¡Feliz año nuevo a todos! ¿Ya habéis empezado a cumplir con la lista de propósitos para este año? Yo sí, y espero no fallarla.

Empezamos el año fuerte, con un capítulo que, estoy segura, más de uno y más de dos esperaba desde que anuncié que se reiniciaba la historia. Espero que os guste, a demás de las opiniones que podáis tener.

Y para que no se diga que empezamos el año mal, DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier pertenecen a dos compañías que nada tienen que ver con las autoras de esta locura, por lo que sus personajes (salvo media docena o así) les pertenecen a ellos. Si algo de lo que leéis se parece a la obra de otra persona, por favor avisadnos con un mensaje para que estemos enteradas antes de empezar las críticas. Esta historia fue escrita hace años; la "reedición" es un lavado de cara con el que también se buscaba arreglar pequeños cabos sueltos que el tiempo ha ido mostrando.

Y ahora sí, os dejo con el primer capítulo del año. ¡Que acabéis de pasar unos últimos días de fiesta felices!


Capítulo 123: Anthea

Las voces de absolutamente todos empezaron a alzarse en una cacofonía que impedía entender algo de lo que se decía. La única que permanecía en absoluto silencio era Aelita. Sus ojos permanecían en la pulsera comunicadora totalmente abiertos, incapaz de creer que lo que acababan de oír fuese cierto aunque, en su interior, una parte de ella sabía que era real, que aquella mujer que acababa de presentarse como Anthea Hopper realmente era su madre.

—De uno en uno, por favor —intentó calmar a todos Jeremy —. ¡Así no nos enteraremos de nada!

—¡Una trampa! —gritaron al unísono Odd, Takuya y JP.

—Vosotros siempre veis trampas hasta en la sopa —suspiró Zoe.

—No es la primera vez que se nos intenta engañar con conocidos —declaró Ulrich.

—¿Con una pulsera? ¡XANA tiene poca imaginación entonces! —exclamó Teppei.

—¡Precisamente porque no lo vemos probable no significa que no pueda ser una trampa! —exclamó Sissi.

—¿Queréis callaros todos de una vez? —insistió el informático del grupo.

—Déjanoslo a nosotros —saltaron sobre la mesa Timy y Ace.

El brillo de la evolución dejó ciego momentáneamente al chico. No tardó mucho en llegar el silencio, haciéndole alzar la cabeza para encontrarse con absolutamente todos envueltos en burbujas plateadas y doradas, gesticulando excesivamente pero sin producir sonido alguno.

—Mejor así. Me estaban doliendo las orejas —protestó CrossSpacemon.

—Sí, mucho mejor —aceptó el informático volviendo la vista a la pulsera —. ¿Dice usted que es Anthea Hopper?

Eso he dicho, sí —asintió la mujer con calma.

—¿Cómo es posible que se comunique con el mundo digital? —preguntó CrossTimemon ignorando a un Odd mudo que gesticulaba exageradamente a su lado.

Waldo —resopló la mujer —. Podría decirse que, un buen día, hackeó el ordenador en el que trabajaba y creó este sistema comunicativo.

—Por eso no quería que yo encontrara esto... —susurró Aelita —. ¡Para que siguiese creyendo que no tenía a nadie en el mundo!

—Aelita, no te precipites...

—¿Que no me precipite? ¡Por todas las lunas, Jeremy! Se llevaron a mi madre siendo yo una cría. ¡Jamás la volví a ver! —empezó a chillar. Alrededor, los demás dejaron de gesticular excesivamente para observarla —. ¿Cómo crees que me siento sabiendo que mi padre SABE dónde está mi madre?

—Aelita, no...

—¡Es como cuando Dynasmon reconoció que mi padre había dado la orden de ocultarnos cosas importantes! ¡Esto es importante para mí! ¡Es mi madre y...!

Yo le dije que era mejor que nunca supieses de mi existencia —habló Anthea —. Cuando naciste, supe enseguida que serías una niña excepcional, pero jamás imaginé que tan excepcional. ¡Una digimon! —exclamó con una suave risa —. Una poderosa guerrera del pasado renacida para salvar el mundo de nuevo.

