¡Buenas a todos! Otra vez aparezco por aquí para subir un capítulo después de recuperar un poco de "normalidad". ¡AVISO! Lo más probable es que acabe habiendo un día concreto para actualizar de nuevo, pero no os aseguro cuál será.
Y no me entretengo mucho. Aquí os dejo el capítulo y nos leemos más pronto de lo que pensáis (lo prometo, palabra).
Capítulo 148: Ataque desesperado
El aviso de LodKnightmon despertó a todo el mundo. Digievolucionando a tropezones, el grupo se reunió en la playa con la vista al horizonte, por donde empezaron a reconocer la figura del Caballero Real rosado.
—Disculpad si os he asustado, pero esta vez las cosas van a ser más complicadas —dijo en cuanto puso los pies en la arena.
—¿Otro Kimeramon? —preguntó Mercurimon.
—Peor aún —negó —. He pedido que se nos unan refuerzos, pero como imagináis, tardarán en llegar.
—Así que estamos solos —dijo Jeremy —. Fastidia decir que no es novedad.
—¿Contra quién se van a enfrentar? —preguntó MagnaAngemon.
—Me temo que todos los que han sido capturados, Duskmon y...
—¡Ahí llegan! —exclamó de pronto Crescemon, saltando justo para atrapar a Aelita y evitar que saliera volando —. Por favor, no te lances sin pensar.
—Cuanto más tardemos, peor será para Alex. Hay que salvarle ya —dijo zafándose de la coneja y echando a volar.
—Dios mío —susurró Angewomon observando al grupo enemigo que se acercaba —. Es imposible —añadió cogiendo el brazo de MagnaAngemon.
—Nos encargaremos nosotros de él, tranquila —aseguró. A su otro lado, Antylamon asintió, preparado para el combate.
—Yo me ocuparé de Ulforce —dijo LordKnightmon —. Sé perfectamente que los pequeños podrán retener a Duftmon.
—Sin dudarlo —aseguró CrossTimemon, las cadenas empezando a enredarse en sus brazos para mayor sujeción.
—No le dejaremos usar ninguna sorpresa.
—¡Yla! ¡Tú y yo iremos al agua! —exclamó Mermaimon —. No permitirermos a Neptunemon atacar desde allí abajo.
—Entendido —aceptó la clon, pasando rápida con los tentáculos en alto.
BlackZephyrmon alzó el vuelo, alcanzando a JetSilphymon en la posición elevada desde la que observaba. A sus pies, el grupo empezó a moverse, dispuestos a frenar el avance de aquel gran grupo.
—¿En qué estás pensando? —se interesó la clon.
—Me preocupa todo —respondió la híbrida —. Especialmente esa loca sin cerebro.
—¿La vas a ayudar?
—Está claro que nadie más podría mandarla a volar en otra dirección —suspiró antes de lanzarse hacia Aelita, el molino listo para liberar una corriente con la que salvarla del fuego de Apollomon.
Crescemon no podía hacer nada más que chillarle a la pelirrosa entre ataque y ataque contra el digimon ígneo. Como era de esperar, Aelita se había lanzado sin pensar en nada, sin siquiera mirar quién la acompañaba. Junto a ella, Emily preparaba varias flechas elementales con las que intentar derribar al digimon para darle una oportunidad a Persiamon de acertar algún golpe.
—Si seguimos así, lo único que lograremos será golpear a Aelita —protestó BlackZephyrmon, preparando un tornado con el que evitar algunas llamaradas.
—Ni tan siquiera nos está escuchando —dijo con fastidio Emily —. Y ese digimon sabe aprovechar la inconsciencia de Aelita muy bien —añadió viendo cómo Apollomon aprovechaba el cuerpo de la pelirrosa para impedir nuevos ataques.
—Centrémonos en intentar algo —dijo JetSilphymon —. Ya tendremos tiempo para regañar a Aelita cuando acabemos.
...
Wingdramon y Aldamon se cruzaron en el aire, ambos listos para lanzar un nuevo ataque contra Merukimon. En tierra, William esperaba el momento para poder acercarse y golpear también. Sin embargo, su rival esquivaba absolutamente todo y, por mucho que el trío miraba alrededor, no había nadie que pudiese ayudarlos.
