Capítulo 144: Coneja al agua
El sueño tranquilo de Aelita acabó cuando la sensación de brazos rodeándola la trajeron de vuelta a la realidad. Adormilada, se volvió justo para ver a Yumi segundos antes que su propia camiseta le bloqueara la visión.
—¡Yumi! —chilló.
—Ni Yumi ni leches —la voz de Emily, a su espalda, la estremeció más de lo esperado —. Tú te quitas eso, te pones esto y nos vamos a despejar con un buen baño marino.
—Chicas, ¿qué hacéis? —preguntó, intentando inútilmente recuperar su pijama.
—Se acabó vaguear, Aelita —dijo Yumi, tirando de sus piernas y empezando a enfundarle un traje rojizo.
—No... ¡No, no, no y no! —gritó identificando la pieza.
—¡Sí y mil veces más sí! —exclamaron las dos.
—Aelita, hazles caso o dicen que llamarán a Sissi, a Neila y a Timy para encadenarte.
—¡Lunamon! ¡Ayúdame! —pidió a la conejita.
—Lo siento, pero es que Mikemon me ha dado un motivo muy aceptable para que no interfiera esta vez —dijo la digimon, jugueteando nerviosa con sus deditos.
—¡No se vale!
Fuera del dormitorio, Zoe negaba ante la divertida mirada de Kouji. El chico se mantenía a la espera, de espaldas a la puerta aunque de tanto en tanto, cuando el alarido de la pelirrosa causaba un extraño ruido en el otro extremo del pasillo, ladeaba la cabeza con mínima preocupación.
—Así que esto es lo que decía Em ayer —señaló la rubia.
—Por culpa de Kimeramon, se ha tenido que meter varias veces seguidas allí abajo, para atraer a esos tipos a la costa y que Ulrich y yo pudiésemos cortarlo.
—Pero exactamente qué le hacen a Aelita para que chille así...
—Ponerle su traje de buceo —se encogió de hombros Kouji —. Hasta donde sé, Jeremy decidió probar en ella el digizoid rojo.
—Pero ese no incrementaba la velocidad precisamente —se unió William —. ¿Por qué ese?
—Pregúntale a Einstein —negó el de la luz —. Los propulsores funcionan como los míos, así que la diferencia está en las propiedades del traje, nada más.
Una repentina brisa helada recorrió a los tres de los pies a la cabeza. Al instante, volvieron la mirada a la puerta abierta que comunicaba al dormitorio de Tommy.
—¿Qué pasa? ¿A qué tanto grito?
—¿Y tú, desde cuándo tienes aire acondicionado en tu habitación? Que los demás también tenemos calor —señaló Zoe.
—Pues... Anoche me desperté con calor y congelé la habitación. Pero no recuerdo muy bien cómo lo he hecho para que se haya quedado todo así —dijo mirando el interior del cuarto.
—¡Caray! ¡Casi parece el congelador de un esquimal! —rió William.
—Sí, bueno, quizás me he pasado un poco...
La puerta del dormitorio de Aelita se abrió, saliendo Emily con los brazos en jarra y una gran sonrisa victoriosa en el rostro. Ignorando el frío que aún recorría el pasillo y que, con la puerta de la otra habitación aún abierta, había empezado a tomar forma de neblina baja, la chica alzó la vista hacia Kouji.
—Toda tuya.
—Voy —respondió, entrando y generando la segunda tanda de chillidos de Aelita esa mañana.
—Avisaré al grupo que ya estáis listos para partir —se adelantó Yumi.
—¡Kouji, bájame ahora mismo!
—Deja de patalear, que voy sin armadura y tú tienes metal en tus ropas.
—¡Jódete y no haberme cogido a saco de patatas!
—Si no es así, no caminas —negó Emily —. A ver si crees que somos tontos...
—¡Esto es traición!
—No digas bobadas, Aelita —dijo Mikemon —. En todo caso, es una encerrona.
—¡TRAICIÓN!
—Conejita, agradece que esté de buen humor —dijo Kouji, sacudiéndola sobre el hombro y provocando más quejas en la pelirrosa.
—¡KIMURA! —chilló de pronto Emily, mirando hacia otro dormitorio —. ¡NI POR UN MOMENTO PIENSES QUE TE VAS A ESCAPAR DE TU VIAJE GRATUITO A LAS PROFUNDIDADES!
—Em, ¿has desayunado? —preguntó William.
—No aún, ¿por?
—Porque nadie lo diría con la energía que desprendes —rió Zoe.
