¡Buenas a todos! ¿Qué tal? Bueno, aún no puedo volver a la rutina de actualizar periódicamente, pero sí que puedo empezar a encontrar huequitos por los que colarme para subir capítulos.
Y como hace tiempo que lo esperabais, no me voy a entretener más de la cuenta y os voy a dejar con el capítulo.
Capítulo 146: Ligera calma
Los siguientes dos días fueron una locura en la playa. Por un lado, Emily estaba teniendo problemas para volver a cazar a Aelita o lograr echarle el guante a Koichi, quedando el trabajo de desactivar torres en manos de Kouji. Los gritos de la chica resonaban la media hora previa a las inmersiones, generando suspiros derrotados en el resto de miembros del grupo. Alguna vez, alguien decidía ayudarle en su misión de capturar a alguno de los dos escapistas, simplemente en un intento de detener al fin las discusiones del cuarteto.
Por otro lado, la actividad del chiringuito de los Toucanmons empezó a crecer más y más conforme la noticia de que aquel sitio tan expuesto se había convertido en una zona segura se fue expandiendo por todo el Digimundo. Digimons de todas partes prácticamente peregrinaban hasta allí para ver a los Guardianes a la vez que disfrutaban de una agradable comida preparada por las coloridas aves digitales.
—¡Soy súper fan vuestra! —exclamó una Floramon con los ojos iluminadísimos estrechando las manos de Sissi —. ¿Podéis firmarme un autógrafo, por favor?
—Sí, claro —aceptó la morena.
—¡De mayor quiero ser como vosotros! —dijo un Minomon, tan ilusionado como la Floramon, mirando a Labramon y Lunamon.
—Seguro que serás un gran digimon —asintió la conejita.
Desde una ventana del segundo piso, Impmon no pudo evitar reír ante la cantidad de digimons pequeños que se acercaban a los chicos. Tras él, Gatomon negó con la cabeza antes de asomarse para mirar también.
—Es divertido verles abochornados por tanta popularidad —rió el diablillo.
—Recuerdo que, al principio, eran así algunos de ellos —dijo la gata.
—Disculpad —un Toucanmon esperaba en la puerta, balanceándose nervioso de un lado a otro —. ¿Puedo preguntar algo?
—Adelante —aceptó Gatomon.
—Sé que los Guardianes volverán a su hogar cuando la misión bajo el mar acabe... Y nos dijeron que nos dejarían el cuartel a nosotros... ¿Cree que nos pondrán problemas porque usemos estas habitaciones como hostal mientras no estén aquí? —preguntó tímidamente.
—Supongo que no habrá ninguno... Aunque no es que hayan muchas habitaciones.
—Siempre pueden meter más camas en cada habitación —propuso Impmon —. Oh, vamos, yo también tengo algo de ojo para los negocios.
—Ya, claro —susurró la gata —. Seguro que los chicos aceptan, Toucanmon.
—¡Mil gracias!
En otra habitación, BlackAllymon rodaba por la cama, incapaz de dormir pero también demasiado cansada como para intentar levantarse y salir. Llevaba varios días así, sintiéndose mal. Una parte de ella decía que se debía a haber enfrentado a Neptunemon. El digimon tenía el poder suficiente como para eliminarla y, de no haber sido por el apoyo de Chiaki y los demás, estaba segura que no habría aguantado nada ante aquel ser. La otra, sin embargo, se debatía en mil dudas desordenadas que no se atrevía siquiera a comentar con BlackTamekimon.
—Toc, toc, ¿se puede?
—Hola, Chiaki...
—¿Cómo te encuentras? —preguntó la chica, entrando con un plato con sandía.
—Sigo cansada...
—No te preocupes. Descansa todo lo que necesites —dijo ofreciéndole el plato.
—Lo siento...
—¿Eh? ¿Por qué?
—Estoy siendo un estorbo para vosotros allí abajo... Ni tan siquiera en los NavSkids puedo hacer gran cosa... Fallo todo el tiempo...
—Eso no es verdad —negó la chica —. El problema con el NavSkid es que no estás acostumbrada, por lo que fallas todos los disparos. Y ya te hemos dicho que, si no te sientes bien como para hundirte por ti misma, no nos importa dejarte una nave o que te quedes en la habitación.
—Simplemente quería ayudar...
—Todos lo saben —aseguró Chiaki —. Voy a hacer una videollamada con mi madre. ¿Quieres saludar tú también?
—Bueno... Supongo que me irá bien salir un poco de la habitación...
...
Xana-Lucemon se mordía la uña del pulgar con cierto nerviosismo. Ante él, prácticamente todos sus soldados más poderosos esperaban órdenes. Uno de ellos, sin embargo, no parecía estar del todo dispuesto a escuchar sus palabras.
