¡Muy buenas a todos! ¿Soy a la única a la que se le están haciendo las semanas demasiado cortas? He tenido que mirar dos veces el calendario para confirmarme que volvía a ser sábado.
Hoy no me entretengo demasiado con texto previo porque tengo faena por hacer. Así que os dejo ya con la lectura. ¡Que la disfrutéis!
Capítulo 128: Ataque por sorpresa
Si quedaba alguien por digievolucionar antes de salir del cuartel era algo que nadie podía asegurar ante las prisas por salir al exterior. Una de las paredes del hangar estaba en llamas mientras MachGaogamon saltaba hacia la figura que pretendía seguir destruyendo aquella construcción apoyado por Jeremy.
—Oh, venga, ¿es que jamás se dan por vencidos? —suspiró Neila —. ¡Acabamos de desactivarles una torre!
—Poco parece importarles —negó Mermaimon.
—¿Y quién es esa bestia fea que está intentando cargarse el hangar? —preguntó Odd.
—¡Kimeramon! —exclamaron Angemon y Angewomon con claro horror. El primero no tardó en volver a digievolucionar.
—¿Hola? Seguimos sin saber nada de él...
—Es un digimon creado por Digimon Emperador —respondió Antylamon.
—Algo me dice que deberíamos saber de qué habláis pero no hay tiempo —dijo el rubio, ganándose una mirada de incredulidad de Cerberusmon.
—Menos mal que esas cosas no te las han preguntado en los exámenes de Kadic —negó el digimon.
—Dejemos las tonterías para otro momento —intervino CrossSpacemon alzando una mano y creando una barrera protectora sobre los dos edificios en la costa —. A algunos no les está haciendo ninguna gracia que les haya quitado la diversión.
A nadie le pasó por alto la figura que ya se lanzaba, espada al frente, contra el digimon del espacio. A pocos metros de hacer contacto, una barrera dorada repelió el ataque y obligó a Duftmon a apartarse para esquivar los ataques de Kumamon y Beetlemon.
—¿Es que no vas a aprender jamás, tontomon? —cuestionó CrossTimemon, una cadena apareciendo en una de sus manos.
—Antes aprenderían otros —declaró Grumblemon, posicionándose junto a la elfa digital.
—Vamos a repartir golpes, Cerberusmon —sonrió Odd.
—Menudos inútiles —sonrió Duftmon, recuperando su posición y preparándose para atacar.
—¡Atentos todos! —exclamó el del espacio.
—¡Me encargaré de eliminaros a vosotros dos, digimons pesados! —exclamó Duftmon, volviendo a cargar. Una ráfaga de disparos por un costado le golpearon de lleno y lanzaron a varios metros.
—¡Beelzemon!
—Vais demasiado lentos, chicos —sonrió el demonio.
—Maldito traidor... —rugió Duftmon.
—Sí, ese soy yo, el maldito traidor —asintió con orgullo Beelzemon —. Pero oye, en ausencia de los Guardianes, se suponía que los Caballeros Reales paseaban buscando aquellos que se hacían llamar "Demon Lords". Aunque creo que ahora el Demon Lord eres tú y el Caballero Real yo —dijo sonriendo aún más —. ¿Peleamos?
—¿En serio soy el único que se siente perdido?
—Odd, deja las clases de historia para más tarde —pidió Cerberusmon, las bocas listas para escupir llamaradas.
...
Aelita no sabía si reír o chillar. Desde que el "desconocido niño elegido" había resultado ser su hermano, había pasado horas pensando la mejor forma de rescatarlo. Pero no había imaginado que la oportunidad hubiese llegado tan pronto.
—Aelita, hay que moverse —regañó Yumi recuperando un abanico que había usado de escudo para la pelirrosa.
—Sí, lo sé —aseguró, extendiendo las alas y alzándose.
En el combate cuerpo a cuerpo, LadyDevimon y Crescemon hacían cuanto podían para derribar a Apollomon, cubiertas de cerca por JetSilphymon y su molinillo.
—¡Sé quien eres, Apollomon! —chilló Aelita antes de intentar encajar un puñetazo en el digimon —. ¡Sé tu verdadero nombre!
—¿Pero qué está haciendo ahora Aelita? —preguntó Neila, volteándose y lanzando su guadaña contra cualquier otro enemigo al cruzarse la pelirrosa en la trayectoria de su arma.
—¡Sé que eres un chico humano! ¡Has de despertar del control de Xana-Lucemon! —siguió diciendo, fallando todos los ataques que le lanzaba.
—No tienes ni idea de nada —declaró Apollomon, un puño en llamas listo para golpear a la chica.
—¡Apártate, Aelita! —gritó JetSilphymon, pero la chica no reaccionó.
Un espejo apareció entre ellos, soltando toda una serie de esferas rosadas que impactaron directas contra el digimon ígneo.
—Ni en bromas creas que nos vas a tocar —dijo Mercurimon. A poca distancia, Neila y Yumi suspiraron aliviadas.
—¡Alex, tienes que despertar! —siguió gritando Aelita.
—No es momento para eso —la atrapó la híbrida de viento, tirando de sus alas y obligándola a retroceder al tiempo que Apollomon se recuperaba.
