¡Buenas a todos! ¿Qué tal os va la vida? Mañana ya San Valentín. ¿Vais a celebrarlo? Tanto si es que sí como si es que no, espero que al menos lo paséis bien. Por mi parte, aquí os dejo un capítulo que, si bien no son flores ni bombones, podéis tomarlo como regalito ;)

Como hace días que no escribo el DISCLAIMER, lo hago ahora y así nos quedamos todos tranquilos. Code Lyoko y Digimon Frontier (y Adventure, 02 y Tamers) no nos pertenecen; la idea es una ida de olla nuestra que se nos ocurrió un buen día por aburrimiento y decidimos darle cuerpo. Los personajes originales se cuentan con las manos; cualquier parecido con el personaje de alguien es una coincidencia que estamos encantadas de conocer (comparar ideas siempre es bueno, así como inspirador para ambas partes).

Los reviews son bien recibidos y apreciados. Cualquier duda, podéis enviarla por review o vía mensaje privado. Os recuerdo que en "Code Frontier: OMAKES" podéis ver escenas "de relleno"/extras con las que quizás se os aclaren las dudas y/o descubráis algo nuevo (no muy relevante para la historia, cabe decir). Sentíos libres de hacer vuestra petición tanto por review aquí, en ese fic o por privado. Si es viable la idea, haré lo posible por sacar tiempo para escribirla.

Y ahora sí, después del tostón de cada día, os dejo con el capítulo. ¡A disfrutarlo!


Capítulo 129: Punto para Xana-Lucemon

Xana-Lucemon se permitió sonreír con satisfacción. Observando a través del colgante de un Phantomon, Piedmon y Matadormon tampoco podían reprimir la satisfacción de ver "devastado" el lugar donde se encontraban los molestos "niños del demonio".

—Y así, queridos amigos, es como haces que un grupo de patéticos insectos cambien sus prioridades —declaró el ángel caído —. Qué mala suerte para ellos que no dispongan de nada más allá del escudo de ese patético digimon gato para protegerse.

—Sin lugar a dudas, mi señor, el trabajo de Kimeramon ha sido espléndido —alabó Matadormon.

—Sin embargo, no entiendo por qué ha dado la señal de retirada —dijo Piedmon.

—El sitio donde tienen ese barquito ha sido dañado y que no os quepa la menor duda que dicho barquito estará fuera de servicio por bastante tiempo. A esto lo llamo una victoria rápida —explicó el ángel caído.

—Entonces, ¿eso era lo que pretendía? —preguntó el payaso.

—Exactamente. Sin eso, ellos no pueden ir bajo el agua —señaló Xana-Lucemon —. La guerrera del agua no supone un peligro para nosotros, queridos amigos míos. Es ese estúpido cuarteto el que causa mayores molestias jugueteando con mis preciadas torres. Ella sola no vale para nada. Y tampoco ella sola podría llevar a ninguno de esos cuatro a ninguna torre.

—La sirena no puede cargar con alguien y pretender protegerlo estando sola —dijo Matadormon. El ángel caído empezó a aplaudir.

Fuera de la sala, Myotismon sólo podía morderse los puños. No solo su rango había descendido al nivel del papel del baño, sino que ya ni tan siquiera contaban con él para observar cómo los patéticos niñatos y sus mascotas digitales perdían batallas. En el máximo silencio, abandonó el lugar y empezó a pasear por los pasillos, sabiendo de sobras que nadie le necesitaría hasta que el fracaso llevase a todos aquellos "que se creían por encima de él" a sufrir la ira del digimon rubio sentado en el trono.

—Vaya, vaya, pero si es Myotismon —oyó de pronto a un costado.

—Puppetmon...

—¿Qué te trae por aquí? ¿Algún recado del amo Xana-Lucemon? ¿Acaso pasar la fregona? —se burló la marioneta.

—Veo que a ti tampoco te han invitado a ver cómo vencen a los criajos —señaló con calma el vampiro —. ¿O es que tienes algo mejor que hacer?

—Bah, esos niños me importan bien poco —declaró la marioneta —. A quien quiero hacer sufrir es a ese mocoso insolente de TK... Se arrepentirá del día que destrozó mi zona de juegos... Me las pagará todas...

