¡Hola a todos! Aquí me paso una semana más, sacando un poquito de tiempo para subir capítulo.
Sin entretenerme demasiado, os dejo ya con la lectura.
¡Chao!
Capítulo 150: BlackWarGreymon
LordKnightmon sabía que no podía permitirse ningún despiste en su pelea contra UlforceV-Dramon. Antes incluso de cubrirse del Caballero azul, había sido capaz de situar a todos en las diferentes peleas y sabía que ninguno se encontraba solo, que todos tenían apoyo. Pero la intranquilidad por la presencia de tantos enemigos hacía que su mente reclamase por ayuda inmediatamente.
—Me sorprende que sigas luchando al lado de esos debiluchos incapaces de nada, LordKnightmon.
—No son debiluchos, Ulforce.
—¿Ah, no? ¿Y cómo es que no pueden defenderse? —se rió el azul.
—Si abrieses los ojos, verías realmente dónde está el problema y lucharías por lo que es correcto.
—Lo correcto, amigo mío, es luchar por el Digimundo. Porque este mundo sea de los digimon. Ni más ni menos. Los niños son invasores que deben ser destruidos.
—¡Ellos son los Guardianes!
—Un estúpido grupito extinto hace tiempo. ¿Acaso lo has olvidado?
—Antes no hablabas así de ellos —negó —. Antes admirabas a todos y cada uno de ellos. ¡Les tenías más respeto que a Omnimon o a Alphamon!
—Mira, en algo tienes razón. Sigo admirando a cualquiera por encima de ese falso líder. Un humano no tiene derecho a darnos órdenes de ningún tipo.
—¡Fue decisión suya entregarle su poder a ese humano! ¡Él sabía sobre ese virus que te tiene atrapado! —exclamó, logrando esquivarlo y golpearlo por la espalda.
—¿Atrapado? ¿Yo? ¡Tú eres el que vive en una ilusión! —exclamó Ulforce —. ¡Tú eres el que no ve que vivir bajo las directrices de esos tres ángeles, cegados en sus niños humanos, hace que os volváis todos débiles!
—¡El único débil es el que se deja engañar por un monstruo como Xana-Lucemon!
—Al menos, no es un falso líder —dijo —. El amo Xana-Lucemon nos entregará el Digimundo a nosotros, los digimons.
—¡Él os usará para eliminar a quienes podrían acabar con ellos y, después, no tendréis utilidad alguna!
—De ser así, ¿para qué habría venido él? —preguntó señalando a la espalda del rosado —. Vamos, mírale, no voy a atacarte por la espalda como haces tú.
A regañadientes, LordKnightmon volteó la vista para ver la pelea de los tres ángeles digitales. Suspiró ligeramente al no ver a nadie más que ellos tres en aquella pelea, pero eso no significó que estuviese más tranquilo. Aprovechando la ocasión, miró alrededor rápidamente, comprobando que todos estaban teniendo sus problemas aunque seguían en pie.
—Dime, ¿para qué traerlo de vuelta a la vida?
—Él se sacrificó por los niños humanos... ¡Omnimon nos lo contó todo!
—Un error —señaló —. Fue creado por una idiota sin madera de líder. Ahora, el amo Xana-Lucemon le ha entregado una vida con un propósito. Y él no caerá como lo ha hecho Kimeramon.
—Os equivocáis —negó LordKnightmon —. Todos vosotros estáis equivocados —dijo extendiendo los brazos —. Lucemon es el mal, XANA es destrucción. Los niños siempre han sido la luz que ha salvado este mundo —dijo lanzándose de nuevo a la pelea —. Y lo volverán a hacer. Salvarán este mundo como siempre han hecho.
...
Antylamon cogió aire profundamente. MagnaAngemon y Angewomon se habían atrevido a dar el primer paso, quedando a escasos dos metros del oscuro ser que había aparecido con aquel grupo y que, sabía, tanto significaba para ambos. Nadie había dicho nada por un minuto, pero la tensión era tal que el conejo sabía que cualquier ruido fuera de lugar le haría saltar.
—Creía que jamás te veríamos —se atrevió a hablar Angewomon —. Ha pasado mucho tiempo, pero sigues igual, BlackWarGreymon.
El digimon oscuro siguió en silencio, mirándola fijamente con los brazos pegados al cuerpo. Los tres eran conscientes que con un solo movimiento, aquel digimon podría provocar una onda con la que descolocarlos, pero tampoco podían arriesgarse a actuar antes de tiempo.
—BlackWarGreymon —llamó MagnaAngemon —, estoy seguro que recuerdas todo.
—Lo recuerdo muy bien —aseguró el digimon. Su voz provocó escalofríos en Antylamon —. Pero ahora vuelvo a estar vivo —dijo alzando las manos. Los tres se posicionaron a la defensiva rápidamente —. Ese digimon me ha traído de vuelta a la pelea, contra los más poderosos.
—No tienes que hacerlo —negó MagnaAngemon —. No tienes por qué pelear contra nosotros.
—¿Acaso no encontraste la respuesta al por qué de tu existencia? —se adelantó aún más Angewomon.
—Ya no soy un simple objeto con corazón —dijo mirándola fijamente —. Soy un digimon completo llamado a la pelea.
—¡No bajo las órdenes de ese digimon! —exclamó más fuerte la digimon.
—Él es quien me ha dado esta vida, quien me ha dado una meta...
—No, BlackWarGreymon, no caigas en esa mentira —pidió MagnaAngemon intentando alcanzar a Angewomon para alejarla.
