¡Hola a todos! ¿Qué tal os va? ¿Muchos problema con la nieve? Espero que ninguno os impida leer. Hoy iré rápida porque no me puedo entretener mucho. Aquí os dejo con algo que más de uno y más de dos estaba esperando.
¡Espero vuestras reacciones!
Capítulo 124: Proyecto Sejmet
Que Aelita apareciese en el castillo de Seraphimon chillando "papá" a Alphamon no era nada que los aliados de los Guardianes encontraran extraño, pero sí la furia que emanaba la muchacha. Su aparición en moto, con KendoGarurumon prácticamente encima suyo, había sobresaltado al líder de los caballeros reales y a LordKnightmon, que estaba reportando nuevos datos sobre sus búsquedas.
—¡¿CUÁNTAS COSAS MÁS ME OCULTAS, PAPÁ?! ¡DÍMELO!
—Aelita, querida...
—¡NADA DE "AELITA, QUERIDA"! ¡QUE HABLES!
—Aelita, tu madre te ha dicho que no le culpases de nada... Deberías calmarte —pidió Lunamon, aún sobre la bestia de la luz.
—¿Has dicho madre? —preguntó LordKnightmon.
—En resumen, Aelita ha descubierto que su madre está viva, que tiene familia y que Alex, el niño capturado, es su hermano —suspiró el lobo blanco.
—Waldo está jodido —dejó ir el rosado.
Por más de diez minutos, Aelita chilló y chilló, atrayendo la atención de los aliados que regresaban al castillo. Algunos se quedaban un rato, otros salían corriendo en otra dirección e incluso había quienes se escondían detrás de una puerta para espiar.
—¡¿ALGO QUE DECIR EN TU DEFENSA?!
—De haberlo sabido, habrías querido ir en busca de ambos, de tu madre y de tu hermano —empezó a hablar Alphamon —. El día que llegasteis por primera vez al Digimundo, cuando aún no sabíais que erais los Guardianes, venía con Alex hacia aquí. Pero Xana-Lucemon lanzó su ataque y, aunque me negué, Alex quiso pelear.
—¿Y?
—Aelita, créeme, siempre he querido decirte la verdad, pero es peligroso...
—¡Peligroso! ¡SOY UNA MALDITA GUARDIANA CUYA VIDA ESTÁ ENTREGADA A PROTEGER EL MUNDO ENTERO! ¡TODOS LOS MALDITOS DÍAS ARRIESGO MI VIDA! ¿QUÉ TIENE DE PELIGROSO QUERER ENCONTRAR A MI FAMILIA?
—¿Quieres que te lo cuente? Lo haré. Pero tienes que calmarte.
Aunque solo fue un minuto, para todos allí presentes fue una eternidad. Hasta que Aelita no tomó asiento en un sofá de la sala, Alphamon no empezó a hablar.
—No creas que conocía el paradero de tu madre o la existencia de tu hermano en cuanto puse los pies en este mundo —dijo.
Como ya os dije, hubo un tiempo en que estuve moviéndome por la red para bloquear cualquier entrada de XANA a otros mundos. Fue pura casualidad que diese con el ordenador en el que estaba trabajando Anthea. Ni me fijé; bloqueé la conexión que se había establecido en el camino hacia el Digimundo y seguí hacia el siguiente mundo.
Fue en uno de los retornos al mundo digital que me di cuenta de que había algo extraño. Por algún motivo, el camino había sido reabierto y esa segunda vez habían más medidas de seguridad que pretendían impedir que se cerrara. Aunque debí haber cerrado de nuevo sin más, me atreví a entrar en esa red para investigar.
Podéis llamarlo corazonada, intuición... El caso es que entré en un ordenador de gran potencia que pretendía extraer datos del Digimundo. Y entonces la vi a través de la cam. Estaba grabando un videodiario justo en ese momento, comentando los extraños fallos en la conexión sin saber que yo era el responsable.
—¿Eso es posible? —interrumpió Lunamon —. ¿Podías ver el exterior?
—Me comporté un poco como un virus en aquel ordenador y me facilité una imagen del lugar en el que se encontraba el ordenador —asintió Alphamon.
—Así pudiste ver a mamá...
—Sí.
Anthea parecía preocupada, tomando notas tanto en el ordenador como en libretas y volteándose de tanto en tanto vigilando a su alrededor. Estaba sola, por eso me atreví a interrumpirla. No fue difícil hacerle ver que era yo, ni tan siquiera lo dudó por un momento.
Cuando se la llevaron, pasó cerca de dos meses viajando de un lado para otro. Imagino que querían desorientarla, impedirle que reconociese el lugar al que la llevaban hasta que llegó a aquel laboratorio, donde la obligaron a continuar el trabajo que yo estaba haciendo pero con otra base.
