¡Buenas a todos! ¿Qué tal os va? Yo aquí estoy, una semana más, trayendo capítulos nuevos. Recordad que si os queda alguna duda en algún momento, podéis preguntármela por review. Posiblemente la respuesta entre en algún omake y, si es así, os lo avisaré.
Y bueno, no me entretengo mucho, os dejo ya con la lectura mientras yo sigo a la mía. ¡A pasar buena semana!
Capítulo 125: Conejillos de indias
Jeremy se sentía al borde de la desesperación. Por más que lo intentaba, no lograba encontrar una solución al problema bajo el agua. Cada nuevo prototipo que creaba era recibido con un aluvión de críticas de Kouji, el único que se quedaba en el hangar con él trabajando en un avance.
—Mira —suspiró el de la luz después de veinte prototipos —, no es que no valore tu trabajo, sino que quiero que entiendas que quienes nos la jugamos mayormente ahí abajo somos mi hermano y yo. Y en vistas de lo cooperativo que está el gato miedica, tienes que conformarte con mi opinión.
—Ya lo sé, Kouji, pero es frustrante... ¡Ya no sé qué más hacer!
—Te lo he dicho, algo ligero pero que proteja a la vez.
—He intentado crearte un traje de combate con características como los que usaban los otros en Lyoko. He probado a crear un traje de buzo. He seguido el consejo de Timy de ponerte una pecera en la cabeza.
—Malísima idea, no sé por qué la has aceptado.
—Es que ya no se me ocurría nada más —aceptó derrotado. El otro simplemente suspiró y miró el diseño en la pantalla del ordenador —. No podemos permitirnos perder más tiempo... Hay que desactivar las torres del agua...
—Necesitas descansar.
—Ojalá, pero ¿quién trabajaría aquí? —señaló el informático.
—¿Aelita?
—Demasiado ocupada con su "XANA se arrepentirá de haber tocado a mi hermano" como para ayudarme en cosas relacionadas con el mar. Ya te digo yo que ella, la experta a los mandos del Skid, no va a meterse bajo el agua nunca más —dijo desviando la mirada.
—Pero si se lo pides de buenas...
—Que no, que es mi misión —declaró poniéndose en pie y acercándose al agua —. Lo único que tenemos que hacer es dar con el equipo adecuado.
—Y el material indicado —dijo Kouji. Jeremy le dedicó una mueca de disgusto —. Mira, cuando digievoluciono en MagnaGarurumon, la armadura en mi pecho y las dos enormes ametralladoras en los brazos no son hojas de papel pero aun así, me muevo rápido.
—¿Cómo de rápido?
—No tanto como sin todo eso, pero a la velocidad que debería ir un digimon de luz.
—Es decir, no vas rápido.
—Más que con el armatoste que acabas de sacar de la impresora te digo yo que sí —señaló, generando gruñidos en el otro.
La puerta del hangar se abrió justo para impedir al rubio responder con otra ronda de protestas. Emily empujaba un carrito con comida, deteniéndose al ver la posición tensa de Jeremy junto al agua.
—¿Va todo bien?
—Sí, sí. Es más de lo mismo de cada hora —alzó una mano Kouji —. ¿Ya es hora de comer?
—Eso mismo —asintió —. Arya ha sacado la ración por la ventana de la cocina para evitar que la vieran los glotones.
—Oye, Em, ¿tú qué opinas sobre lo que se ha de usar para ir bajo el agua? —preguntó Jeremy, los ojos brillantes de esperanza.
—Pues... Verás, pasa algo curioso —dijo con una tímida sonrisa —. Últimamente, no me meto demasiado profundo en el mar cuando vamos a nadar... Y cada vez que pienso en el fondo marino, me dan escalofríos. Qué cosas, ¿no?
—Al final va a ser cierto que tú y mi hermano sois unos gatos miedicas —chascó la lengua Kouji.
—¡Oye! ¡No soy una miedica! —protestó la chica —. Lo único que digo es que me hace sentir incómoda...
—¿Y por qué no pruebas esto? —preguntó el chico señalando a su espalda el último invento de Jeremy.
—Muy bien, lo probaré, pero en la orilla —señaló pasando hacia el traje.