—Es mi hermano. Tengo que hacerle entrar en razón —dijo intentando escapar.
—¡Es un enemigo! Hay que atacar y una vez debilitado, podremos rescatarlo.
—¡No creo que ese sea el único medio para liberarle!
—Ay, cielos —suspiró LadyDevimon mirando a Taomon —. Tú que no eres un demonio, reza para que a Crescemon no le dé por imitarla. Siendo como son una...
...
Jeremy se permitió respirar aliviado cuando, tras la aparición de la barrera de Ace, dos figuras pasaron veloz a su lado y acudieron en apoyo de MachGaogamon en la pelea contra el extraño digimon que pretendía tirarlo todo abajo.
—¿Estás bien, Jeremy? —preguntó William, la sombra de Wingdramon cubriéndoles momentáneamente.
—Sí, tranquilos, no estoy herido.
—Genial entonces —aseguró Aldamon.
—Nuestro nuevo enemigo es Kimeramon, muy seguro otro enemigo de los antiguos niños elegidos —señaló Denoshimon.
—Nos vendrían bien algunas indicaciones.
—Arya está enviando un mensaje de socorro —señaló hacia atrás William —. Pero hasta que lleguen los refuerzos, tendremos que hacerlo lo mejor posible.
—Así que, a menos que os apetezca escuchar a Beo quejándose, movámonos.
Cogiendo aire profundamente, Jeremy observó a su alrededor la situación de los demás antes de preparar un nuevo disparo contra el digimon compuesto que había pretendido derribar todo.
...
—¿Cómo es que está ese digimon aquí también? ¿No se supone que le han atacado hace nada? —preguntó Sissi.
—Quizás un digimon poseído puede recargar las baterías igual que se las recargaban a los clones —comentó Emily.
—Las cosas no funcionan así —negó Arbormon —. Pero sea como sea, Neptunemon está aquí y tenemos que evitar que haga movimientos que pongan en peligro a los demás. Dudo que el escudo de Reichmon sea igual que el de Ace y Timy.
—Si tan solo no hubiera venido Duftmon también... —suspiró Lilamon.
A un metro de ellos, Mermaimon había forzado a Neptunemon a pelear en tierra firme, situándose entre el digimon y el mar. Al otro lado, Reichmon buscaba una forma de golpear con su lanza sin sufrir una mordedura de la del digimon marino.
—Jamás os rendís, ¿no? —preguntó burlón —. Si seguís así, sólo conseguiréis la muerte. Me canso ya de decirte que soy más poderoso que tú, Mer, sin importar cuántos te ayuden.
—Déjate de tonterías. Te demostraré que no es así —aseguró la sirena lanzando su ancla y dando una oportunidad a los demás a acertar algún ataque.
...
Un único vistazo le bastó a Arya para confirmar que Bokomon había logrado arrastrar a Neemon y los Toucanmons a lugar seguro. Introdujo a toda prisa en el ordenador con el que se comunicaba con la Tierra una clave indicada por Izzy y abandonó la sala.
—¡Todo listo! —chilló lo más alto que pudo sin dejar de correr. Un par de brazos la atraparon por la cintura enseguida.
—Iremos más rápidas así —aseguró D'Arcmon, acomodando el peso de la chica y volando lo más rápido que daban sus alas.
Aunque se había dicho mil veces que no lo haría jamás, se asomó por encima del hombro de la digimon y observó el panorama a las puertas del cuartel. Cubriendo hasta ese momento el nuevo hogar, Angewomon, MagnaAngemon, Antylamon y Leire atacaban a todo monstruo de XANA y Divermon que había pretendido acercarse más de la cuenta. Libres de proteger donde seguía ella, una simple humana indefensa, se habían separado para atacar a las mismas criaturas que buscaban golpear por la espalda al resto de Guardianes, centrados cada grupo en un enemigo.
—Ojalá pudiese hacer algo...
—Haces mucho, Arya.
—No, D'Arcmon, no es así —suspiró —. Yo no sé pelear, como Yumi, Ulrich y los gemelos han mostrado con el pencak... Tampoco tengo poderes, como cuando evolucionan... Ni me convierto en una digimon como Takuya y los otros...
—Hay veces que esas cosas no son necesarias para nada —negó.
—No lo creo...
—Créeme, hay cosas más fuertes que saber pelear o tener poderes.
—¿Como qué?
—Confiar y creer en los otros, por ejemplo —sonrió dejándola en el suelo, lejos del combate. La voz de Bokomon le llegó cada vez más cercana —. Enseguida acabamos con ellos.
Sin tiempo de reacción, la digimon dio media vuelta y regresó por donde habían llegado, cambiando la digievolución a Angewomon y preparando al mismo tiempo una flecha.
—Ay, cielos, esto de correr es muy malo... —resopló agotado Bokomon —. Vamos, Arya, hay que ponerse a cubierto.
—Está bien —aceptó la chica.
—Estarán bien, seguro —declaró el digimon, tomándola de la mano y empezando a llevarla a donde Neemon y los Toucanmons asomaban la cabeza.
