¡Heyheyhey! Ya os dije que nos leeríamos antes de lo que pensáis.

Como que no me voy a entretener mucho, os dejo directamente con el capítulo. Adelanto que, si las cosas siguen así, posiblemente pueda actualizar con regularidad.


Capítulo 149: Defensas apuradas

Jeremy era incapaz de pensar con calma una estrategia para contener a Minervamon. Aun con su tamaño, la digimon manejaba la espada con una agilidad que igualaba o superaba la de Yumi esquivándola, a demás de cubrirse como si nada del gran pincel de Taomon y de los puños de MachGaogamon.

—Esto es imposible —resopló tras materializar otra roca con la que intentar retener el avance de la espada. Minervamon la cortó como si nada —. Lo único que lograremos será agotarnos.

—Están a otro nivel —se le acercó Yumi —. Debemos poner todo lo que tenemos para retenerles.

—¿Qué más crees que tenemos? —preguntó.

Por respuesta, un aura rosada envolvió a la Geisha, sorprendiendo y alertando al informático. El mismo brillo apareció envolviendo la espada de la menuda digimon, que se detuvo al sentir el tirón en su arma.

—¡Es la nuestra! —exclamó MachGaogamon, lanzándose junto a Taomon dispuestos a golpearla.

—¿Realmente creéis que me tenéis? —sonrió Minervamon.

Sin soltar la espada, saltó hacia atrás, tirando con fuerza del arma. En su posición,Yumi extendió una mano, el aura brillando algo más fuerte mientras intentaba hacerse con la ventaja de Minervamon. Taomon y MachGaogamon continuaron en sus intentos de atacarla, siendo esquivados aunque la espada algo paralizada ralentizase los movimientos de la digimon.

—Será mejor que os rindáis. No lograréis nada —declaró Minervamon, tomando con ambas manos la espada y tirando de ella con gran fuerza.

—¡No! —exclamó Yumi, viendo cómo perdía el control del arma.

—¡Cuidado! —exclamó Jeremy, alertando a los dos digimons, aunque ambos fueron testigos de cómo el aura rosada desaparecía.

—Un movimiento muy tonto —sonrió Minervamon —. Es vuestro fin —dijo lanzándose contra Yumi justo cuando la chica caía de rodillas, agotada por el esfuerzo.

...

Kumamon y Beetlemon no dejaban de lanzar ataque tras ataque al espacio distorsionado por CrossSpacemon. El digimon había logrado atrapar en una cúpula a Duftmon, alterando su interior para molestar al digimon con todos los ataques que los dos guerreros lanzaba y todos aquellos perdidos que lograba atrapar mediante vórtices en las otras peleas.

—Voy a entrar —dijo CrossTimemon.

—¿Estás loca? —cuestionó Beetlemon.

—Los ataques no me tocarán, no tenéis por qué preocuparos por eso —dijo.

—Pero entrar tú sola... —cuestionó Kumamon.

—Sintiéndolo mucho, titos, vosotros seríais una molestia ahí dentro —declaró con una mueca —. Ace, ayúdame a entrar.

—Entendido —aceptó, abriendo un vórtice a los pies de la digimon dorada.

En su encierro, Duftmon observó, sin perder de vista los ataques danzando a su alrededor, cómo la elfa digital se hundía en un vórtice, desapareciendo del lugar y no apareciendo al instante. Manteniéndose a la defensiva, esperó observando alrededor, listo para bloquear cualquier ataque claramente directo de la digimon del tiempo.

—Conozco tu forma de actuar, digimon del tiempo —dijo —. No lograrás atraparme por sorpresa.

—No me importa cómo te voy a atrapar —oyó decir detrás de él. Se volteó, pero no había nadie —. Lo que importa es que te vamos a derrotar y vas a tener que compensarnos a todos por haber sido tan estúpido como para dejarte pillar.

—Sois vosotros quienes caeréis.

—Ya, claro, en tus sueños, imbécil. ¡Cadenas del tiempo!

...

Neila y Ulrich sabían de sobras que no eran rivales para Mervamon desde que, por azar, acabaron cara a cara con la digimon. La espada en su mano derecha y la serpiente en su izquierda la habían convertido en una rival peligrosa.

—Intentar retener esa serpiente con la cadena de tu guadaña sería una tontería que sólo te pondría en peligro —dijo tras ellos Impmon.

—¿Qué haces aquí? —preguntó la chica.

—Ser vuestro apoyo —respondió, envolviéndose en digicódigo —. Con Ulrich obligado al combate cuerpo a cuerpo y tú no quedándote muy lejos, la faena de LadyDevimon y Denoshimon es mayor.

—¿Y qué ganamos contigo?

—Soy un buen tirador —guiñó, mostrando sus escopetas —. Yo cubriré su izquierda, así solo tendréis que luchar contra su Olympia. Pero aun así, tened cuidado.

Sin más comentarios, Beelzemon empezó a disparar en ráfaga contra Mervamon, obligándola a cubrirse tanto con la espada como con su brazo serpiente, olvidando por un momento a LadyDevimon y Denoshimon, que no dudaron en aprovechar la ocasión para lanzar dos ataques que acertaron. Antes que la otra pudiese reaccionar, se apartaron, quedando como escudos de Neila y Ulrich.

—¿Sabes? —preguntó la diabla —. Al final no es tan mala idea tener a éste como sombra.

—Y que lo digas —aceptó Neila.

—Volvamos al ataque —indicó Ulrich, lanzándose a gran velocidad en busca del lado "menos peligroso" de Mervamon.

...

Reichmon sentía el pulso a flor de piel. Con todo aquel despliegue por parte de Xana-Lucemon, su único apoyo contra Duskmon era su propio hermano. Ambos eran capaces de moverse sin decir nada, conscientes en todo momento de la posición del otro aunque ni se viesen. Aun así, el hecho de ser dos contra aquel ser que se alimentaba de la oscuridad, el odio y la maldad que aún impregnaba el Digimundo, estaba suponiendo una clara desventaja para el par de Guardianes.

—No pasa nada —se dijo a sí mismo, lanzándose tras su hermano para volver a encadenar golpes con su lanza.

Siempre cerca, Beowolfmon era consciente de la preocupación que arrastraba Reichmon en esa pelea; él mismo la compartía. Si en cualquier momento Duskmon se libraba de ambos, nada le impedía al corrupto digievolucionar a Velgemon y complicarles aún más la batalla, poniendo en mayor peligro a todos los demás, demasiado centrados en sus propios combates como para ver la que les vendría encima.

—¿Acaso no podéis hacer nada vosotros dos solos? —cuestionó Duskmon, esquivando un nuevo tajo de la espada del de luz.

—No lograrás provocarnos de ninguna de las maneras —saltó Reichmon, la punta de su lanza dispuesta a atravesarle el cuello.

—Patético.