—¿Otra base? —preguntó Aelita —. No será...
—Me temo que es como piensas —asintió —. Como sabéis, no sois los primeros niños humanos en el Digimundo. Antes de vosotros hubieron otros a los que ya habéis conocido. Existe gente que conoce a los digimons y los mantienen en secreto. Algunos, porque se trata de criaturas extrañas y no se sabe qué reacciones pueden haber. Otros, sin embargo, ocultan planes que van más allá de poner en contacto dos especies diferentes.
—Dominar el mundo —dijo Kouji apretando los puños —. Tener el control absoluto de todo.
—Así es. Y ese es el objetivo del proyecto Sejmet.
—¿Proyecto Sejmet? —preguntaron los dos humanos y Lunamon.
—Es el nombre que se le ha dado. El de la diosa egipcia de la guerra —asintió el digimon negro.
Los digimons son criaturas que, aunque mueran, renacen. Imaginad por un momento que, en vez de soldados humanos enviásemos a librar nuestras guerras a digimons. Aunque morirían muchos en ambos bandos, la certeza de que renacerán hace la pérdida "más ligera". No digo que debamos apoyar esa idea ni ninguna parecida, simplemente me limito a repetir todo lo que Anthea pudo explicarme. Por no decir que sus ataques, en todos los ámbitos, son más potentes que las armas humanas.
Ya habían hecho algunas pruebas experimentales "materializando" digihuevos y digimons bebés en la Tierra. Sin embargo, los primeros jamás nacían y los segundos, simplemente eran bebés sin fuerza alguna. La materialización de digimons más poderosos era prácticamente imposible, difícil.
—¡Pero Xana-Lucemon ha enviado a los clones y a otros digimons a la Tierra! ¡Envió a Beelzemon! —exclamó Lunamon.
—Sí, cierto, envió clones y digimons, pero ¿recordáis qué ocurría con ellos?
—Al principio, carecían de digicódigo —señaló Kouji —. Cada vez que lográbamos dar un golpe serio a Duskmon, éste simplemente se desvanecía como si fuese la imagen de un televisor.
—No había suficiente potencia para mantenerlo —negó Alphamon —. No os explicaré cómo lograban siquiera mantenerlos con esfuerzo, simplemente os diré que esa gente controla mucho más de lo que imagináis.
—Pero ¿qué me dices de Beelzemon? —insistió la conejita digital.
—Si mal no recuerdo, él, al igual que los otros digimons que habéis liberado en la Tierra, ya habían estado allí. Para ellos, que sus cuerpos conocían el mundo real, volver allí no suponía un problema. Si Xana-Lucemon o aquellos detrás del proyecto Sejmet estaban al corriente de ello o no, eso ya no lo sé.
—Vendría a ser como que los datos de aquellos digimons "existen" en el mundo real y, por ello, traerlos no provoca nada en ellos —dijo Aelita.
—Puedes también decir que aquellos que nunca hemos pisado el mundo humano no tenemos datos en nuestro interior que nos permitan adaptarnos a ese ambiente —intervino LordKnightmon.
—Daría también explicación a por qué, tras varios encuentros, fuisteis capaces de acabar con vuestros clones. Vosotros, de quienes son esos datos, nacisteis en la Tierra, por lo que esos datos existen en ellos —apuntó Alphamon —. Podría decirse que ellos tardaron en ser capaces de materializar perfectamente a los clones hasta ese momento. Aunque tenían la materia, no eran capaces de moldearla para lograr el cometido. Y para cuando lo lograron, fue tarde.
—Pero sigue existiendo Duskmon —dijo Lunamon.
—Él es diferente —dijo Kouji, los puños apretados y una triste sonrisa —. Hay una carga extra en él que es mejor no tratar por el momento...
—Lo entiendo —asintió la pelirrosa antes de voltearse hacia Alphamon —. Pero no entiendo cómo es que nunca me dijiste nada de mamá. ¡Ah! Ni de mi HER-MA-NO.
—Ya está molesta de nuevo —suspiró Kouji, logrando olvidar los recuerdos que le habían venido a la mente.
—A ello voy, tranquila.
Debido a lo avanzado que teníais el proyecto para derrotar a XANA en Lyoko y las primeras señales de su presencia en el Digimundo, las visitas a Anthea fueron muy pocas, lo justo para que ella pudiese informarme de absolutamente todo cuanto era capaz de decirme sobre el proyecto Sejmet y sobre Alex.
Ninguno de los dos podría haber imaginado jamás que tu madre estuviese embarazada cuando se la llevaron. Tampoco que esa gente le permitiría mantenerlo, dar a luz y vivir con él. Aunque, claro, ahora sí podemos entender por qué lo hicieron...
