oh, supongo que le sonará mi apellido... Mi padre es un científico famoso, así que...

¡Aelita! Oh, cielos, ¡eres tú!

—Me he perdido —alzó los brazos Takuya.

Cielo santo, nunca creí que podría... Espera... ¿Cómo que estás en el Digimundo tú también? —exclamó, su voz cada vez más alta.

—Bueno... Soy una Guardiana... Éste es mi lugar y...

¡Me dijo que estabas a salvo en la Tierra! ¡Que no me preocupara porque ellos jamás darían contigo! ¡Y resulta que estás ahí, en el Digimundo! Waldo me debe una explicación y más le vale contarlo todo o si no... —exclamó, cada vez más furiosa —. ¡Juró con su vida que ya no estabas en peligro alguno!

—Disculpe, señora —se atrevió a preguntar Tommy —, pero... ¿Qué quiere decir exactamente?

Me llamo Anthea Hopper y, como creo que ya habéis notado, soy la madre de Aelita Hopper.