—Espero mucho de todos vosotros —empezó a decir, no perdiendo detalle de todo cuanto pasaba ante sus ojos —. Más os vale no decepcionarme.
—No, amo Xana-Lucemon —corearon todos, salvo el último en unirse a esas filas.
—Y espero que no haya ningún tipo de problema —añadió mirando fíjamente a ese digimon.
Los ojos en la armadura de Duskmon se volvieron hacia aquel digimon. El silencio que mostraba era igual o mayor que el suyo propio. Al contrario que pasaba con BlackRanamon, ninguna emoción recorrió al clon de la oscuridad, que pasó su atención al ángel caído en el trono aunque mantuvo la vigilancia en el nuevo integrante del grupo.
...
Koichi había logrado despertar todos los días cuando el sol aún no había salido, totalmente descansado aun cuando había noches que se acostaba tarde. En silencio, abandonó la habitación que compartía con Kouji, maldiciendo que ni él ni Zoe hubiesen caído en el plan que había ideado con los mellizos para librarse de tener al guerrero de la luz durmiendo en la misma habitación a favor de "hacer sentir en familia a los dos grandes enfermos de mamitis del cuartel".
—Está chupado —susurró bajando las escaleras en un silencio absoluto, atravesando la oscuridad sin golpearse con nada.
El ruido de una puerta abriéndose en el piso inferior le alertó lo suficiente como para camuflarse entre las sombras para vigilar alrededor. Comprobando que estaba solo, aceleró sus sigilosos pasos hasta la puerta principal. La abrió intentando no hacer ruido y salió al exterior. El olor y el ruido del mar le golpearon a la vez que identificaba una figura corriendo hacia el agua. Agudizando la vista, suspiró aliviado al reconocer a Chiaki, aunque no tardó en volver a preocuparse al verla hundirse en el mar sin más.
—¿Qué está haciendo? —se preguntó, acercándose a la orilla y sentándose justo al límite para no mojarse.
Por varios minutos, Koichi esperó con la vista al mar, su mente contando inconscientemente el tiempo que la guerrera del agua pasaba hundida. El cielo empezaba a estar bastante iluminado cuando BlackGatomon salió al exterior, estirándose todo cuanto podía y con un gran bostezo.
—Oh, ¿Koichi? —llamó.
—¡Uy! Me has asustado.
—¿Qué haces aquí fuera? —preguntó mirando a todos lados.
—Ah, nada...
—¿Dónde estás, BlackGatomon? —llamó Neila.
—¡Aquí fuera, con Koichi!
—¿Qué hace Koichi fuera? —se asomó la chica. Algunas cabezas más se asomaron antes de seguir caminando hacia donde se disponían a ir en un principio.
—No, bueno... Me he despertado antes que todos —rió el de la oscuridad.
—Y te quedas mirando al mar porque...
—Chiaki se ha hundido allí y aún no ha salido —señaló volviendo a mirar hacia el mar.
A espaldas del chico, Neila y BlackGatomon pintaron enormes sonrisas algo perversas en sus rostros. A un simple gesto de la humana, la digimon entró corriendo al cuartel, llamando a algunas personas en concreto.
—Así que Chiaki, ¿eh?
—Sí. Era ella —asintió.
—Y tú estás vigilándola.
—Bueno, me parece extraño que no haya salido a respirar —apuntó —. Y no he visto el brillo de la digievolución en ningún momento.
—Creo que ha amanecido contigo aquí, así que cuando saliste estaría oscuro.
—Soy el guerrero de la oscuridad. No tengo ningún problema para ver de noche —se encogió de hombros —. Es más, desde que vine al Digimundo con todos vosotros, veo incluso mejor en la oscuridad, ¿sabes?
—Y eso te permite ver mejor a Chiaki, ¿verdad?
—La verdad, al principio casi la confundo con algún digimon intruso que salía del cuartel tras robar algo —dijo.
—Y la ibas a atacar —apuntó Neila viendo por el rabillo del ojo que se acercaban los demás —. ¿Por qué no la has llamado?
—No sé, no me parecía necesario —respondió.
—Kimura, ¿planteándote meterte en el agua? —preguntó Emily.
—No, nada. Estoy esperando a ver si sale Chiaki. Lleva demasiado ahí dentro sin digievolucionar —señaló.
—La tienes muy controlada —observó Zoe.
—Es más mera curiosidad —dijo con calma el de la oscuridad.
—En serio, primo, entérate de algo alguna vez —pidió Yumi.
