¡Saludos a todos! ¿Qué tal empezamos el verano? Yo trabajando de lo lindo, razón por la que tengo que hacer un pequeño anuncio antes de dejaros leer.

Debido a que se supone que va a empezar la temporada de verano (y eso significa, el doble de trabajo), voy a tomarme un descanso. A partir de la semana que viene me será mucho más complicado escribir, por lo que el pequeño colchón de capítulos que tengo se irá acortando demasiado rápido. Necesito amoldar bien el tiempo libre para poder sacar el máximo trabajo posible para retomar las actualizaciones. Así que por al menos un mes no habrán actualizaciones. Pero no temáis; tengo alguna que otra historieta para el fic de OMAKES que intentaré subir en los pocos huecos libres que pueda tener en este tiempo de pausa.

Espero también que, cuando regresen las actualizaciones, sigáis ahí dispuestos a leer más.


Capítulo 145: Desacuerdos

Hopper suspiró cansado por tercera vez. Aunque no quería creerlo, los problemas que estaba causando Aelita empezaban a ser más preocupantes que el hecho de que Alex era una de las marionetas de Xana-Lucemon.

—Lo siento mucho, chicos. De no ser por el trabajo que tenemos ayudando a nuestros aliados caídos...

—No es culpa suya, Hopper —dijo Yumi —. Sabemos de sobras lo importante que es asegurarnos de contar con el máximo número posible de aliados.

—Si pudiera hacerme cargo de Apollomon, posiblemente las cosas serían más sencillas para vosotros en tierra.

—No lo creo, pero... —susurró Ulrich.

—¿Cuánto creéis que aguantará entero el Skid con esos tres a bordo? —preguntó de pronto Odd.

—No, nada de llamar al mal tiempo —se levantó Zoe —. Volverán en aproximadamente media hora, sin ningún imprevisto más allá de Neptunemon, MetalSeadramon y el ejército interminable de Divermons, kongrios y tiburones.

—Lo bueno es que no hay enemigos acercándose —señaló Jeremy, entrando en el cuartel con el portátil bajo el brazo.

—¿Ya vuelven? —preguntó extrañada la Geisha.

—No. Gaomon se niega a traerme bebida o comida. Dice que me levante —respondió dejando el aparato electrónico en la mesa —. Echad un ojo mientras almuerzo algo.

—En serio, se me hace raro ver a Einstein siendo normal. Lo siento si suena mal —señaló Sissi.

—Él también debería descansar de tanto en tanto —dijo Hopper tomando el control del ordenador —. Por ahora, estad tranquilos. He pedido a LordKnightmon que se encargue de esta zona. Si hay cualquier problema o se acerca peligro, él os avisará.

—¿Le has dado la consola? —preguntó Patamon.

—Sí. Ya sabe todo lo que tiene que hacer para alertar a los chicos y para pedir refuerzos de ser necesario.

—¿No estáis trapicheando demasiado con dispositivos extra últimamente sin contar con nosotros? —preguntó Teppei —. Le disteis uno a Stingmon, ahora tiene otro LordKnightmon, el hermano de Aelita tenía la pulsera que comunicaba con la Tierra...

—Son solo herramientas de ayuda —intervino Gatomon antes de que Hopper pudiese hablar —. A demás, están lo suficientemente limitadas como para que no se llame la atención de Xana-Lucemon.

—Pero si los pasáis ante nuestras narices prácticamente. ¿Qué es lo que no llama la atención de eso? —acusó Katsuharu.

—Porque, por suerte o desgracia, estáis delante —alzó los brazos Lopmon —. Pero vamos, esto es asunto nuestro que no os afecta a vosotros. Parte del trabajo que realizamos como grandes ángeles.

Las protestas y quejas varias tardaron poco en alzarse en el salón, haciendo que los tres digimons acabasen evolucionando para imponer más autoridad mientras Hopper observaba como un espectador. El hombre entendía perfectamente a los chicos en sus protestas por quedar al margen de todo cuanto se hacía detrás de ellos, comprendiendo la preocupación por si esos actos ponían en peligro a todos aquellos a los que consideraban amigos a demás de aliados. Pero también tenía claros los motivos por los que aquellos tres digimons habían decidido no incluir a los muchachos en los planes secundarios, todos maquinados a espaldas del gran grupo.

—Como sea, esto es cosa de adultos, así que vosotros os calláis y acatáis las órdenes como buenos niños —apuntó Angewomon.

—No eres nuestra madre —acusó más de uno.

—Soy una de las fundadoras de los Guardianes, para que lo tengáis en mente si aún no os ha quedado claro o lo habéis recuperado mal de esos discos duros atrofiados que llamáis cerebros.

—Angewomon, no te pases con ellos —negó Antylamon.

—Y como jefa vuestra —siguió la digimon —, lo que haga o deje de hacer es cosa mía. No os afecta a vosotros, así que...

—Me chivaré a mamá —dijo de pronto Teruo, ganando alguna risilla en la mesa.

—Kari me dará la razón, jovencito, así que olvídate de jugar esa carta contra mí. Y tampoco sirve que te chives a TK.

—En serio, ¿cómo hemos llegado a esto? —suspiró MagnaAngemon.

—Son críos al fin y al cabo. Deberíamos haberlo visto venir —dijo Antylamon.

El malestar y las protestas aguantaron hasta que le Skid regresó a la costa sin ningún problema en cola. La calma que más de uno creía que se había recuperado desapareció en cuanto la puerta de la nave se abrió, dejando salir al grupo de los NavSkids huyendo a la carrera de los gritos de Aelita y Emily.

—¡Te repito que no te has muerto, así que puedes volver a meterte ahí dentro la próxima vez que se baje!

—¡Y yo te repito que tengo otra misión más importante que realizar!

—¡Por todos los cielos! ¡Basta ya las dos! —gruñó Kouji —. Tu misión tan importante será un éxito cuando se desactiven las dichosas torres. Así que en verdad, esa misión la estamos realizando Em y yo. ¡Deja de ser tan malditamente puñetera y ayuda en vez de ser un estorbo con alas!

—¡No voy a consentir que me trates así, Minamoto!

—¡Y nosotros no vamos a dejarte ir a tu aire como hasta ahora, Hopper!

—Chiaki, ¿puedes remojarles un poco? —pidió Sissi.

—Ni borracha me meto en esa discusión. Aún se me merendarán y para qué queremos más...

Incluso Jeremy, aun habiendo monitorizado el avance del Skid, decidió preguntarle a Leire por el éxito de aquella misión relámpago para evitar ser metido en el tema de la discusión de los otros tres.

De nuevo en el refugio de su habitación, Kochi empezó a hacer los cálculos necesarios para construirse un bunker con digizoid en el que encerrarse hasta que todas y cada una de las torres submarinas fuese desactivada. En la puerta, JP negó con la cabeza antes de tirar de Timy y Ace de los brazos.

—¿Qué parte de "ellos dos también son desactivadores" han olvidado Koichi y Aelita? —preguntó —. No, Timy, es una pregunta retórica —dijo viendo a la digimon abrir la boca.

—¿Qué es retórica? —preguntó.

—La cosa es que no te calles, ¿no? —preguntó el chico por debajo de las risas del gato plateado.