—¿Mocoso insolente? Tengo entendido que te saca varias cabezas —apuntó el vampiro.

—Y a ti te sigue teniendo en su mira "tu mejor soldado". Uy, espera, ¡si no tienes soldados! —exclamó antes de alejarse con risas.

...

El malestar era evidente en todos salvo en Jeremy. El ataque había resultado una excusa para que nadie le impidiese empezar las remodelaciones que tenía pensadas para el lugar en la playa.

—En serio, ¿es que Xana-Lucemon no sabe lo que significa rendirse? —preguntó Teppei —. ¿A qué nos envía un ataque nada más ser derrotado?

—Y con ese enorme Frankenstein —apuntó Odd.

—Y Neptunemon —añadió Chiaki —. A quien acabábamos de atacar con el Skid bajo el agua.

—Me da que la potencia del Skid no es suficiente para atacar a digimons de ese nivel. No recibe siquiera rasguños —declaró Ulrich.

—Es más poderoso que todos vosotros, especialmente aquí, en la playa, con el agua por todas partes —señaló BlackAllymon frotándose los ojos.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la otra clon.

—Algo cansada...

—Acuéstate si quieres —invitó Arya —. Luego te subo algo fresquito para pasar el calor.

—Gracias —aceptó.

Por varios minutos, reinó el silencio en el grupo. Poco a poco, todos empezaron a moverse bien a hacer faena en casa, bien a nadar un rato en la playa. Arya estaba sentada en la cocina con los Toucanmons, preparando la merienda para los digimons, cuando un pitido en el ordenador principal le llamó la atención. Dejó todo en la encimera y se asomó justo cuando la pantalla se iluminó.

—Oh, no os esperábamos —dijo mientras dos adultos aparecían en el lugar.

—Perdonadnos, hemos estado todos demasiado atareados —confesó Yolei cargando con una enorme mochila y dos cestas que preocuparon ligeramente a la chica.

—¿Dónde están todos? —preguntó Ken, también cargado con más bolsas que su mujer.

—Por ahí —señaló Arya acercándose para tomar alguna bolsa —. Ese ataque repentino ha cabreado a más de uno.

—Yo también estaría furiosa —asintió Yolei —. Aunque está claro que el mal nunca ataca al gusto de todos.

—Lo que importa es que estáis todos bien —dijo Ken, aceptando la ayuda de la chica.

—¿Qué es todo lo que habéis traído? —preguntó Arya abriendo un poco una de las bolsas.

—Oh, bueno, sé que tenéis cosas suficientes aquí para vivir y tal, pero...

—Yolei os ha hecho la compra para el verano entero casi —suspiró su marido con cansancio. La menor atinó a una leve risa nerviosa.

—Sé que os cuidáis, pero aquí hay alimentos que no existen en la Tierra. Y hace demasiado que no enviáis un email con la lista de productos básicos no existentes en el Digimundo.

—Bueno, la verdad... Creo que hemos estado bastante liados con eso de las inmersiones y el calor que ni hemos pensado en eso... Y como de la comida se ocupan los Toucanmons...

Con Yolei al frente continuando su lista de negligencias que habían cometido los menores, el trío alcanzó la cocina donde los Toucanmons seguían atareados con el refrigerio. Ante la aparición de los adultos, uno de ellos enseguida echó a correr para llamar al resto de niños mientras los otros se ocupaban de ayudar con las bolsas.

—¡Mamá! ¡Papá! —chilló Chiaki, entrando veloz al lugar y saltando a los brazos de su padre.

—Hola, sirenita. ¿Qué tal?

—Bien... Bueno, algo cansada de ese virus de XANA... ¿Y vosotros?

—Todos andamos bastante ocupados en la Tierra, la verdad —admitió Ken.

—¡Oh, vaya...! —la voz de Gatomon sonó lo suficientemente alta como para callar a todos los que pretendían saludar mientras entraban.

—Agradezco que no haya venido TK por una vez en la vida, pero si os soy sincero, tampoco te quería ver a ti, Ken —declaró Patamon, en el suelo y con una expresión complicada de definir en el rostro.

—¿Por? —preguntó extrañado el mencionado.