—Si siguen tardando tanto los refuerzos, lo que encontrarán será nuestros cuerpos hechos papilla —resopló Wingdramon tras esquivar de milagro otro ataque.
—Y lo peor es que los demás están igual —observó Aldamon.
—¡Cuidado! —chilló William.
El de fuego volteó la vista justo para ver un espíritu a escasos centímetros de él. Sin escapatoria, Aldamon se encogió en un intento de minimizar el daño que el ataque de Merukimon pudiese causarle, las alas haciendo también de escudo e imposibilitándole alzar el vuelo. Mientras Wingdramon lanzaba ataque tras ataque, impidiendo a Merukimon acercarse al híbrido de fuego, William corrió hacia el digimon, agachándose a su lado.
—¿Estás bien?
—Sí, no ha sido nada —respondió incorporándose.
—No podemos bajar la guardia.
—Lo sé, Will, pero...
—¿Qué?
—Me preocupan Reichmon y Beowolfmon —dijo mirando de reojo la pelea de los hermanos contra Duskmon.
—Por ahora parece que lo llevan bien.
—Mientras ése siga así —suspiró, levantándose y extendiendo las alas —. Volvamos a lo nuestro.
...
Leire no pudo hacer otra cosa que resoplar ante el rival contra el que se enfrentaba. Conscientemente, se había alejado de Aelita y había dejado que otros cuidasen la espalda de la pelirrosa, demasiado cansada de la preocupación que le hacía sentir la chica cada vez que chocaba con Apollomon.
—Odd —llamó, haciendo que el chico voltease para mirarla —. ¿Se puede saber qué pasa aquí?
—Por lo que me comentaron, Pharaohmon tiene esa defensa suya con el sarcófago. Da igual lo que hagamos, no le hará ni un rasguño... Así que lo único que podemos hacer es ponernos a la defensiva.
—¿Va en serio? —preguntó la Angewomon de cintas azules.
—Exactamente —asintió Cerberusmon —. Ni tan siquiera puedo arrastrarlo con los portales a ningún lugar. No sirve de nada.
—Entonces... Todo cuanto podemos hacer es estar atentos a los ataques que nos lance, ¿no? —simplificó Leire.
—Sep —dijeron los otros dos.
—Menudo cobarde nos ha tocado —negó Angewomon.
—Tampoco lo subestiméis, que sus golpes son fuertes —declaró el can de tres cabezas.
—Pero si está ahí metido...
—Puede atacar desde ahí dentro el sinvergüenza —dijo Odd.
—En menudo lío me he metido pues —suspiró Leire.
...
Vulcanusmon no paraba de reír ante los intentos de Grumblemon de golpearle con su martillo mientras Arbormon, Sissi y Lilamon le daban apoyo. El de mayor nivel no sólo esquivaba a todos con facilidad, sino que se estaba dedicando a burlarse de ellos, dando golpes suaves con los que humillaba, especialmente, al guerrero de la tierra.
—Venga, venga, ¿eso es todo cuanto podéis hacer?
—Maldito... ¡Deja de burlarte de nosotros!
—Hermanito, no deberías hablarme mal. No es lo que nos enseñaron de pequeños.
—¡Cállate!
—Grumblemon, tienes que calmarte —pidió Arbormon —. Si sigues entrando en sus provocaciones, perderás.
—Ya estamos perdiendo —señaló.
—¿En serio te me vas a poner depresivo ahora? —preguntó Sissi —. Oye, te recuerdo que este tipo apareció con mi hermana y a ella la logramos rescatar.
—Cierto, Lotus ahora es de los nuestros —asintió Lilamon —. Podemos hacer lo mismo con Vulcanusmon.
—¡Lo vuestro fue...!
—Ni se te ocurra decir que fue pura suerte —amenazó la chica, chascando los látigos a sus pies y haciendo crecer raíces que se dirigían hacia el rival —. ¡Nosotros nos esforzaremos para salvarlos a todos!
—Por eso mismo, tienes que relajarte. Una mente tranquila piensa con más claridad, Grumblemon —dijo Arbormon.
—Está bien, está bien —aceptó el de la tierra mientras el digicódigo le envolvía —. ¡Cambio de digievolución!
—No creas que así lograrás mucho más, hermanito —rió Vulcanusmon.
—Si no lo pruebo, no lo sabré —dijo Gigasmon, lanzándose de nuevo a la pelea.