Poco antes de que acabaseis con XANA en Lyoko, estaba a punto de cerrar toda conexión con el ordenador de Anthea, aunque aquello significase que la dejaría de ver para siempre, cuando ella me envió un mensaje urgente. Aquella gente culpó a Anthea y al equipo con el que trabajaba del inminente fracaso del proyecto Cartago. Como castigo, decidieron darle un motivo para que el germen que habían logrado introducir en el Digimundo siguiese adelante.
—Digitalizaron a Alex —se adelantó Kouji. El horror inundó el rostro de Aelita al instante.
—No tenían ninguna certeza de que aquello pudiese ocurrir, pero tampoco les importó. Alex tiene un don para la informática, al igual que Aelita, pero no les importaba prescindir de él —dijo Alphamon mirando a la pelirrosa —. Sacrificaron a Alex para que tu madre trabajase con mayor motivo en el proyecto Sejmet.
—Para que ellos puedan traer digimons poderosos a la Tierra con los que dominarlo todo —finalizó LordKnightmon.
—Sin lugar a dudas, una forma horrible de forzar a alguien —aceptó el oscuro.
Anthea estaba destrozada. Aquello suponía un duro golpe que no podía encajar. Por eso me llamó y por eso no cerré la conexión. Ella quería creer que, del mismo modo que yo estaba aquí, Alex también.
Hablé con los tres Grandes Ángeles, les expliqué la situación y los tres accedieron a prestarme todas las fuerzas posibles para localizarlo. Si la digitalización había sido un éxito, era vital dar con Alex antes que aquellos hombres lo descubriesen.
Tuvimos la suerte de que apareció cerca del refugio de Baronmon. Posiblemente, la cantidad de datos allí acumulados fue lo que provocó ese destino. Aun así, Baronmon se encargó de cuidar de él hasta que pudimos alcanzar su zona, dos días más tardes. Los dos días más angustiosos en todo el tiempo que llevo viviendo en el Digimundo.
—Después de aquello, creé la pulsera para que Alex también pudiese ponerse en contacto con Anthea. Aunque, por supuesto, siempre han ido con sumo cuidado.
—Por eso tu madre dijo que "no quería meternos en problemas" cuando dijiste que Alex escondió la pulsera —dijo Lunamon.
—Habría sido un problema si esa gente descubriese que Anthea, aunque ha continuado trabajando sin descanso en la solución al problema de la materialización, estaba tranquila porque sabía del paradero de su hijo.
—Pero en el momento en que Xana-Lucemon se hizo con él, deberían saber que es el niño que metieron, ¿no? —preguntó Kouji.
—Puede que no —dijo Alphamon —. No me sentía tranquilo dejando a mi hijo solo en este mundo, aunque hubiesen digimons dispuestos a ser sus guardaespaldas... Por lo que les pedí de nuevo a los ángeles un favor.
—¿Coronamon? —preguntó Lunamon.
—Le entregaron un dispositivo como el mío y un digihuevo —asintió —. Y bajo el cuidado de Minervamon, ambos se han fortalecido. No sé nada seguro, pero espero y deseo que, después de ocultar la pulsera, Alex tuviese tiempo para fusionarse con Coronamon, del mismo modo que hago yo con Dorumon. De ese modo, nadie diría que es un niño humano.
Alphamon esperó con la vista fija en los dos humanos. Era evidente que Aelita tenía mil preguntas aún en su mente y que, claramente, estaba intentando ordenarlas todas. Sin embargo, la primera pregunta no vino de la chica.
—Algo no me cuadra... ¿Qué edad tiene Alex? —preguntó Kouji.
—Bueno, es mi hermano pequeño, así que... —empezó Aelita —. Tiene... ¿más que yo?
—Es normal —rió Alphamon —. Tú has pasado diez años encerrada en Lyoko, aunque los hayas sentido como un largo sueño de una noche. En esos diez años, tu hermano ha crecido.
—Entonces, él tiene...
—Debería tener diecisiete —dijo el digimon, ganándose una mirada extrañada de Lunamon —. Pero como os he dicho, la materialización que hicieron con él no era fiable y podría decirse que ha perdido algún que otro dato por el camino.
—¿Qué quiere decir eso? —preguntó la digimon.
—Pues que, desde hace dos años, Alex tiene quince.
—¡Sigue siendo mayor que yo! —exclamó Aelita.
—Tampoco es que seas mucho más pequeña —señaló Kouji —. Aunque sí es cierto que resulta rarísimo.
—Tanto Anthea en secreto desde su puesto en la Tierra como yo hemos estado estudiando una forma de solucionar ese problema —aseguró Alphamon.
—Pues tardad un poco más. ¡Soy la hermana mayor, no la pequeña! —chilló la pelirrosa.
—Oh, cielos... Si tú también empiezas a decir tonterías como Takuya y Odd, XANA no será quien acabe con el mundo —suspiró Kouji.