—Pero...

Escuchadme atentamente porque todas mis llamadas pueden acabar en cualquier momento —interrumpió —. Yo le pedí expresamente a tu padre que, si algún día lograba contactar contigo de algún modo, no me mencionase porque soy una prisionera, Aelita —dijo —. Tu padre me dijo que tus amigos te habían ayudado a regresar al mundo real, que tenías una identidad nueva... Y eso ha sido lo que te ha mantenido a salvo de quienes me retienen.

—Podríamos salvarte...

No, no quiero que me salvéis. No pienso dejar que arriesgues tu vida tú también por un estúpido programa informático —dijo con cierta rabia —. Voy a permitir que XANA haya vencido robándonos el tiempo, pero jamás permitiré que os robe la vida. A ninguno —añadió con la voz algo quebrada —. Debo terminar la llamada. Siento no poder decirte más cosas, Aelita, pero si no lo hacemos así... No quiero imaginar qué puede pasar.

—¿Volverá a ponerse en contacto con nosotros? —preguntó Jeremy.

Lo ideal sería no hacerlo —reconoció Anthea —. Aelita, por favor, no culpes a tu padre de mis decisiones. Con bastante está cargando como para encima ser el blanco de tu ira.

—Pero, mamá... Yo...

Él te contará más cosas. Escúchale. Te quiero —dijo casi de carrerilla la mujer antes que todo sonido cesara de la pulsera.

Con la sala aún obligada a permanecer en silencio, Aelita dejó el comunicador sobre la mesa sin alzar la vista. Lunamon no tardó en abrazarla al tiempo que susurraba algunas palabras que sólo la pelirrosa podía escuchar.

—Creo que vamos a tener mucho sobre lo que trabajar a partir de ahora —declaró Jeremy. Más de uno ante él empezó a mover los labios, pero no salía sonido alguno de sus bocas.

—¿Les soltamos por turno de palabra? —señaló CrossTimemon, chasqueando los dedos y dando sonido a la primera voz.

—¿De verdad hemos escuchado a la madre de Aelita? —preguntó Arya.

—Sí... Es mi madre... —asintió la pelirrosa.

—Pero hace mucho que no la ves... ¿Estás segura de ello? —preguntó Neila.

—Segurísima.

Poco a poco, todos fueron viéndose libres para poder hablar de nuevo, aunque cada vez que alguno intentaba alzar de más la voz, una barrera dorada o plateada los dejaba en un espacio alternativo.

—A ver, tiempo muerto —alzó las manos Odd, ganándose una mirada molesta de la digimon dorada —. ¿Es que todos habéis pasado por alto el gran detalle?

—¿A qué te refieres? —preguntó Sissi, rodando los ojos.

—Anthea estaba desesperada por hablar con su hijo Alex, no con Aelita. Lo que significa que... ¿Desde cuándo tienes un hermano, Princesa?

La pregunta golpeó a la chica más fuerte de lo esperado, paralizándola varios segundos antes de empezar a hiperventilar erráticamente.

—Genial, Odd. Para una vez que aciertas en algo, lo sueltas en mal momento —regañó Yumi.

—¿Qué? Simplemente digo que Alex, ese chico capturado por XANA, resulta que es hermano de Aelita...

—¿Quieres parar ya? —rugió Chiaki —. ¡Es demasiada información junta para...!

—Tengo que salir —logró decir Aelita antes de echar a correr hacia el exterior.

Medio minuto más tarde, el rugido de un motor alertó a todos, que salieron justo para ver a la chica en una moto alejándose cada vez más del lugar.

—¡No podemos dejarla marchar sola! ¡Y menos así! —exclamó Jeremy.

—Yo me ocupo —se adelantó Kouji, D-Tector en mano y listo para usar.

—¿Seguro?

—No sabemos a dónde va exactamente, por lo que Ace no podrá alcanzarla fácilmente —dijo mientras digievolucionaba a KendoGarurumon.

—¡Voy contigo! —saltó rápidamente Lunamon —. Me preocupa muchísimo lo que pueda pasarle...

—Agárrate fuerte —aceptó la bestia de la luz.