—No sé exactamente si vuestra presencia sería de ayuda o contraproducente en este momento —declaró el digimon antes de alzarse para no ser pisado por los que faltaban por entrar.

—Patamon, ¿de qué estás hablando? —preguntó Yolei.

—Ay, vaya, que la cosa puede ir a peor... —dijo al reparar en la mujer.

—¡Patamon! —exclamó la adulta.

—¿Se puede saber qué está pasando? —preguntó Ken.

—Xana-Lucemon tiene un nuevo peón bastante conocido —se adelantó Lopmon, corriendo hasta el hombre y dando saltitos para que lo alzara en brazos.

—¿De quién se trata?

—Mejor siéntate —indicó el digimon marrón y rosa.

Aún extrañado, Ken se sentó en uno de los taburetes que no tardó en acercarle un Toucanmon. Volvió la vista a Lopmon, pero el digimon miraba de reojo hacia sus dos compañeros angelicales. En vistas que ninguno parecía decir nada, los dos adultos volvieron la mirada hacia los niños.

—Veréis, había un digimon extraño en el grupo —empezó a decir Chiaki.

—Lo único que nos pudieron decir ellos antes de impedirles destruir más el hangar fue que se llamaba Kimeramon —señaló William.

Algo cayó al suelo sobresaltando a todos y haciendo que los Toucanmons empezaran a correr a donde Yolei había soltado lo que tenía en las manos.

—No puede ser —dijo casi sin voz Ken —. Fue eliminado por completo... No quedó nada de él...

—Es imposible que un digimon así haya renacido, ¿verdad? —preguntó Yolei, acercándose algo tambaleante a su marido —. Esa criatura rompía todas las leyes naturales, por lo que es imposible que se genere eso, ¿verdad?

—Cómo ha llegado a conocimiento de Xana-Lucemon la existencia en el pasado de Kimeramon lo desconocemos —dijo Lopmon.

—Pero esto es un mundo de datos, Yolei. No importan las leyes naturales siempre y cuando seas capaz de unir esos datos para lograr el objetivo —siguió Gatomon.

—Ace, necesito que vayas al castillo y busques a Hawkmon y a Wormmon —pidió Patamon —. Si no están allí, pregúntale a Socerymon.

—Está bien —aceptó el digimon plateado antes de escurrirse en un vórtice.

—Papá, ¿estás bien? —preguntó Chiaki.

—Creo que hicimos un resumen bastante rápido de nuestras aventuras en el Digimundo cuando descubrimos que erais los Guardianes, hija —respondió Yolei, indicando a todos que se pusieran cómodos.

—¡Esperad! —exclamó Gaomon —. Falta Jeremy.

—¿Dónde está? —preguntó Aelita.

—Trabajando todavía en el hangar. El ordenador no ha sufrido daño alguno, así que...

—¡No es momento para ponerse a hacer de mecánico! —estalló Lunamon, apretando los puños y saliendo de la cocina a la carrera.

—¡Machácale, Lunamon!

—No empieces, Timy, que no es el momento —advirtió Zoe.

Dos minutos después, la voz de Jeremy quejándose llegó algo amortiguada por las protestas de la digimon que regresaba con él. Más de uno intentó no reír al ver al informático caminando casi a cuatro patas porque la conejita digital le tenía pillado de una oreja.

—¡Es increíble que seas tan sumamente cabezón! ¡Existe un momento para cada cosa, Jeremy! —exclamó Lunamon, soltando al fin al chico y dejándolo casi en el suelo —. Ahora sí que estamos todos.

—Lunamon... ¿No te has pasado un poco? —preguntó Aelita, un tanto preocupada.

—Cuando se nos reúne a todos, acudimos todos. No es excusa que haya que reconstruir el hangar. ¡Xana-Lucemon no va a volver a atacar ahora! —exclamó alzando los bracitos.

—Lo he captado, Lunamon —aceptó el chico. Intentó alejarse de ella, pero la mirada más dura de lo habitual en la criatura digital le paralizó en el sitio.

Agradeciendo en silencio aquella pequeña escena que había logrado aflojar un poco los nervios que sentía, Yolei volvió a indicarles que se acomodaran antes de empezar a relatar uno de los peores episodios en la vida de la persona a la que, junto a Lopmon, intentaba reconfortar en ese momento.