Jeremy no tardó en ponerse en pie y acercarse a la chica, ayudándola a vestir el pesado mono mientras Kouji tomaba uno de los platos y comía en silencio. Diez largos minutos después, Emily se miraba de pies a cabeza, algo arrepentida de haber caído en la provocación del guerrero de la luz.
—Bueno, va, acabemos con esto cuanto antes —pidió empezando a andar fuera del hangar con pasos raros.
—¿Qué haces? —preguntó Jeremy, el casco bajo el brazo.
—No puedo caminar bien con esto —respondió.
—¡Te lo dije! —señaló Kouji, dejando el plato y siguiéndolos.
—Es un prototipo sobre el que trabajar —rodó los ojos el de gafas.
—¡¿No es algo seguro?! —preguntó asustada Emily.
—Sí lo es. Kouji no se ha ahogado.
—Pero he necesitado una cuerda para salir del agua —dijo señalando la zona de carga en la que descansaba el Skid.
—¿Sabéis? Creo que tengo que ir al baño...
—Nada de escaquearte, gata miedica —empujó Kouji —. Tú te metes al agua y das opinión.
—¡No me llames así! ¡No soy una gata miedica!
Los gritos de la chica llamaron la atención de más de uno, que asomó para ver el espectáculo. Los comentarios no tardaron en llegar al trío, algunos molestando a Jeremy y otros provocando más incomodidad en Emily.
—Bueno, venga, que es solo la orilla —señaló Kouji —. Adentro, minina.
—¡Ya, ya! —alzó los brazos con dificultad la muchacha.
—Si ves que te ahogas ahí dentro, te saco —sonrió BlackRanamon —. Es muy cruel por parte de los chicos que te metan a mar abierto.
—¡Quiero una segunda opinión! —chilló Jeremy poniéndole el casco a la chica.
—Se ha ofrecido involuntariamente —señaló con tranquilidad Kouji.
—He sido tonta diciendo que llevaba yo el carro de comida —suspiró Emily —. Bueno, allá vamos...
Poco a poco, Emily fue dando pasos hacia el mar con BlackRanamon a su lado. Cuando el agua empezó a golpear con sus caderas, dio media vuelta y miró a los dos chicos.
—¿Seguro que he de entrar más? Hasta aquí puedo decir que es complicado caminar.
—Porque las olas te golpean, es normal —asintió Jeremy haciendo gestos para que siguiese andando.
—¿Aún más? —preguntó con el agua ya al pecho.
—Has de hundir la cabeza —indicó Kouji. La chica no tardó en simplemente encogerse bajo el agua —. Así no llegamos a nada...
—¡Tienes que ir a donde no llegues, Em! —gritó Jeremy.
En tierra, más de uno intentaba no reír ante lo que veían. En una de las ventanas, Koichi observaba medio escondido, con Zoe al lado negando una y otra vez con la cabeza.
—Pobre Em, mira cómo la tratan esos dos... ¡Y pensar que podría ser yo!
—Realmente pareces un gato miedica —suspiró la rubia.
—¡Hay que tenerle respeto al mar! ¡Puede pasarte cualquier cosa!
—Oh, pero si tú puedes contar con Chiaki siempre —rió la chica dándole un codazo.
—Hombre, si la tenemos al lado, está claro que todos pueden.
—En serio, Koichi, eres muy denso —negó abandonando la habitación.
—¿Qué? ¿Por qué? ¡Eh!
Sin ganas de salir de su escondite, Koichi volvió la mirada al mar, donde BlackRanamon empezaba a sacar a Emily tirando de ella hasta que Chiaki se lanzó también al agua para ayudar. Los gritos de la chica, aunque amortiguados por el casco, no tardaron en resonar.
—¡Ni borracha me meto ahí abajo con eso! ¡Es asfixiante! —gritó luchando para quitárselo todo.
—Ni tan siquiera te llegaba el agua a la nariz —protestó Jeremy.
—¡¿En serio quieres que me hunda y juegue a aguantar la respiración ahí abajo?!
—El traje está equipado con oxígeno para...
—¡Esa cosa pesa una tonelada y media!