—¿Enterarme de algo? ¿Ha pasado algo? ¿Es que le han hecho algo a Chiaki y se ha ido nadando? —preguntó mirándola confuso.
Hasta ese momento, Koichi no se había dado cuenta que prácticamente todas las chicas estaban detrás de él, a demás de unos risueños Odd y Takuya. Ladeó la cabeza, aún más confuso por aquella reunión a su espalda.
—Por cómo actúas de normal, diría que eres un tío maduro y que el único problema que das es que padeces hidrofobia —empezó a decir Arya —. Pero te veo ahora y me da la sensación de que eres el despiste más grande del mundo cuando se trata de sentimientos, emociones y todo lo relacionado con ese tema...
—¿Eh? No entiendo, ¿por qué dices eso?
—Tu hermano tiene razón —suspiró Zoe —. Es más fácil hacerle entender algo a los cerebro de Numemon de Odd y Takuya que sacarte una confesión a ti.
—¿Confesión? ¿Qué debería confesar?
—¡Chicas! ¿Qué pasa? —se unió Chiaki, saliendo del agua con la ropa totalmente empapada.
—¿Por qué no te has puesto el traje de baño para nadar? —preguntó Koichi.
—Ah, bueno... Es que... Pues... ¡Me han dado ganas de nadar y no he podido evitar salir así tal cual! —dijo —. Pero ¿y vosotros? ¿Qué pasa?
—Nada, que Koichi estaba esperándote —señaló Yumi.
—¿A... mí? —preguntó con las mejillas encendiéndose la de agua.
—Te he visto salir, meterte en el agua y no has vuelto a salir —dijo como si nada el de la oscuridad —. ¿Has digievolucionado?
—N...no —negó —. He estado nadando así, tal cual. Me apetecía, para variar un poco...
—Es que no te he visto salir a tomar aire ni nada —comentó el chico, poniéndose en pie y sacudiéndose la arena —. Pero veo que estás bien, así que no ha pasado nada, ¿verdad?
—S...sí, claro... Estoy perfectamente...
—Me alegro. ¿Vamos a desayunar? Seguro que tanto ejercicio te ha dado hambre. Iré a ayudar a los Toucanmons.
Sin más, el chico pasó de largo al grupo que seguía reunido y entró al cuartel. Chiaki aún se quedó varios segundos más, con los pies aún mojándose, antes de despertar de su repentina ensoñación y echar a andar, pero un par de brazos la retuvieron en el sitio antes que pudiese escabullirse del todo.
—Vale, habla —sonrió Emily —. ¿Es que se te ha ocurrido un plan para hacer bajar a ese gato cobarde a nadar contigo allí abajo?
—¿Eh? ¡N-NO, NADA DE ESO!
—Últimamente, ese idiota se está despertando más temprano que nadie —dijo Zoe —. Esquiva a su hermano todas las mañanas y da dolor de cabeza intentar atraparle para enfundarle el traje de buceo.
—Por no decir que huye de todos hasta que el Skid parte —añadió Yumi.
—Pero sin embargo, ha sido verte despierta antes de tiempo y te ha seguido como hipnotizado —dijo Neila —. BlackGatomon ha logrado asustarle sin quererlo, para que veas lo absorto que lo tenías mirando el mar.
—B-bueno... No sabía que me había seguido fuera del cuartel —dijo bajando la vista, el rostro cada vez más rojo.
—Ah, venga, no hace falta que te hagas la modesta —dijo Takuya —. Nadie te va a llamar la atención si eres tú quien logre encapsularlo en el Skid.
—Es verdad, seguro que te hacen un monumento —añadió Odd —. ¿O no, Em?
—La adoraré eternamente. Palabra de gata —alzó una mano.
—Yo no... no pretendía... Yo... ¡Voy a cambiarme antes de que me dé frío! —exclamó, logrando librarse del grupo.
—¿En verano? —preguntó Zoe.
Con las risas de fondo, Chiaki entró al cuartel, esquivando a todos e ignorando las preguntas a por qué estaba tan empapada. Por la puerta hacia la cocina, Koichi apareció empujando un carrito con un Toucanmon al lado.
—¿Pero qué pasa hoy que estáis todos raros? —preguntó.
—Madre mía, Koichi, eres demasiado despistado —negó Kouji.
—Ya estamos otra vez con que si soy un despistado o si no me entero de algo... ¿Queréis hablar claro?
—Me da a mí que incluso las sirenas digitales son tan peligrosas como las de los cuentos y leyendas humanos —negó.
—En serio, ¿por qué estáis todos tan raros tan de mañana?
—Lo dicho, embrujado totalmente —rió el de la luz.