—Mi objetivo es luchar contra los más fuertes... ¡Y vencerles!
Desde su posición más retrasada, Antylamon fue el primero en contraatacar, defendiendo a los otros dos hasta que ambos pudieron alzar el vuelo listos para atacar. Con esfuerzo, el conejo atacó con todo cuanto podía, apoyándose en la espada púrpura de MagnaAngemon y escudándose tras las flechas de Angewomon. Aun así, tanto él como los otros dos sabían que no podrían hacer nada contra ese digimon.
—Esto es una pérdida de tiempo —dijo BlackWarGreymon, poco más de cinco minutos más tarde, con los tres arrodillados ante él con dificultad para levantarse —. Está claro que no sois los más fuertes de este mundo.
—BlackWarGreymon, no sigas sus instrucciones —pidió Angewomon, el brazo en el que apoyaba todo su peso temblando violentamente —. ¡Recuerda lo que es ser libre!
—Yo ya soy libre —aseguró.
—No, no lo eres —negó —. ¡Él te ordena! ¡Él te manda! ¡Eso no es libertad!
—Él no me da ninguna orden —dijo dándoles la espalda —. Por esta vez, no os haré nada, porque no sois el rival al que ansío enfrentarme.
Antes de que alguno de los tres pudiese decir algo, BlackWarGreymon alzó el vuelo y empezó a alejarse, sin lanzar ningún ataque ni nada contra ellos o los demás. Poco tardaron los tres ángeles en escuchar la voz de Duftmon, bastante ahogada, ordenando la retirada, ni los chillidos de los demás porque alguien había acudido al rescate del estratega atacando a CrossTimemon.
—Esto es humillante —declaró Angewomon, golpeando el suelo con el puño —. Demasiado humillante.
—Al menos, hemos confirmado algo —dijo MagnaAngemon con una débil sonrisa.
—¿El qué? —quiso saber ella.
—Que es el mismo de aquella vez —respondió —. Podremos hacerle cambiar de parecer.
—Si no lo acaba eliminando Xana-Lucemon porque es un completo error mayor que la descerebrada de BlackKazemon en su momento —se unió a la conversación Antylamon, viendo cómo en esos momentos, el clon de la de viento reía por la pataleta de la digimon del tiempo.
—¡Chicos! ¡Ya están aquí los refuerzos! —oyeron gritar a Arya.
Los tres voltearon para ver a la chica sobre el hombro de Alphamon. Tras él, Dynasmon y Ravemon parecían estar a punto de lanzarse a un combate, si hubiese habido uno al que lanzarse.
—LordKnightmon, ¿es que necesitas ayuda para diez escasos minutos? —se burló Dynasmon.
El caballero rosado, tirado en el suelo a escasa distancia de Reichmon y Beowolfmon, también con un agotamiento evidente para todos, alzó la cabeza hacia él, se levantó con esfuerzo y avanzó con los brazos totalmente tensos.
—¡Pues suerte que han sido diez escasos minutos, porque no voy a soportar ni uno más a Ulforce! —exclamó.
—¿Pero qué ha pasado aquí? Parecéis salidos de un apocalipsis —comentó Ravemon, ayudando a algunos a ponerse en pie.
—Cuando a Xana-Lucemon le da por sacar toda la caballería, como que es bastante molesto pelear —reconoció Takuya.
—En serio, Odd, cambia de amistades —señaló Leire.
—¿Eh? ¿Yo?
—¡Pharaohmon es peor que Aelita! —exclamó la chica. La pelirrosa, a poca distancia, ni se inmutó —. Todo el puñetero combate ahí metido.
—¿En serio ha estado diez minutos ahí metido? —preguntó Arya. Más de uno la miró sorprendido.
—¡¿SÓLO HEMOS PELEADO DIEZ MINUTOS?!
—Y porque Duftmon ha logrado decir retirada —dijo CrossTimemon, cruzada de piernas y brazos con su hermano apoyado en sus hombros —. Estúpido leopardo cabeza hueca...
—Venga, venga, olvídale ya...
—¿Pero por qué está así? —preguntó Zoe.
—No la llama por su nombre y eso la molesta más que nada —se encogió de hombros CrossSpacemon —. Tiene el orgullo herido, no es reconocida.
—¿En serio le preocupa eso a esta criatura? —remugó Reichmon, los brazos sobre los ojos.
—La próxima, que ella venga a enfrentarse a Duskmon y tú vete contra Duftmon, hermano. Ése ni se molesta en referirse a ti de ninguna forma.
—¡Anda que avisáis que se ha acabado todo! —exclamó BlackRanamon.
Los ojos de todo el mundo se posó en las dos figuras que salían del agua. Con total tranquilidad, Mermaimon dejó caer su ancla en la arena y se apoyó en ella, mirando a un lado y a otro el panorama. La clon oscura ante ella negó con la cabeza antes de acercarse a su amiga, que aún luchaba por recuperar el aliento.
—En serio, si llego a saber que vas a acabar así, ni con lágrimas me convence Chiaki para tirarme de cabeza al agua a posiblemente luchar contra Neptunemon y MetalSeadramon —dijo cruzada de brazos.
—No... si el problema no ha sido el rival... —dijo BlackTamekimon.
—Si no es eso, ¿qué te ha dejado como si hubieses recibido la paliza de tu vida?
—Aelita...
—¿En serio otra vez estás dándoles dolor de cabeza a tus compañeros, hija? —suspiró Alphamon