—De ser así, Em, no habrías podido moverte y te he visto caminar —señaló el informático.
—Lo que quiere decir es que es incómodo. Si ya cuesta moverse fuera del agua, imagina dentro —se unió Kouji.
—¡Y tú! —la atención de Emily pasó a la del guerrero blanco —. ¡¿No se te ocurrió ofrecerle a Jeremy la opción de meterse él en esa tumba marina?! ¡¿No se te encendió esa bombilla?!
—¿Crees que serviría de algo tirarle al agua? ¡Estamos hablando de un equipo que me proteja y me sirva para defenderme porque mi digievolución implica ser un digimon! ¡Lamento mucho estar resultando un problema en la misión, pero por lo que veo soy el único que intenta solucionarlo!
—¡¿Por qué será?!
—¡Porque Jeremy es un cabezahueca que no entiende el funcionamiento de los espíritus digitales! —exclamó Kouji, el cuerpo tenso de rabia.
—Mis valoraciones no serían tan efectivas como... —empezó a hablar Jeremy, pero la mirada iracunda de Emily le obligó a callar de nuevo.
—¡Pues que sepáis que no pienso meterme ahí dentro ni aunque mi vida dependa de ello! ¡Yo no separo mis pies de tierra para nada!
—Así lo único que haces es darme la razón en que eres una gata miedica.
—¡Ni se te ocurra volver a llamarme así, Minamoto! —exclamó la chica alzando su D-Tector.
—¿Quieres pelea? Bien, no iría mal hacer un poco de ejercicio para variar —aceptó el guerrero de la luz.
—Esto se os está yendo de las manos —rió BlackRanamon, alejándose de la orilla y volteándose para ver el espectáculo.
—¡Código digital Lyoko!
—¡Espíritu digital!
—¿En serio van a pelear? —preguntó Teruo. A su lado, la clon acuática empezó a silbar y aplaudir.
—Oh, venga, no irá mal que se golpeen un poco para asentar la cabeza todos —declaró la clon.
Ante Jeremy, Emily digievolucionada y Lobomon se mantenían la mirada firmemente. No se movió del lugar, ni cuando ambos empezaron a atacarse, hasta que un tirón de la camisa le hizo reaccionar.
—¿No ves que es peligroso? —preguntó Gaomon —. Apártate de aquí, rápido.
—Creo que la he liado, Gaomon... No debí estresarles con mis problemas...
—Lo hecho, hecho está —negó el digimon, arrastrándolo aún más lejos de las flechas perdidas de Emily.
—Debo pararles... ¡Es culpa mía!
—¿Y cómo esperas detenerles? —preguntó.
—Digievolucionando yo también —dijo alzando el D-Tector.
—Sí, bien, quizás a Emily. Pero Lobomon aún puede evolucionar más. Y siento decírtelo, pero incluso digievolucionando yo, tendría problemas para retenerle.
—Pero...
—Gaomon tiene razón. Él no podría ayudarte —se acercó Zoe —. Así que te echaré yo esa manita que te falta.
—Gracias, Zoe...
—No las des. Te ayudo porque no me apetece que se peleen entre ellos, nada más.
Dos segundos después, JetSilphymon hacía aparecer su molinillo gigante y lo adelantaba, soltando una fuerte ráfaga con la que empujó a Emily al mar. Antes de que cualquiera pudiese hacer algo, se lanzó contra Lobomon y lo inmovilizó con la ayuda de su arma.
—¿Por qué no han hecho eso Takuya o Koichi? —preguntó Teppei.
—No creo que sea buena idea enviar a Koichi a tranquilizar a su hermano —negó Yumi —. Y sobre Takuya...
—Algo me dice que ni se ha enterado de que hay pelea —finalizó Katsuharu —. Bueno, al menos, las cosas se han calmado.
—No sé quién tiene el orgullo más tocado, si Em o Lobomon —dijo Lunamon mientras veían a la chica correr hacia el interior del cuartel y al digimon de luz regresar a la forma humana.
—Esperemos que esto no afecte al trabajo en equipo —declaró Teruo —. Regresemos al comedor; algo de comida debe de haber quedado porque no todos hemos salido a ver la discusión...
—Sí, vamos a...