—Ah... Me pillaré algo rápido cuando pasemos junto a la mesa... Bueno, venga, movámonos ya.
En su habitación, escondido dentro del armario, Koichi esperó hasta que Tommy entró informándole que el Skid había partido con Kouji y Emily a bordo.
—Esos dos, para ser razas que deberían llevarse mal, se entienden demasiado bien... ¡Qué peligro! —dijo abriendo el armario pero permaneciendo en él.
—Y tú compartes habitación con tu hermano —apuntó el menor.
—¡Joder! ¡Podría haber sido yo el de hoy! —exclamó, saliendo y empezando a dar vueltas por la habitación —. Debo buscar una forma de salvarme de... ¡Espera!
—A ver qué se te ha ocurrido ahora...
—¡Necesito a Timy y a Ace! —dijo echando a correr fuera del dormitorio. Arrodillado en el suelo, Tommy empezó a reír a carcajadas.
...
Kouji daba vueltas en el asiento superior del Skid mientras Emily escuchaba las explicaciones de Jeremy sobre todos los comandos de la nave. Los NavSkids hacía rato que pululaban por el mar, vigilando un perímetro de seguridad, con Mermaimon moviéndose veloz de un lado a otro aunque entreteniéndose más en la pequeña nave en la que se había montado Yla, que había querido cambiar de aires por una vez.
—Madre mía, Jeremy, ¿por qué sigues en Kadic con ese cerebro tuyo que tienes? —preguntó Emily, sorprendida por todo cuanto le había contado.
—Legalmente, no tengo edad para trabajar...
—Tío, eres un superdotado. Eso debería valer para haberte hecho saltar todos estos años de instituto —insistió la chica.
—Bueno, de haberlo hecho, quizás no habría conseguido los amigos que tengo ahora.
—Uy, que se nos pone sentimental —rió Kouji —. Eres medio digimon, habrías acabado conociéndonos.
—O no, no lo sabemos.
—Hemos renacido todos, ¿no? Era la condición para volver a unirnos —dijo con tranquilidad el chico —. Siento ser tan vago en mi opinión, pero es un punto que jamás recordaré.
—No, es un buen punto, no necesitas más explicación.
—¿Podéis dejar de fingir que no pasa nada? —preguntó Aelita.
—Nadie finge nada —respondió Emily —. Estamos en una inmersión más, sin problema alguno, dejando que Jeremy, el experto, nos lleve con el control remoto a una torre para que la desactives.
—Aelita, creo realmente que exageras un poco en...
—¿Exagerar? ¿Yo? ¿Desde cuándo estás a favor de ellos?
—En algún momento, puede pasar que ninguno de ellos dos pueda bajar, ya sea porque sus habilidades son necesarias en la orilla o porque están lesionados o enfermos. Te recuerdo que todo puede pasar.
—Hasta ser abducido por los padres —señaló Kouji —. Mil gracias a los antiguos elegidos por seguir manteniéndolos bien lejos de cualquier idea que no sea enviarnos emails o videollamadas.
—Koichi también existe.
—A ese gato cobarde también le daremos caza —asintió el chico —. Por él no te preocupes ni un poquitín.
—Entonces, ¿por qué me habéis pillado a mí primero?
—Mi hermano tiende a tener el sueño muy ligero cuando se trata de alguien acercándose a su cama. Parece un auténtico gato en esos casos.
—Ah, vale, que soy la facilona.
—Dudo que seas facilona —dijo Emily —. Aunque eso tendríamos que preguntarle más bien a Jeremy. Seguro tiene respuesta más fiable.
—Por favor, dejadme al margen cuando discutáis —pidió el informático.
—¡Torre activada a doscientos metros! —informó Mermaimon, flotando ante la nave y evitando que la conversación siguiese el mismo camino.
—Te abro abajo para que entres, que ya sé hacerlo —sonrió Emily —. Y tú, Aelita, vete preparando.
—Podría estar yo a los mandos...
—De los tres, tú eres la del traje de buceo —recordó la chica.
—¡Lo llevo porque me habéis forzado a ello! ¡Si casi me arrancas la piel quitándome el pijama!
—Agradece que te haya dejado la ropa interior. Con Koichi no pienso ser tan buena.
—No me importa quedarme en bragas. Os presto el traje.
—Aunque quisiera, no entro en él —señaló Kouji.
—Y a mí, aunque no me apasiona bucear, me gusta el mío, con colores bien mezclados —añadió Emily —. Anda, a prepararse para bajar a la parte de abajo.
—En serio, sois odiosos...
—No tanto como tú —corearon ambos.
