¡Feliz año a todos! Sí, con algo de retraso y tal, pero aquí estoy de nuevo. ¡Y con capítulo para vosotros!

Sé que he estado ausente por mucho tiempo, más del esperado. Aunque he querido, no he sido capaz de sacar tiempo para siquiera actualizar. Pero espero, con este año, poder retomar de nuevo al menos un poco del ritmo que solía llevar antes del verano pasado. Espero que sigáis ahí para leer nuevos capítulos y seguir apoyando la historia.

Por ser el primero en mucho tiempo, dejo de enrollarme y paso ya a dejaros el capítulo, que seguro teníais ganas de saber qué más pasaba.

¡Un saludo a todos!


Capítulo 147: Gato al agua

Meter a Koichi en el Skid resultó más sencillo de lo que todo el mundo esperaba. Aunque había logrado despertar antes que todo el mundo, al guerrero de la oscuridad le fue imposible evitar los "trucos sucios" de Kouji y Emily.

El ataque llegó sin aviso, a una hora demasiado tardía para pensar en hundirse en el mar. Por eso, Koichi se metió en el agua a nadar con todos con la guardia baja. En un visto y no visto, empezó una guerra de ahogadillas a la que se apuntó sin imaginar la que le tenían preparada.

Las risas eran fuertes y aún aumentaron más cuando Emily, equipada con gafas de buceo cortesía de los Toucanmons, emergió tras lograr hacerle una ahogadilla con el bañador del chico en las manos y una victoriosa sonrisa que horrorizó al gemelo de cabello corto.

—¡EM! ¡DEVUÉLVEMELO!

—Lo siento, pero no —dijo echando a nadar hacia el hangar del Skid.

—¡Me has dejado en bolas! ¡Dame eso! —chilló agitando el agua a su alrededor.

—Suele pasar cuando te quitan la ropa —se le acercó Kouji prudencialmente.

—Ayúdame, porfi.

—¡Si quieres el bañador, tendrás que venir a por mí! —exclamó Emily, bastante alejada, agitando la prenda para mayor vergüenza del chico.

—¡DEJA DE HACER ESO! —chilló.

—En el hangar hay una bonita prenda de ropa que sirve para nadar con tu nombre, hermanito.

—¡No voy a ponerme eso!

—Pues te queda una única opción, correr desnudo entre las toallas de las chicas hacia el cuartel para ponerte ropa normal. Eso es, claro está, si te atreves a pasar entre ellas tal y como estás.

Koichi miró hacia la orilla. Las chicas habían salido en grupo y se habían estirado en las toallas a tomar el sol, conversando entre ellas. Las posiciones de Yumi y Zoe especialmente le dejaban claro que si no todas, al menos ellas dos eran conscientes de lo que Emily había hecho y claramente esperaban ver qué decisión tomaba para seguir riéndose. Remugando, empezó a nadar hacia el hangar del Skid, vigilando en todo momento alrededor por si alguien empezaba a abochornarlo más de lo que ya estaba. Por detrás, pero sin seguirlo, Kouji reía y le animaba.

—A ver dónde está el maldito traje del infierno —dijo cuando llegó al borde del muelle donde estaba atracada la nave submarina.

—Dentro del Skid, colgado en una percha en una de las paredes —le sorprendió Emily.

—¡EM! ¡NO MIRES!

—¿Por? —preguntó con malicia. Koichi iba a protestar cuando la vio dar media vuelta y alejarse del borde —. Bueno, tampoco es que haya mucho para ver, seguro.

—¡EMILY!

—Entra al Skid y vístete ya, idiota. Aún vendrán los demás y qué pasará... Conociendo a Odd y Takuya...

—Sí, sí, ya entro.

A regañadientes, salió del agua y entró en la nave, completamente a oscuras. Reconoció el traje de buceo negro en el otro extremo, colgado tal y como Emily le había dicho. Con alguna que otra maldición, dio un paso tras otro y se acercó a la prenda. Sus manos acababan de tocar el frío metal de la pieza cuando un extraño ruido a sus espaldas le hizo ver que había caído en la trampa.

—Para tu información, el cierre ha sido realizado por el ordenador en el exterior con un programa de estilo "control parental" por el cual la puerta no se abrirá a menos que se use la llave que hay instalada en el propio ordenador —informó Jeremy dando la vuelta al asiento del piloto en el que se encontraba.

—Lo siento, tío, pero papá ha sido muy claro: no dejarte marchar sin desactivar una torre —apareció Ace.

—¡TRAMPA!

—No empieces tú también como Aelita —pidió Ulrich, en el asiento de la zona de ataque.

—¡ESTO ES UNA ENCERRONA DE LAS MUY MALAS!

—¡Koichi! —la voz de Takuya sonaba algo ahogada por debajo de ellos —. Si no te has vestido ya, mejor hazlo para que Chiaki pueda subir y asegurar que te lo has puesto realmente bien, porque Jeremy tiene que tomar los mandos.

Con el color aún más encendido en el rostro, Koichi se obligó a poner aquel traje oscuro mientras el informático ponía en marcha el Skid. Ulrich bajó de su posición y empezó a echarle una mano al otro antes de abrir la trampilla y permitir a Chiaki seguir el trabajo, con el de la oscuridad medio vestido, anunciando al resto de personal en el piso inferior que "el gato está en el saco".

—¡No me hace ni pizca de gracia! —protestó Koichi.

—Desde tu lado quizás no —aceptó Odd.

—Por una vez, creo que no irá mal que pruebes la excitante experiencia de dejarte llevar por las olas, ¿no crees? —preguntó Katsuharu.

—No era necesario.

—Venga, venga, no hay que ser tan egoísta —dijo JP —. Hasta Aelita bajó.

—A ella le hicieron casi como a mí. A demás, está oscureciendo. ¿Creéis que son horas para ir de misión?

—En las profundidades siempre está oscuro y el Skid y los NavSkids cuentan con luces —dijo Chiaki dando vueltas alrededor del de la oscuridad para cercionarse que todo estuviese en su sitio.

—A demás, como guerrero de la oscuridad, deberías ser capaz de ver en ella aun sin la ayuda de nuestras luces —dijo Takuya.

—Que sí, que sí, que no me libro de nadar —resopló.

...

En tierra, Emily celebraba la victoria bailando mientras preparaba un pequeño tentempié con el que recibir al grupo cuando regresaran. En una silla cercana, Kouji también permanecía aliviado porque el plan hubiese salido bien.

—Y ahora —dijo llamando la atención de la chica —, lo que queda es que se dé cuenta de lo duro que es trabajar ahí abajo, se ponga de nuestro lado y nos ayude a arrastrar más seguido a Aelita.

—Si no lo hacen, te propongo algo.

—¿El qué?

—Sin duda, aún quedan muchas torres terrestres a demás de todo aquello instalado en la Rosa de las Estrellas —dijo pasándole un refresco —. Si estos dos vuelven a dejarnos tirados en el Skid el resto de viajes que quedan, ellos solos desactivarán las torres terrestres.

—Me parece bien —asintió —. Mi hermano, al menos, no dirá que no porque hay agua por el medio.

—Y que agradezcan que más parece que la Rosa de las Estrellas es un edificio construido a base de torres, que si no, también se la dejaba a ellos dos.

—Dudo mucho que los demás accediesen a ayudarnos si se trata de no trabajar en esas torres.